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Grouping 5 High variable importance and low correlations

5.1 Final Thoughts

J u u o Fe r n á n d e z Bu l t é

re sp o n sab ilid ad es d iv e rsa s. Aristóteles señala a los tesoreros, poletes,

lo s .\, también con funciones financieras y los naucráros que

y a d irig ía n las uciucruíius.

C aí .¡eterizan d o las medidas esenciales de las reformas de Solón, dice S tru v e: “H a c ie n d o menguar los intereses de la nobleza terrateniente, as leyes de S o ló n abrían camino a las relaciones esclavistas. La intro­

d u cc ió n del c e n so de b ienes reducía a cero los privilegios políticos de los eu p átrid as. E l p apel principal para llenar los cargos sociales ya no lo d esem p eñ ab a la n o b le z a de origen, sino la situación económica. El ac-

i eso a la a d m in istra ció n , celosamente custodiado hasta entonces por las

i rorrv c a ti v a s cre a d a s por el régimen gentilicio, quedó despejado y ¡b ie n o a las p erso n as p u d ien tes que habían salido de las filas del de-

l.n geis, s in te tiz a n d o ,u n a valoración más profunda dice: “había na i ciad o una serie de las llam adas revoluciones políticas, mediante la . .iv asi ni en el á m b ito de las relaciones de propiedad”.39

- --s r e fo rm a s de S o lo n d e s p e rta ro n las naturales reacciones de la :>'•!< - te rra te n ie n te y se p ro d u jo la lucha social posterior a su muer-

e, cjue c u lm in ó c o n la tira n ía de P isístra to .

..a i ¡ra m a de P isístra to tu v o una evidente base popular; aupado al r p o i lo s.d ia cfib s,40 tu v o necesariamente que ser consecuente con

y su g o b iern o , llen o de azares e interrumpido por dos destierros,

-v 1 p resid id o p o r u n afán de elevar las condiciones de vida de los a c r u .... Sin e m b a r g ;., p o ca s e intrascendentes medidas adoptó Pisístrato

- ’ ■ io n c o n la vieja o rg a n iz a ció n política heredada de Solón. Su

p< a a so cia l y e c o n ó m ic a , así c o m o internacional, no dejó de signifi- ear un re sp iro y u t: p e río d o de relativa estabilización de la vida de las . p p o p u lares .aen tenses, al punto de que su gobierno fue recordado p o r la ira .lic ió n p o p u la r c o m o “la d o ra d a edad de Cronos”. No pode- ais en u n a o b ra c o m o esta e n tra r en mayores consideraciones sobre cu estio n es que a tañ en a la h isto ria general, como son las relativas a la : 'v v. ionada p o lítica so cial y económica de Pisístrato. En general, bas-

, Ibídem, p. 177

-Oí.k -ios. Después de la muerte de Solón, agudizadas las luchas políticas en Atenas, se 'rabian deslindado perfectamente tres grandes corrientes ideológicas: la formada por

os pedieos, moradores del Pedión, donde se concentraban las mejores tierras áticas y quienes constituían la aristocracia rancia terrateniente; los diacrios, que eran los ¡pequeños agricultores, y labradores de Diacria, precisamente la parte menos fértil del Atica. Aristóteles señala que a ellos “se habían adherido también aquellos que habían perdido su dinero entregado a préstamos y los hombres de origen impuro”. Final­ mente estaban los paralios, moradores de la zona costera del Atica y el Pireo, que constituían elementos heterogéneos.

Pisístrato, durante la guerra contra Megara por la isla de Salamina, se había apoyado militarmente en los diacrios y era aupado por ellos. Se convirtió en su genuino paladín.

Es t a d oyd e r e c h oe ng r e c ia 197

taría la caracterización de Engels, relativa al gobierno de Pisístrato: “La permanencia en el poder de Pisístrato no dejó rastro alguno por su breve duración”.

Como señala Struve, esta interpretación de Engels, realizada en 1884, con escasos datos históricos, fue confirmada ulteriormente con la apa­ rición de L a política de Aristóteles. En un lugar de su mencionada obra el estagirita dice en relación con Pisístrato: “era en general un personaje humanitario y bondadoso, condescendiente con los que caían en una falta; incluso proveía por adelantado de dinero a los pobres que iban a trabajos rurales, para que pudieran alimentarse mientras se ocupa­ ban de la agricultura...”; pero a pesar de esas ponderadas razones en favor de Pisístrato, todo el contexto de su gobierno, evaluado en su alcance pleno, hace confirmar las apreciaciones de Struve en el sentido de que Pisístrato no hizo variar en nada la estructura del Estado ateniense.

Posteriormente, al ser liquidado el gobierno de los llamados pisistrátidas, se producen las decisivas reformas sociales de Clístenes. A propósito de ellas Engels señala que la aristocracia hizo la tentativa de recuperar sus viejos privilegios y triunfó por un corto tiempo hasta que la revolución de Clístenes la abatió en definitiva y, junto con ella, a los últimos restos del régimen gentilicio.

Veamos, de forma breve, como quedó organizado el Estado después de las referidas reformas de Clístenes.

En general se mantiene la trilogía de órganos gobernantes en Atenas, que constituye un rasgo común en la mayoría de las polis-estados grie­ gas: pueblo, consejo y dirección central administrativa. El antiguo Bulé,

Consejo de los Cuatrocientos, es abolido; y en su lugar se erige el Consejo de los Quinientos, con representantes de las distintas tribus.

Cada grupo de cincuenta miembros del consejo constituye una Pritania,

que preside al segundo órgano de la trilogía gobernante, la Eclesía o Asamblea del Pueblo. Esa presidencia la ejercen durante treinta y cinco días consecutivos. En realidad, el Bulé, ahora Consejo de los Quinien­ tos, llega a convertirse en un consejo deliberativo que prepara los pro­ yectos de ley sometidos a la Eclesía.

Esa Asamblea del Pueblo, en la que tenían entrada todos los ciudada­ nos, tuvo poderes legislativos. Desde el 510 hasta el 487 nombró directa­ mente a los arcontes, hasta que en ese año comienza la elección por sorteo para evitar que algunos grupos pudieran detentar especialmente el po­ der. Junto a los arcontes, a partir del año 501, se eligen ya diez estrategas que forman un colegio militar encabezado por el arconte polemarca.

El mismo arcontado, como hemos visto, aunque subsiste, sufre sen­ sibles limitaciones en sus viejas prerrogativas. Además, Clístenes intro­ duce la práctica del ostracismo, es decir, el destierro de las personas

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sospechosas. Struve describe perfectamente el procedimiento seguido: Cada sexta pritania (que coincidía con el comienzo de nuestro año), a la Asamblea Popular se le planteaba la pregunta de si habría que recu­ rrir al ostracismo en el año en curso. En caso de respuesta afirmativa, se hacía una votación en la octava pritania, para resolver quiénes serían sometidos a la medida. Para la validez de la votación se requerían no menos de seis mil votos. La persona cuyo nombre estaba en el mayor número de tejuelos empleados para votar, debía abandonar los límites del Atica en un plazo de diez días, por el término de diez años, sin perder empero, los derechos a sus bienes.

El desarrollo de la democracia ateniense tiene su momento cenital con el nombramiento de Pericles como estratega, en el año 444, y su reelección durante una década.

El gobierno de Pericles y el apogeo de la democracia esclavista ateniense estaban preparados por todo el desarrollo anterior de la eco­ nomía y la política áticas. Bien dice al respecto Georges Perrot que Solón preparó la democracia, la hizo posible y concibió la ciudad como una asociación política, con espíritu laico. Los restantes —sigue señalan­ do—, Clístenes, Arístides, Efialtes y Pericles, la llevan a la perfección.

Veamos sucintamente la estructura del Estado griego en el momen­ to de más esplendor de su democracia esclavista.

La base del edificio institucional ateniense estaba en la Asamblea del Pueblo o Eclesia.Estas asambleas se celebraban primero en el ágora, la plaza del mercado. Luego en un recinto, pnjx,donde estaba la tribuna de los oradores en la colina, mientras el pueblo se situaba en las laderas. En esas asambleas participaban unos 5 000 ciudadanos, lo cual limitaba su intervención en las discusiones, más si tenemos en cuenta que en ocasiones especiales el número de asamblearios se elevaba hasta 8 000 ciudadanos.

En la época de Solón, la Asamblea del Pueblo se reunía regularmen­ te para elegir magistrados y para que estos le rindieran cuenta. Después de Clístenes, se celebra solo una asamblea por pritania, es decir, aproxi­ madamente cada 35 días. En el siglo iv hubo cuatro asambleas por cada pritaniaque eran conocidas como asambleas legales o principales, pues había también asambleas extraordinarias, convocadas por los heraldos.

Se ha tratado de demostrar que se celebraban asambleas los días 10, 20, 30 y 33 de cada pritania. Cada una de esas asambleas conocía un asunto distinto: la primera tenía por objetivo confirmar magistrados o revocar nombramientos: escuchar denuncias y conocer las listas de bie­ nes confiscados por condenas judiciales. La segunda tenía un marcado contenido judicial de alta instancia, pues conocía las reclamaciones de ciudadanos en asuntos de interés público y privado. La tercera asam­

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blea se daba para conceder audiencia a los heraldos y embajadores ex­ tranjeros, previa entrega a los llamados pritanos (porque pritania es la división decimal del año) de los mensajes. Finalmente la última asam­ blea tenía un carácter religioso, pues se dedicaba al culto y las ceremo­ nias de los dioses áticos.

En general la asamblea podía apartarse de esta reglamentación si las circunstancias lo exigían. Es bueno indicar que un rasgo de alta organi­ zación se advierte en el hecho de que en cada Asamblea se redactaba el orden del día, y si este requería modificación, el Consejo la aprobaba reuniéndose antes de la Asamblea.

Por último, podemos decir que tenían derecho a asistir a la asamblea los ciudadanos atenienses, varones y mayores de 20 años.

Conjuntamente con la asamblea existía el Consejo de Ancianos, Bulé antiguo, Consejo de los Cuatrocientos y finalmente Consejo de los Quinientos. Es preciso indicar que las atribuciones de ese Consejo —que en ocasiones ha sido comparado con una especie de senado e incluso con el romano— fueron ampliándose no solo por su contenido de cla­ se, sino también por otras cuestiones simples de operatividad. Hacién­ dose muy difícil la elucidación de los complejos problemas políticos y administrativos de Atenas en el marco de una asamblea bastante difusa como la Eclesia, fue necesario ir atribuyendo al consejo facultades espe­ ciales de organización que lo hacían proclive a detentar con decisión el poder en los asuntos fundamentales.

Ya durante Clístenes se establece que la preparación y elaboración de los asuntos antes de su discusión en la Eclesiacorrespondía al conse­ jo. Su composición, conforme a los antecedentes que hemos dejado expuesto, varía profundamente. Durante Solón estaba integrado por 400 miembros, es decir, 10 por cada tribu, electos entre las tres prime­ ras clases. Con Clístenes su número se elevó a 500, o sea, 50 por cada tribu; posteriormente se dio acceso al arcontado y al consejo, a los miembros de la última clase. Se exigía, además de la condición de ciuda­ dano y varón, tener más de 30 años, hasta que llegó a aplicarse el sor­ teo. Ya durante la guerra del Peloponeso, bastaba tener la edad, dar su nombre al magistrado y sacar de la urna de sorteo un haba blanca.

Sin embargo, antes de tomar posesión del cargo, el miembro del consejo sufría un examen previo denominado dokimasiay que se refe­ ría a sus antecedentes, vida pública y privada.

Los miembros elegidos debían jurar todos los años que iban a desem­ peñar los servicios que de ellos se esperaban y cumplir los deberes que les imponía el cargo. Hay que señalar que el nuevo carácter y conteni­ do económico del consejo se evidencia en que los cargos comienzan a ser remunerados: recibían un dracma de pago por día.

En cuanto al trabajo operativo del consejo es preciso decir que se dividía en comisiones. Durante el tiempo correspondiente —35 o 36 días— ese grupo de 50 consejeros, llamados pritanos, ostentaba la presidencia del Consejo del Pueblo y de la Asamblea del Pueblo. Durante el tiempo de su pritania estaban de servicio los consejeros de esa tribu; las reunio­ nes se celebraban los días no feriados y las convocaban los pritanos. Es bueno señalar que se fue imponiendo la costumbre consistente que los restantes consejeros que no estaban de servicio no asistieran a dichas reuniones, a menos de tener un asunto particular que les interesara.

Los pritanos realizaban el estudio y preparación de los decretos que someterían posteriormente a la aprobación del pueblo reunido en el agora. Es evidente que, como señala Perrot, existía una gran preocupa­ ción por llevar el proyecto de ley a la Eclesiabien estudiado, examina­ do y discutido.

Ciertamente, el consejo tenía más facultades que la simple asesoría al pueblo, pues en realidad, sus atribuciones eran de doble naturaleza: comisión preparatoria de los servicios de la Asamblea Popular y auto­ ridad suprema del Gobierno y de la administración del país.

El tercer elemento de la trilogía gobernante; arcontes primero y estrategas después, fue igualmente elevando el conjunto de sus faculta­ des. En la época de Pericles los diez estrategas seguían recibiendo sus poderes por vía de elección anual; pero sus facultades eran verdadera­ mente extraordinarias. Encabezaban y mandaban la flota y el ejército, así como entendían de todos los asuntos de la política exterior y del Estado ateniense, al que representaban durante las negociaciones diplo­ máticas. Igualmente, se ocupaban de los asuntos financieros y adminis­ trativos. Podemos decir con Struve que tenían “las más altas funciones de poder militar, administrativo y ejecutivo”. Sin embargo, es bueno no perder de vista que esas atribuciones inmensas no les eliminaban sus deberes de rendimiento de cuentas al pueblo, reunido en la Eclesia; y que, en términos ideales y normales, no solo estaban supeditados a este sino también al consejo. Es preciso advertir además que los.estrategas no cobraban emolumentos, de forma tal que, como advierte Struve, solo podían aspirar al cargo personas de holgada posición económica.

Antes de concluir este capítulo, queremos señalar algunas ideas como conclusiones generales: como se advertirá, las polis-estados griegas, desde su origen, adoptan una forma de gobierno condicionada por su desa­ rrollo económico que, en distintos estadios de superación, puede ca­ racterizarse en general por la existencia de lo que hemos llamado una trilogía gobernante, esta tiene sus más viejos antecedentes en la organi­ zación gentilicia: el pueblo reunido en asamblea (vieja reminiscencia del ágora gentilicia), un Consejo de Ancianos, rememorador de una

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suerte de senado, con funciones de supervisión y consejo (elaboración posterior del Bulégentilicio) y algunos funcionarios con facultades más o menos generales y amplias que, sin embargo, están sometidos a los dos cuerpos antes citados (rememoración de los antiguos basileus).

En efecto, con la única excepción de las polis, en que imperan esta­ dios económicos muy atrasados —como fueron Creta, Micenas, etc.—, en las polis griegas desarrolladas a partir del siglo vi antes de nuestra era encontramos estos tres elementos.

Podríamos incluso ensayar una síntesis de esa coincidencia y decir: Esparta: la diarquía de la familia de ágidas y euripóntidas; la gerusiay la Apella. En Creta: cosmos, Consejos de Ancianos y Asamblea Popu­ lar. En Ática: arcontes y estrategas, Buléo Consejo y Agora o Eclesia. Sin embargo, es bueno precisar un detalle. No debe confundirse esta trilogía gobernante con la existencia de la llamada tripartición de po­ deres”. En realidad, aquí no hay división de facultades administrativas, judiciales y legislativas, sino que en el fondo cada uno de esos órganos suma las tres juntas. Constituyen aparatos que reflejan la evolucion económica y son en general representativos de las distintas clases pode­ rosas en pugna.

Por último, sería bueno decir dos palabras también sobre el caractqr de ese Estado democrático griego que encontró en Atenas su mas alta expresión. Ciertamente ese Estado democrático que sustituyo en el siglo vi antes de nuestra era a las antiguas aristocracias constituyo un progreso indudable en relación con estas, pero solo en cuanto que era portador y facilitador del desarrollo consecuente de las relaciones de producción esclavistas ampliadas. Esos estados democráticos lo eran solo para las clases esclavistas, comprendían solamente a los ciudada­ nos, excluyendo a los esclavos, las mujeres y los no nativos, ademas de amplias capas de la población más o menos degradadas como ios periecos, ilotas, etc. En realidad, no resulta hiperbólico decir que dis­ frutaba de los derechos democráticos solo una escasa minoría de la

poblacion. t r \ f

Era aquel un régimen de privilegio que tema su sustentáculo econo- mico fundamental en el trabajo de los esclavos. Como señala Robert Cohén, confiaba la dirección de los negocios a los privilegiados: los ciudadanos y dentro de estos, a los de las clases superior y media.

A la simple observación bibliográfica más elemental, es evidente que hasta finales del siglo xvm había claros conceptos sobre que era entendible como democracia.

Aristóteles había hablado de los tres sistemas de gobierno ideales o posibles y sus respectivas adulteraciones o alteraciones: el gobierno de uno, que es la monarquía, y que podía ser conducido en bien del pue-

Ju l io Fe r n á n d e z Bu l t é

blo, pero cuya deformación era la tiranía; el gobierno de unos pocos selectos, elegidos, casi simpre en función de sus superiores capacidades que era la aristrocacia, pero cuya falsificación o desnaturalización era

la oligarquía, y el gobierno de todos o de la mayoría, que era la demo­ cracia,, cuya deformación era justamente la anarquía.

Estas consideraciones estuvieron presentes, con pequeños matices de variación, en el pensamiento político antiguo, pasando por Platón y llegando a Polibio, e incluso en el de la modernidad, especialmente en el de Nicolás Maquiavelo.

Ahora bien, para todos los representantes de la sociedad feudal no cabía la menor duda de que las alternativas aceptables en cuanto a for­ mas de gobierno se establecían entre la monarquía y la aristocracia, pero todos rechazaban, con clara y absoluta unanimidad, cualquier intento de establecer un régimen que se aproximara siquiera a lo que desde Aristóteles se identificaba como democracia.

Cuando en la segunda mitad del siglo xvm se coloca sobre la mesa del debate político la forma que adoptaría la nueva sociedad que debía emeger del hundimiento de la antiquité, de la feudalidad, es cuando por primera vez se produce el enfrentamiento, en el seno ya del pensa­ miento Iluminista, entre dos caminos, dos modelos, dos proyectos que, de hecho, se debaten no solo como alternativas políticas, sino sobre todo como modelos ¿uspublicísticos, es decir, correspondientes al dere­ cho publico, al ordenamiento de la sociedad política, del Estado. Se enfrentan entonces el modelo latino, también llamado romano o anti­ guo, en tanto asumía la herencia griega, y el modelo anglosajón, de marcado caracter antipopular y promonárquico.

Es en esa oposición donde adquiere mayor claridad, y su significado funcional esencial, la noción histórica de democracia, ja cual se relacio­ na, en la historia del pensamiento político, con la forma griega y roma­ na de organizar, primero la polis, y en el segundo caso la res pública, la cosa de todos. A ese modelo que nadie duda entonces en calificar como democrático, se enfrenta el modelo antidemocrático, que quiere en­ contrar sus raíces en las practicas políticas de la monarquía británica modelo esencialmente antidemocrático por definición, pero que,

mutatis mutandi es el que pretende mostrar ahora como el único de­

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