heterostructures 8.1 Abstract
8.3 Experiment
Francisco de Paula Ayala García-Duarte nació en Granada en 1906. La familia paterna estaba integrada por terratenientes andaluces de ideas apegadas al tradicionalismo. La contraparte era su familia materna, pues su abuelo era médico, catedrático y la vez rector de la Universidad de Granada. En 1911 empieza su etapa escolar en el Colegio de Niñas Nobles de Granada. Entre 1912 y 1914 y por problemas de salud del propio Ayala, la familia decide trasladarse a vivir por un período hacia Albaicín, en el mismo centro de Granada. A la edad de 10 años realiza el examen de ingreso en el Instituto e ingresa en un colegio de Escolapios, en el cual no estuvo mucho tiempo pues fue expulsado. Continuó en el Instituto de Segunda Enseñanza de Granada y culminó sus estudios en el Instituto de San Isidro de Madrid, ciudad en la que vivía desde 1918. Por estos tiempos comienza a escribir versos y estudia pintura.
En 1923 estudia simultáneamente las carreras de Filosofía y Letras y Derecho en la Universidad de Madrid. Luego en 1925, y con solo 18 años, publica su primera novela Tragicomedia de un hombre sin espíritu (Madrid, Industrial Gráfica). Esta obra recibió una buena crítica y supone el período vanguardista de Ayala, mezclado además con la asimilación del pensamiento de José Ortega y Gasset. Se avizora pues, un vínculo con el ideario existencialista de Ortega. Luego de este libro, Ayala quedó admitido dentro de los círculos y tertulias literarias de Madrid y desde estos años pasó a formar parte de la «Generación del 27». Mientras estudiaba Derecho apareció su segunda novela Historia de un amanecer (Madrid, Castilla) en 1926. Un hecho relevante en la vida de Ayala en estos años, lo supone su pronta incorporación al centro de escritores que tenían como punto de vista las concepciones de Ortega y Gasset. Muestra su interés en escritores como García Lorca, Góngora, Ehrenburg y John Dos Passos. Colabora con la Revista de Occidente y La Gaceta Literaria. Escribe relatos que siguen la línea vanguardista como Hora Muerta y El Gallo de la Pasión. Estos relatos fueron
publicados en 1929, agrupados en el libro El boxeador y el ángel (Cuadernos Literarios, 1929). En este mismo año se licencia en Derecho por la Universidad de Madrid, además completó en 1930, durante una estancia en Alemania, estudios sobre Filosofía Política y Sociología General. En 1931 recibió el título de Doctor en Derecho por la Universidad de Madrid. Pasó a ser miembro de la cátedra de Derecho Político donde figuró hasta 1936. Por estos años su labor literaria cesó considerablemente y se distanció de ella para prestarle más atención a la realización de sus estudios.
Visitó América por vez primera en 1936, al ser invitado por la Universidad de Santiago de Chile a exponer algunas conferencias. También viajó a Uruguay, Argentina y Paraguay. Al iniciarse la Guerra Civil, Ayala se encontraba en Chile. Regresó a España y en octubre de ese mismo año recibió la noticia del asesinato de su padre, encarcelado en una prisión de Burgos, por las tropas falangistas. En 1939 partió definitivamente de España. Al expirar la República, Ayala vivió indistintamente seis meses en Francia, dos meses en Cuba y luego se estableció en Argentina donde transcurrió su vida entre 1939 y 1950, exceptuando 1945 que vivió en Brasil. Este período de Ayala fue de gran creatividad en diversos campos, lo mismo en la producción literaria que ensayística. Mediante el género ensayístico se dedicó a escribir trabajos de un marcado carácter político y social. Despliega sus críticas ante la dictadura franquista y su autoritarismo. Ayala fue de esos escritores de ideas democráticas y liberales que no aceptó en ningún momento la imposición del estado franquista y su autarquía en los primeros años de dominio. Publica libros como El problema del liberalismo, Razón del Mundo, Los políticos y Tratado de Sociología. En Razón del Mundo, arremete contra las posiciones pasivas de Ortega y Gasset y sintetiza el papel del intelectual de su tiempo con respecto a la sociedad. Durante el exilio (1939-1975) además de dirigir su obra a la crítica literaria y a la problemática político-social no dejó de ejercer su profesión de escritor. Tradujo a Thomas Mann, Rainer María Rilke, Alex Comfort y Alberto Moravia, entre otros y colaboró con revistas como Realidad, donde formó parte importante en su fundación.
El primer libro de Ayala publicado en el exilio fue Los usurpadores en 1949 (Sudamericana, Buenos Aires) donde hace hincapié en las estrategias del poder. En este mismo año, publica con la misma editorial el libro de relatos La cabeza del cordero con referencias a la Guerra Civil. Estas producciones de Ayala se dieron a conocer en
España gracias a la revista Ínsula, la cual contribuyó a reivindicar la literatura del exilio republicano español.
Durante la década de los años 50, Ayala dio conferencias en muchas ciudades de América y formó parte de claustros en prestigiosas universidades como Princeton y Nueva York. En 1956 publica El escritor en la sociedad de masas, especie de tratado que analiza el objetivo del escritor de su época, sobre ello afirmará: «La actividad del escritor consiste en la incesante referencia de las realidades prácticas y cotidianas -sobre todo las realidades que presentan un cariz nuevo- a principios y conceptos generales; consiste en la compulsa infatigable entre lo que es y lo que debiera ser y, por consiguiente, en una revisión continua del sentido de la existencia para la comunidad entera»38. Ayala busca en lo crítico, lo problemático, lo dialéctico de la condición del hombre, en lo humano y universal. En 1958 publicó La crisis actual de la enseñanza
(Buenos Aires, Nova), La integración social en América (Buenos Aires, Nova) y
Muertes de perro (Buenos Aires, Sudamericana). En 1960 destaca por su Experiencia e invención, libro que se dedica a la crítica literaria sobresaliendo ensayos como El arte de novelar donde expone el concepto del novelista ligado a la sociedad y a la vez, el propósito del escritor que debe ser el reflexionar sobre la realidad cultural que le circunda.
Regresó a España en 1969 y tras una breve estancia retornó a América. Se estableció definitivamente en España durante 1980. Por estos años publicó El tiempo y yo (1978), De raptos, violaciones, macacos y demás inconveniencias (1982), Relatos granadinos (1990), El regreso (1992), Visto y no visto (1993) y De mis pasos en la tierra (1996) como títulos más importantes. Ha recibido premios relevantes como el Premio de la Crítica (1972), Premio Nacional de Narrativa (1983), Premio Nacional de Letras Españolas (1988), Premio Cervantes (1991), Premio Príncipe de Asturias de Letras (1998), Premio Internacional de las Letras de la Fundación Cristóbal Gabarrón. Ayala se ha destacado por su trayectoria como escritor comprometido con la realidad que ha vivido. Luego de una larga, fértil y abundante vida y obra, Ayala murió el 3 de noviembre del 2009 a la edad de 103 años.
38
La obra de Ayala se desarrolló en distintas áreas como la literatura, la sociología y la crítica literaria. Atendió al cultivo de la novela y el cuento como géneros literarios. En cuanto a la sociología, tiene trabajos de reconocimiento como el Tratado de Sociología, además de participar y colaborar en innumerables revistas y libros de editoriales latinoamericanas y españolas.
Ayala es uno de los novelistas más representativos de exilio republicano español, masa de escritores que se sitúan generacionalmente entre los años finales de siglo XIX y los primeros quince años del siglo XX: «El bloque fundamental, pues, de la novelística desterrada está formado por escritores que nacen entre fin de siglo y 1915 y está constituido por una larga lista de nacimiento si sitúan entre 1900 (…) y 1913. Entre estas fechas está comprendido el núcleo más importante, y propiamente tal, de novelistas del exilio»39. No obstante, la figura de Ayala es representativa, por demás, de la Generación del 27, la cual contaba con escritores como Alberti, Lorca, León Felipe, Salinas, Jorge Guillén, Vicente Aleixandre, Luis Cernuda; la mayoría de este grupo literario también se acogió al exilio.
El destierro en Ayala hizo posible que este cambiara, no solo de forma de vida al irse en un largo viaje hacia América, sino que también significó un drástico giro en sus ideales políticos y sociales, lo que se hizo más visible en su obra. Se convirtió en devoto de los grandes temas humanos, pasando así de una etapa vanguardista y deshumanizada de cánones orteguianos hacia un período más comprometido con la realidad social, período el cual nunca más abandonaría:
[…] estas orientaciones literarias poseen poco valor clasificador en cuanto que constituyen una práctica temporal, abandonada después de la guerra, tras la cual buena parte de estos escritores se inclina por una literatura más comprometida con el aquí y el ahora, con la exploración de las causas o de las circunstancias de la guerra, con la investigación de los grandes temas humanos. De esta manera se abandonan viejos postulados estéticos y por inquietudes temáticas los orteguianos se aproximan a los sociales (como caso bien significativo, el «deshumanizado» Ayala se convierte en un áspero moralista)40.
39
Santos Sanz Villanueva: «Problemas para la clasificación de la narrativa del exilio», en Historia y crítica de la literatura española, t. VIII, Editorial Crítica, Barcelona, 1980, pp. 524-525.
40
Otro aspecto dentro de la condición de exiliado de Ayala es el de su condicionamiento como escritor. Sobre esto, Marra López da un criterio generalizador sobre los escritores que transitaron por este estado:
Con esto llegamos a uno de los puntos más importantes sobre el escritor español en el destierro: el de su condicionamiento. Todo hombre, y por ello todo escritor, está siempre en función de su situación (…) Entre una y otra etapa se advierte una grave y honda diferencia, que es general a todo escritor comprendido en esta circunstancia: la situación de desterrados ha marcado de forma indeleble su tarea, condicionando la nueva orientación41.
Como explica Marra López, el exilio generó una nueva orientación. Puso de manifiesto un cambio radical en la vida de cada ser humano acogido a esta diáspora. A pesar de este condicionamiento político y social de la realidad, los escritores del exilio miraron hacia el pasado y el presente de su contexto. La mirada al pasado la realizan desde la óptica de la nostalgia y la angustia de no poder regresar a España. El desplazamiento del destierro hizo posible que no sólo escritores, sino la inmensa población de españoles en general, se arraigaran a la cultura latinoamericana y trataron de desentrañarla desde sus experiencias.
En la Historia de España, el exilio republicano español de 1939 poseía antecedentes históricos directos. Algunos exiliados como Ayala analizan el hecho de las anteriores emigraciones que se habían sucedido en la historia de su país. Sobre ello nos dirá Marra López:
[…] Ayala muestra el hecho de la emigración morisca como fenómeno en cierto modo paralelo al del exilio de 1939. Es una tendencia, como ya hemos visto, general en los desterrados, la búsqueda de antecedentes históricos. Así, vemos cómo han comparado nuestra circunstancia contemporánea con las sucesivas emigraciones de diversos grupos étnicos o ideológicos-moros y judíos (Américo Castro), las emigraciones liberales decimonónicas a Inglaterra (Salazar Chapela) y la situación de los desplazados en la guerra mundial (Max Aub)42.
41
José R Marra-López: Narrativa española fuera de España (1939-1961), Ediciones Guadarrama, Lope de Rueda, 13, Madrid, 1963. pp. 56-57.
42
Sin embargo, la emigración de 1939 es y seguirá siendo la que más huellas ha dejado en el pueblo español, obligado por la dictadura franquista a zafarse de sus verdaderas raíces y reencontrarlas tras un regreso en 1976 que tampoco supuso la cura del mal.
Finalmente aclara sobre la figura de Ayala su simbiosis con el entorno latinoamericano, mientras que a la vez se percibe en sus obras, de manera general, un contacto con el distante mundo español:
Pero la realidad es que Ayala escribe este testimonio americano-universal estando dentro y fuera a la vez de la sociedad americana, y de ahí su elección ambigua. Es decir, aborda la problemática de la nueva sociedad que le rodea sin estar verdaderamente dentro de ella, en cuanto español inmerso en la lejana encrucijada, pero como intelectual abierto a la realidad circundante y escritor español que con mejor ánimo ha intentado acercarse a ese nuevo mundo, comprende y participa de él y lo intenta testimoniar43.
Quizás en este último hecho esté encerrada la originalidad artística y creadora de Francisco Ayala. El autor de El hechizado, también interactúa desde su experiencia de vida con el contexto cultural latinoamericano, en su condicionamiento social y político de español exiliado. Así es como llega Ayala a publicar Muertes de perro en 1958, bajo la simbiosis cultural de la patria lejana y el presente americano.