EUROSOLAR/ EUROCLIMA
2. A few extra ideas that could be included in the proposal document
El concepto de policentrismo abordado desde la perspectiva funcional se refiere al análisis de los flujos que, por muy diferentes motivos, se presentan entre los núcleos y su hinterland, vinculando ámbitos funcionalmente complementarios. No obstante, es de entrever que una cantidad prominente de flujos no garantizan por sí solos el desarrollo policéntrico de un entorno urbano o regional, para lo cual también es necesario que exista cierto equilibrio en las relaciones emergentes de dicha conectividad. En este sentido cuanto más diversa o multidireccional, bidireccional o recíproca y densa es la red de flujos, mayor es la policentricidad.
La policentricidad parece más próxima al concepto de policentrismo de la Estrategia Territorial Europea (ETE) el cual supone que este tipo de desarrollo refuerza la economía propia de los núcleos a través de la habilitación de economías-red (Boix y Trullén, 2012), complementarias a las economías de aglomeración presentes en el seno de las concentraciones de actividad económica. El criterio funcional se desarrolla a partir de la teoría de las redes de ciudades estudiado por Berry (1964), Pred (1977), y Dematteis
Capítulo 2. Métodos de análisis para el estudio de estructuras urbanas policéntricas
45 (1985); como una evolución de la teoría del lugar central de Christaller (1933) y Lösch (1940). En la literatura reciente se aplican tres métodos para la detección de subcentros por esta vía del análisis de los flujos de movilidad:
2.2.1 Generación/atracción de viajes
Uno de los primeros métodos usados para identificación de subcentros de empleo bajo el enfoque funcional o de análisis de flujos, son los aportados por Gordon, Richardson y Giuliano (1989); y Gordon y Richardson (1996), quienes observan la densidad de generación de viajes, y no la densidad laboral, con el fin de identificar áreas que atraen significativamente más viajes que otras una vez controlado el número de empleos. El más reciente de estos trabajos examina la distribución del empleo entre los subcentros de la región metropolitana de Los Ángeles durante tres décadas: 1970, 1980 y 1990; definiendo como subcentros de empleo las zonas con tasas de generación de viajes superior a la media más una desviación estándar. Gordon y Richardson (1996) encuentran para la región de Los Ángeles una aproximación más hacia la dispersión de la actividad económica que hacia una metrópolis policéntrica. Este hecho se sugiere después de corroborar una reducción en el número de subcentros de empleo, así como de la proporción de empleos retenido por los subcentros a través del periodo
Otras aproximaciones han delimitado subcentros tomando en cuenta aspectos relacionados con la atracción de flujos de estos lugares, tanto para el desempeño laboral (movilidad obligada) como para el ejercicio de otras actividades económicas (movilidad general); convirtiéndose en puntos no circunstanciales de afluencia pública y alta movilidad. En esta línea, Burns et al. (2001) hacen una clasificación de los subcentros de las principales regiones metropolitanas de España siguiendo tres parámetros básicos: un mínimo de 20.000 lugares de trabajo localizado, un mínimo de 50% de residentes que trabajan en la misma municipalidad, y la atracción de mínimo el 15% de los empleados desde otros lugares de residencia.
2.2.2 Los subsistemas y el método del valor de interacción
Un método ampliamente usado durante el desarrollo de esta investigación es el de los subsistemas funcionales, entendidos éstos como el conjunto de zonas unidas por altos valores de interacción (VI). El VI es la fuerza de unión bidireccional ente dos zonas calculada a partir de los flujos entre ellas una vez controlada su masa, utilizado por Roca y Moix (2005); Roca et al. (2009); y Roca et al. (2011). Los autores consideran que el fenómeno del policentrismo debe estudiarse desde la perspectiva de la contribución efectiva que hacen los subcentros de empleo a la generación de una estructura metropolitana. Esta metodología detecta los subcentros para la Región Metropolitana de Barcelona usando la metodología del valor de interacción basada en flujos de commuters. Los estudios argumentan que ésta es la única forma de entender dicha estructura, dado que los flujos de commuters relacionan los dos componentes esenciales de los mercados urbanos: el residencial y el laboral.
Tesis doctoral: “Estudio de la estructura urbana e identificación y análisis del impacto de la localización de la actividad económica sobre las dinámicas territoriales. El caso de Bogotá, Colombia”.
Universitat Politècnica de Catalunya
46 El análisis se basa en la estimación de la interacción existente entre diferentes zonas del área de estudio, como una función de los flujos de movilidad obligada, la población ocupada residente y lugares de trabajo localizados; que complementados con condiciones de autocontención y masa crítica permiten la delimitación de los sub-sistemas urbanos y la comprensión de la estructura interna de las metrópolis. Roca et al. (2009) identificaron que un total 20 subsistemas dan estructuran a la Región Metropolitana de Barcelona. Adicionalmente, el estudio contrasta sus resultados con los obtenidos de la aplicación de las metodologías comúnmente usadas en esta materia: cut-offs, paramétricas y no paramétricas; concluyendo que, en contraste con los demás métodos, la metodología del valor de interacción propuesto para la delimitación de los subcentros, optimiza significativamente la interacción de la movilidad entre distintas zonas del área metropolitana, toda vez que permite la delimitación de sistemas urbanos reales dentro de la estructura metropolitana y no sólo la identificación de subcentros de empleo; lo que permite comprender a fondo la configuración de las metrópolis como ciudad de ciudades (Roca et al., 2009). Para ampliar la metodología, ir al apartado 3.4.1.
2.2.3 Modelos e índices de interacción espacial
Los modelos de interacción espacial de Camagni (1994) y Trullen y Boix (2000) utilizan como criterio para determinar la existencia de redes de ciudades las zonas cuyos flujos atraídos son superiores a los predichos por un modelo gravitatorio que controla la masa de la zona atractora y emisora y la distancia que las separa. El procedimiento de Camagni (1994) resulta útil para capturar redes de sinergia que se dan entre centros con una orientación productiva similar y que cooperan entre ellos, como el es caso típico de los distritos industriales. Para ello se calibra un modelo gravitacional doblemente restringido a partir de la densidad de movilidad obligada y distancias medidas como tiempos de desplazamiento entre cada nodo. Una vez el modelo relaciona ambas variables y determina los flujos esperados, se establece que existe una relación de mayor conectividad que la esperada, en cuanto los flujos reales entre dos municipios superen los flujos predichos por el modelo gravitacional. En ese sentido no existirían relaciones de jerarquía, sino más bien, una relación de equipotencialidad entre los nodos que conforman la red de ciudades (Trullen y Boix, 2000).
Por otro lado, los métodos funcionales para la mensuración del policentrismo desde una óptica funcional han sido fundamentalmente utilizados a una escala regional en dónde la interacción entre los diferentes centros no es tan evidente como lo es la interacción entre los subcentros dentro de un área metropolitana. En Europa, en contraposición con Norteamérica en donde el policentrismo deriva fundamentalmente de procesos de la descentralización concentrada de ciudades centrales, el policentrismo es un proceso que en la mayoría de los casos se ha debido a la incorporación de centros que antes eran independientes, y por tanto el énfasis se ha puesto en la mensuración de las relaciones funcionales entre los centros incorporados a la red (Ureña et al., 2013). Los modelos y los índices de interacción espacial, así como los modelos basados en el análisis de redes sociales han jugado un papel importante en la medición del policentrismo en el escenario europeo desde la óptica funcional.
Capítulo 2. Métodos de análisis para el estudio de estructuras urbanas policéntricas
47 El modelo de interacción espacial utilizado por Goei et al. (2010) presenta la forma en que se desarrollan las redes urbanas del sureste del Reino Unido en el periodo 1981-2001, al observar los modelos de desplazamiento y las relaciones bivariadas entre los centros no explicadas por su masa ni por la distancia que los separa. Para el análisis de los vínculos espaciales se usaron los datos de commuting entre distritos proporcionados por el censo británico. De esta forma se emplea un modelo gravitatorio constreñido tanto en origen como en destino para explicar la intensidad de la interacción entre las unidades espaciales teniendo en cuenta la masa y la distancia vial entre ellas. Los resultados empíricos muestran que si bien la zona de estudio no puede caracterizarse por una región urbana policéntrica o una red urbana integrada, hay suficiente evidencia del desarrollo urbano en red en el nivel local o intraurbano, así como una descentralización del sistema a escala regional o interurbana.
Por otro lado, Masip y Roca (2012) aplican el indicador de entropía de Shannon para analizar el grado de complejidad y la magnitud del policentrismo del sistema metropolitano de Barcelona desde una perspectiva dinámica, para el periodo 1991-2006, valiéndose de los flujos derivados de la movilidad residencia-trabajo. El índice de entropía que varía entre cero e infinito, tiene la capacidad de medir cómo está distribuida la interacción total entre los distintos nodos del sistema urbano. Un valor cercano a cero significa que la mayoría de los desplazamientos están dirigidos hacia un único nodo, y que por tanto, la región es principalmente monocéntrica. Y por el contrario, un nivel alto de entropía de los flujos, indica una fuerte interacción entre los nodos y un nivel alto de policentrismo. Lo anterior bajo el supuesto de que una región policéntrica debe caracterizarse por una alta y equilibrada interconectividad entre sus nodos.
Otros autores han utilizado datos de movilidad para construir índices que dieran cuenta de la magnitud del policentrismo de las regiones urbanas europeas. Es el caso de Limtanakool et al. (2007) quienes establecen un marco para la identificación y clasificación del patrón de los sistemas urbanos funcionales franceses y alemanes desde la perspectiva de la interacción de los flujos de movilidad con tres propósitos: trabajo, vacaciones y ocio. El estudio de los flujos en los sistemas urbanos se hizo a partir de la observación de tres dimensiones: la fuerza e intensidad de las interacciones, la simetría de las interacciones y la estructura o nivel de jerarquía del sistema. Los índices de interacción espacial utilizados en este estudio son cinco: índice de entropía, índice de dominancia, índice de simetría de los nodos, índice de interacción relativa y el índice de simetría de las interacciones.
2.2.4 La teoría de las redes sociales
Otra familia de prácticas en busca de la mensuración del policentrismo desde una perspectiva funcional, se refiere a la aportación de Green (2004, 2005, 2007) quien incorpora al análisis del policentrismo aspectos de la forma de la región tales como el número de los nodos, así como el nivel de intervinculación (diversidad, bidireccionalidad y complementariedad) entre ellos. De esta forma, el autor analiza lo que denomina “policentricidad funcional”, diferenciando el aspecto topográfico del aspecto topológico, es decir, del número y la posición de los nodos versus la forma e intensidad de conexión entre
Tesis doctoral: “Estudio de la estructura urbana e identificación y análisis del impacto de la localización de la actividad económica sobre las dinámicas territoriales. El caso de Bogotá, Colombia”.
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48 ellos. Esto resulta de enorme utilidad cuando el indicador derivado se utiliza para comparar sistemas urbanos con condiciones territoriales o de escala distintas (Ruiz et al., 2013). Para Green basta con que haya más de un nodo o zona en el sistema y así mismo existan enlaces de intervinculación para que se pueda calcular la policentricidad funcional. El trabajo establece una definición formal de policentricidad funcional así como una derivación del índice regional de policentricidad funcional, basado en técnicas empleadas para el análisis de las redes sociales.
Una aplicación del indicador de policentricidad funcional propuesto por Green (2007) fue realizada por Marmolejo et al. (2015), con el fin de analizar, a partir de datos de movilidad obligada, el funcionamiento en red de las siete principales áreas metropolitanas españolas (Madrid, Barcelona, Sevilla, Málaga, Bilbao, Valencia y Zaragoza), en un esfuerzo por unificar dicho indicador con medidas de polinucleación, para sentar las bases de una medida integrada de policentrismo. Los resultados del estudio sugirieron que, a excepción de Málaga, cuanto mayor es la polinucleación mayor resulta el nivel de policentricidad. Asimismo, se destaca que las relaciones orbitales relevantes (subcentro-subcentro) son una rareza presente en áreas como Bilbao, y sobre todo, Barcelona. Los modelos de regresión realizados para descubrir los factores que están detrás del nivel de intervinculación de las zonas, ponen de relieve el importante papel que sobre la movilidad origina la falta de coordinación urbanística en la provisión de vivienda y empleo acorde al perfil socioprofesional de las personas.