distintos y acomodados para cada ocasión.
Es aquí, también, donde el “genio oratorio” tiene gran influencia.
Como en otras circunstancias de la vida, algunos tendrán un cabal sentido de las proporciones, de la realidad, de la oportunidad; mientas que otros, desgraciadamente,
Esto no puede enseñarse, no hay métodos, sino sentido de la ubicuidad.
Cómo “caer bien”, cómo conquistar la simpatía, desde el primer momento, es más una cualidad natural que una ciencia. (o ¿definitivamente un don?)
De todos modos, piense mucho y muy bien el orador, desde el primer momento. “¿Qué será lo que más agradará al público?” “¿Qué y en qué forma querría que le hablaran?”
Hace falta un tino especial para conocer, con anterioridad, el estado favorable o desfavorable del auditorio.
A él deberá acomodar el orador sus discursos y, muy especialmente, el exordio. No siempre hemos de tener la suerte de ser bien recibidos o de contar con el asentimiento o convicción de los oyentes; muchas veces tendremos que encontrarnos frente a públicos adversos, indiferentes o cansados.
Tenemos, por consiguiente, dos situaciones distintas, en cuando al exordio: las que proceden ante públicos favorables y las que proceden ante públicos desfavorables.
Cuando el público es favorable, nos basta con conseguir: a) su atención; b) su docilidad; c) su benevolencia.
La atención puede conseguirse:
a) Presentando la cuestión en forma novedosa o interesante.
b) Señalando la importancia, trascendencia y utilidad de lo que diremos. c) Indicando que seremos breves, o dándolo a entender.
d) Pidiendo que se nos oiga con atención.
e) Poniendo, discretamente, algo de emoción en lo que decimos, y cierto contraste inesperado, mediante las figuras “preterición”, “dubitación”, “perífrasis” y, en general, las figuras oblicuas.
Sirven también, para este efecto, las figuras de pensamientos.
f) Finalmente, aprovechando algún suceso, dicho, o circunstancia, ocurridos momentos antes de hablar.
La apariencia de improvisación que esto da al discurso, llama poderosamente la atención.
La docilidad puede conseguirse:
a) Presentando con claridad nuestro asunto y cuidando de no recargar el exordio de materias extrañas o impertinentes.
b) Cuidando de presentarse con seriedad, discreción y esmero, y como persona culta.
La benevolencia puede conseguirse:
a) Siendo manifiestamente obsequioso y modestos con el auditorio.
b) Manifestando el interés que tenemos en ser gratos y útiles a quienes nos oyen. c) Elogiando con cautela y discreción la sabiduría, justicia o bondad del auditorio. d) Hablando lo menos posible de nosotros mismos, de nuestras casas y asuntos personales. Si hubiera necesidad de hacerlo, lo haremos pidiendo disculpas.
e) Ponderando, en cambio, con cuidado también, nuestros pocos méritos y la esperanza que tenemos de cumplir nuestro cometido, gracias a la ayuda del auditorio.
Hasta aquí las principales advertencias, para cuando el auditorio sea favorable.
Cuando el auditorio es desfavorable conviene fijarse en ciertas características, tales como:
1.º Por indiferencia. Le tiene sin cuidado lo que yo voy a decir o, sencillamente, está acostumbrado a no oír, como ocurre en las sesiones legislativas.
En este caso, y en general, cuando el auditorio está cansado, por lo avanzado de la hora, o porque han hablado muchos oradores, conviene lo siguiente:
Empezar en forma muy novedosa y extraña: lo más movida que se pueda. Sirve para esto, un cuento, una fábula, un verso.
Recurrir a las figuras de dicción por semejanza, sustentación, interrogación, etc. Decir que hablaremos de cualquier manera, dejando para otro día lo que habíamos pensado.
2.º Desfavorable por contradicción. Están convencidos de lo contrario de lo que vamos a decir: otros oradores los han ya preconcebido y están en contra nuestra.
El fondo de nuestro exordio, en este caso, deben ser los contrarios.
Empezaremos por lo que ellos tuvieron más firme y que más impresionó al auditorio; declarando que es lo que, en realidad, menos vale y menos preocupa.
Nos presentaremos perplejos, porque la facilidad para contestar, nos desorienta, sin saber por dónde empezar.
Estableceremos un marcado contraste con los oradores anteriores; si fueron largos, prometeremos ser cortos; si graciosos y entretenidos, empezaremos con seriedad y aun con solemnidad.
3.º Si el asunto es odioso y el público no lo acepta conviene:
No contradecirlo abiertamente: encontrarle razón, en principio, e ir rectificando, con la declaración de que el auditorio, con lo que dirá, completará y mejorará su opinión.
Si le desagrada lo que uno diga, buscar algo que le agrade y por allí llevarlo a lo que quieren.
Apoyémonos en hombres, ideas o sucedidos del agrado del auditorio, y hagamos ver que el presente caso es igual.
Sirva de comprobación el siguiente caso, tomado de la traducción del libro de M. Ajam por Jerías Ureta:
“Al estallar el movimiento del 6 de diciembre, en medio de la efervescencia de “indignación que llevó hasta el frenesí a las masas, se sorprendió en la garita de San “Lorenzo al señor don Antonio de Hara y Támariz que venía escudado con un “salvoconducto, dado por uno de los jefes de la revolución.
“Registraron al señor Haro y hallaron que, abusando del salvoconducto, traía el forro “del paletó blanco que le abrigaba, correspondencia, libranzas y firmas para promover en “México una contrarrevolución, sacrificando a los hombres del 6 de diciembre.
“Apenas se divulgó la noticia de aquella felonía, cuando corrió, frenética, la multitud al “lugar en que se encontraba el reo; llega el tropel armado de espadas, fusiles y piedras; “rodean al señor Haro, se lanzan sobre él y, en empeñada lucha, le conducen a Palacio, y “allí no se encuentra seguridad para Haro, sino en la Cámara de Diputados, que estaba en “sesión. El reo, las guardias y las chusmas frenéticas
rompiendo puertas, derribando “asientos y bramando furiosos, penetraron al santuario de las leyes.
“El reo se acoge trémulo tras el dosel y se abraza a la silla del Presidente... Un momento “más y hubieran corrido ríos de sangre.
“Entonces un hombre se levanta de su asiento; era Pedraza: aparece erguido, pasa su “mano por los hilos de cabellos que coronaban su cabeza, y grita, dominando el estrépito de “la multitud rabiosa: ¡Silencio, señores! En nombre de la patria y de la humanidad, silencio. “Al tercer rugido de aquel león reinaba un profundo silencio y parecía pintado el tremendo “cuadro que los ojos descubrían.
“Entonces, con una excitación más impetuosa, más vehemente, mucho más apasionada “que la exaltación que mostraba el pueblo, trazó un desordenado delirio, la biografía de “Haro; se refirió al abuso cometido; describió las calamidades que quería desatar sobre “Puebla, que le vio niño, que iluminó sus primeros amores y que guardaba las cenizas de “sus padres... ¡A ese monstruo, en nombre de la patria ultrajada, en nombre de la “humanidad vilipendiada, yo le maldigo... yo le maldigo!
“Temblaron las columnas del edificio... No había gentes, eran de piedras aquellas “figuras humanas... Cayó sombra horrible después de estas palabras, en el alma de los “concurrentes.
“Pero este hombre viene defendido con nuestra palabra... le protege un salvoconducto “como una égida... ¿Qué es la venganza? Una ostentación cobarde de la fuerza, si son “muchos... Un disfraz de la alevosía, si es uno.
“Hablaba, hablaba el señor Pedraza y, en un momento de exaltación impetuosa, se “levanta, ordena, manda sublime que Haro salga de su escondite... y le promete, le jura que “será respetado... porque pertenece a la ley.
“A sus palabras, como maquinalmente, con el cabello erizado, los ojos vidriosos, como “un cadáver, aparece Haro, y el ademán omnipotente del orador se abren las olas de la “multitud, y como una sombra desaparece el reo... salvando su vida”.