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5.4 Analyzing the components of compensation

5.4.3 Excluding options from TDC

El concepto de huella ecológica nos aporta una manera de analizar la sostenibilidad de la región desde el metabolismo regional y analiza de manera cuantitativa la apropiación de ésta de los recursos planetarios. La huella ecológica se define como la cantidad de territorio apropiada por las comunidades humanas (ciudades, regiones, estados) para mantener su grado de desarrollo y la satisfacción de sus necesidades de producción de bienes y servicios, así como la absorción de sus residuos (Wackernagel M. & Rees 1996). En un informe publicado especialmente para la Cumbre de Johannesburgo, sobre el Desarrollo Sostenible, por el WWF (World Wide Fund for

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36 Nature, 2002), se muestran las diferencias en la apropiación de recursos per cápita de los habitantes de países desarrollados frente a los habitantes de los países en desarrollo, siendo los Emiratos Árabes, seguidos por EEUU los que presentan huellas ecológicas de más de 10 hectáreas por persona, a la cabeza de la clasificación, en comparación con Mozambique, Burundi o Bangla Desh que presentan huellas de menos de una hectárea por habitante en la cola de la lista3.

El concepto de la huella ecológica se mide en unidades territoriales (hectáreas) por habitante, y se convierte en un planteamiento modificado del concepto ecológico conocido como capacidad de carga de un territorio4, referido éste a las limitaciones de un espacio natural concreto para mantener a una organización biológica determinada. Si este espacio de sustentación lo consideramos como el planeta en su totalidad, según los autores, nos corresponden a cada ser humano de 1,7 a 2,1 Ha de tierra fértil per cápita, y todo lo que supere esta cantidad es espacio que nos apropiamos de más. Esta contabilidad del desarrollo evidencia la apropiación de recursos por parte de los países desarrollados. Los autores afirman que si todos los humanos conseguimos un nivel de desarrollo como el occidental harían falta de tres a cinco planetas para hacer frente a este nivel de consumo y cada vez las sociedades ser vuelven más consumistas conforme van alcanzando un mayor nivel de desarrollo.

El concepto de huella ecológica aunque es difícil de calcular a nivel regional, nos permite conceptualmente establecer cuáles son las directrices a seguir para un modelo de desarrollo regional sostenible, o sea que la región debe adaptar su grado de asimilación de recursos a su capacidad de producción regional si quiere mantener un equilibrio entre consumo y producción y dicha producción debe atender a la renovabilidad de dichos recursos como hemos visto en el capítulo anterior. En este marco de organización regional promover la sostenibilidad de los artefactos urbanos es una de las prioridades que la región debe plantearse.

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Este informe calcula la huella ecológica para cada país, teniendo en cuenta que solo una cuarta parte del planeta es terreno productivo (las otras tres partes son desiertos, hielos, océanos,...). Esta parte correspondía a una media de 1,9 Ha por persona en el año 1999. En dicho año ya se ha superado la capacidad productiva en un 20%, correspondiendo la huella media a una cantidad de 2,3 Ha. por persona.

4 La capacidad de carga es definida tradicionalmente como el máximo de población de una especie que puede ser sustentada

37 Fig. 2. La huella ecológica por países.

Vemos la diferencia en la apropiación de los recursos por parte de los países industrializados. World Wide Fund for Nature. 2002 .

Fig. 3. Evolución de la huella ecológica per cápita por regiones y países en el año 1961 y en el 2006. Vemos las variaciones experimentadas entre ellos.

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38 4. La huella hidrológica.

Así como hemos visto que la huella ecológica requiere un proceso de cálculo complejo para su evaluación, un elemento que nos puede ayudar a enfocar la sostenibilidad regional es la huella hidrológica, conformada en función de la cuenca hidrográfica en la que se halla ubicada la región.

Fig. 4. Esquema de cuenca hidrográfica y de ciclo hidrológico. GAC-1993.

Su relación con dicho ecosistema será clave para el análisis de la sostenibilidad de la región.

Fig. 5. Esquema de metabolismo hídrico. Madrid C. y Velázquez E. 2008.

39 La actividad de los núcleos urbanos y de la región respecto a la adquisición de recursos hídricos tanto para el consumo humano, como por las actividades económicas y sociales es otro elemento de referencia clave para la planificación del crecimiento urbano. A la vez los impactos que generan los vertidos líquidos de los sistemas urbanos y económicos, y sus tratamientos, sobre dicha cuenca determinarán su calidad y la sostenibilidad en el tiempo de su utilización. Algunos autores han analizado los conceptos de Metabolismo Hídrico, Agua Contenida y Huella Hídrica (Madrid C y Velázquez E, 2008) .

Definen al Metabolismo Hídrico como aquel proceso que recoge los flujos de agua de una sociedad-economía en dos dimensiones: (1) flujos internos, referido a los flujos que tienen lugar entre una economía y el sistema hídrico del territorio donde ésta se aloja y (2) flujos con el exterior, entendiendo por éstos los flujos desde (importación) y hacia (exportación) otros sistemas hídricos.

El concepto de Agua Contenida da lugar al concepto Agua Virtual (AV). A pesar de los esfuerzos iníciales por cuantificarlo, el concepto se consolida como una metáfora cualitativa: La cantidad de agua consumida en el proceso de elaboración de un producto es llamada el Agua Virtual asociada al producto o servicio. El concepto de AV adquiere toda su relevancia cuando se asocia al comercio y es tan antiguo como el propio comercio de bienes. De esta forma, podemos entender por comercio de AV la relocalización virtual del agua asociada a los productos que se intercambian. Encuadrado en este comercio, existe un flujo de agua virtual desde los países o regiones exportadoras hacia los países o regiones importadoras.

La idea de huella hidrológica surge a partir del concepto de agua virtual. Roberto Rodríguez Casado (Rodríguez Casado R. 2008) nos aproxima al concepto de huella hidrológica, la cual se puede referir a la de un individuo, de un grupo de personas o de un país y se define como el total de agua usada para producir los bienes y servicios consumidos por el individuo, por ese grupo de personas o por el país. Se suele expresar en volumen de agua usado por año. Dado que no todos los bienes consumidos en un país son producidos en su territorio, la huella hidrológica se compone de dos partes: huella hidrológica interna, que se refiere al volumen de agua del país usada para producir los bienes y servicios consumidos por sus residentes; y la huella hidrológica externa, que equivale al volumen de agua usada en otros países para producir los bienes y servicios importados y consumidos por los residentes en el país de referencia.

Los factores más determinantes en la huella hidrológica de un país son: el volumen de bienes y servicios consumidos, las costumbres en la alimentación y la dieta, el clima y las prácticas agrícolas.

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40 Uno de los aspectos más relevantes de la huella hidrológica es que permite diferenciar el agua consumida según su procedencia, distinguiendo entre huella hidrológica azul y huella hidrológica verde. Se denomina agua azul al agua procedente de ríos, lagos y acuíferos y agua verde a la procedente de las precipitaciones que queda retenida en el suelo. Esta distinción es importante ya que poseen diferentes características en cuanto a coste de oportunidad e impacto hidrológico y medioambiental, como también son diferentes las políticas que administran y gestionan cada una de ellas.

La huella hídrica podría ser otro de los elementos que impusieran criterios a la planificación urbana y regional, o sea el resultado del balance hídrico entre los caudales de entrada y los caudales de salida. Los metros cúbicos anuales de agua usados por la población y las actividades primarias, industriales y de servicios que suponen la salida del sistema hídrico hacia el sistema social, las aportaciones de agua por los procesos atmosféricos como la precipitación y su acumulación en el subsuelo, en forma de acuíferos subterráneos y en forma de caudales fluviales y lagos, suponen las entradas al sistema. La relación entre este balance de entrada y salida genera la huella hídrica de la región.

El grado de contaminación de los vertidos devueltos a la cuenca y su caudal nos darían información de la calidad de las reservas y de su posibilidad de uso en el futuro. Si la contaminación de los vertidos desechados es mayor que la capacidad de regeneración de la cuenca, el futuro uso de dicho capital hídrico se vería comprometido por la falta de calidad del mismo.

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