Ante todo, Hegel ataca las tres expresiones tipicas del indivi- dualismo de su epoca, encarnadas en las celebres figuras del gozador, el sentimental y el virtuoso. En la Fenomenologia, un mismo destino espera a estos tres individualistas: renunciaran a la separation, se uniran a lo universal, se reintegraran a la historia.
No existe otra posibilidad para el hedonista. No parece que Hegel haya modificado jamas esta opinion. Los hombres con- sagrados al placer no estorban jamas el desenvolvimiento de la historia. Muy pronto se les arreglan las cuentas. De grado o por fuerza tienen que participar en la obra colectiva, como el resto. Por otra parte, no conviene abrumarlos: son mejores de lo que se afirma y de lo que ellos mismos creen. La in tendon que abrigan se trueca espontaneamente en su contraria. Parece que Hegel se inspira aqui en las ideas de Mandeville, que se habia esforzado espiritualmente por demostrar que los vicios particulares originan la prosperidad general, y, por lo tanto, sostienen la virtud. Aunque, es verdad, todavia nos pre- guntamos cuales son las intenciones mas reconditas de su Ffi bula de las abejas.1
La «doctrina» de Mandeville influia en el medio intelectual frecuentado por el joven Hegel. Hallamos una aplicacion evi- dente de la misma y casi una mera copia en una obra en la cual Archenholtz demostraba todas las ventajas que el comercio extrae de la prostitucion en Inglaterra. Describe la extraordi- naria amplitud de esta actividad en el Londres contemporaneo, y sostiene que la castidad podia arruinar a Inglaterra.2
1 £Hegel interpreto literalmente a Mandeville? Es sabido que Marx, en cambio, atribuira a las observaciones de Mandeville un caracter ironico y critico.
2 Archenholtz, England und Italien, Carlsruhe, 1791, II, pags. 232-33. Acerca de las relaciones entre el pensamiento de Archenholt y de
Hegel no parece dudar de este genero de «verdades», que ya sugieren el liberalismo economico.
Elige el ejemplo del amor sexual, que le permite destacar una superacion mas profunda de la singularidad en la universalidad. Quizas en esto lo inspira un modelo artistico sublime, el Fausto de Goethe.3
El individualismo hedonista vive en la abstraccion. Se despren- de de la totalidad, de la universalidad, desconfia de ella y quie- re escapar de sus leyes, a las que considera una restriccion. No aspira a alcanzar mediatamente la totalidad de la vida, y en cambio apunta al instante de goce. Asi como fracciona la sus- tancia espiritual, hace lo propio con la duration y la existencia. Aisla de ellas su propia persona, asi como los seres a los que adhiere. Aspira a reencontrarse inmediatamente en el amor. Se desinteresa del espiritu considerado en su generalidad, de la especie humana, de la moral social establecida y de la ciencia. Aspira al extasis de un instante, de lo que paradojicamente qui- siera que fuese eterno: «jSuspende tu vuelo!».
Pero lo que en realidad sera eterno no es el individuo y su feli- cidad fragmentaria, sino, al contrario, el genero y su necesidad inexorable. Hegel parece admitir que el enamorado no puede liber arse de la ley biologica de la reproduction. Schopenhauer desarrollara este tema y hablara de una «astucia de la especie», cuyas victimas permanentes son los individuos, que viven en la ilusion. El individuo busca el placer sexual, pero de esta bus- queda y de su satisfaction nacera un nino, que reune en si las singularidades momentaneamente agrupadas de sus padres. El genero, lo universal, triunfaran asi en su perennidad, mientras los individuos se ven condenados a la caducidad: «E1 hijo es la muerte de los padres».
Pero antes de consumar su muerte, el hijo atormentara a quie- nes cedieron a la tentacion individualista y pretendieron vivir fuera de las leyes. Es posible que en 1807 Hegel ya presintie- ra las inquietudes que le causara su hijo natural.4 En la obra de Goethe percibe un Fausto y una Margarita abrumados de distinto modo por el destino, un destino que sencillamente realiza la ley de la moral social.
Hegel, vease nuestro trabajo Hegel secret, Paris, Presses Universitaires de France, 1968.
3 En 1790 habia aparecido un primer fragmento de esta obra, cuya edicion completa corresponde a 1832: era aproximadamente la pri- mera mitad de la primera parte; vease J. Gauvin, «Plaisir et neces- site, I et II» , Archives de Philosophic, 1965-66.
El placer se supera espontaneamente a si mismo, y obtiene un resultado contrario del que se propoma. El que sonaba con una aventura excepcional volvera a las filas. El que pretendia emer- ger individualmente de la sustancia etica se vera brutalmente reincorporado a ella.
Es necesario vivir en el marco prescrito por las costumbres. No se trata de una obligation trascendente. Cada cual extrae esta lection de su experiencia personal, a su propia costa, y tam- bien es la ensenanza que se desprende de la historia colectiva. iFelizmente para ella! Si el individuo pudiese emanciparse del todo, romper todas las amarras, por eso mismo perderia su condition humana. Pero ademas, si se impusiera este tipo de comportamiento, el genero humano pereceria, y desapareceria la sustancia etica, la comunidad y la historia.
No hay por que temer este peligro. En realidad, el hedonista no puede realizar sus fines aislados. A1 alcanzarlos destruye el aislamiento que los caracterizaba y ejecuta un acto universal. El hombre autentico es el que asume esta responsabilidad social e historica.
Si persiste, el cxnico soportara el rigor de las leyes que infringio y que vengaran a la vida universal. Tendra que renunciar o someterse.
Hegel no condena su conducta con el pretexto de que no seria universalizable de derecho, o porque no podria justificarse ante el tribunal de la razon. En cambio, describe el movimiento necesario que la transforma en su contraria.
jNo hay nada que temer! Sea como fuere, el hedonista padece- ra, y el individuo se universalizara; sin quererlo e incluso sin saberlo el egoista trabajara para todos. Por veloz que sea la carrera del individuo en pos de la felicidad, la necesidad lo alcanza. Mas vale que consienta.