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Se define como contrafuerte una obra maci-za de fábrica adosada al muro de forma rec-tangular o semicilíndrica y que sirve para reforzarla en el punto en que esta soporta mayores empujes. Se define como estribo el macizo de fábrica que sirve para sostener una bóveda y contrarrestar su empuje. La similitud que presentan estas definiciones provoca generalmente confusión en su uti-lización y en la designación de los elemen-tos constructivos correspondientes. Desde nuestro punto de vista, existe una diferencia de función, dimensión y entidad entre estos elementos constructivos que es la que nos permite diferenciarlos designándolos de un modo u otro. El contrafuerte como la pilastra se construye y se concibe como parte del muro, integrado en él, construido al mismo tiempo que el muro para reforzarlo y dotarlo de rigidez y estabilidad. Habitualmente, se construyen los muros con contrafuertes para garantizar su estabilidad al vuelco, cuando el muro se tiene que levantar liso, sin ángulos y sin el contrarresto de ninguna otra estructu-ra que lo rigidice. El estribo es un elemento diferente del muro, más grande que el con-trafuerte y su finalidad no es la de dotar de estabilidad al muro sino soportar el empuje de la bóveda, lo que indirectamente confiere estabilidad al muro. De hecho, el contrafuer-te que es capaz de soportar el empuje de una bóveda, sin el complemento del arbo-tante y el botarel, adquiere –desde nuestro punto de vista– la condición de estribo.

Por otro lado, en una construcción gótica hay otra diferencia también notable entre

ambos elementos, el estribo al tener que soportar directamente el empuje de la bóve-da debe cimentarse directamente sobre el suelo sin transmitir sus cargas a otro ele-mento. El estribo aparece, por tanto, en las construcciones de una sola nave, como la capilla de Santiago o el pórtico, o estribando los muros del transepto que tampoco tienen nave lateral. Los contrafuertes, sin embargo, tienen que apoyarse sobre los pilares de la nave, lo que constructivamente impide que puedan sobresalir mucho de la pared. Este vuelo del contrafuerte sobre las bóvedas de las naves laterales debe resolverse –como vimos en la introducción de este apartado– mediante una serie de losas en voladizo sobre las piezas de salmer del pilar que impi-dan que apoye en el arco perpiaño de las bóvedas laterales.

En general, la construcción de estos ele-mentos repite la técnica constructiva de los muros y de los pilares. Los contrafuertes y los estribos son elementos prismáticos, nor-malmente de gran esbeltez, que se constru-yen revistiéndose con la hoja exterior del muro al que se adosan, por lo que solo tie-nen tres caras visibles. En general, el contrafuerte es de menores dimensiones, de planta más cuadrada y normalmente macizo y sin relleno y su construcción forma parte de la hoja exterior del muro. El estribo de mayores dimensiones se construye como un pilar con una hoja exterior que forma sus tres caras visibles y una cuarta que corresponde a la hoja interior del muro al que se adosa. Al revés que el contrafuer-te, el estribo tiene por sus dimensiones un volumen de relleno importante que se une con el relleno del muro.

• Descripción y trazado.En la Catedral de-signamos como contrafuertes los machones que refuerzan los muros de las naves supe-riores, el alzado oriental del transepto y la ca-becera y que originalmente se construyeron

para soportar las bóvedas de madera, refor-zando la sección del muro. Designamos como estribos todos los grandes macizos de fábrica adosados a la fachada occidental del transepto para sostener las bóvedas de pie-dra, tanto los originales del primer trazado, como aquellos que se construyeron en el siglo XIX cuando las bóvedas amenazaban con desplomarse; los que construyen la capi-lla de Santiago que fue concebida desde su fundación con este sistema de contrarresto; y los estribos que, en la fachada oeste, so-portan los empujes de las bóvedas del pórti-co y que se pórti-construyeron también para soportar el peso de las “torres” (la torre de la izquierda no llego nunca a construirse).

Los contrafuertes de la Catedral presen-tan la misma heterogeneidad en sus técni-cas constructivas, en su geometría y en su estado de conservación que el resto de las fábricas que ya hemos descrito. En efecto, aparecen contrafuertes de sillería, de mam-postería o combinación de ambas técnicas. En alguna ocasión –alzado sur de la nave principal– un contrafuerte se inicia de mam-postería y se termina de sillería o –en la fachada norte– empieza de mampostería y se remata de sillería. Por otro lado, cada uno tiene una forma y unas dimensiones di-ferentes. Hay contrafuertes muy pequeños, rectangulares con su lado mayor pegado al muro y que constructivamente forman parte de él; los hay de mampostería construidos toscamente, y que, para evitar las esquinas son casi semicilíndricos; y los rectangulares con su lado más corto adosado al muro y que adquieren la forma de un estribo. En algunos casos, estos elementos se adosan con pos-terioridad al muro lo que se manifiesta por la heterogeneidad de la fábrica y la aparición de fisuras en el encuentro. Sin embargo, en general se construyen al mismo tiempo que el muro al que refuerzan presentando en altura la misma heterogeneidad constructiva e histórica que la de estos elementos.

Imagen 207. Izquierda, detalle del apoyo de uno de los contrafuertes del alzado sur en el interior del bajo cubierta de la nave lateral. Se puede observar como el contrafuerte amplía su apoyo sobre los rellenos de los senos de las bóvedas, como si fuese una zapata de un pilar que fuese a apoyar en el suelo

Imagen 208. Abajo izquierda, vista desde el coro de la deformación de los arcos perpiaños de la nave lateral norte por el empuje de las pilastras que descansan sobre ellos. Este empuje es de dirección opuesta al que provocan las bóvedas de las naves superiores

Imagen 209. Abajo derecha, vista desde el coro de la deformación de los arcos perpiaños de la nave lateral sur por el empuje de las pilastras que descansan sobre ellos. Este empuje es de dirección opuesta al que provocan las bóvedas de las naves superiores

De una manera muy heterodoxa los con-trafuertes amplían su sección al trasdosar el triforio. En el bajo cubierta de las naves laterales puede observarse como la sec-ción y la tipología de las fábricas de estos elementos no coincide por arriba y por debajo del plano de la cubierta. Como ade-más, los contrafuertes por encima de la cubierta parecen formar parte de la fábrica y por debajo de esta línea parece que se superponen al muro del triforio, debemos suponer que los contrafuertes se han forra-do en toda la altura del triforio para aumen-tar la estabilidad de este muro, ya de por sí, muy frágil. Esta diferencia la podemos comprobar observando las figuras 29 y 55 que corresponden al mismo contrafuerte por encima y por debajo de la cubierta de la nave lateral sur. Por otro lado, su apoyo sobre las fábricas inferiores es bastante inconsistente: descansan sobre los arcos fajones de las bóvedas de las naves late-rales y el deambulatorio, pero no directa-mente sino a través del relleno de lastre de los senos. Como explicamos, este relleno está aparejado, pero de manera un tanto pobre, pues se trata de lajas de piedra sin labrar asentadas con juntas de mortero muy gruesas y, por tanto, muy plásticas y deformables.

Los estribos repiten el mismo esquema constructivo que los contrafuertes siguien-do las fases de construcción de la estructu-ra en la que se insertan. La mayoría son de mampostería –a excepción de los originales de la fachada occidental del transepto que son de sillería–; los más grandes aparecen reforzados con sillería en las esquinas que, según el momento constructivo del estribo, será de lumaquela de Ajarte o arenisca de la sierra de Elguea. Tiene esta configura-ción, los estribos de la capilla de Santiago, los del pórtico y la torre y los que se adosan en el siglo XIX a la fachada occidental del transepto.

• Composición.Como hemos visto en las

pilastras para colocar la estructura de aco-dalamiento y atirantamiento provisional del transepto, se realizaron una serie de perfo-raciones en las pilastras que se situaron entre los tramos primero y segundo y entre el segundo y el tercero contando desde los testeros. Se realizaron un total de ocho per-foraciones por pilastra: cuatro por debajo del triforio y otras cuatro a la altura de las piezas de salmer. Las perforaciones realizadas a la altura de las piezas de salmer, por encima del triforio en el transepto sur, perforan el muro y el contrafuerte en toda su sección, dando los siguientes resultados:

En el muro oriental entre el primer y segundo tramo la pieza interior del salmer tiene un espesor de unos 50 cm, enrasada lógicamente con la cara interior de la sillería del muro. El relleno de un espesor entre 150 cm y 170 cm es un hormigón con mampues-tos de caliza negra y margosa, con algún hueco, y un cierre del contrafuerte de una hoja de lumaquela de Ajarte de 25 cm. La perforación del contrafuerte entre el segundo y tercer tramo presenta una hoja interior, también de 50 cm de lumaquela de Ajarte, el relleno interior también de 150 cm presenta un nivel de huecos mucho mayor con mam-puestos de caliza negra y margosa, la hoja exterior de este contrafuerte de mamposte-ría es de caliza negra o margosa con un espesor variable (mampuesto) de 30/40 cm. En el muro occidental la perforación realiza-da entre el primer y segundo tramo perfora el estribo realizado por Saracibar y reformado en la restauración de los años sesenta para liberar la portada de Santa Ana. Esta inspec-ción ofrece unos resultados más alarmantes, probablemente debido a la falta de trabazón entre los rellenos originales y la reforma pro-ducida. La hoja interior del salmer repite la dimensión de los 50 cm de una pieza de lumaquela de Ajarte, el relleno interior de un espesor de tres metros repite la composición

de un hormigón disgregado de mampuestos de caliza negra y margosa pero que presen-ta zonas de huecos sin material de 15/20 cm y una hoja exterior que, prácticamente conti-núa la composición del relleno, con un mam-puesto de caliza negra o margosa de 30 cm. La endoscopia nº 1 atraviesa transversal-mente el estribo sobre el que apoya la esqui-na noroeste de la torre con uesqui-na sección compuesta: de una hoja de calcarenita de Olárizu de 32 cm, un relleno muy heterogé-neo con mampuestos de caliza negra y mar-gosa y un nivel de huecos elevado de un espesor de 2,77 m, y un cierre de una hoja de calcarenita de Olárizu de 48 cm.

• Cronología.Como ya hemos dicho la

cro-nología de estos elementos es muy amplia y coincide básicamente en altura con la de los muros a los que se adosa.

Botareles

Se define como botarel el machón o estribo que contrarresta el empuje de una bóveda por medio del arbotante que estriba en él. El botarel no es más que un estribo que se ha separado del muro y del punto donde apoya la bóveda de la nave. Esta separación del muro permite que este elemento pueda cimentarse directamente en el suelo, sin apoyar en otros elementos de la estructura y salvando en planta el espacio ocupado por las bóvedas de las naves laterales. Para salvar esta separación del punto donde se aplica el empuje y el elemento encargado de contrarrestarla se encarga –como sabe-mos– el arbotante. Además, la posición del botarel adosado a los muros de las naves laterales le permite recibir directamente el empuje de las bóvedas de estas naves para las que ejerce la función de estribo. Por tanto, constructivamente el botarel repite, en su primera mitad, las características de un estribo ya que se construye adosado al muro y desde este punto hasta su remate

–al levantarse exento– la de un pilar. Dada su altura y su esbeltez estos elementos se construyen normalmente escalonados y para dotarlos de mayor estabilidad se levantan unos metros por encima del sal-mer del arbotante con un remate que adquiere la forma de una pirámide apunta-da y que conocemos como pináculo.

• Descripción.Como sabemos todo el

sis-tema de arbotantes y botareles de la Catedral planteados en la primera construc-ción gótica quedaron desmochados y su construcción incompleta al decidirse rema-tar la estructura del edificio con bóvedas de madera lo que hacía inútil la prolongación del botarel y la construcción de los arbotan-tes. Sólo se encuentran arbotantes y bota-reles apeando los cuatro arcos fajones de separación de las bóvedas altas de la nave central. No los hay ni en el crucero ni en la girola. Estos botareles que descargan los arbotantes vuelven a ser, como todo en este edificio, completamente distintos unos de otros. Los de la fachada sur son de sillería –aparentemente, porque podría tratarse sólo de un forro que trate de ennoblecer un alma de mampostería, que se manifiesta en las partes superiores de los estribos–. Los de la fachada norte son todos de mampos-tería, sin sillares siquiera en las esquinas. En planta, las dimensiones de todos ellos vuelven a ser distintas: cada uno con las suyas propias, sin poder siquiera agrupar-los por fachadas. Tanto agrupar-los arbotantes como los botareles se rematan con una albardilla plana de impermeabilización de su cara superior. El ángulo que estas albardillas for-man con la horizontal es nuevamente dis-tinto para cada refuerzo, correspondiendo a distintas alturas de aplicación del arco en el contrafuerte y a distinta altura del estribo.

• Composición.La única inspección que

tenemos de un botarel corresponde a una

perforación transversal del botarel que se sitúa entre el primer y segundo tramo de la nave en su lado oriental. El resultado da un elemento muy alterado, suponemos que por la construcción de las capillas laterales. Al inicio de la perforación aparece un tras-dosado de ladrillo de 28 cm y un hueco 45 cm en la cara interior del almacén que se sitúa bajo el coro. A continuación, aparece un mampuesto de 20 cm de caliza margo-sa, y una pieza de lumaquela de 39 cm, después un relleno con mampuestos de caliza negra y ladrillo y finalmente la cara interior de la capilla de San José con un sillar de 20 cm de lumaquela de Ajarte.

• Cronología.La cronología de estos

ele-mentos se divide de acuerdo al corte que sufrió su construcción. Hasta la altura de las naves laterales y la girola los botareles de la cabecera se construyen en el siglo XIII con el gótico designado como A y los bota-reles de la nave en el siglo XIV con el góti-co designado góti-como B. El remate de estos elementos y la construcción de los arbotan-tes en la nave se produce en fechas poste-riores y de un modo aleatorio, correspon-diendo la construcción de cada uno de ellos a fechas distintas.

Arbotantes

Se define como arbotante a un arco ram-pante que, en su extremo inferior, descar-ga sobre un estribo exterior o machón lla-mado botarel y por el superior contrarresta el empuje de un arco o una bóveda.

El arbotante no es mas que un puntal a compresión colocado entre la bóveda y los estribos exteriores20y su construcción no es más que la de un arco. Como sabemos se remata con un muro que impide que las dovelas puedan levantarse ante el empuje de la bóveda ayudándole a contrarestar este empuje. El remate de este muro se uti-liza para construir un canal que conduce el

agua desde las cubiertas de las naves late-rales hasta una gárgola en el botarel. Sobre cómo debe producirse el apoyo del botarel sobre el contrafuerte de la nave ya hemos dedicado en la introducción de este apartado una explicación detallada. El apoyo de este arco en el botarel se produ-ce habitualmente tangente a la vertical de la cara interior de este elemento apoyando en la hoja exterior del mismo.

• Descripción. Esa misma

heterogenei-dad se encuentra en los arbotantes de apeo de los contrafuertes. Aunque en general están construidos de sillería, en un caso –el primer arbotante del lado norte contando desde los pies de la iglesia– el arco tiene doble rosca, con una de ladrillo

trasdosando a otra de sillares. En general la traza llega a ser casi de un cuarto de cír-culo en casi todos los arcos, de modo que acometen casi horizontalmente contra los contrafuertes, sistema poco canónico si tomamos como referencia el de los arbo-tantes del gótico clásico francés.

• Cronología. La construcción de los

arbotantes en la nave se produce en fechas recientes y de un modo aleatorio, correspondiendo la construcción de cada uno de ellos, casi a una fecha diferente.