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Por Psic. Heriberto Cruz

Hace algunos años durante el transcurso de una fiesta un amigo se acercó y me dijo…

- ¿Cuándo le vas a hacer caso a Martha? - ¿Por qué? ¿Te dijo algo?

- No

- Entonces ¿Por qué la pregunta? - Por que le gustas…

- Entonces si te dijo algo… - No, no me dijo nada. - ¿Alguna de sus amigas? - No, nadie me dijo nada.

- Entonces ¿Por qué dices que le gusto? - ¡¡¡Porqué se nota!!!

En ese momento dirigí la mirada hacia la chica de la cual estábamos hablando, ella al verme sonrió ligeramente y siguió conversando con el grupo de personas con que se encontraba; por más que traté de descubrir indicios de su interés en mí no observé nada fuera de lo normal…

- Pues no sé por que dices que le gusto. - Es más que evidente…

Mire a mi amigo con cara de enojo mezclado con interés (no sabía si se estaba burlando o en realidad hablaba seriamente). Mire nuevamente a Martha

intentando encontrar aquello que era ―evidente‖ según mi amigo, pero quedé igual que al principio: en completa oscuridad. Él movió la cabeza de un lado para otro varias veces y exclamó.

- Tú no sabes mucho de esto ¿verdad?

En ese momento comprendí que hablaba en serio, y ese instante fue clave para iniciarme en el fascinante mundo del lenguaje corporal y sus secretos. Mi amigo (un experto conocedor del arte de la seducción, y por lo mismo, experto en lenguaje corporal seductor) se encargó de mi instrucción básica al respecto. Dos días después llegamos a un bar familiar, ocupamos una mesa desde la cual se dominaba la mayor parte del lugar, pedimos un par de cervezas y entonces me pregunt …

- ¿De qué te das cuenta?

Estrategias Para Convertirte en una Persona Segura, Audaz y Asertiva. Sesión 8

Miré nuevamente el lugar, noté cinco mesas ocupadas, seis con la nuestra. En una mesa convivía una familia completa: Papá, mamá, dos hijos adolescentes, y una niña. En otra mesa se encontraban un grupo de cinco hombres

conviviendo alegremente, en la mesa tres estaba un grupo de chicas

universitarias haciendo demasiado escándalo, y en la última mesa observé a dos mujeres, entre 25 y 30 años de edad, atractivas, charlando amenamente. Después de recorrer el lugar y observar con espíritu detectivesco cada mesa pude responder…

- Me doy cuenta de que el lugar está casi vacío.

Pasando por alto la tonta respuesta, mi amigo de inmediato lanzó la siguiente pregunta…

- ¿Quién o quienes de las mujeres aquí presentes vienen en busca de ―acci n‖? (Voy a utilizar el mismo lenguaje coloquial de mi amigo)

De inmediato pensé en las universitarias escandalosas de la mesa tres, se lo comenté a mi amigo pero me dijo que estaba equivocado, confesando mi

ignorancia, él procedió a guiarme.

- Observa a las dos mujeres de aquella mesa ¿ya te diste cuenta cómo están sentadas?

La mesa de ellas estaba junto a la pared, y ellas recargadas contra la misma, estaban sentadas de lado, es decir hombro con hombro, aunque separadas por la mesa; su charla parecía muy amena, aunque en realidad –según me explicó mi amigo- era solo una ―pantalla‖ mientras escogían a sus ―víctimas‖.

- Cuando dos personas están inmersas en una conversación muy interesante, normalmente buscan quedar frente a frente, su mirada, su rostro y el resto de su cuerpo se dirige hacia el punto de interés, en el caso de ellas

aparentemente su conversación es muy interesante, pero sus cuerpos mandan otra señal ¿Cuál es?

Después de pensarlo un par de minutos decidí confesar mi ignorancia y poner atención a la explicación.

- Cuando dos personas no quieren ser molestadas usan sus cuerpos como barreras para evitar intromisiones, si ellas no quisieran ser molestadas estarían frente a frente, e incluso casi dando la espalda al resto de las personas, pero sus cuerpos indican apertura, en cambio las chicas de la otra mesa se ven muy escandalosas, pero si observas bien, su circulo está cerrado, están en lo suyo y no aceptan entrometidos, al menos no en este

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momento; en cambio las dos mujeres de la otra mesa, lo indican con el cuerpo claramente…

- Pero eso no necesariamente quiere decir que están en busca de ―acci n‖ - Tienes raz n, pero no es la única se al que estoy ―leyendo‖ ¿Ya pusiste

atención a su mirada? Fíjate bien y vas a notar cuando se de el ―intercambio de luces‖.

¡¡¡Inocente de mí!! Por un momento pensé que las personas cargaban lámparas de mano en sus bolsas y en un momento determinado las sacaban para intercambiar mensajes con clave morse o algún otro código secreto. Pero no era tan tonto, rápidamente comprendí que se refería a las señales con los ojos.

Noté que ambas mujeres se miraban de reojo al conversar, mi amigo tenía razón, poniendo atención era evidente que no tenían un verdadero interés en la conversación, excepto en algunos momentos en que se ponían cara a cara y cuchicheaban algo. Su mirada estaba dirigida a la televisión del lugar, al menos eso creí al principio, pero en realidad solo la utilizaban como pretexto para poder dirigir la mirada hacia el resto del lugar, cada determinado tiempo

recorrían el salón con la mirada, hasta ahí llegaron mis conocimientos, pero mi amigo nuevamente me ilustró.

- El tiempo promedio de ―intercambio de luces‖ entre dos personas

desconocidas es de tres segundos (ahora sé que esta medida es variable, depende mucho del contexto cultural), si se sobrepasa ese tiempo es señal clara de interés de algún tipo: o le gustas o le molestas. El contacto visual prolongado entre desconocidos es el preludio para el romance o para una pelea.

Con esta explicaci n en mente seguí observando los ―paseos‖ visuales de las dos mujeres objeto de nuestra observación, me di cuenta que el contacto visual de una de ellas se prolongaba más allá de los tres segundos con uno de los integrantes de la mesa de cinco hombres. Mi amigo, como si fuera clarividente me predijo lo que estaba por acontecer.

- ―Intercambiaron luces‖ ahora tienen que sonreírse (mi amigo no me lo explicó, pero con el tiempo descubrí que el patrón normal establece otro elemento antes de la sonrisa: el movimiento de cejas. Es el típico sube y baja de las cejas cuando se conoce a alguien) y encontrar el modo de

establecer contacto. No pasan diez minutos antes de que estén sentados en la misma mesa conversando amenamente.

Como lo dijo fue. Después del primer contacto visual prolongado, vino un

segundo recorrido y nuevamente se mantuvo un contacto visual que sobrepasó los tres segundos, él sonrió ligeramente y ella le respondió en la misma forma.

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Un par de minutos más y vino un tercer contacto visual con sonrisa más abierta. En ese momento el hombre tomó su cerveza, la alzó e hizo la señal de salud a la chica, ella alzo su bebida y respondió. Momentos después el hombre se levantó de su lugar y se dirigió al baño, al regresar a su mesa se desvió hacia donde se encontraban ellas, platicó un par de minutos y regresó a su mesa por su cerveza y otro amigo. Al final estaban los cuatro charlando alegremente. Cuando mi amigo y yo nos retiramos ellos parecían tener años de conocerse. Fue ese día cuando entendí que me había perdido muchas cosas por no conocer ni los elementos básicos, ya no hablemos de los avanzados, del lenguaje corporal. De hecho mi amigo me comentó que las dos mujeres se habían fijado primero en nosotros ¡¡¡y yo ni en cuenta!!! ¿Cuántas otras

oportunidades dejé pasar? Le reclamé por no haberme dicho, y adoptando un estilo de ―gurú‖ me dejo claro que nuestro papel era de meros observadores, por lo menos esa tarde.

Según entendí mi amigo tuvo la oportunidad de prolongar el contacto visual con una de ellas, pero lo corto incluso antes de los tres segundos. Lo mismo hacia yo, evitar la mirada de las mujeres, pero por ignorancia e inseguridad, no tanto por querer ignorarlas.

Este conocimiento profundo del lenguaje corporal, entre otros -aunque éste es fundamental-, es lo que le daba a mi amigo su tremendo carisma con las personas en general, pero principalmente con las mujeres. A partir de esta experiencia me dedique al estudio de los secretos del lenguaje corporal, lo cual me llevó a estudiar el proceso de comunicación, siendo más específicos a los elementos que intervienen en los mensajes impactantes. Pero vámonos con calma que llevamos prisa.

Solo para ilustrar la importancia del lenguaje corporal en el proceso de interacci n sexual humana, anex un fragmento de mi libro ―Principios psicol gicos de la seducci n‖