CHAPTER 6: DISCUSSION OF RESULTS
6.3. Exploring relationships between the variables
Muchos antropólogos e investigadores de diversas disciplinas que estudian grupos humanos considerados como “primitivos” se sorprenden al encontrar que esta gen- te estaba más en contacto con los símbolos internos de su imaginación mítica que los “civilizados”, siempre ocupados por asuntos externos y conscientes.
En distintas sociedades ancestrales los problemas del individuo y los de la comu- nidad se afrontaban de manera creativa y terapéutica evitando la represión, el estrés, la ansiedad y otras emociones que generan negatividad y violencia en nuestra cultura contemporánea. En este sentido, una de las ventajas de la gente primitiva era la po- sesión de una mitología capaz de contener, estructurar y expresar el inaccesible nivel interior del significado psíquico.
Para quien realiza cualquier estudio comparativo, resulta evidente que algunas de estas culturas ancestrales estaban más avanzadas que nuestra sociedad actual desde el punto de vista de la salud mental y emocional. Tomemos como ejemplo a los iro- queses de América del Norte, un pueblo que vivía en los lagos y los bosques de lo que actualmente constituye el estado de Nueva York y la parte alta de Pensilvania. Ellos trabajaban activamente con sus sueños, lo cual les permitió mantener una higiene mental que les aportaba una gran paz interior. Quien tiene paz, la extiende a su alrededor y eso fue lo que hicieron los iroqueses, tal como pudieron comprobar los primeros europeos que llegaron a sus territorios y vieron que vivían en paz con sus vecinos agrupados en su confederación de las Cinco Naciones. Lo cual, en esa época y en esos territorios de encarnizadas luchas tribales, era un logro auténtica- mente extraordinario.
Una de las primeras cosas que observaron los exploradores franceses y los misio- neros jesuitas que tuvieron trato con los iroqueses a comienzos del siglo XVI fue la presencia de sociedades de bailarines que llevaban máscaras grotescas. La más im- portante, la “Sociedad de la Cara Falsa”, era una sociedad de medicina encargada de curar enfermedades. Los iroqueses distinguían tres categorías: 1) las que eran resul- tado de acontecimientos naturales como accidentes o heridas durante la caza o las labores del campo; 2) las que se causaban mediante maldiciones; y 3) las que eran propiamente psíquicas, resultado del resentimiento del alma interior, cuyas necesi- dades básicas no habían sido satisfechas. Para las dos últimas categorías se recurría especialmente a la Sociedad de la Cara Falsa.
La tercera categoría de enfermedad es la que nos interesa en particular a los tera- peutas. El mejor método para curar y prevenir las enfermedades psicológicas, según los iroqueses, consistía en la interpretación de los sueños efectuada y dirigida por las sociedades de medicina durante las tres grandes fiestas anuales. En primavera, en otoño, y especialmente en la fiesta de cinco días de duración que se celebraba en el solsticio de invierno, el “Festival de los Sueños”, éstos eran el foco de atención, in- terpretación y representación. Cada persona contaba un sueño que tenía especial importancia para ella. Los demás miembros, como público, respondían con sus im- presiones o interpretaciones. Cuando el soñador –u otras personas– opinaban que alguien había interpretado el sueño correctamente, el soñador debía pagar a esa per- sona una “multa” que por regla general consistía en un regalo o un favor. Se espe- raba que entre estas personas naciera un lazo de amistad como resultado.
Si el sueño expresaba un “deseo del alma”, toda la tribu ayudaba al individuo a hacer que su deseo se volviera realidad. En cambio, si el deseo procedía “de la per- sonalidad” y conculcaba excesivamente los derechos de otra persona o era un deseo agresivo o exagerado, el drama se representaba de manera simbólica, con el público interpretando varios papeles. Estos dramas oníricos recuerdan mucho lo que apare- ce ahora como la vanguardia de técnicas actuales como el psicodrama y el trabajo onírico de la terapia Gestalt. Lo esencial en estos métodos es que el sueño se lleve a la conciencia y al diálogo, que se tome en serio, que se trate como si fuera real.
Los senois, un pueblo Malayo, también celebraban ceremonias públicas de inter- pretación de los sueños y hablar del tema era parte de sus costumbres domésticas cotidianas. La hora del desayuno era para ellos una especie de “consultorio onírico” durante el cual se relataban, comparaban e interpretaban los sueños que habían te- nido la noche anterior cada uno de los miembros de la familia. Los niños crecían sabiendo que el sueño era real pero que participaba de una realidad diferente a la del mundo material en el que se encontraban cuando estaban despiertos.
Les enseñaban que las imágenes aterradoras de sus sueños eran en realidad sus propios pensamientos convertidos en formas. Les decían que podían participar no sólo pasivamente, sino de forma activa en el proceso de soñar y los instruían en la práctica del sueño lúcido para que pudieran conversar con los personajes de sus sueños en un diálogo creativo.
Su psicología de interpretación de los sueños podría resumirse en estos términos: el hombre crea en su propia mente seres o imágenes a partir de sus experiencias en el mundo exterior. Algunos de estos seres-imágenes están reñidos con él y con otros seres-imágenes. Con el tiempo, estos seres-imágenes hostiles hacen que el hombre se vuelva contra sí mismo y contra sus semejantes. Si no recibe ayuda, tales seres oníricos tienden a permanecer y manifestarse como destructivas tensiones mentales, orgánicas y musculares. E incluso pueden llegar a romper la asociación con su per-
sonalidad principal causando una enfermedad psíquica. Sin embargo, con la ayuda de la interpretación de los sueños es posible entender y reencauzar estas tendencias contradictorias a fin de que vuelvan a ser útiles para el soñador. Stephen Larsen, un admirador de la teoría onírica de estos pueblos indígenas, se pregunta qué hubiera pensado Freud acerca de las efectivas técnicas senois de sublimación sexual:
Si el personaje onírico que exige amor se parece a un hermano o una hermana, con quien el amor sería anormal o incestuoso en la realidad, una persona no tiene por qué sentir mie- do a expresar amor en el sueño, toda vez que estos seres oníricos no son, en verdad, her- mano o hermana, sino que se han limitado a disfrazarse con estas imágenes tabúes. Estos seres oníricos son sólo facetas del propio modo de ser espiritual o psíquico que se ha dis- frazado de hermano o hermana, y son útiles hasta que se recuperan o poseen mediante la li- bre expresión del amor en el universo onírico.75
A fin de llevar a cabo esta reorganización psíquica, los senois contaban con el “ensueño cooperativo”, una técnica para trabajar con sueños en condiciones pareci- das al trance, lo cual se parece de forma notable a la técnica de la “imaginación acti- va” de Jung o a las técnicas de fantasía guiada que se utilizan en la Gestalt o en Psi- cología Transpersonal.
A estos supuestos y herramientas comunes, tanto de los pueblos indígenas como de las modernas teorías sobre los sueños, la Psicología Transpersonal los considera transculturales y quizá básicos en cualquier sistema de interpretación o terapia oníri- ca.