II. Equipment
3.2 Experimental
Feyerabend comparte con muchos filósofos de la ciencia contemporáneos la convicción de que todo conocimiento científico es teóricamente sesgado, construido y falible. Junto con Lakatos, Kuhn y otros ha destacado que las teorías científicas nacen y crecen en un mar de anomalías, que ninguna teoría puede dar cuenta de todos los "hechos" conocidos y que los hechos mismos son moldeados por la teoría, proponiendo esta su propio lenguaje observacional. Las teorías, para los "nuevos filósofos de la ciencia", son medios de observación, con su propio y específico lenguaje. Pero Feyerabend y Kuhn, aunque con algunas importantes diferencias, van mucho más allá: sostienen que no existen significados independientes de las teorías, que éstas son un entramado de conceptos y principios, que no pueden resolverse analíticamente, es decir, comprender el significado de cada término independientemente de los otros, porque los significados están ligados entre sí y cambian radicalmente al trasladarse de una teoría a otra. Así los términos: masa, longitud, fuerza adquieren diferentes significados en la Mecánica Newtoniana y en la Relativista: las palabras son las mismas pero los significados han cambiado. Estas modificaciones en el lenguaje teórico traen aparejados cambios en el lenguaje observacional y permiten ver distintos “hechos” en las mismas situaciones: un experimento que se suponía confirmaba la teoría aristotélica del movimiento puede llegar a verse como favoreciendo la postura de Galileo... siempre y cuando se haya aprendido cómo mirar y cómo describir lo que se ha "visto ". No hay proceso neutral de observación, no existen los lenguajes neutrales de descripción: la objetividad ha
muerto.
Con la caída de la objetividad se extingue también la posibilidad de una comparación exclusivamente racional de las teorías rivales, que pasan a ser consideradas como “inconmensurables” (termino que da cuenta de la inexistencia de una vara común de comparación entre teorías o paradigmas). Muchos autores intentan encontrar un significado más débil y restringido para rescatar a la objetividad del naufragio. Coinciden en el rechazo a la concepción acumulativa y lineal del desarrollo de la ciencia propia del positivismo pero no están dispuestos a escribir su epitafio definitivo. Ni siquiera Kuhn se atrevió a hacerlo. Sólo Feyerabend y unos pocos herejes han ido a fondo con el planteo de la inconmensurabilidad, la polémica continúa pera parece evidente que aunque está lejos de ser un capítulo cerrado, los rebeldes han obligado a la ortodoxia a desplazar su posición desde una postura objetivista fuerte a una mucho más débil y limitada.
EL METODO
La idea de que existe un método que nos permite eliminar el error y la confusión y acceder al reino de la verdad, es connatural con la modernidad. Descartes es su padre, y la criatura ha atravesado varios siglos y no pocos obstáculos, hasta nuestros días en que cada vez son más los opositores -aunque aún son minoría-. En la epistemología han sido pocos, pero con su voz es cada vez más audible y sus trabajos más reconocidos, los que se atrevieron a cuestionar la existencia de un único método provisto con procedimientos de decisión infalibles. En otras palabras, Feyerabend niega la existencia de un método científico objetivo. Para él, la aceptación de una teoría o la elección entre teorías rivales es una tarea de sujetos humanos, que incluye múltiples dimensiones una de las cuales es el debate y la discusión racional, sin privilegio alguno a-priori. Otros factores, tan o más importantes, son: las creencias y los modos de vida imperantes incluyendo las concepciones metafísicas y religiosas, las herramientas tecnológicas disponibles tanto instrumentales como conceptuales, y last but not least, la
idiosincrasia del individuo, incluidas sus necesidades económicas y sus aversiones o amores personales, etc.
Llegados a este punto del debate, lo que antes era desparpajo se convirtió en insolencia para el status quo. Feyerabend no ahorró provocaciones:
"A quienes consideren el rico material que proporciona la historia y no intentan
empobrecerlo para dar satisfacción a sus más bajos instintos y a su deseo de seguridad intelectual con el pretexto de la claridad, precisión, objetividad y verdad, a esas personas les parecerá que sólo hay un principio que puede defenderse bajo cualquier circunstancia y en todas las etapas del desarrollo humano. Me refiero al principio todo sirve..." Estas afirmaciones de su Tratado Contra el Metodo
(TCM), cayeron como una bomba. Sus declaraciones fueron consideradas un llamado al laissez faire e interpretas como un escándalo más bien moral que metodológico. Paradójicamente, lo que Feyerabend exigía a los filósofos positivistas es que hicieran estudios de caso, investigación histórica, empírica y contextuada: que bajaran del pulcro - y esteril - olimpo logicista hasta el laboratorio donde ser realiza la investigación real (no la que ellos creen que debe ser sino la que efectivamente se está llevando a cabo). Su objetivo era mostrar que ninguna metodología abstracta daba cuenta de la riqueza de proceso de producción y elección en la ciencia (ni en ningún otro ámbito).
Feyerabend muestra con infinidad de ejemplos de campo que la investigación científica muy raramente coincide (si es que alguna vez lo hace) con los cuentos de hadas de la metodología. Defendiendo las posturas del TCM, Feyerabend expone en "Adios a la razón":
"El argumento en el texto muestra que no hemos estropeado el problema, sino que
lo hemos articulado - no existe problema de evaluación de teorías con una solución, sino que hay tantos problemas como teorías mayores- y le hemos designado a el, o, mejor dicho, a los muchos problemas que han sido reemplazados por los simplistas cuentos de hadas de los filósofos, su contexto adecuado, el de la investigación de la ciencia real: las filosofías que se ocupan de la evaluación de la ciencia en forma abstracta e independiente de la situación de
investigación en que debería realizarse la evaluación no son sino necios intentos de construir un instrumento de medida sin considerar lo que se va a medir y en que circunstancias ".
Lo que Feyerabend no cuestiona es la utilización de metodologías más o menos elaboradas y valiosas, sino la existencia de un único procedimiento canónico válido para todo tiempo y lugar, garantizado por "hechos neutrales" accesibles a observadores "objetivos". Lo que el niega enfáticamente es que la naturaleza haya accedido a darle certificado de control de calidad a las teorías científicas (pruebas al canto: el inmenso cementerio de teorías en desuso).
Los puntos de vista y los análisis de Feyerabend pueden puede permitir el enriquecimiento mutuo entre distintas perspectivas teóricas pues al aceptar su inconmensurabilidad no niega la posibilidad de crear "condiciones de entendimiento parcial", si se renuncia al proyecto objetivista de aplastar a las teorías rivales.