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3.4 Types of Evidence Recorded in Reect

3.4.2 Example Solution Evidence

Todos estos factores se unen para establecer las determinaciones esenciales de un pe-

riodo de debilidad de los trabajadores a escala mundial sin precedentes en el siglo XX. La

creciente desre gulación de las relaciones laborales y su transformación en relaciones mercantiles individuales es un requisito ineludible de las nue vas condiciones de la acu- mulación capitalista,

El resultado ha sido un empeoramiento considerable de las condiciones laborales del conjunto de la población asalariada.

17 BATESON, G.:La Nueva Comunicación. Madrid, Cairos, 1994.

18 Pero en esa misma e volución, tampoco está asegurada la viabilidad del sistema capitalista, el cual susti- tuye la comunicación inter -humana por la información sesgada de los precios, y que de grada de forma masiva los procesos informativos en forma de publicidad y propaganda.

19 Para profundizar en este debate, ver ARRIOLA, J. (Ed.):Derecho a decidir. Propuestas para el socialismo

del siglo XXI. Barcelona, El Viejo Topo, 2006.

20 HOBSBAWM, E.:The Age of Extremes. The short Twentieth Century. New York, Pateon Books, 1994 [Tra-

«Durante el primer cuatrimestre de 2006, en la UE25, un promedio de 14,2% de los empleados tiene un contrato temporal. Esta media oculta grandes disparidades por edad, actividad económica, y estados miembros. En primer lugar , los jóv enes (entre 15 y 24 años) es mucho más probable que tengan un contrato temporal cuando se encuentran em- pleados: un 40,1% de los jóv enes tienen un contrato temporal, comparado con un 11,4% de los empleados de entre 25 y 54 años de edad. En se gundo lugar los contratos tempora- les son más frecuentes en la agricultura (29,9%) y en la construcción (20,6%). Finalmente [aparece] una significativa disparidad entre países: en cinco estados miembro (Estonia, Ir- landa, Lituania, Malta y Eslovaquia), esta tasa era inferior al 5%; en el otro e xtremos de la escala, la tasa de temporalidad en los contratos es mayor del 20% en Polonia (25,4%) y

España (33,3%)»21.

En el marco del análisis macroeconómico o de co yuntura, esta evolución es fácil- mente identificable con las estadísticas más elementales. Así se constata el carácter ge- neral de la tendencia a la pérdida de peso de los trabajadores en la distrib ución del exce- dente. En Estados Unidos han perdido 4 puntos porcentuales respecto al nivel de los años sesenta; en la Unión Europea casi siete puntos, y en particular en los países de la euro- zona, donde la política de ajuste ha reforzado esta tendencia a la reducción del v alor de los salarios, y así los trabajadores pierden 8 puntos de participación en el PIB.

TABLA3

PARTICIPACIÓN DE LOS SALARIOS EN EL PIB (PIB a coste de f actores, porcentaje)

USA España UE15 UE12

1960-1970 70,0 70,4 73,3 72,9

1971-1980 70,0 72,3 74,2 74,6

1981-1990 68,7 68,3 71,5 71,2

1991-2000 67,5 66,8 68,4 67,5

2001-2008 67,0 62,4 66,7 64,8

FUENTE: European Economy 6/2006, statistical annex otoño 2006.

Como se puede comprobar en el gráf ico siguiente, en el caso de España, hay dos pe- riodos en los cuales se deteriora rápidamente la participación de los salarios en el v alor añadido: en el periodo de la incorporación al mercado común europeo (1984-1989) y tras la adopción de la moneda única (2000 en adelante). Los procesos de internacionalización acelerada de la economía española debilitan la capacidad de los trabajadores para defen- der su participación en la distrib ución del valor.

21 Statistics in focus:Population and Social Conditions. Labour Mark et 17/2006. Véase en http://epp.euros- tat.ec.europa.eu/portal

GRÁFICO1

PARTICIPACIÓN DE LOS SALARIOS EN EL PIB A COSTE DE FACTORES (%)

FUENTE: Elaboración propia con datos de European Economy 6/2006, statistical annex.

Este fenómeno que podría interpretarse como una consecuencia de la mayor compe- tencia entre trabajadores (dentro del mercado nacional y en el espacio internacional) que se produce con la apertura económica, en el caso de la economía española, va asociado a un cambio estructural que se agudiza en ambos momentos y que conoce con el nombre de «desindustrialización».

En efecto, el papel que le corresponde a la economía española en la di visión europea del trabajo es la de proporcionar servicios, en particular servicios de ocio, y productos agrícolas al resto de la comunidad. Por eso, en la negociación del proceso de adhesión se impuso un límite se vero a la capacidad de producción industrial de base, que se tradujo en la desaparición de una parte considerable de la capacidad industrial nacional. Tras la implantación del euro, se refuerza el papel dependiente de España en la acumulación eu- ropea, al convertirse el país en el lugar pri vilegiado para el la vado del dinero ne gro, que como consecuencia de la transformación del signo monetario, tuvo que aflorar para con- vertirse al nue vo signo y poder v olver a las catacumbas de la economía sumer gida. El boom inmobiliario, y el espectacular aumento de las transacciones financieras son los in- dicios más relevantes de este proceso.

1981 1982 1983 1984 1985 1986 1987 1988 1989 1990 1991 1992 1993 1994 1995 1996 1997 1998 1999 2000 2001 2002 2003 2004 2005 2006 2007 2008 62 64 66 68 70 72 74 76

Estados Unidos España UE15 UE12

Pero en esta dinámica de enriquecimiento por la especulación, la explotación de la fuerza de trabajo ocupa un lugar secundario como mecanismo de captación de v alor. De ahí que España ostente el record comunitario en materia de desempleo y de precariedad, expresión del desinterés relativo del capital por la explotación directa de la fuerza de tra- bajo española. En este modelo de acumulación, la fuerza de trabajo es principalmente un coste, cumpliendo de forma subordinada la se gunda función que le asigna el programa keynesiano o socialdemócrata —el ser fuente de demanda, de validación de la distrib u- ción capitalista del trabajo social.

GRÁFICO2

TEMPORALIDAD, REMUNERACIÓN DE ASALARIADOS E IPC EN ESPAÑA

FUENTE: Datos de remuneración e inflación: INE22. Datos de empleo: MTAS23. Elaboración propia.

Los salarios en España lle van una década estancados, expresando una acelerada des- valorización de los mismos, como consecuencia del deterioro de la capacidad de ne go-

22 Instituto Nacional de Estadística [INE].

23 Ministerio de Trabajo y Asuntos Sociales [MTAS]. 0 5.000 10.000 15.000 20.000 25.000 30.000 35.000 40.000 45.000 50.000 1996 1997 1998 1999 2000 2001 2002 2003 2004 2005 2006 E.T emporales, Remuneración 75,0 80,0 85,0 90,0 95,0 100,0 105,0

Remuneración media de asalariados (euros, a preciosconstantes 2005) Empleos Temporales

(centenares)

ciación asociada a la ele vada temporalidad del mercado de trabajo, y a la pérdida de ga-

rantías de estabilidad en el empleo24. Como se puede observ ar en el gráf ico, el estanca-

miento salarial no ha impedido un notable incremento de los precios en los años recien- tes, poniendo en evidencia la escasa consistencia de las relaciones más publicitadas por los ideólogos del capitalismo, la existencia de una supuesta correlación positiva y una re- lación causal entre los incrementos salariales y la tasa de inflación.

En todo caso, el estancamiento de los salarios está vinculado a la dinámica de la di- visión internacional del trabajo, que asigna a España el papel de suministrador de bienes de consumo de bajo coste —especialmente agrícolas y agroindustriales— y de servicios de ocio, esparcimiento y residencial, es decir, actividades de baja composición or gánica del capital, limitado proceso de centralización del capital y en consecuencia bajo v alor añadido.

Pero el capitalismo español también es un capitalismo post-fordista, en el cual el con- sumo de masas tiene que mantenerse como requisito para v alidar las decisiones de pro-

ducción, de asignación de trabajo social25. La valorización del capital se garantiza, en un

contexto de estancamiento nominal/reducción real de la tasa salarial mediante el incre- mento de la masa de salarios. Y esto supone un incremento sostenido del volumen de em- pleos, que en el caso de la economía española tiene dos características: la incorporación masiva de las mujeres a la fuerza de trabajo y el aumento de esta con el recurso de la mano de obra inmigrante.

De este modo, mujeres e inmigrantes, colocados en la escala más baja y en la puerta de entrada al mercado de trabajo, generan una mayor competencia entre trabajadores y en consecuencia una desv alorización de la fuerza de trabajo. Dentro de la población in-

migrante también se reproducen las jerarquías propias de la estratif icación capitalista,

con el escalón más bajo ocupado por las mujeres inmigrantes, destinadas a servir de ma- dres y esposas de sustitución (servicio doméstico) y a continuación los hombre inmi- grantes, destinados a producir bienes-salario, bienes de consumo obrero, con costes sala- riales menores que la fuerza de trabajo local y en consecuencia f acilitando la reducción del valor de la masa salarial total sin poner en peligro la v alorización del capital.

Las consecuencias para los trabajadores de esta e volución en el proceso de acumula- ción son de lar go alcance. Se está produciendo un cambio radical en el ciclo de vida de los trabajadores, que determinan en su conjunto una pérdida de autonomía personal y en consecuencia de posibilidades de formación de una subjeti vidad compartida, de clase.

Por otro lado, la existencia de una mayoría de salarios de subsistencia impide diferir consumos a lar go plazo de forma ef iciente, para compensar así las limitaciones de las transferencias públicas de renta, que son especialmente bajas en España. Tradicional- mente, los trabajadores se prote gían de esta situación mediante la in versión en vivienda, que absorbía un porcentaje relati vamente elevado de los ingresos salariales durante un

24 De los 6,6 millones de contratos estables f irmados entre 2001 y 2005, más de la mitad (3,6 millones) ya habían sido rescindidos a principios de 2005, HOAC,La reforma laboral: ¿es posible armonizar fle xibi- lidad y seguridad? Madrid, Comisión Permanente de la HO AC, septiembre de 2006.

25 GUERRERO, D.: «La explotación. Trabajo y capital en España (1954-2001)» . Barcelona,El Viejo Topo,

periodo de tiempo relati vamente corto (aproximadamente un tercio de los ingresos du- rante un tercio de la vida acti va). A cambio, al llegar a la edad de jubilación, el impacto de la reducción de rentas que supone pasar de ser asalariado a pensionista se v e amorti- guado por el ingreso in verso que supone no tener que pagar la vi vienda, amortizada al menos una década antes de la edad de jubilación.

Por el contrario, los precarios carecen de alojamientos en alquiler adaptados a su ni- vel de renta. El endeudamiento hipotecario no es ya una in versión, sino la única posibi- lidad de encontrar una vivienda. Pero ahora esta absorbe el equivalente a un salario men- sual, lo cual obliga sustituir el trabajo doméstico de un miembro de la pareja (normal- mente la mujer) por un trabajo asalariado —con el deterioro en la calidad de vida que ello supone para el núcleo f amiliar. Por otro lado, la única forma de poder enfrentar el pago de la hipoteca es establecer un plazo de amortización del préstamo superior a la vida activa futura de los trabajadores, en consecuencia, en el momento en que se enfren-

ten a la pérdida de renta por pasar a la condición de pensionistas, la hipoteca se guirá

viva, y no habrá forma de continuar la amortización, por representar una cuota mensual superior al importe de la totalidad de la pensión. Ciertamente el capital f inanciero ya ha encontrado una solución: quedarse con la propiedad vi vienda, a cambio del compromiso de otorgar a los trabajadores un complemento de renta durante los años que les resten de vida. Ante semejante perspectiva, los trabajadores precarios jóv enes optan por mantener un comportamiento racional: se mantienen en la vi vienda paterna hasta pasada la edad fértil, renuncian a procrear y consumen al instante todas las rentas salariales que obtie- nen en sus precarios trabajos.

Este es uno de los aspectos estructurales más relevantes de los cambios actuales en la gestión de la fuerza de trabajo, pero no el único: la pérdida de horizontes laborales esta- bles y de ciclo de vida predecibles hace que los trabajadores precarizados reproduzcan comportamientos adolescentes durante largos periodos vitales. Imposibilitados para tejer redes de comunicación estables a partir del proceso de trabajo, la conciencia de clase se desvanece, no se construye la capacidad de memoria y de elaboración colecti va que es uno de los fundamentos del pensamiento crítico y en consecuencia los comportamientos y valores expresados mimetizan cada vez más las instrucciones que emanan de las redes de información y consumo a su alcance (publicidad, televisión). En f in, todos los fenó- menos puestos en evidencia por la sociología de la post-modernidad mantiene un íntimo vínculo con la dinámica de los proceso de trabajo y v alorización no siempre correcta- mente identificado.