4.3 A-Policy execution
4.3.3 Executing Actions for Reinforcing non-functional properties
2.
LA LENTA INDUSTRIALIZACIÓN ENFRANCIA
3.
LA INDUSTRIALIZACIÓN DEALEMANIA
4.
LA REVOLUCIÓN INDUSTRIAL DEESTADOSUNIDOS
5.
RUSIA,
LA INDUSTRIALIZACIÓN TARDÍA6.
EJERCICIOS
7.
LECTURAS RECOMENDADAS
8.
BIBLIOGRAFÍA
En el presente tema se intenta ofrecer una apretada síntesis del fenómeno de la Revolución Industrial en diferentes países. En primer lugar se trata el caso inglés, en el que se muestran las condiciones que propiciaron la transformación, así como los cambios técnicos y organi- zativos que se introdujeron en los diferentes sectores de la economía inglesa. La difusión de la industrialización se estudia a través de los contrastes entre diferentes modelos relaciona- dos con las peculiaridades de cada país.
1. LA REVOLUCIÓN INDUSTRIAL INGLESA
Con el término “revolución industrial” se conoce a un conjunto de cambios económicos que permiten a una economía preindustrial, caracterizada por una productividad baja y por tasas de crecimiento generalmente estancadas, transformarse en una economía moderna, donde el producto per cápita y el nivel de vida son relativamente altos, y el crecimiento económico es, normalmente, sostenido. Estos cambios están interrelacionados en el ámbito de la organiza- ción económica, la tecnología y la estructura industrial. Así mismo, son causa y efecto de un crecimiento sostenido de la población, del producto total y del producto per cápita.
En el último tercio del siglo XVIII se desarrollaron en Inglaterra estos cambios
conjuntamente y en una escala suficientemente amplia y permanente como para provocar ~ 125 ~
un proceso de cambio y crecimiento continuo y acumulativo. La explicación de por qué fue el primer país en industrializarse radica en una combinación de condiciones sociales, polí- ticas, económicas y legales: en primer lugar, contaba con una clase próspera de comercian- tes que se había enriquecido con el comercio exterior e interior y que poseía gran influencia política. Así mismo, se apoyaba en una gran tradición de especialización tanto en el comer- cio como en la industria. En segundo lugar, había conseguido desarrollar una agricultura muy productiva que produjo un excedente comercializable y por tanto fondos para la inver- sión en otros sectores, como vimos en el tema 6. Además, el aumento de la producción agrí- cola se tradujo también en un crecimiento sostenido de la población.
Por otra parte, la mano de obra no fue abundante en los primeros centros manufac- tureros, lo que condujo a salarios altos y, por tanto, los empresarios intentaron sustituir mano de obra por máquinas, dando un gran impulso a los avances tecnológicos. Los sala- rios altos de los trabajadores industriales ingleses significaron una mejora en su poder de compra y en consecuencia una mayor demanda de bienes de uso corriente y una ampliación del mercado interior.
Así mismo, contaba con leyes que favorecían la dedicación al comercio, no existían las aduanas interiores, y se mejoraron los transportes, con la construcción de carreteras y canales. También aumentó el mercado exterior y se implantó el librecambismo en el siglo
XIX. Por último, desde 1694 existía el Banco de Londres, y los ingleses poseían un desarro- llado sistema bancario y crediticio.
El progreso de la agricultura es uno de los factores indispensables para el desarrollo industrial, ya que permite la obtención de mayor producción con una cantidad menor de mano de obra que pasa a trabajar en el sector industrial, además hace posible que se produz- ca el crecimiento de la población. Así mismo, la revolución agrícola tiene un papel de incen- tivo de la demanda, porque, al producir más, los campesinos obtienen más recursos y se amplía el mercado interior. También puede suministrar, en las primeras etapas, una gran parte del capital y empresarios en los sectores clave de la revolución industrial.
La revolución agrícola se produjo por primera vez en Inglaterra hacia el año 1700. La mayoría de las ideas se basaron en las técnicas holandesas del siglo XVII, pero desde 1730
hasta mediados del siglo XIX, Inglaterra tomó la delantera y pasó a ser el centro innovador
en la agricultura, convirtiéndose en el modelo seguido en el resto de Europa. A continua- ción se apuntan las principales técnicas aplicadas.
En primer lugar, la gradual eliminación del barbecho y su sustitución por continuas rota- ciones de cultivos. Se implantó un sistema rotatorio de cultivos que abarcaba generalmente un periodo de 3 a 4 años, aunque a veces podía llegar hasta 6 o 12 años, sin necesidad de interca- lar ninguno de barbecho. El suelo se regeneraba por medio de una secuencia de plantas, cada una con un consumo peculiar de las sustancias del suelo, por la introducción de especies vege- tales que poseían un efecto regenerativo sobre el suelo, y, sobre todo, por un mayor abonado de las tierras, que fue facilitado por la expansión del abono animal. Al incluir el cultivo de plan- tas forrajeras en el sistema de rotación aumentó el número de cabezas del ganado.
En segundo lugar, la introducción o extensión de nuevos cultivos. La rotación conti- nua implica la inclusión de nuevos cultivos en el ciclo. Los principales cultivos de plantas
forrajeras y piensos fueron los nabos, el trébol, y otras especies para forraje menos impor- tantes como la colza, el lúpulo, el maíz, las zanahorias y las patatas.
En tercer lugar, se produjo una considerable mejora de las herramientas de uso tradi- cional y la introducción de otras nuevas. También aumentó el empleo de caballos para el trabajo de la tierra, al ser su velocidad media un 50% mayor que la del buey.
También se llevó a cabo la selección de semillas y de razas de animales. En las primeras etapas los progresos más importantes se produjeron en la cría de ganado lo que se reflejó en rápidos aumentos de peso en los animales y en la obtención de leche.
Por último, se efectuaron una serie de cambios que transformaron el régimen de propiedad. Retrocedió el sistema de campos abiertos u open fields sustituido por el siste- ma de campos cerrados o enclosures, a la vez que se llevaba a cabo el paso del colectivis- mo al individualismo agrario. El sistema de enclosures se impuso gracias a las ventajas que ofrecía, ya que, por una parte permitía que las inversiones que realizaba el propietario revir- tieran exclusivamente en él, y por otra facilitaban la introducción de nuevas técnicas y culti- vos. Este cambio de sistema benefició a los grandes y medianos empresarios agrícolas que concentraron en sus manos grandes explotaciones que organizaron a modo de industrias capitalistas, con una gran productividad encaminada a la comercialización en el mercado. En cambio perjudicó a los campesinos que se vieron obligados a vender la tierra y trabajar como asalariados para los terratenientes, o bien emigrar a la ciudad como mano de obra para la industria. El proceso de cercamientos fue favorecido por Actas parlamentarias.
Íntimamente relacionada con la revolución agrícola se encuentra el crecimiento de la población. El aumento de la producción y de la productividad en la agricultura permite que mayor número de personas estén mejor alimentadas y mejoren su esperanza de vida. A la vez el aumento de la población supone también un aumento de la demanda no solo de productos agrícolas sino también de manufacturas. Hacia 1750 la población británica inició un rápido crecimiento, gracias al cual pasó de unos 11 millones en esas fechas a más de 16 millones en 1830, gracias al aumento de las tasas de natalidad y a la disminución de las de mortalidad.
Los primeros cambios revolucionarios en la tecnología y en la organización econó- mica se registraron en la industria textil, en el sector siderúrgico y en la maquinaria gene- radora de fuerza motriz.
Inglaterra ya poseía una gran tradición como productora de tejidos de lana, lino y de algodón, pero con la aplicación de las máquinas en los procesos de hilado y tejido se impu- so gradualmente la producción en fábricas, cada vez de mayores dimensiones, sobre el siste- ma de putting-out, que se había utilizado tradicionalmente, ya explicado en el tema 6. Sin embargo, ambos sistemas convivieron durante cierto tiempo, debido a la resistencia de la mano de obra a trabajar en una fábrica con un horario rígido, a pesar de que los salarios pagados en la industria eran más altos que los ingresos que obtenían los trabajadores en el campo. Además el empresario capitalista se resistía a invertir en edificios y fábricas que reducían sus beneficios en épocas de crisis, cuando podía satisfacer la demanda en momen- tos de auge con operarios marginales.
La industria textil basó su desarrollo en el algodón, una materia prima importada. Aunque al principio esta industria empleó los procesos manuales utilizados en la produc-
ción de las manufacturas de lana y lino, pronto incorporó maquinaria que reducía mano de obra, tanto en el proceso de hilado como en el de tejido. La drástica reducción en el precio de las manufacturas de algodón condujo a un aumento de la demanda interior, potenciada por el crecimiento demográfico y favorecida por la prohibición de tejidos de la India. Inglaterra fue el primer país que utilizó las nuevas máquinas, el primero que produjo teji- dos más baratos y más finos y por consiguiente pudo apropiarse de todos los beneficios como innovador. Cuando sus rivales siguieron su ejemplo y empezaron a producir mercan- cías comparables, los precios habían bajado a niveles competitivos y los beneficios ya no eran tan altos. La industria textil algodonera se convirtió en el principal sector de la renta nacional de Inglaterra, y los beneficios se reinvirtieron lo que hizo que la industria siguie- ra aumentando su capacidad productiva y se dieran economías de escala. En el gráfico 8.1. se hace patente la clara superioridad de la industria textil de Inglaterra con respecto a la de otros países europeos que siguieron sus pasos.
Gráfico 8.1: Consumo de algodón por habitante (1825-1914)
Fuente: C.M. CIPOLLA (ed.). Historia Económica de Europa (4). El nacimiento de las sociedades indus- triales, Ariel, Barcelona, pp. 418-419.
La industria textil inglesa se nutrió, especialmente en las primeras etapas, de mano de obra abundante, barata y desorganizada, constituida en su mayor parte por mujeres y niños con jornadas de 12 a 16 horas. La legislación sobre limitación de jornada no entró en vigor hasta 1850, los avances agrícolas no requerían ya un elevado número de mano de obra y el resto de la industria todavía no estaba desarrollada, por tanto no había otras posibili- dades de trabajo.
La industria siderúrgica estaba ya organizada sobre una base capitalista desarrollada durante el siglo XVI. Las numerosas innovaciones técnicas del siglo XVIIIpermitieron a las industrias británicas abandonar el carbón vegetal para adoptar el carbón mineral, muy abun- dante en el país, lo que produjo una disminución del precio del hierro y por tanto su uso generalizado en la construcción de máquinas. El ferrocarril también desempeñó un papel importantísimo en el siglo XIXcomo demandante de esta industria.
Una de las diferencias más importantes entre una economía industrializada y una preindustrial es la mayor acumulación de capital, sin embargo hay formas de capital que requieren inversiones totalmente desproporcionadas a los beneficios previsibles inmediata- mente, se trata del capital social. La infraestructura de transportes requiere gastos de capi- tal superiores a los permitidos por empresarios particulares, el periodo de construcción es muy prolongado y los beneficios se producen a largo plazo y revierten más en la comuni- dad que en el empresario constructor. De ahí que estas inversiones generalmente sean esta- tales, sin embargo en Inglaterra la iniciativa y el capital fueron aportados por empresas privadas. En la segunda mitad del siglo XVIIIempresas privadas obtuvieron autorización
para la construcción de carreteras con derecho a peaje. Así mismo, la iniciativa privada también construyó canales de navegación que proporcionaron un transporte barato y promovieron el crecimiento de las ciudades al aportar alimentos y combustible más barato. El capital para la construcción de canales procedió de la empresa colectiva (asociaciones de hombres de negocios, terratenientes, accionistas locales, empresas y bancos de la ciudad), posteriormente los accionistas de canales también invirtieron en el ferrocarril.
En el primer cuarto del siglo XIXhizo su aparición el ferrocarril en Inglaterra, gracias
a la aplicación de la máquina de vapor. La construcción del tendido nacional ferroviario inglés fue muy rápida, quedando finalizada prácticamente en 1850. El ferrocarril impulsó el sector financiero, ya que movilizó grandes capitales, se construyó exclusivamente con capitales privados aportados por sociedades anónimas, además fue el mayor demandante del sector siderúrgico (gracias al proceso Bessemer los raíles fueron más resistentes). Posteriormente se utilizarían los ingenieros y el capital inglés en la construcción de la mayor parte de los ferro- carriles europeos. Las inversiones en transportes permitieron la utilización más económica y productiva de los recursos de capital existentes, mejoraron las comunicaciones y posibilitaron la integración del mercado nacional y el abaratamiento de los bienes.
El comercio internacional de un país marca la diferencia de un estadio preindustrial a uno industrial. Gracias al comercio internacional se puede vender al extranjero los exce- dentes y comprar bienes escasos, con lo que se amplía los bienes y servicios ofrecidos en el mercado interior y aumenta el valor de la producción nacional. Inglaterra contó con una serie de factores favorables que le permitieron desarrollar su comercio. Entre estos factores positivos destaca su situación geográfica, la abundancia de recursos naturales, la ventaja de disponer de capital humano (marinos y navegantes), así como de una clase mercantil con fondos que asumía riesgos, un gobierno que simpatizaba con la clase mercantil y, por últi- mo, un centro crediticio con gran experiencia financiera.
Hasta mediados del siglo XVIII, las exportaciones de Inglaterra se basaban en los teji-
da de los tejidos de lana era inelástica, por lo que se produjo la saturación en el mercado. Con la revolución industrial las exportaciones de tejidos de lana fueron sustituidas por teji- dos de algodón que poseían una demanda más elástica.
Londres se convirtió en el centro financiero mundial donde acudían los fondos disponibles de otros países y la organización comercial se transformó. Durante el siglo
XVIII y XIX aumentó el tamaño de las empresas comerciales, lo que significó mayores
capitales y las sociedades anónimas fueron la forma más adecuada para reunir dichos capitales. En 1844 se liberalizó la constitución de sociedades anónimas, reglamentadas hasta entonces por el Acta de la Burbuja de 1720, extendiéndose su uso con dos noveda- des: las sociedades de responsabilidad limitada en las que los inversores no responden de las deudas de la compañía y las acciones preferentes, que ofrecían a sus poseedores una posición privilegiada respecto al resto de los accionistas, pues recibían dividendos antes de que se abonasen a las acciones ordinarias y tenían preferencia en caso de quie- bra de la compañía.
El aumento de las sociedades anónimas produjo la expansión de las Bolsas de valo- res, las más importantes fueron las de Londres, París y Nueva York. El desarrollo del comer- cio exterior contribuyó a la revolución industrial inglesa ya que creó una demanda para los bienes de la industria británica, así mismo, abrió a Inglaterra el acceso a materias primas que ampliaron la gama de productos de la industria británica y los abarataron, a la vez que permitió adquirir a países pobres un poder de compra suficiente para adquirir mercancías británicas; por otra parte, creó un excedente económico que contribuyó a financiar la expan- sión industrial y la mejora de la agricultura y ayudó a crear una estructura institucional y una ética de los negocios. Por último, la expansión del comercio produjo el crecimiento de las grandes ciudades y de los centros industriales (Liverpool, Manchester).
Antes de la revolución industrial Inglaterra contaba con un sistema monetario y bancario muy desarrollado, con la libra esterlina como unidad monetaria basada en la plata. En 1816 se decretó el patrón oro, dependiendo la oferta monetaria del Banco de Inglaterra. Hasta entonces, las instituciones monetarias inglesas consistían en un banco central -el Banco de Inglaterra- que actuaba como banco del gobierno y como custodio de las reservas de oro de la nación, unos sesenta bancos privados en Londres, de mucha liquidez y reputa- ción, pero que no emitían billetes, y unos 800 bancos privados de provincias, de dimensio- nes reducidas pero emisores de billetes y que no tenían que someterse a más control que al del valor de los billetes emitidos.
Durante el proceso de industrialización la necesidad de satisfacer la demanda urgen- te de numerario, así como la necesidad de encontrar oportunidades de inversión para el capital excedente de la población adinerada de las provincias, indujo a centenares de peque- ños bancos provinciales, muchos de los cuales se constituyeron a partir de 1750, a emitir billetes de valor relativamente bajo (1 y 2 libras). En cuanto al resto de la banca privada estaba constituida en general por sociedades por acciones con responsabilidad limitada que tendieron a la fusión. La orientación de los bancos privados a inversiones a largo plazo (industria) provocó quiebras y desastres financieros por lo que la mayoría de los bancos se inclinó hacia las operaciones comerciales (inversiones a corto plazo).