Chapter 7 Analysis of Snapchat Examples
7.6 Example 5: ‘Stories’ in ‘My Story’
Se denomina con el nombre histórico de controversia pascual89 al proceso de modificación de la an-
tigua fecha pascual judía del 14 de Nisán (El Pesaj) por parte de las autoridades cristianas de Roma. El tema lo he tratado en mi primera obra Las raíces judías del cristianismo90 (1994 y reedición del
2002), y aunque se encuentra en dicho libro, existe una nueva información que surge de la tesis docto- ral del Dr. Fernando Suárez Bilbao91 y que nos permite comprender de un modo original el problema
de la controversia pascual dentro del naciente cristianismo.
Intentaremos explicar el problema. Jesús era judío y por lo tanto, la Pascua la celebró como buen judío observante de la Torá el día 14 de Nisán. Hasta aquí todo está muy claro. Los seguidores de Jesús de la primera generación eran todos judíos, por lo tanto, la Pascua que celebraban era la Pascua hebrea con el agregado mesiánico de la última cena.
Saulo de Tarso (Pablo) era judío, y por lo tanto, también celebró la Pascua hebrea en la misma fecha que el judaísmo.
Podemos decir sin lugar a equivocarnos que, durante todo el siglo I, aquella Iglesia “judía” cele- braba la Pascua en la misma fecha que todo el judaísmo en su conjunto. Todos los indicios nos llevan a pensar que la fecha religiosa del cristianismo naciente a lo largo del siglo I fue el 14 de Nisán del calendario hebreo. La modificación de dicha fecha se realizará durante el siglo II y esta decisión será tomada en Roma con el objetivo específico de diferenciarse del judaísmo. Ni Jesús, ni sus primeros seguidores, ni todos los judeocristianos de Jerusalén que observaban la Torá, ni los gentiles que in- gresaron en el siglo I modificaron la fecha pascual judía. Por supuesto le añadieron el agregado me- siánico dándole a la fecha una nueva interpretación.
Sin embargo, el cambio del objeto de celebración de una conmemoración nacional (la salida del pueblo de Israel de Egipto) a un objeto de conmemoración internacional (la muerte y resurrección del Mesías de Israel) no modificó la fecha original del judaísmo: el día lunar del 14 de Nisán del ca- lendario hebreo. Esto demuestra la profunda conexión que tuvo el movimiento mesiánico naciente (llamado luego “cristianismo”) con su religión madre (el judaísmo).
Ahora bien, existe un registro histórico citado en la tesis doctoral del Dr. Suarez Bilbao, que nos informa que durante el gobierno de Telésforo (126-138) algunos lo sitúan entre los años (126-136) se debatió por primera vez modificar la fecha pascual del 14 de Nisán. Telesforo aparece como un Obispo de Roma en la línea de sucesión católica.
Nosotros nos preguntamos ¿Por qué motivo apareció la necesidad de cambiar la fecha pascual ju-
89 Ernesto Renán: Marco Aurelio y el fin del mundo antiguo” [Buenos Aires: Antonio Zamora], 1964, p. 89-94. Capitulo XII: “La cuestión de la Pascua” .
90 Mario J. Sabán: Las raíces judías del cristianismo [Buenos Aires: Futurum], 1994, pp. 219-228,. 91 Fernando Suarez Bilbao: De Jerusalén a Roma [Barcelona: Ariel], 2006, p. 325 n. 240.
día del 14 de Nisán? Si miramos las fechas del gobierno de la comunidad cristiana de Roma por parte de Telesforo, podemos percibir que coinciden con los años de la tercera guerra judía contra Roma (132-135).
Es más, Telesforo dice la crónica que fue asesinado por el Imperio Romano por ser “jefe de una secta judía”. Esto nos demuestra hasta qué punto a ojos del Imperio este grupo pertenecía al judaísmo, y que por lo tanto, sufría las consecuencias directas de la persecución política cuando el nacionalismo judío se exacerbo.
Si Telesforo intento cambiar la fecha pascual judía indudablemente la fundamentación de esta modificación es que no se asociara al grupo mesiánico/jesusita con el judaísmo. La asociación de cualquier grupo religioso con el judaísmo llevaba a la sospecha de traición al Imperio por co-partici- pación en la rebelión judía de Bar Cojba. Así que el nacimiento del cristianismo como religión inde- pendiente del judaísmo se produce a consecuencia de la tercera y última rebelión política del pueblo de Israel contra el Imperio Romano por su independencia. El cristianismo le debe su necesidad de independencia teológica y religiosa al “sionismo” (es decir, a las aspiraciones nacionales del pueblo judío de ser libre e independiente). El pueblo judío al no romper sus fronteras identitarias nacionales abandonó a su grupo internacional mesiánico y así este grupo mesiánico con todos los elementos del universalismo judío, combinados con una mínima legislación religiosa (las leyes de Noé) y con la fuerte ideología mesiánica de la transformación social de los profetas de Israel se lanzó a la conquista espiritual del Imperio Romano. El cristianismo judaizó al Imperio Romano al tomar todos los elemen- tos universales del judaísmo, pero para judaizar al Imperio Romano debía renunciar a los elementos “nacionales del judaísmo” quedándose con los elementos “internacionales del universalismo judío”. Al abandonar el nacionalismo judío el cristianismo universalizó a través del mesianismo judío el ideario de la ética de la Torá.
Así que el primer intento de modificación del grupo mesiánico de su identidad religiosa interna se produce en los mismos años de la rebelión nacional judía. Esta coincidencia no debe pasar des- apercibida para los historiadores porque es importante comprender la necesidad que tenía el grupo mesiánico de desvincularse del nacionalismo judío.
Hasta podríamos llegar a la conclusión de que la independencia del cristianismo fue la consecuen- cia de las sucesivas rebeliones judías contra el Imperio Romano y por el desprestigio que alcanzó el judaísmo en el siglo II.
La expansión a los gentiles del siglo I por parte de la misión paulina provenía del prestigio religio- so del judaísmo. Sin embargo, cuando el pueblo judío no percibió el objetivo religioso de redención universal se cerró sobre el objetivo de restauración política de Judea, hacia mediados del siglo II y a consecuencia de la tercera guerra del 132-135, el judaísmo pasó a ser sinónimo de rebeldía al Imperio. Por lo que el cristianismo inicial como un grupo mesiánico judío se expandió en los grupos israe- litas fuertemente helenizados de las congregaciones de la Diáspora y de todos los gentiles que por la vía de la conversión formal (como prosélitos de justicia) o por la adhesión mínima legal de las leyes de Noé (como Temerosos de Dios sin circuncisión).
Sin embargo, cuando en el siglo II el pueblo judío se enfrentó dos veces políticamente contra el Imperio Romano (con Trajano 114-117 y con Adriano 132-135), los judeo-cristianos entendieron que el judaísmo era una religión nacional y que había abandonado su pretensión universal. Todas las aspi- raciones universales del judaísmo quedaron en manos del cristianismo en el siglo II y a partir de allí, la judaización religiosa del cristianismo fue un proceso equivalente a su tendencia al anti-judaísmo nacional. Cada vez que el cristianismo se diferenciaba del judaísmo nacional podía judaizar ética- mente al Imperio Romano al convencer a los gentiles que este grupo ya no era judío. El cristianismo produjo así una paradoja histórica, se distanciaba del judaísmo nacional a través de una posición antijudía y de esta forma expandía la ética judía, la idea del Mesías judío y toda la Biblia hebrea por todo el Imperio Romano. Todos los elementos internacionales del judaísmo construían la ideología religiosa dominante del Imperio Romano, hasta que se produjo la cristianización definitiva en el siglo
IV y el emperador de Roma se arrodilló ante la figura de un rabino del pueblo de Israel llevado a la categoría de Dios.
Si dio la paradoja que los mismos emperadores romanos que destruyeron entre los siglos I y II la independencia política judía al mismo tiempo aceptaron durante el siglo IV como la religión del Imperio una forma mesiánica de judaísmo.
Lo que el judaísmo nacional no logró por las armas, el cristianismo como un judaísmo internacio- nal mesiánico logró por el martirio. Sin embargo, al abandonar el judaísmo nacional sus aspiraciones políticas hasta bien entrado el siglo XIX, el camino del martirio lo tomo el pueblo de Israel.
Si para judaizar mesiánicamente al Imperio Romano miles de cristianos dieron su vida en el mar- tirio, luego el judaísmo nacional para sostener su identidad también adoptará la resistencia nacional por el martirio.
Volviendo al tema de la modificación de la fecha pascual esta sigue el calendario lunar que no coincidía con el solar y esto llevaba a que las congregaciones judías debían preguntar a Jerusalén las fechas exactas de cada festividad. Esto creaba una dependencia litúrgica con relación al centro del judaísmo. Todas las congregaciones mesiánicas (posteriormente cristianas) debían preguntar a las autoridades judías en Jerusalén cuál era la fecha de la Pascua.
Probablemente en medio de la tercera guerra judía contra Roma se cortaron las comunicaciones entre el centro espiritual de Jerusalén (ahora capital de la rebelión) con las congregaciones de la diás- pora. Y seguramente Roma se vio privada de la información, por lo que Telesforo tuvo que pensar en cómo independizarse del calendario lunar del judaísmo. El asesinato del Papa Telésforo que a ojos romanos murió como “jefe de una secta judía” es muy sugerente del grado de percepción por parte de las autoridades de este grupo mesiánico a mediados del siglo II. Aún los gobernantes no pueden diferenciar claramente el cristianismo del mundo hebreo del cual formaban parte.
Ahora bien, la controversia real se desata con el gobierno de Aniceto I (155-166) obispo de Roma y concluye bajo el gobierno de Víctor I (189-199), y es durante este medio siglo que el cristianismo romano intenta imponerse al cristianismo oriental. Es que el cristianismo oriental mayoritario aún dentro del cristianismo general tenía grandes conexiones con el judaísmo en razón de su espacio geográfico.
Recordemos que aunque la comunidad mesiánica (cristiana) de Roma era reconocida por su im- portancia, sin embargo, en términos demográficos los cristianos eran mayoría en el sector oriental del Imperio.
La cristianización de Occidente será un proceso mucho más lento que se desarrollará entre los si- glos III y IV. En el siglo II las grandes congregaciones cristianas estarán todas en la parte oriental del Imperio Romano. Esto debe ser tomado en cuenta a la hora de comprender que un cisma de Oriente en aquella época constituía para Roma la pérdida de la mayor parte de la cristiandad.
Es así, como por una parte, Roma pretendía comenzar su proceso de desjudaización del judaísmo mesiánico (cristianismo) para dejarle los elementos mesiánicos judíos pero extraer todos los elemen- tos y símbolos relacionados con la nacionalidad judía. El cristianismo fue el intento de internaciona- lizar el mesianismo judío reduciendo o disolviendo los elementos nacionales judíos.
Lo “judío” será percibido desde la óptica cristiana como lo estrictamente religioso, mientras que el judaísmo renunciará a la expansión internacional que había comenzado naturalmente en el siglo I para, a través de su resistencia sostener la identidad nacional. A tal punto, el judaísmo ha renunciado a su carácter universal que durante siglos la imagen social del judaísmo diaspórico como grupo cerrado impidió comprender la expansión de las congregaciones judías de los siglos –II a II.
Si no hubiesen existido las congregaciones judías de la diáspora el mensaje mesiánico de Saulo de Tarso no se hubiera producido. El cristianismo le debe al judaísmo no solo su mensaje religioso básico sino la infraestructura sinagogal de cientos de congregaciones a lo largo del Imperio Romano que fueron los primeros focos de la nueva religión.
judaísmo estaba interesado en diferenciarse tanto como el cristianismo naciente. Así como en este trabajo estamos focalizando nuestro análisis en las ideas y el proceso de ruptura del cristianismo con relación al mundo judío, debemos considerar que no es casualidad que entre los año 199 y 200 se termine de canonizar la Mishná (la primera parte del futuro Talmud). La escritura de la ley oral judía llevada a la categoría de Ley escrita por parte del movimiento fariseo es correlativa a la estructura del primer canon del cristianismo a fines del siglo II. Así como la Biblia hebrea por parte del cristianismo fue interpretada a la luz del NT, así la misma Biblia hebrea será interpretada por el judaísmo por la tradición oral rabínica.
La pretensión farisea de la canonización de la tradición oral por parte de todas las comunidades judías del mundo las obligaba a aceptar o rechazar la interpretación mesiánica contenida en el NT. Así a fines del siglo II (y como dice mi amigo el Dr. Joseph Montserrat Torrens en su obra “La Sinagoga Cristiana”) un nuevo canon definía una nueva religión.
La controversia pascual para anular o mantener la fecha pascual judía del 14 de Nisán marcará un hito histórico fundamental a la hora de comprender un elemento más de ruptura del cristianismo del mundo judío.
Hay tres momentos dentro de la historia de la controversia pascual: 1. El debate entre Aniceto y Polícrates de Éfeso (156-157)
2. El problema a la muerte de Sagaris del año 165
3. La controversia entre Víctor I de Roma y Policarpo de Esmirna (189-199)
Tenemos que intentar averiguar en primer lugar ¿Cuándo Roma cambio la fecha pascual judía del 14 de Nisán?
Siendo Clemente ben Yehudá I (90-99) hijo de padre judío y seguramente de madre gentil ob- servante de las leyes de Noé (del Decreto Apostolico del año 50), observó indudablemente la fecha pascual del judaísmo. A la muerte de Clemente ben Yehudá en el año 99 asumió la conducción de la congregación mesiánica de Roma, Evaristo I (99-107) hijo también de padre judío. Todos estos hom- bres, primeros jefes de la congregación nazarena-mesiánica de Roma eran originalmente de familias hebreas, y por lo tanto, continuaron con la fecha pascual judía del 14 de Nisán. Ahora bien, hay un momento histórico, algunos lo sitúan en el gobierno de San Pio I. Este Obispo de Roma ejerció su gobierno desde el 140 al 155 y la tradición dice que fue él quien cambió la fecha pascual judía para el domingo siguiente al plenilunio de marzo, es decir, ajustó la fecha al calendario solar romano. Es interesante que Pio I fuera contemporáneo a los siguientes acontecimientos:
1. El año 135 marca el fin de la tercera guerra judía, donde las congregaciones mesiánicas se preguntan por su propia identidad religiosa. Estos interrogantes identitarios surgieron en las congregaciones con mayor población gentil o con elementos judíos helenísticos que querían desvincularse del nacionalismo judaísmo anti-romano.
2. Telesforo fue asesinado por las autoridades imperiales en el año 138 por ser jefe de una “secta judía”. Pio I estaba en Roma participando de la congregación y preguntándose cómo era posi- ble que aún Roma no pudiera identificar a la congregación mesiánica como no-judía.
3. En el cuarto año de su gobierno (144) la tradición dice que Marción del Ponto en Roma es- cribe la “Antítesis”, como el primer intento ideológico del naciente cristianismo de separarse violentamente del judaísmo.
4. Hacía el 150 Justino escribía el Dialogo con Trifón, la primera obra donde se intenta la prime- ra definición identitaria cristiana frente al judaísmo (como ya hemos analizado en el capítulo anterior)
Fue este Obispo de Roma, San Pío I (140-155) quien por todas las causas expuestas modificó la fecha pascual judía del 14 de Nisán. Esto nos lleva a la conclusión de que todos los cristianos del mundo celebraron la fecha pascual judía hasta que Pio I decretó este cambio. Fue en Roma donde estratégicamente durante el siglo II se produciría una reforma constante para apartarse del judaísmo. Y los dos ideólogos de esta ruptura serán Pío I por el movimiento de la ruptura moderada y Marción por el movimiento de la ruptura radical. Pero ambos movimientos coincidían en que se debía trabajar para otorgarle al cristianismo una identidad independiente del judaísmo.
Por lo tanto, con San Pío I (140-155) se crea la que se llamará la práctica romana. Roma impul- saba una modificación y con el tiempo pretendía imponerla a todo el cristianismo en su conjunto. La aceptación de esta práctica tiene mayor relación con el deseo de muchas congregaciones cristianas de desvincularse del judaísmo, y no por la aceptación de la autoridad romana. Pero como Roma im- pulsará el cambio de las costumbres judías, esto llevará a muchas congregaciones a seguir las pautas de Roma y no de los Obispos de Jerusalén. Luego de la destrucción del 135 la comunidad ebionita de Jerusalén ya no podrá pretender dirigir el movimiento mesiánico internacional (el cristianismo).
Establecida la fecha romana según el calendario solar, ahora esta práctica romana se enfrentaba a la antigua usanza tradicional judía. Todo el cristianismo oriental vinculado ancestralmente con la tradición judía resistirá la imposición del cambio de la fecha pascual.
El sucesor de Pio I en el año 155 fue Aniceto quien comenzó una labor de expansión y difusión de la nueva fecha pascual por todas las congregaciones cristianas.
Sin embargo, frente a Aniceto I (155-166) se levantará Policarpo de Esmirna (recordemos que para los obispos el Obispo de Roma era un jefe religioso más) exigiendo que Roma abandonara la práctica solar y regresará a la tradición judía del 14 de Nisán. Policarpo de Esmirna (70-155) era un anciano cristiano que había conocido en su juventud (hacia el 90/100) a Juan el Evangelista y este mismo lo había consagrado.
Indudablemente siendo Juan, (judío como gran parte de los cristianos del siglo I) al influir direc- tamente sobre Policarpo de Esmirna le entregó muchas de las más antiguas costumbres judías, entre ellas la observancia de la fecha pascual judía del 14 de Nisán.
Un detalle histórico que no debemos pasar por alto de este encuentro entre Aniceto I (155-166) con Policarpo de Esmirna es la identidad del secretario personal del obispo de Roma, Eleuterio. Eleuterio, era el ayudante (levita o diacono) de Aniceto I. Instruido por Aniceto y la generación de la ruptura, cuando asumió el cargo de Obispo de Roma, Eleuterio I (175-189) declaró que los alimentos impuros del judaísmo quedaban anulados para los cristianos.
Esto nos lleva a la conclusión que todos los judeo-mesiánicos del siglo I y los judeocristianos y los cristianos provenientes de la gentilidad del siglo II hasta el año 180 aproximadamente observaban la prohibición judía del Kashrut y diferenciaban entre comidas puras e impuras. Es más, durante la persecución a los cristianos de Lyon, estos murieron como mártires por este motivo.
Eleuterio I siguiendo la estrategia de separación de ambas religiones decidió que un cristiano podía comer lo que quisiera sin diferenciar entre los alimentos. Así se marcaba una nueva diferencia de la observancia de la Torá por parte del judaísmo nacional.
Paradójicamente, todos los primeros judíos que fundaron el cristianismo observaron las diferen- cias en la alimentación por ser observantes de la Torá, pero los gentiles incorporados en las sinagogas indudablemente también, por ese motivo encontramos a todos los “cristianos” del siglo II observando esta tradición del judaísmo.
Sin embargo, siguiendo la línea de ruptura que se propuso desde los tiempos de San Aniceto, el