Chapter 1. Introduction
1.4 Extensions to EM algorithm
El estímulo especial que he recibido de Wright en torno a los procesos y las instituciones contradictorias como forma de presionar económicamente y a través de sus propias necesidades, necesidades que pueden no ser estrictamente reproductoras de los intereses dél capital, me llevaron a un lugar que me pro porcionó una perspectiva extraordinaria sobre la creación de la hegemonía ideo lógica y la relativa autonomía de la cultura. Esta era la esfera política, el E s tado, y su propia relación con la ideología y la economía. El Estado se convertía en un ingrediente esencial de mi análisis, y empecé a darme cuenta de que el poder, el valor y el alcance del control del Estado y su intervención en la eco nomía y en todo el proceso social aumentaba en parte como consecuencia del proceso gradual de acumulación de capital; de la necesidad de consenso y de apoyo popular a este proceso y del acompañamiento «desclasado» de personas, debido a la reorganización política y al discurso en torno a los individuos como agentes económicos,49 entre otros. Por consiguiente, había una interacción di námica entre las esferas política y económica que se situaba en la educación. Aunque aquélla no pudiera reducirse a ésta — y como la cultura tenía un rela tivo grado de autonomía— el papel de la escuela en un aparato de Estado está muy relacionado con los problemas básicos de acumulación y legitimación a los que se enfrenta el Estado, y con un modo de producción.50
Me resultaba extraño que hubiéramos ignorado por completo el papel del Estado en la educación, salvo algún estudio por lo general liberal sobre «polí ticas educativas».51 Después de todo, el mero reconocimiento de que aproxima damente una sexta parte de la fuerza de trabajo de los Estados Unidos está empleada por el Estado,52 y de que la enseñanza misma es una forma de tra-
49. Bob Jessop, «Recent Theories of the Capitalist State», Cambridge Journal of
Econotnics 1 (diciembre 1977), 353-373, y Hetbett Gintis, «Communication and Politics:
Matxism and the "Problem" of Liberal Democracy», Socialist Review X (marzo-junio 1980), 189-232.
50. Véase Roger Dale, «Education and the Capitalist State: Contributions and Con- tradictions», en Apple, ed., Cultural and Economic Reproduction in Education.
51. No quiero rechazar totalmente tal trabajo. Parte de él es útil e interesante. Véase, por ejemplo, Michael Kirst y Decker Walker, «An Analysis of Curriculum Policy-Making»,
Review of Educational Research XLI (diciembre 1971), 479-509; William Lowe Boyd, «The
Changing Politics of Curriculum Policy-Making for American Schools», Review of Educa
tional Research X LV III (otoño 1978), 577-592, y, sobre todo, Arthur E. Wise, Legislated Learning: The Bureaucratization of the American Classroom (Berkeley, University of Cali
fornia Press, 1979). Para críticas de las teorías liberales sobre el Estado, véase Ralph Mi- liband, Marxism and Politics (Nueva York, Oxford University Press, 1977).
52. Castells, The Economic Crisis and American Society, pág. 125. Castells puntualiza que si entramos a considerar la gran cantidad de empleo que depende de la producción de bienes y servicios militares, nos encontraremos con que casi un tercio de nuestra fuerza de trabajo depende de la actividad económica del Estado, casi totalmente. Véase páginas 125-130.
bajo que responderá a cambios en las condiciones globales de intervención es tatal en el proceso productivo, deberían hacernos reflexionar y tomar nota de ello en todas nuestras discusiones en torno a la educación, en primer lugar. Este es el mejor sistema si estamos interesados, como yo lo estaba, en cons truir y reconstruir ideologías hegemónicas a través de aparatos de Estado como la escuela.
Se iba haciendo cada vez más patente que el concepto de hegemonía no es autónomo. En primer .lugar, está unido al Estado. E s decir, la hegemonía no es un hecho social cerrado, sino un proceso en el que los grupos y clases domi nantes «actúan para conseguir el consenso activo gracias al que gobiernan».53 Por lo tanto la educación como parte del Estado, debe contemplarse como un elemento importante para la creación de tal consenso. La interrelación de mis primeras preocupaciones se hacía patente. Primero, la literatura sobre el Estado hizo posible que fuera más lejos en mis argumentos contra las teorías educa tivas dominantes, teorías que actuaban como si la educación fuese una inicia tiva esencialmente neutral.
Y tan importante como esto, desde luego, las investigaciones sobre el Esta do me permiten fundamentar mis argumentos con respecto a los de otras perso nas de izquierdas que parecían todavía meramente economicistas. A diferencia de éstas, yo creía que el hecho de que la educación sea una parte del Esta do y un agente activo en el proceso de control hegemónico no nos debía incli nar a aceptar que todos los aspectos del plan de estudios y la enseñanza se pueden reducir a los intereses de la clase dominante.54 Como muchos aspectos de las teorías liberales, esta aceptación sería también incorrecta. El Estado es un espacio de enfrentamiento entre clases y segmentos de clase, y entre grupos de raza y sexo. Debido a que es el lugar de tal conflicto, debe forzar a todo el mundo a pensar de modo distinto (una tarea muy difícil, que está mas allá
53. Mouffe, ed., Gramsci and Marxist Theory, pág. 10. Véase, también, el argumento de Gitlin de que hay un serio peligro —que deberíamos reconocer sinceramente— en el abuso de conceptos como hegemonía en la explicación de la reproducción tanto económica como cultural. Gitlin lo expresa muy bien cuando dice: «Necesitamos ir al corazón de la discusión sobre la hegemonía cultural. Gran parte de la discusión permanece hasta ahora sin explicar, como si la hegemonía cultural fuera consustancial a la cultura, una bruma inal terable que se ha extendido sobre la vida pública de las sociedades capitalistas para con fundir la verdad del "telos” proletario. Por eso a las preguntas "¿Por qué las ideas radi cales se suprimen de las escuelas?", "¿Por qué se oponen los trabajadores al socialismo?", etc., un deifico solitario responde: hegemonía. “ Hegemonía" es la explicación mágica como último recurso. Y como tal no es beneficiosa ni como explicación ni como guía para la acción. Si la "hegemonía” explica todo en la esfera cultural, no explica nada.» Su propio análisis se mueve con dificultad con esta idea, y deja constancia del poder constante de su uso. Véase Todd Gitlin, «Prime Time Ideology: The Hegemonic Process in Televisión Entertainment», Social Problémi XXVI (febrero 1979), 252.
54. Mouffe, ed., Gramsci and Marxist Theory, pág. 10. Véase también, Dale, «Edu- cation and the Capitalist State», y Martin Carnoy, «Education, Economy and the State», en Apple, ed., Cultural and Economic Reproduction in Education.
Crítica educativa | 45 de su poder y que destruiría su legitimidad) o a crear el consenso entre gran parte de estos grupos enfrentados. Además, para conservar su propia legitimi dad, el Estado precisa integrar gradual pero constantemente muchos de los intereses de los grupos tanto aliados como opuestos que lo integran.55
Esto implica un proceso constante de compromiso, conflicto y lucha activa para conservar la hegemonía. Los resultados, además, no son un simple reflejo de los intereses de una economía o de las clases dominantes. Incluso las refor mas propuestas para cambiar las escuelas y lo que se enseña en ellas está orga nizado y controlado, y forma parte de este proceso. Ellas también formarán parte de un discurso ideológico que refleja conflictos internos del Estado, los intentos del aparato de Estado de mantener su propia legitimidad y la del pro ceso de acumulación que conlleva.
Esto tenía importantes consecuencias en mi análisis de la escuela, de los currículums y de la actividad pedagógica cotidiana que ocurren en ella.' Signifi caba que yo tenía un modo más positivo de entender por qué los currículums y prácticas educativas no son nunca resultado de una «mera» imposición; ni son producto de una conspiración para, por ejemplo, perpetuar las condiciones de desigualdad social. El hecho de que justamente el caso sea el contrario, que ellos estén dirigidos por la urgencia de ayudar a hacer mejor las cosas, se puede en tender si reconocemos que sólo de este modo pueden integrarse distintos inte reses sociales en el Estado. Integrando elementos ideológicos distintos desde la diversidad, y a menudo poniendo a discutir a grupos en torno a sus princi pios unificadores, se puede lograr el consenso56 y se mantiene la idea de que las prácticas que se basan en estos principios hegemónicos de hecho ayudan realmente a estos grupos enfrentados.
¿Cómo es que el Estado aparece como un grupo de «instituciones neutra les» que actúan en interés de todos? 57 La estrategia hegemónica más eficaz parece ser «integrar la democracia popular y las exigencias económicas colec tivas en un programa que favorezca la intervención del Estado en interés de la acumulación».58.Esta es exactamente la estrategia normalmente empleada que irá apareciendo con más claridad en mis reflexiones sobre el papel contradicto rio del Estado en la acumulación y en el mantenimiento de relaciones sociales
55. Mouffe, ed., Gramsci and Marxist Theory, pág. 182.
56. Ibíd., pág. 193, y James Donald, «Green Paper: Noise of a Crisis», Screett Edu- cation X X X (primavera 1979).
57. John Holloway y Sol Picciotto, «Introduction: Towards a Materialist Theory of the State», en State and Capital, John Holloway y Sol Picciotto, eds. (Londres, Edward Arnold, 1978), pág. 24. Si el Estada puede considerarse un conjunto de instituciones es parte de una intensa controversia. Véase, por ejemplo, Jessop, «Recent Theories of the Capitalist State», los artículos recogidos en los volúmenes mencionados editados por Hollo way y Picciotto, Mouffe, y Apple, y Alan Wolfe, ’.«New Directions in the Marxist Theory of Politics», Politics and Society IV (invierno 1974), págs. 131-159.
58. Bob Jessop, «Capitalism and Democracy», en Power and the State, Gary Little- john y colab., eds. (Nueva York, St. Martin’s Press, 1978), pág. 45.
hegemónicas en los capítulos 2, 4 y 5. Veremos entonces cómo la escuela es un lugar donde Estado, economía y cultura se interrelacionan y donde las reformas propuestas y las innovaciones que tienen lugar en los currículums «reflejan» dichas interrelaciones.