Chapter 4: Symbolic Forms and Transformations
I. FORMS:
El movimiento ocultista ha sido siempre objeto de sospechas por parte de los poderes establecidos, lo que está hasta cierto punto justificado, ya que el secreto de que se rodea y con el que intenta protegerse atrae lógicamente la atención en lugar de evitarla; además, ese sigilo y secreto puede utilizarse como cortina de humo para otras actividades que no tienen nada que ver con el ocultismo, como se ha hecho con frecuencia en el pasado. En consecuencia, el ocultista no debe mostrarse resentido por las sospechas que él mismo ha provocado, sino esforzarse - utilizando para ello todos los medios a su disposición - por aclarar la situación, dar pruebas de su buena fe y llevar sus asuntos de tal manera que no sirvan de cobertura a quienes sólo pretenden sembrar confusión o hacer el mal.
Las influencias que operan sobre el mundo actual se agrupan bajo dos banderas, como han hecho siempre. La elección de bandera es cuestión de temperamento; y se ha dicho no sin razón que todo el mundo es radical en su juventud y conservador en su vejez. Descubriremos, por tanto, que los tímidos y aquellos que se han visto más favorecidos por la vida se muestran partidarios del conservadurismo, del mantenimiento del actual estado de cosas. Pero también nos encontraremos con que los espíritus más audaces, y aquellos a quienes el actual sistema social presiona más y trata peor, desean introducir cambios en el status quo, cambios a veces radicales. En ambos campos encontraremos hombres moderados y hombres extremistas; pues también eso es una cuestión de temperamento.
Los dos tipos opuestos de temperamento tienen dificultades para entender el punto de vista del otro; y los ejemplos más extremos carecen normalmente de la imaginación necesaria para concebir que puede haber un punto de vista distinto del suyo; por tanto, las relaciones tienden a volverse difíciles y llenas de acritud, y cada parte atribuye a la otra vicios que muchas veces no posee, o es conducida por sólo una minoría pequeña y escasamente representativa. El interés contribuye también a exacerbar la situación, pues cualquier ganancia por una parte se consigue a expensas de la otra. Los dos campos tienden a armarse, produciéndose una continua guerra de guerrillas entre ambos que, de cuando en cuando, se transforma en campaña bélica a gran escala.
Dentro de determinados límites, los dos aspectos son esenciales para el bienestar del cuerpo político, y la experiencia lo ha demostrado tan claramente
que una oposición bien organizada y reconocida se considera esencial para la marcha de una nación.
Pero aunque la polarización normal entre ambos puntos de vista es un fenómeno sano y contribuye a prevenir cualquier clase de extremismo - constituyendo al mismo tiempo algo inevitable en este universo, que se manifiesta siempre mediante pares de opuestos -, en ambos campos se encuentran también puntos de vista extremos que superan todo equilibrio y que, para decirlo una vez más en el lenguaje de la Cabala, son Qliphothicos, ya que tienden al Caos. El reaccionario empedernido se empeñará en salvar por encima de todo sus intereses, sean cuales sean las condiciones imperantes en el resto del mundo; mientras que, llevado por su odio a la situación existente, un anarquista exaltado estará dispuesto a hacer saltar todo por los aires, aunque caiga luego sobre su cabeza. Las personas razonables de ambos bandos miran con desconfianza a sus propios extremistas y son capaces de mostrar simpatía y respeto hacia sus oponentes.
Como hemos señalado ya, la elección de bando depende más del temperamento que de una convicción intelectual. Las personas que normalmente optan por el bando del cambio suelen poseer un temperamento más imaginativo e impresionable que aquellas que prefieren refugiarse en el conservadurismo, aunque no sea en el sentido estrictamente político de la palabra. Las primeras son las que mantienen los ojos y los oídos bien abiertos para cualquier novedad en cualquiera de las actividades del mundo; suelen mostrarse poco convencionales en la forma de vestir y comportarse; se dejan el pelo largo cuando los demás lo llevan corto, y corto cuando los demás lo llevan largo; en general reaccionan violentamente ante sus propios complejos, y no sólo ante los relacionados con sus ideas o convicciones especiales, sino en todos los aspectos de la vida, tanto en los hábitos sociales más insignificantes como en los aspectos más profundos y esenciales del espíritu.
Dado que el ocultismo consiste sobre todo en un punto de vista anticonvencional, encontramos entre sus adictos a un elevado número de personas de mentalidad abierta y liberal, y a una proporción comparativamente pequeña de personas conservadoras o de mentalidad convencional. No obstante, no deberíamos incurrir en la trampa de confundir el post hoc con el propter hoc. La gente no adopta puntos de vista radicales debido a las teorías o doctrinas que se les enseñe bajo el velo del secreto en logias ocultistas, sino que se convierten en ocultistas debido a que, de entrada, son ya personas de mentalidad abierta y dispuestas a la aventura.
filosófico, que, en su búsqueda de una explicación que le lleve hasta las últimas causas o raíces del descontento social, descubre que las enseñanzas esotéricas le permiten encontrarla, sobre todo en sus doctrinas sobre las mentes de grupo, las influencias sutiles y los ciclos evolucionarios. Ese reformador social estudia el ocultismo no con el propósito de aplicar una magia ritual a sus enemigos, como supone la imaginación popular, sino con el de llegar a comprender las causas últimas de las cosas.
Es raro encontrar fanáticos de un bando u otro en los círculos ocultistas, o, de cualquier manera, en círculos que no compartan punto por punto todas sus ideas. El exaltado posee una mente unidireccional, y está tan absorto en sus propias obsesiones que no le interesa nada más, ni tiene tiempo que perder en ello.
Por tanto, se comprobará que, aunque en los círculos ocultistas predominan las personas con puntos de vista avanzados y anticonvencionales, es por casualidad y por razones de temperamento, no debido a que las doctrinas ocultistas tengan nada que ver con la política.