3.4 Numerical Analysis
3.4.3 Fair Contract Analysis
Se sabe que el Valle del Cajón estuvo en tiempos preincaicos habitado por los diaguitas, organizados en jefaturas, cada una de las cuales ocupa- ba su propio territorio y se encontraba en constante competencia. Según Lozano (1873; 1875, citado por De Hoyos, 2004: 209), estos se rebelaron frente a la ocupación incaica en dos oportunidades, hasta que finalmente fueron controlados. Alberto Rex González (1980, citado por De Hoyos, 2004) postuló que la localización y formas de asentamiento inca consti- tuyeron una muestra de la convivencia pacífica entre ambos grupos en la etapa previa a la conquista europea. Frente a la llegada de los españoles en el año 1536, los diaguitas resistieron durante 130 años. La disponibi- lidad de las fuentes arqueológicas y etnohistóricas impulsó las investiga- ciones en los Valles Calchaquíes. Sin embargo, el Valle del Cajón (figura I) permaneció fuera de esta corriente de estudios, virtualmente ignorado por ellos, en parte debido a que no se encuentra mencionado en las cró- nicas y solo aparece citado en escasos documentos administrativos del Tucumán colonial. Una dificultosa accesibilidad geográfica fue otro de los factores que confluyó para que los estudios sistemáticos comenza- ran recién en la pasada década de la mano de un equipo de arqueólo- gos (De Hoyos, 2004). Con anterioridad a nuestro trabajo de campo, el acercamiento de los antropólogos a la región no fue más allá de visitas periódicas.
El Valle del Cajón forma parte del Departamento de Santa María, en la provincia de Catamarca. El principal río que lo atraviesa nace en el neva- do del Chuscha como arroyo El Cajón y se encauza hacia el sur adqui- riendo el nombre de las localidades que recorre (San Antonio, Toroyaco, Saladillo, Cerro Colorado), para finalmente virar el rumbo de sur a norte, pasando a denominarse río Santa María. Si bien el ambiente se trans- forma de norte a sur, en líneas generales se trata de un valle semiárido caracterizado por precipitaciones estivales y gran amplitud térmica esta- cional y diurna (De Hoyos, 2004).
San Antonio se encuentra ubicado en el Alto Valle del Cajón, a 3.045 metros sobre el nivel del mar. Está formado por un núcleo de casas y diversos puestos en los cerros, ambos con población estable, aunque al- gunos de los habitantes tienen una residencia estacional. Santa María es el centro administrativo y el asiento de los sacerdotes de la Prelatura de Cafayate a cargo del área. Por ello, la delegación municipal, el registro ci- vil, la posta sanitaria y el destacamento policial dependen de esa ciudad. Dos agentes de salud se ocupan de brindar atención primaria y derivan los casos complejos. Los hechos de violencia doméstica y las disputas originadas por la ingesta excesiva de alcohol, ambos infrecuentes, son las principales causas del accionar policial.
Figura I. Mapa del Valle del Cajón y aledaños. San Antonio es mencionada como El Cajón (fuente: De Hoyos, 2001).
La adscripción al catolicismo constituye un fenómeno religioso mayo- ritario. Las alternativas religiosas no han tenido prácticamente incidencia entre los pobladores, pues son vistas como una amenaza a su sistema de creencias.
La agricultura y la ganadería son las actividades principales. Cada unidad doméstica posee entre una y tres hectáreas que cultiva para la subsistencia, mientras que intercambia o vende el excedente con sus ve- cinos. En algunas ocasiones envían parte de sus cultivos a sus parientes en Santa María para que los comercialicen. El camino que une ambas
localidades es reciente y fue inaugurado en la década pasada. Dos días a la semana, en general miércoles y sábado, una camioneta recorre el tra- yecto a la vez que comunica entre sí los demás pueblos del valle, llevando mercaderías de la ciudad, noticias y transportando a los pobladores. Con anterioridad, los bienes eran trasladados a lomo de burro durante días.
Aunque muchas casas poseen panel solar para uso individual, el po- blado no cuenta con electricidad pues el municipio no envía el gasoil ne- cesario para el funcionamiento del generador de energía. El pueblo se ilumina solo los 13 de junio, una de las fechas más importantes del calen- dario ritual donde se conmemora al santo patrono.
Los altos índices de movilidad caracterizan a los individuos y a sus familias. Cuando los niños son pequeños se encargan del pastoreo y los hombres parten a trabajar en las cosechas en provincias vecinas, pero a medida que estos crecen, la familia entera puede transportarse. Los an- cianos permanecen en el poblado. Uno de los problemas más importan- tes que enfrentan es la falta de mano de obra para los cultivos, sobre todo porque los jóvenes solteros suelen migrar y solo en algunas ocasiones regresan a asentarse definitivamente.
Un complejo sistema de canales provee del agua para el riego. El te- niente de agua tiene a su cargo la distribución de turnos semanales para proveer a cada parcela. Entre los años 1986 y 1988 se instaló una red de agua potable que todavía no alcanza a la totalidad de las viviendas.
Los poblados del Valle del Cajón no cuentan con un sacerdote perma- nente en el lugar. Ovejería, San Antonio y Toro Yaco pasaron a depender de la Prelatura de Cafayate, a cargo de la Orden de San Agustín desde su creación, el 9 de septiembre de 1969. En la actualidad un clérigo recorre las tres localidades durante la Misión Anual y en la celebración del santo patrono. En su ausencia, los animadores de la fe se encargan de realizar las ceremonias.
Habiéndonos sumergido en las características del poblado, pasemos a describir los períodos en los que más álgidamente las entidades sagradas participan en la vida cotidiana de los actores.