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se alargaría hasta el infinito, dado el elevado número de combinacio- nes posibles. De ahí la pregunta: “¿cuál es el mecanismo asociativo que evoca esas unidades del hábito en una asociación correcta?” (BEHA- VIORISM II, s.p.).

Hull no creía necesario recurrir a un proceso especial del cortex, porque los procesos cognitivos podían explicarse perfectamente con los procesos sensorio-motrices de la periferia. Pero este periferalismo conductista ¿no era una excusa para evitar la cuestión de la dirección interna del pensamiento? En su opinión, el psicólogo debería plante- arse las siguientes preguntas:

1. ¿Cuál es el mecanismo asociativo del proceso de “reducción” o “fragmentación” (del hábito)?

2. ¿Cuál es el mecanismo asociativo por el que esos fragmentos se evo- can en una serie ordenada?

3. ¿Cómo esos hábitos viejos pueden activar la novedad?...

4. ¿Cómo una ausencia puede servir de estímulo continuo? (BEHA- VIORISM II, s.p.)

La respuesta a estas preguntas era fundamental para explicar el pensamiento creativo.

4. Las Conductas Implícitas del Pensamiento. Hull veía difícil que fuesen simples reproducciones de los movimientos con los objetos porque las unidades de los hábitos simbólicos eran extraordinaria- mente flexibles y daban origen a multitud de combinaciones nuevas. Tal y como escribió:

Me parece que Weiss se equivoca y hace un análisis demasiado simplista de la conducta ‘implícita’... Mi idea es que la conducta implí- cita es el resultado de una combinación enorme de ciclos conductua- les originarios, de la abstracción o aislamiento de unidades del hábi- to muy fluidas y flexibles que pueden combinarse (de algún modo) en una serie ordenada, aun cuando antes no hayan operado nunca en esa combinación; aquí parece que estoy en total desacuerdo con Weiss (BEHAVIORISM II, s.p.).

La flexibilidad de los hábitos simbólicos explicaba la riqueza y variedad de las imágenes mentales.

Sin embargo, no puede decirse que todo fuese negativo en el libro de Weiss, entre otras razones, porque éste le ofreció a Hull una expli- cación coherente de la previsión del futuro. Según Weiss, las series implícitas del pensamiento son más rápidas que las del mundo exter- no y, por esta razón, terminan antes de que aparezcan los últimos estí- mulos de las series mundanas. De ahí la posibilidad de anticipar unos acontecimientos que todavía están por llegar42. Esta fue la explicación de la previsión del artículo de las ideas de meta (Hull, 1931b), a pesar de que no encontramos en él ninguna referencia al libro de Weiss.

42. Según Weiss: “Prever una acción solo significa que una serie análoga de reacciones ha ocupado una posición particular en una serie de conductas pasadas. Si en un momento dado ocurre implícitamente una reacción de esa serie, irá seguida de los efec- tos implícitos de toda la serie original. Esa parte que todavía no se ha repetido abierta- mente será repetida implícitamente y esto es lo que significa prever la conducta futura” (1925, pág. 356). Comentario de Hull: “Creo firmemente que el sujeto puede prever las consecuencias de la acción antes de ejecutarla. Lo consigue gracias a una serie de res- puestas simbólicas que marchan rápidamente y anteceden (o pueden anteceder) a la reacción manifiesta” (BEHAVIORISM II, s.p.).

Conclusión

Los años 1924 y 1925 fueron cruciales para Hull. El seminario del razonamiento le confirmó en la idea de que la explicación de este pro- ceso no podía hacerse a espaldas de los impulsos biológicos del orga- nismo. Pero la vaguedad conceptual de Rignano (1923), y de la psico- logía introspeccionista en general, hacía muy difícil, por no decir que imposible, su traducción al lenguaje objetivo de la ciencia.

En el seminario del conductismo del año 1925, Hull tomó concien- cia de la superioridad del enfoque de Watson en esta cuestión funda- mental. Al término del mismo, estaba dispuesto a intentar un conduc- tismo más atento a las variables internas del organismo. El propósito, definido como estímulo del impulso, la generalización basada en la similitud de respuestas, y la combinación de las unidades del hábito bajo la dirección del propósito, representaban un primer paso en esta dirección. Por eso, a finales de 1925, se hizo la siguiente pregunta:

¿Cuál será el nombre idóneo para una psicología del estímulo y res- puesta rigurosa, que rechace las entidades no físicas y explique todos los procesos en términos del E-R, desde las alucinaciones e imágenes hasta el ‘insight’ razonado, el propósito y la voluntad? (BEHAVIORISM I, pág. 67).

Aunque todavía no dio una respuesta clara a esta pregunta, Hull estaba convencido de que la nueva teoría debería seguir las huellas de “Hobbes –un materialista–, Comte, Cattell, James en sus últimos escritos filosóficos, los Realistas - Woodbury, Burt y Santayana, los Neorrealistas, Perry, E. Holt... el Pragmatismo - Dewey” (BEHAVIORISM I, pág. 66). Cuando escribía estas líneas, comenzaba a saborear el éxito de la máquina de correlaciones, un aparato que ejecutaba unas operaciones aritméticas que hasta entonces habían sido patrimonio de la mente humana. ¿No sería posible diseñar una máquina similar, capaz de emi- tir juicios y razonar inteligentemente? Para un mecanicista como él, la idea de un robot psíquico no era algo descabellado, sino una posibilidad con muchos visos de realidad. Como veremos en el capítulo siguiente, ella le sirvió de guía cuando intentó unir los mecanismos del pensa- miento en lo que sería el embrión de su teoría de la mente humana.

Al concluir el año 1925, Hull era un valor en alza dentro de la psi- cología. Su posición académica en Wisconsin se había consolidado con el nombramiento de profesor y la máquina de correlaciones le había ganado un merecido prestigio entre sus compañeros de profesión. En su ánimo latía el deseo de derrotar a los gestaltistas en su propio terre- no con una explicación más coherente del “insight”, basada única- mente en los principios de la asociación estímulo-respuesta. De ahí que su proyecto principal para el año 1926 fuese “la elaboración de un sistema consistente de psicología mecanicista” (I.B.X, pág. 1).

¿Cómo explicar la conducta inteligente de los monos de Köhler en unas situaciones completamente nuevas? La semejanza no podía estar en los estímulos externos, que eran totalmente distintos a los experi- mentados anteriormente, por lo que había que buscarla dentro del organismo. En los problemas de uso de palos, la solución la brindaban los estímulos de las respuestas de coger el palo y coger la fruta, que eran parcialmente idénticos; pero esta solución no era válida para los problemas de construcción de instrumentos en los que había que unir dos hábitos aprendidos por separado. ¿Cuál era el mecanismo de esta síntesis o unión de hábitos?

Un sistema de psicología

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