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Study 3: MCI vs SCI Feature selection

Sobre la amplitud victimológica existen muchas opiniones, algunos investigadores son partícipes de que la victimología es un capítulo de la Criminología, lo que significaría que este tipo de estudio se hallaría restringido a la óptica criminológica, y obviamente solo englobaría un campo restringido de estudio:

· víctimas de los delitos · El delito

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Dentro de este limitado campo se trata de la compensación a la víctima por parte de su victimario, alternativamente el llamado a compensar a la víctima es el Estado, especialmente por delitos violentos como el homicidio y la violación sexual.

Rodrigo Ramírez (1983), sostiene que la victimología es el estudio sicológico y físico de la víctima, que se auxilia en disciplinas, para formar un sistema de prevención y control del delito.

Gunther Kaiser (1985), la victimología investiga las relaciones entre el delincuente y la victima

Analizando los dos conceptos el campo victimológico se encuentra cada vez más restringido, pero esto abre la oportunidad para expresar mi propia opinión, la victimología debe abrir todo el espacio, a la psicología, la sociología, la ciencia del Estado, la ética, la moral, los derechos humanos, debe tener relación con todas las ciencias, sociales y humanistas, puesto que el delito puede ocurrir en cualquier momento y en cualquier parte y por ende existirá víctimas y habrá que estudiar desde el punto de vista de las causas y sus efectos.

Amplificación del campo victimológico.-

Cuando visitamos tanto a los reclusorios de menores, como de adultos cuyo regímenes son similares en muchos países encontramos sobre todo establecimientos provinciales, son los mismos rostros, igual forma de andar, de dirigirse, similares sonrisas de tristezas, torsos desnudos, los mismos tatuajes, igual coloración de la piel: negra o parduzca, y también los mismos delitos.

Me pregunto es que serán los hijos de los internos que hace 20 años, y los padres de aquello que tal vez no podré conocer, da la impresión de que estuvieran programados por tara genética o hereditaria para poblar cárceles. Si hasta los viejas carceleros han acuñado una expresión que no deja de ser sobrecogedora.

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De estos delincuentes que sobreabundan en el encierro de muchas partes del mundo se ha nutrido, desde sus inicios, la criminología. Y por ellos llama la Organización de Naciones Unidas cada cinco años a celebrar congresos para la prevención y el tratamiento del delincuente, se sabe de sobra que no son nadie, solo pequeños ladronzuelos en la delincuencia de hoy, ladrones de gallinas, comparándolos con los delincuentes económicos que emplean si inteligencia, a veces mancomunada, para succionar la economía de un pueblo desde sus cargos ministeriales o desde empresas de crédito.

A las cárceles llegan los delincuentes fracasados, el costo social económicos, y humano del delito cometido por uno solo de estos superhombres del mundo de hoy, sobrepasa con creces el daño cometido por todos los reclusas, por delitos contra la propiedad que pueblan las cárceles de todo un país, de un continente, si hablamos de Latinoamérica.

Un hombre sin ninguna posibilidad económica, pauperizado, que se encuentra desempleado, sin posibilidad de llevar comida o medicamentos a su hogar, no es un hombre libre. O haya cometido se está incidiendo sobre menguada libertas. Se lo vuelve a sumergir y a victimizar.

Gran cantidad de delincuentes preso en las cárceles y prisiones fueron previamente victima sociales que sufren una suerte de repercusiones de la propia sociedad, que no parece conformarse con su pasado infeliz. Se dice actualmente que en diez años se avanzó en la ciencia y en descubrimientos de todo tipo, más que en el siglo anterior; sin embargo, las cárceles siguen en su habitual rutina de promiscuidad, abigarradas de seres humanos que no eligieron convivir y que deben hacerlo forzadamente, en días calcados de opresión, donde se establece una comunidad de lenguaje fruto de resentimientos comunes, donde el sexo se enloda hasta la perversión y el hombre, según decía concepción arenal, se vuelve malo y el malo mucho peor.

- 95 - Selección de victimas sociales.-

Es que al girar los ojos hacia la dinámica social caeremos en la cuenta de que esta insolente civilización industrial y tecno electrónica describe una suerte de mecanismo similar con respecto a otros minusválidos para la vida a los que aparta, como seleccionándolos. La victimización se amplía a locos, inválidos, ancianos, drogadictos, oligofrénicos, enfermos y niños moralmente y marialmente abandonados. Lo que en una palabra no pueden arribar por sus propios medios a esas posibilidades del éxito impoluto, acceder a la producción y al bienestar.

Se produce el sacrificio consciente de un buen número de seres humanos porque no compatizan por ineptitud con la ideología del sistema que los sacrifica. De ahí los horribles manicomios, los infectos reformatorios, las lóbregas, escuelas diferenciales, la escasa protección al anciano, al olifrénico residiendo en habitáculos de abrumadora sociedad. Los que no sirven y no tiene recursos económicos van a dejar a depósitos donde solo interesa el hombre como un número. No hay medios y servicios que los apoyen y no hay para que perder el tiempo.

De tal modo, ciertas teorías reformistas y terapias de rehabilitación resultan meras formulaciones que a lo sumo servirán para lucimiento intelectual en congresos y en las clases universitarias. La sociedad capitalista productiva e industrial y sus clases dirigentes han confundido el bien común con sus propios intereses. A este tipo de sociedad le es imposible programar serias eficaces medidas de prevención, desarrollo y asistencia. En ciertos casos resulta mucho más fácil y expeditivo reprimir, deposita, contener. El saldo recuperable será salvado y el resto que corra su impreciso o demasiado preciso, según se vea destino.

Se crean mecanismos de etiquetamiento y títulos que sirven para descargar como antaño el oprobio y los temores de los sanos, de los no viciosos, de los blancos, de los juiciosos, de aquellos para los cuales el equilibrio está siempre en

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el centro y han sido declarados aptos para la visa. En una sociedad de producción y consumo, altamente tecnificada, el fracaso es siempre un polo negativo.

No hay duda de que las leyes las crean y las dictan las clases dominante, leyes para corregir en provecho propio la realidad, m no para captarla. Así también ocurre en países de orbita marxista. No cabe duda de que hay que ampliar el campo nosológico y conceptual de la victimología. Podría decirse que la sociedad de capital y consumo ha creado marcos de ideologización que le permite victamizar a una cantidad notable de seres humanos, delincuentes, locos, enfermos, minorías raciales, menores, oligofrénicos, ancianos.

Dentro de circulo de la política de la criminológica, que es la consecuencia de otro círculo concéntrico mayor de política social general la victimología debe proclamarse una ciencia para la libertad y la liberación moral y material de todo tipo de victaminizados, delincuentes marginados y sumergidos sociales, que abarca también a damnificados por los accidentes de trabajo, sin olvidar a la sociedad, o gran parte de ella, cuando se trata del abusivo poder gubernamental.

Casos de victimización mediante ley penal. Drogadictos.-

Un caso típico de victimización desde la propia ley penal que ejemplifica buena parte de lo sostenido anteriormente, lo proporcionan en distintos países, las normas implementadas con motivo del masivo uso y consumo de drogas, especialmente por los jóvenes. La ley crea delincuentes donde hay enfermos. Cualquiera sea la clase social de estos jóvenes, no cabe duda de que estamos frente a un grupo contestatario o si se quiere de contracultura, sus interrogantes no aceptan las pautas de civilización que se pretenden transmitirles. El dique que articulan es la droga que supone huida de la realidad social circundante, elación, búsqueda de nuevos influidos, nuevos mundos sensibles a través de los que se ha dado en llamar paraísos artificiales.

En nuestro país se reprime la simple tenencia de drogas como delito de mera actividad y peligro abstracto. Ocurre, entre tanto, que la represión nos pone frente

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a circunstancias tan paradojas que lindan con la hipocresía. Por un lado el uso y consumo del alcohol, propiciado, amparado y bendecido legal y públicamente, que llega como aguardientes a manos de enormes cantidades de gente humilde, el hecho de que en cualquier hogar haya buena cantidad de psicofármacos que contienen barbitúricos o anfetaminas, indica que se auto médica mucha gente adulta.

Lo toman en ciertos casos, para insertarse útilmente en la vida diaria o bien para poder dormir. Ello implicaría la existencia de drogas legales, y otras, las mimas que no son cuando se refieren a los jóvenes. Las penalidades, por más draconianas que sean.

En el caso de los drogadictos, o de otros grupos victimizados por la sociedad, no hay una actitud honesta que respete al hombre en su dignidad y lo arranque del mundo obnubilado y sin rumbo, mediante un serio tratamiento de desintoxicación y psiquiátrico constante. Ya se sabe que para ciertas psiquiatras, para el mismo caso se pueden utilizar varios tratamientos: lobotomía, profusión de barbitúricos o psicoterapia según las condiciones económicas del paciente. De ahí que los drogadictos han comenzado en nuestro país y en otros de Latinoamérica, a celebrar reuniones de desintoxicación y reparación psíquica tal como lo hacen los alcohólicos anónimos.

Victimización del procesado. Las torturas y apremios ilegales.-

No menos importante y complementaria, que nadie puede ser declarado autor de un delito sin juicio previo la interpretación y aplicación procesal en nuestro país, mientras no se efectúan estructurales modificaciones, son violatorias de esta última norma. Las cárceles están repletas de detenidos preventivamente.

Hay un despendio de medidas asegurativas o cautelares sin que existan posibilidades de excarcelación por mandatos de códigos procesales inquisitivos o por pre adjudicaciones judiciales efectuadas a poco andar.

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La situación aguijoneante del procesado deviene de múltiples factores que parecen endémicos en toda América latina. A la incertidumbre que acarrea su perdida libertad, se liga al hecho de la convivencia forzada, días de ociosidad los procesados no trabajan por Ley y generalmente no hay trabajo para ellos si así lo quisieran reconocimiento sexuales y la problemática familiar.

Ello entronca con el tercer punto en análisis. La familia, mujer e hijos y aun las madres se ven privados además, económicamente. Este éste un castigo accesorio y no querido por la Ley. La mujer debe mantener el hogar y en muchos casos se ve obligada a ganar en la calle y no pocas veces deslizarse hacia la prostitución. Los niños también ganan la calle y se engendra o vigoriza el circulo delictual. Más materia prima.

En la Latinoamérica, durante las dictaduras militares se robustece el temor que los uniformes infunden a los habitantes y, concomitantemente, la proyección agresiva de quienes los usan. La tortura y el apremio ilegal aparecen formar parte del proceso penal.

Tras la tortura devienen nuevas humillaciones que victimizan al procesado. En sede judicial explicará cómo fue torturado y apremiado ilegalmente por malos funcionarios policiales que podría reconocer por sus voces, muestra sus heridas constatadas por médicos forenses. Tiempo después, tras reflexionar, explica que no reconocería a los Policías o dice haber recordado que se cayó en el calabozo estando solo y se lastimó. Que ha pasado la víctima, que lo es de un delito, tiene miedo a una venganza que tarde o temprano puede recaer sobre él o su familia.

Torturas y vejaciones, tratamiento cruel, incomunicado en pestiles calabozos policiales, inexistencia de asistencia penal en dicha sede, sobre todo en casi de gente modesta, pre adjudicación en su contra que deniegan su libertad, existe más bien en las cárceles un procedimiento penal inquisitivo y escritural de dimensiones matusalénicas, el ambiente carcelario que implica de por si una nueva vejación, el sufrimiento de su familia que debe reacondicionar su vida porque no que aportar ingreso alguno, son formas de victimización del procesado

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para que la Ley ha creado una presunción de inocencia hasta que una sentencia decida lo contrario.

Victimización al condenado en prisión.-

Expresa Rodríguez Manzanera que la administración de justicia puede en ocasiones ser tan severa en su excesiva dureza convierte al victima rio en víctima. En este importante punto agreguemos que es común que, aunque la pena impuesta por el juez sea justa, los órganos encargados de la ejecución de la pena victimicen al sentenciado por la carencia de instituciones adecuadas, de personal preparado y de medio en general. Debemos recordar la frase de Quiroz Cuarón: Pena sin tratamiento no es justicia, es venganza.

La violación explicita de la Ley se celebra como ritual ancestral en nuestro país cuando se alude a la tutela de cárceles. Las cárceles no son sanas ni limpias. Son sus pocilgas infectas, lóbregas, que se delatan por su sola arquitectura vieja laberíntica.

En algunos capítulos la sociedad carcelaria y el problema sexual en las cárceles, he reflejado las penurias que implican la privación de libertad, el castigo de Ley y la agresión de los propios funcionarios y guías de las cárceles.

Hoy existe en casi todo el mundo un movimiento cada vez más activo que expresa su repulsa y que así como alguna vez me dijo no a la pena de muerte, se pronuncian similares palabras, no a los establecimientos de máxima seguridad. Se espera que la mente humana pueda iluminar el tema con nuevas fórmulas e ideas, ya es hora de que en nuestro planeta unos hombres sigan victimizando hasta la crueldad a otros hombres.

Preconizo la personalización de la pena en establecimientos de menor seguridad, fundamentalmente abiertos y medianas alternativas de esa pena en la ejecución penal. No cabe duda de que la pena privativa de libertad en sus dos siglos de existencia, se ha utilizado con excesiva generalidad y las instituciones que la

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adjetivan y en las que se cumplen tales penas, aunque muchas veces conjuntamente con quienes sufren proceso son y sirven para victiminizar para degradar. Como si la vindicta social y el contragolpe debiera ser persecutorio.

El sentido de expiación ínsito en la pena debe expresarse solamente por medio y en el momento de la sentencia condenatoria. A partir de ella es preciso mirar hacia el futuro y dar al hombre que debe, tarde o temprano, regresar a la sociedad, las posibilidades que redunden en su propio beneficio, el de su familia y la propia sociedad, sobre la base de trabajar mientras cumple la pena y recibir una remuneración, seguros y cargas sociales, similares a las de un operario o empleado libre. Ella le permitirá mantener a su familia moral y materialmente abandonada.

A fin de reemplazar a la prisión de máxima seguridad, que solo podría ser útil para un mínimo de reclusos de real peligro social, y mientras no se busquen otras soluciones, habrá que alentar la esperanza de dar a esos reclusos un crédito de confianza, remitiéndoles a un panal de menor seguridad. Muchas sanciones a prisión deberán en el futuro ser reemplazadas por la pena de multa o los pagos compensatorios efectuados a las víctimas como sanción penal.

Entre tanteos y hallazgos empíricos, cabe preconizar ciertas medidas de seguridad educacionales y penas si encierro ni forma asimilar semejante con tratamiento de carácter deambulatorio. Es preciso incrementar y aplicar a mayor número de casos la libertad vigilada. Se trata de obviar el envió discriminado y masivo a la prisión tradicional y remoción en ciertos casos de la privación de la libertad.

Nadie honradamente ignora que son y que implica los prisioneros por dentro. Los reclusos son víctimas de una ideología adjetivas por instituciones de segregación y encierro, que se han prolongado en el tiempo. A las agresiones del medio. Las violencias físicas y morales a que están sometidos estos hombres rotos, solo refuerzan el denominador común del odio y del resentimiento, generando mayor violencia. Esto se pone de manifiesto frente a una revuelta o motín en las

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cárceles. Hay un especial y sobreentendido conciliábulo entre los encargados de explicar y los encargados de juzgar, todo termina en un vasto silencio.

El liberado como víctima.-

Cuando se egresa en libertad, así fuera condicionalmente, suele recomenzar un ciclo infernal. Si el liberado no tiene familia que lo acoja y ayude, si aun teniéndola, carece de trabajo y posibilidades inmediatas, se desespera y vuelve a una situación victimal.

No hay empleo para el recién liberado, deambula y cuando esta por lograrlo y consolidar sus afanes de una vida arreglada a pautas normales, surgen sus antecedentes. En la sociedad post industrial y tecnificada, las empresas tienen siempre conexiones policiales infalibles. Estoy refiriendo una situación común y diaria.

Es preciso decirlo cara a la Ley, la culpa penal no se termina de pagar nunca. Se vuelve entonces al amigo ocasional que se ha conocido en la cárcel, o del amigo del antes de caer detenido. Lo que se ha dado en llamar el hampa se le brinda y lo acoge como una madre, pero como una madre a fin.

El liberado proporciona un ejemplo típico que resume y sintetiza los estrados de la victimización el sistema penal y social. Explica como inalterablemente de nada sirve esa filosófica declamada por el Estado y sus dirigentes sobre las bondades del sistema penal o de las leyes en sí.

Cárceles y prisiones no hacen más que desnudar la ideología de los factores de control social de un sistema político o, aún mejor de cierto tipo de gobierno. Esta todo montado de tal manera que parece imprescindible las existencia de un cupo delincuencial y de seres ostensiblemente victimizados para que esa ideología y las instituciones que la adjetivan sigan su preciso rumbo.

- 102 - 2.2.8. Sanción penal a la víctima.-

Una de las formas más fáciles y prácticas de reducir el impacto victimológico es la prevención y en el caso de que la víctima imprudente o provocativa tuviere el 100% de participación en su victimización, deberá someterse a la acción penal.

Conductas bilaterales.-

Uno de los aspectos más novedosos que propone la victimología es la sanción penal de la víctima. No a toda victima sino a la que ha contribuido a desencadenar delitos en que se quedó a medio camino de ser ella misma delincuente y le falto suficiente ductilidad o se apresuró o, más exactamente, se vio superada por el delincuente.

Otro aspecto que pretende ahondarse es el de sentencias más justas a partir de la conceptuación precisa del juzgador sobre el ofendido, como desencadenante del suceso que llega a la justica a fin de evacuar la culpabilidad y responsabilidad penal del prevenido. No me refiero especialmente a los casos de legítima defensa en que victimario se vio compelido a desenvolver su conducta insistente, persecutoria, o aquellos casos en que la víctima coadyuva o coopera, sino a otros en que ha tenido voluntariamente un relevante papel en la criminodinamía.

Es que generalmente se trata de describir en sus más mínimos detalles la conducta del autor, pero una completa valoración no puede dejar de lado lo concerniente a la víctima para cotejar estas conductas y reconstituir lo que en victimología se denomina pareja penal. Todo el comportamiento de la víctima, no solo el del inicio del hecho sino también su reacción, como fueron sus actitudes, su comportamiento posterior, no puede pasar desapercibido para el juzgador porque ella no es completamente ajena a la acción. Siempre cabe la posibilidad de que pudo ser coparticipe.

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Resultará imprescindible el estudio biológico, psíquico y social de la víctima, claro está que no en todos los delitos. Así como en los expedientes penales sueles

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