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5. Clutter mitigation schemes for Doppler spectra

5.2 Visible clutter mitigation on arbitrary clutters

5.2.6 Experiments and validation

Otros investigadores denuncian los excesos del localizacionismo cere- bral, y afirman la equivalencia de todas las partes del cerebro formando un todo, es decir, lo que se conoce como holismo.

Uno de los fisiólogos experimentales que más aporta al conocimiento del sistema nervioso central –su embriología, las funciones de los cana- les semicirculares, el crecimiento del cráneo, la acción del éter como anes- tésico, etc.–, y que más se opone a la frenología, es Pierre Flourens (1794- 1867).

Contra lo enseñado por Gall, Flourens (1843), mantiene que el alma, la inteligencia, es una función global de todo el hemisferio cerebral, al igual que el cerebelo se reserva las funciones motoras y el bulbo raquídeo las funciones vitales del organismo. Entresaquemos algunas de sus propias palabras: «La memoria, la vista, el oído, la volición; en una palabra, todas las sensaciones desaparecen con los lóbulos frontales. Los lóbulos cere- brales son, por tanto, el único órgano de las sensaciones... Los animales privados de lóbulos cerebrales no tienen más sensación, juicio, memoria o volición; es así que sólo hay volición si también hay juicio, y juicio si hay memoria, y memoria si ha habido sensación; luego los lóbulos cere- brales son la sede exclusiva de todas las sensaciones y de todas las facul- tades intelectuales... Todas las diferentes partes esenciales del sistema ner- vioso tienen propiedades específicas, funciones apropiadas y acciones distintas; y a pesar de esta maravillosa diversidad de calidades, funciones y acciones constituyen un solo sistema» (Baillarger, 1870). Así pues, la pérdida de inteligencia no depende de lesiones en parte específica del cór- tex, sino más bien de la cantidad de tejido destruido. Conclusiones todas ellas que durante décadas son aceptadas universalmente.

Hermann Munk (1839-1912) es uno de los primeros neurofisiólogos experimentales que niega una localización concreta de la inteligencia. La inteligencia es la resultante de todas las imágenes, de todas las represen- taciones traídas por la percepción sensorial y sostiene que si parece exis- tir un paralelismo entre los grados de inteligencia y el volumen del lóbu- lo frontal, se explica porque al aumentar la inteligencia se aumenta también el movimiento del dorso, el cual desarrolla a su vez dicho lóbu-

lo. Su sede, por tanto, será toda la corteza cerebral, y no alguna zona en particular.

De ahí que toda lesión cortical afecte a la inteligencia, tanto más cuan- to más extensa sea, pues impide la agrupación de imágenes o de repre- sentaciones. Más aún, la ceguera, la sordera o la parálisis psíquicas pro- ducen, cada una por su cuenta, una disminución de la inteligencia hasta llegar, en los casos más avanzados, a la imbecilidad o demencia.

Hitzig, aun cuando llega a aceptar la tesis de Munk de que las repre- sentaciones de ideas deben buscarse en todo el cerebro, insiste en que el pensamiento abstracto debe tener un órgano particular: el lóbulo frontal; en otras palabras, no comprende, que una gran masa cerebral, como es dicho lóbulo, se limite a ser centro de los movimientos de la nuca y del cuello. Munk se opone absolutamente a esta idea: para él el cuerpo ente- ro está representado en el cerebro entero (Sanides, 1962).

El mismo año 1881, en el Congreso Médico Internacional de Londres, Friedrich Leopold Goltz (1834-1902) ataca experimentalmente la ten- dencia a localizar la inteligencia en el lóbulo frontal. Según la doctrina localizacionista, si se aislasen las áreas funcionales de la corteza por esti- mulación eléctrica y se confirmasen sus funciones por ablación, la elimi- nación de grandes partes de los hemisferios cerebrales producirían graves defectos de movimiento, sensación e inteligencia. Pues bien, Goltz, expe- rimentando en perros a los que ha extirpado la corteza frontoparietal, demuestra que no ocurre así: junto a las alteraciones de movimiento y de sensibilidad general, observa tres tipos de fenómenos conectados entre sí y diametralmente diferentes a los que siguen a la ablación de la corteza posterior: 1) excitación general; 2) falta de control y de autodominio; y 3) movimientos reflejos, violentos e irresistibles, por falta de función inhi- bidora. Su causa parece estar en la sección de las fibras que unen el bul- bo raquídeo y la médula espinal con esta zona cortical, suprema regula- dora de los reflejos; se disminuye su potencia inhibidora, y la solución continua de los haces se opone a que el resto del cerebro actúe inhibien- do. Goltz concluye que es precisamente la corteza cerebral en toda su extensión el órgano de las funciones psíquicas superiores, especialmente de las que constituyen la inteligencia, entendiendo por tal la facultad de reflexionar sobre las percepciones sensitivas en vista a actuar de manera adecuada para conseguir un fin.

Toda lesión cortical ataca las funciones superiores en proporción direc- ta a la cantidad de superficie afectada, aunque añade que los desórdenes intelectuales son incomparablemente mucho más serios tras extensas lesiones de ambos lóbulos occipitales que tras la ablación de los dos fron- tales. Así pues, para Goltz (1888), todo el cerebro es punto de partida en

LA LOCALIZACION CEREBRAL DE PROCESOS PSÍQUICOS 15

esas manifestaciones elevadas de la vida psíquica que denominamos inte- ligencia, pensamiento, sentimiento, pasión, voluntad, etc., siendo impo- sible localizarlas en partes determinadas porque son funciones de con- junto.

Las ideas expresadas por Goltz parecen confirmadas en 1884 por J. Loeb, quien defiende la teoría de que el encargado de las funciones psí- quicas superiores es todo el cerebro en su conjunto. La parte anterior se encarga de inhibir voluntariamente los estímulos que van a los músculos, mientras que la posterior se dedica a la dinamogenia o a la inhibición de estímulos provenientes de los órganos sensoriales. De ahí que los anima- les sin lóbulo frontal presenten un enorme aumento de las actividades musculares y genitales, mientras que los animales con ablación de la cor- teza posterior permanecen extraordinariamente tranquilos (Loeb, 1884; 1889).

Polimanti, tras poner de manifiesto la poca exactitud de muchos expe- rimentos -o no extirpan todo el lóbulo frontal o lesionan también otras partes cerebrales- y lo atrevido que resulta aplicar sin más al hombre hechos observados en animales inferiores, especialmente sobre sus manifestaciones intelectuales y psíquicas, cuando varía incluso la mis- ma estructura anatómica cerebral, presenta sus resultados: «al menos en los monos, los lóbulos frontales no tienen una influencia tan destacada sobre las manifestaciones psíquicas como para autorizarnos a concebir- los como la sede de las manifestaciones psíquicas superiores» (Polimanti, 1906).

Polimanti (1906), entiende por inteligencia la suma o resultado de las actividades sensomotrices de todos los elementos nerviosos que forman el sistema nervioso central, de todo el cerebro en funcionamiento armó- nico regular, y concluye que, «al menos en los monos», las condiciones de su producción se encuentran no sólo en él, sino en todo lugar de la eco- nomía animal; todo centro o ganglio del mielencéfalo es al mismo tiem- po inhibidor e inhibido. Las alteraciones de la inteligencia se deben más a la falta de armonía en el funcionamiento cerebral que a que haya zonas cerebrales restringidas como órgano de la inteligencia .

Flourens y lo que llegó a ser su teoría holística de la equivalencia de todas las partes del cerebro, predominante allá por 1870, fomenta la apa- rición de investigaciones que denuncian los excesos del localizacionismo. Cosntantin von Monakow (1855-1930), tras estudiar las conexiones tála- mo-corticales y fundamentar morfológicamente las observaciones de Munk, se dedica a investigar la localización cerebral y sus posibles impli- caciones filosóficas, éticas y morales (Minkawski, 1931; Winkler, 1923). Introduce un nuevo elemento referido al problema de la localización cere-

bral: la importancia del factor tiempo en su análisis; lo llama localización cronogénica de funciones, para distinguirla de la localización geométrica de los síntomas. También nos deja la teoría de la diásquisis o shock ner- vioso transitorio, que reemplaza la inhibición irritativa de Goltz: insiste en la distinción fundamental entre los síntomas transitorios producidos por la diásquisis, que producen efectos remotos en lesiones cerebrales, y los síntomas residuales, mucho más importantes en el diagnostico regional del cerebro (Monakow, 1911). Rechaza la localización de funciones en áreas bien determinadas, aunque admite la localización de síntomas. Duda sobre la posibilidad de localizar procesos mentales, opinando más bien que son actividades de toda la corteza cerebral.

Por último, von Monakow intenta conocer las bases biológicas de la conciencia moral y de otras facultades humanas, incluyéndolas dentro de las manifestaciones fundamentales del organismo viviente (Monakow, 1914).