VERTEBRAL
Es importante no intelectualizar en exceso el proceso de rodar una película y, sobre todo, no hay que hacerlo durante la filmación propiamente dicha. Es posible que reflexione mucho sobre la película antes de hacerla, y después también,
pero trato de no pensar demasiado cuando estoy en el plató. De la manera en que trabajo, intento determinar tan pronto como sea posible cuál es el tema de la película, qué idea central se expresa a través del argumento. Una vez que ya lo sé, una vez que me he imaginado un principio unificador, cualquier decisión que tome
durante el rodaje se verá influida por ese principio y, por lo tanto, responderá a una cierta lógica. Y, en mi opinión, el éxito de la película depende de si las opciones que escoges en el rodaje, en tanto que director, se mantienen fieles a la idea original o no.
Por ejemplo, Los tres
película sobre la confianza. Robert Redford interpreta un personaje que enseguida confía en la gente y que aprenderá a ser más desconfiado. En cambio, Faye Dunaway interpreta a una mujer que no confía en nadie y que, gracias a esa situación dramática, aprenderá a abrirse a los demás. En Memorias de
África la idea central es la
posesión. Trata de Inglaterra intentando poseer a Africa y de Meryl Streep intentando poseer a Redford. Si tomas ambas películas y las analizas, secuencia a secuencia, sería capaz de justificar todas mis elecciones, como cineasta, a propósito de los respectivos temas.
Es un proceso que suelo comparar con la escultura: empiezas con una especie de columna vertebral, como un esqueleto, y poco a poco lo recubres de barro y le vas dando forma. La columna vertebral es lo que sostiene todo; sin ella, sencillamente, la escultura se vendría abajo. Pero esta columna debe ser invisible, si no lo echa todo a
perder. Y pasa lo mismo con una película. Si alguien sale de ver Los tres días del
cóndor y dice: «Oh, es una
película sobre la confianza», entonces he fracasado como cineasta. El público no debe ser consciente de ello, lo ideal es que lo comprenda de una forma abstracta. Pero lo importante es que todos los aspectos de la película sean
coherentes, porque está motivada por ese tema.
Incluso la proyección debe reflejar la idea central del filme. Por eso me gustaba tanto la pantalla ancha. La mayoría de las películas que hice en mis comienzos se rodaron para pantalla ancha, porque creo que te permite utilizar el fondo como reflejo, casi diría que como
una metáfora de lo que está sucediendo en primer plano. Cuando hice Danzad, danzad,
malditos, insistí en que se
rodara para pantalla ancha y nadie entendió el motivo, porque transcurre en interiores casi todo el rato. Pero es una equivocación pensar que la finalidad de la pantalla ancha es mostrar grandes paisajes. La
auténtica finalidad es componer fotogramas que tengan una gran tensión y movimiento en el interior, sacar imágenes que requieran un sentido del espacio. Y es que, aunque encuadres a dos personas en un primer plano, sigues teniendo espacio para ver el fondo que tienen detrás. Si hubiera rodado
profundidad de campo, se vería a dos personas bailando y nada más. Se perdería la sensación de toda la locura que les rodea.
Es una ironía que el primer filme que no rodé para pantalla ancha fuera
Memorias de África. Puede
parecer extraño, porque realmente es una película que requería un formato tan
grande como fuera posible, pero por entonces era mediados de los años ochenta y me di cuenta de que mucha gente iba a ver la película en vídeo. No quería que la destrozaran en la pequeña pantalla.
HAGO PELÍCULAS
PARA PLANTEAR
El único modo de hacer películas para un público es hacerlas para ti mismo; no por arrogancia, sino simplemente por razones prácticas. Una película tiene que ser entretenimiento, es una verdad como un templo. ¿Pero cómo puedes saber lo que va a gustar al público? Tienes que utilizarte a ti mismo como referencia. Yo
lo hago, aunque a veces me equivoco. Cuando hice
Havana (1990), me
equivoqué, pero hoy volvería a hacerla de la misma manera.
Elijo los proyectos que me interesan y he tenido la suerte de que. casi siempre, mis películas también han interesado al público. Sin embargo, si hubiera tratado
de adivinar lo que el público quería ver, estoy seguro de que habría fracasado, porque es como intentar resolver un problema matemático muy complejo. Así que hago películas sobre cosas que me fascinan, sobre relaciones en su mayor parte, como ya he dicho. Trato de hacer películas que planteen preguntas más que dar
respuestas, filmes que no lleguen realmente a una conclusión, porque no me gusta cuando una persona tiene razón y otra no. Me refiero a que, si sucede así, no merece la pena hacer la película.
La mayoría de películas que he hecho incluían una discusión sobre la manera de vivir de dos personas. Debo
admitir que suelo ser un poquito más comprensivo con las mujeres que con los hombres. No sé bien por qué, pero en mis películas las mujeres acostumbran a ser un poco más inteligentes o poseer una visión más humanista de las cosas. Sucede así en una película como Tal como éramos . Si se observa el personaje de
Barbra Streisand en el filme, diría que, aunque tiene muchas cosas tontas, a la larga puede que tuviera más razón que él. Y por eso gran parte del trabajo que hice en el filme, desde el primer momento en que empecé a trabajar en él, consistió en reforzar el papel del hombre, interpretado por Redford, porque en el guión original
ella era una mujer muy apasionada y comprometida, y él no era más que un tipo al que le daba todo igual. Fue demasiado fácil y no resultó fascinante. En mi opinión, la pregunta interesante es: ¿cómo tomas una decisión cuando dos personas tienen un argumento válido? Puede
que tenga ideas
determinados actos morales, pero no cuando se trata de la relación entre dos personajes. Y creo que cuanto más difícil es determinar quién tiene razón, mejor es la película.
UN DIRECTOR
EXPERIMENTA EN