Chapter 4: Discussion
4.9 Future research
¿Qué soldado odia personalmente al turco cuando combate con él? Pero el turco le degüella, le clava la bayoneta, dispara contra él124.
A pesar de recibir las anteriores instrucciones y encaminarse con ellas a establecer una tregua con los turcos, Margliani manifestó pocos días antes, paradójicamente, su oposición a la negociación con el Imperio Otomano.
El 20 de junio de 1577 elaboró una relación de razones contra la tregua en una misiva que dirigió a Antonio Pérez. En ella denominaba al secretario «señor y protector», designación que correspondía con la recomendación que de Margliani hicieron el Marqués de los Vélez y Pérez para el negocio de la paz.
El milanés centró sus argumentos contra la tregua en el plano ideológico, diplomático, militar y económico. En el primero presentaba la clave misma de las continuas dudas hispanas en torno a establecer o no la paz con el Turco, la pérdida de autoridad y honor que habría podido simbolizar para el Rey Católico:
Condescendendo Sua Maestà alla suspensioni delle armi proposta, non viene egli a un certo modo a diminuire di quella oppenione nella quale con effetto vive di tanto catolico, propugnaculo et difensore della Cristianità et Santa Fede (?) Non viene a levar l’animo a tutti li principi cristiani che confinano con il Turco, li quali tutti si mantengono con l’umbra di Sua Maestà, et il Turco, per questa causa, ha lasato et lassa di esserle molesto (?)125
Según Giovanni Margliani, Felipe II pondría en entredicho su sobrenombre de católico si pactaba con el Infiel, y, de esta forma, haría también dudar, desesperar y peligrar a los reinos cristianos que lindasen con los otomanos. Además de a los pueblos y príncipes fronterizos con el Turco, la posible tregua haría desesperar igualmente a aquellos pueblos cristianos balcánicos que vivían sometidos al Imperio Otomano contra su voluntad.
Respecto a los motivos económicos, Margliani abordó el que sería el eje de la renuncia final de los hispanos a firmar una paz formal, la amenaza pontificia y el peligro de no percibir las Gracias eclesiásticas de la Cruzada y el Subsidio, concedidas para ayudar a
124 Fiodor Dostoievski,
Memorias de la casa muerta (Barcelona: Alba Editorial, 2010): pág. 268.
125 AGS, Estado, Castilla, legajo 159, ff. 29-30. Giovanni Margliani a Antonio Pérez, Madrid, 20 de junio de 1577. Los signos de interrogación se han añadido al texto original (ver anexo transcripciones, documento 23).
la lucha contra el Imperio Otomano: «Non si resiga di meter in qualche difficoltà le concessioni et gratie havute dalli Summi Pontefici (?)»126.
Bajo el punto de vista del milanés no representaría tampoco ninguna ventaja el que, fruto de esta tregua en curso, se iniciase el comercio, la relación e intercambios normalizados entre las dos potencias mediterráneas, pues seguramente esto acarrearía problemas con los otros príncipes cristianos con privilegios y relaciones comerciales antiguas con el Turco, refiriéndose presumiblemente a Francia o Venecia127.
Todas estas desventajas económicas, de reputación y diplomáticas se afrontarían para Margliani sin ganar nada a cambio, pues no se podía confiar en que los otomanos respetasen la tregua establecida y no atacasen las posiciones hispanas:
Tutti questi pericoli si vengono a correre a mio giudicio, senza speranza di reportar mai da questa suspensione un minimo utile, perché, non dovendosi di raggione Sua Maestà confidare mai di un Barbaro Infedele, le convenerà star sempre in continuo suspetto, et per conseguenza nella solita spesa, poiché sarà necessario, sempre che Sua Maestà intendarà che il Turco facia preparamento di armata, remediar et provedere alle cose di Malta, Sicilia, Sardegna et Regno di Napoli128.
El rey no podría jamás fiarse del que, para el capitán acostumbrado a combatir contra los turcos, era un bárbaro infiel, por lo que tendría que seguir armando y defendiendo cada verano sus posesiones mediterráneas, no ahorrando por tanto recursos en la paz para emplear en otros frentes de conflicto habsbúrgicos. Por si fuera poco, el sultán, sin la oposición de las armas hispanas, podría aprovechar el descanso bélico para atacar territorios venecianos como Corfú, lo que pondría aún más en peligro y en necesidad de defensa y fondos el centro del Mediterráneo del Rey Católico: Nápoles. Indefenso el Reino de Nápoles, Felipe II se vería forzado a firmar una nueva suspensión de armas, la cual establecería esta vez con evidente desventaja y a merced de los turcos.
Una vez barajadas estas hipótesis, la conclusión de Margliani fue clara: «Vedendosi adunque esser per usire da questa pratica danni manifestissimi et ni un servicio, merita il negocio molta consideracione»129. Aunque el milanés no se atrevió a desaconsejar claramente el negocio al monarca, la sugerencia se deducía de todos sus argumentos anteriores. Del balance mismo que hacía el emisario hispano se desprendía que, si de la
126 AGS, Estado, Castilla, legajo 159, ff. 29-30. Giovanni Margliani a Antonio Pérez, Madrid, 20 de junio de 1577. El signo de interrogación se ha añadido al texto original.
127 María José Rodríguez Salgado,
Felipe II, el “Paladín de la Cristiandad” y la paz con el Turco (Valladolid: Universidad de Valladolid, 2004).
128 AGS, Estado, Castilla, legajo 159, ff. 29-30. Giovanni Margliani a Antonio Pérez, Madrid, 20 de junio de 1577.
129 AGS, Estado, Castilla, legajo 159, ff. 29-30. Giovanni Margliani a Antonio Pérez, Madrid, 20 de junio de 1577.
práctica no se seguiría ninguna ventaja y sí muchos inconvenientes, no habría que firmar la paz.
Margliani contempló también la posibilidad de que el monarca decidiera continuar negociando con los otomanos a pesar de todos los impedimentos que él le había mostrado. En este caso, si la orden regia hubiese sido establecer la suspensión de armas, el milanés se permitía recomendarle, por medio de Antonio Pérez, recompensar bien a Mehmed Sokollu Paşa:
Perché, essendo stato quello che debbe haver mandato il vasetto d’oro con balsamo, et le lacrime, et altre cose, come Aurelio scrive, et essendo di natura di donar poco per haver assai, per esser avarissimo di condicione, et stabilindosi con l’authorità di esso Mahamet tutti li negocii, mediante questo reconosimento il stabilimento si farebbe con più vantaggio130.
Conforme a la tradicional visión de los cristianos, para los que los dirigentes otomanos encarnaban múltiples vilezas, como la avaricia, se habría podido garantizar el no deseado acuerdo, si ésta hubiese sido la voluntad de Felipe II, pagando convenientemente al Gran Visir.
Finalizaba Margliani su carta a Antonio Pérez excusando su descaro en dar consejos y tratar de influir en las opiniones y decisiones del rey y su secretario. En todo caso, como soldado habituado a luchar con el Turco, como militar hecho al enfrentamiento y a la violencia con el contrario, como guerrero excautivo y tuerto en la batalla, no podía sino oponerse a la paz con el que había sido su agresor.
Si bien estas recomendaciones de Margliani no fueron finalmente aceptadas por la cúpula regia, otras observaciones del nuevo legado hispano sí condicionarían las instrucciones y órdenes que se le entregaron para desenvolver su labor en Estambul. Así ocurrió con una de las preocupaciones principales del milanés, que era el viaje en compañía de Bartolomeo Brutti y la compatibilidad de los negocios que ambos dirigían, la tregua con los turcos y el alzamiento de Argel contra ellos.
El mismo 20 de junio escribió otra misiva, en este caso a Felipe II, recordándole cómo en su opinión era conveniente informar a Brutti del negocio de la paz para que pudiese efectuar con éxito un pacto con Mehmed Bey. El fin último de aclarar a Brutti los otros negocios en curso de la Monarquía Hispánica era que pudiese informar oportunamente al Bajá de Negroponte de ellos, sobre todo para que éste no dudase de la palabra del Rey
130 AGS, Estado, Castilla, legajo 159, ff. 29-30. Giovanni Margliani a Antonio Pérez, Madrid, 20 de junio de 1577.
Católico y pensase que iba a abandonar su trato por otro que se consideraba más provechoso, el de la paz:
Si ha da tener per fermo che Mahemet, così per essere huomo principale et introdutto come per esser il solito delli Basà Visir di magnificar et agrandir le cose dil Gran Turco per tener i populi in timore et sotto il giogo della tirannia, haverà di già saputa la negociacione de Don Martino. Sapendola adunque, et vedendo che per la parte di Vostra Maestà se le tenghi celata et occulta una negociacione di tanta importanza, doverà dubitare131.
Según el argumento del milanés, era presumible que Mehmed Bey estuviese ya enterado de la tregua en curso entre Felipe II y Murad III, tanto porque seguía conservando influencia en el gobierno otomano como porque el Primer Visir se habría encargado de esparcir y fomentar los rumores de paz con los hispanos. Igual que la Monarquía Hispánica trataba de ocultar a los ojos de los europeos el trato con el Infiel para evitar perder reputación, el Imperio Otomano veía en la publicidad del acuerdo una forma de conservar y engrandecer su honor, demostrando precisamente dicho acuerdo, desde su punto de vista, que, debido a su grandeza y poder, todos los cristianos se veían obligados a solicitarles la paz. De hecho, era la necesidad la razón que esgrimían todos los príncipes cristianos para pactar con el Turco.
Así pues, según Margliani, teniendo en cuenta que el Bey de Negroponte estaría avisado de los tratos de Acuña con Mehmed Sokollu por la indiscreción de ambos protagonistas y por sus propios contactos en el Diván, lo mejor sería informarle de esos tratos para evitar la susceptibilidad del alejandrino en torno a su propia negociación con el Rey Católico. Si Mehmed Bey creía que Felipe II le ocultaba un proyecto que parecía incompatible con el suyo, desconfiaría de la voluntad del monarca para llevar a cabo su plan. Es decir, si el bey sabía que se estaba negociando la paz con los otomanos y no se le daba ninguna explicación sobre ello, difícilmente iba a creer que la prioridad era ayudarle a él a hacerse con el gobierno de Argel.
Por consiguiente, para el embajador hispano se debería informar convenientemente a Mehmed Bey de la negociación que inició Martín de Acuña con Sokollu y que estaba por continuar el propio Margliani, diciéndole que el fin último de la misma era facilitar su levantamiento en Berbería, razonándole que la suspensión de armas con los otomanos permitiría que éstos disminuyesen sus fuerzas en el Mediterráneo, lo que redundaría en beneficio del propio Mehmed, de Felipe II y de sus planes conjuntos en el Magreb. Mientras los turcos estuviesen confiados en la neutralidad de los hispanos,
descuidarían la defensa de sus posiciones mediterráneas, y esto facilitaría que Mehmed Bey transformase Argel en un protectorado del Rey Católico:
Per levarlo adunque de dubio et mantenerlo in fede è cosa necessaria che il Bruti […] le dii parte di quello tutto si è tratato per don Martino, et lo faccia capace che la Maestà Vostra è venuta a condescendere a questa suspensione per facilitar la sua ressoluttione, dovendo esser più facile et securo a Mahemet a esseguire il suo pensiere retrovandosi il Turco lontano dalle cose di Barberia. Nascendo a Mahamet la medema secureza, […] venendo […] ad haver tempo di provedere et remediare alle cose sue, fortificandosi o come parerà conveniente, et non mancando per questo alla Maestà Vostra le ragioni et modo de diffenderlo et soccorerlo conforme all’apuntamento preso132.
La idea que debía transmitirse al ex Bey de Argel era que su plan, y no la paz con el Imperio Otomano, era el negocio principal para la Monarquía Hispánica. Las negociaciones para la tregua no interferirían en dicho plan sino para facilitarlo, pues mientras los turcos se encontraran desprevenidos tanto los hispanos como Mehmed Bey y sus fuerzas estarían alerta y rearmándose para conseguir el objetivo propuesto, la salida de Argel de la órbita turca y su entrada o vuelta a campo habsbúrgico.
Estas sugerencias de Margliani influyeron en la resolución final del rey sobre la tregua y el negocio de Mehmed Bey. De esta manera, en las instrucciones que se entregaron pocos días después a Bartolomeo Brutti y Giovanni Margliani para continuar con esos tratos, Felipe II autorizó e instó a su enviados a hablar a Mehmed Bey de la tregua y presentarla como un expediente, como un recurso destinado a facilitar su toma del poder en Argel133.
El milanés quiso también aconsejar al soberano sobre cómo actuar si, como era el deseo de Margliani, renunciaba a firmar un acuerdo con el Imperio Otomano. En este caso, el enviado hispano insistió en transmitir a Mehmed Bey que su proyecto era el prioritario. Si Felipe II decidía no continuar con la tregua, había que comunicarle al alejandrino que no se continuaba por él. El Rey Católico y sus enviados debían hacer creer a Mehmed Bey que se habían retirado de las negociaciones con los otomanos para no dificultar su proyecto en Argel:
Se anco la Maestà Vostra non inclinasse a questa suspensione, si potria per il Bruti far sapere a Mahemet che, havendo la Maestà Vostra havuto qualche pensiere di far una suspensione di arme, mandò a tal effetto a don Martino. Che, essendo poi capitato esso Bruti con la letera di esso Mahemet, et essendosi vista et considerata l’offerta et bona voluntà che mostrava, che haveva deliberato abandonar a fatto il primo pensiere per abbraciar la sua protettione134.
132 AGS, Estado, Castilla, legajo 159, f. 40. Giovanni Margliani a Felipe II, Madrid, 20 de junio de 1577. 133 AGS, Estado, Castilla, legajo 158, f. 28. “3º. Copia del advertimiento que se dio a Juan de Marliano”, El Escorial, 24 de junio de 1577.
Margliani expuso al rey la forma de presentar al Bey de Negroponte la paz o su renuncia desde argumentos muy diferentes y hasta contradictorios. Lo que para el milanés quedaba claro es que era fundamental conservar el negocio de Mehmed Bey por si se abandonaba o fracasaba el de la tregua. Para ello, era necesario mentir al alejandrino haciéndole creer que su pacto con Felipe II era prioritario. Consiguientemente, si se firmaba la paz era preciso decirle que se hacía en pos de su negocio y si no se firmaba había que transmitirle que era para no poner en peligro su futuro gobierno en Berbería. En todo caso, como en otras tentativas y planes anteriores en relación al Turco, del argumento de Margliani, adoptado después por el mismo rey, se infería que se aceptaba cualquier iniciativa, pacífica o belicosa, que implicara una reducción de gastos en la armada hispana mediterránea, aunque en muchos casos las iniciativas paralelas fuesen contradictorias.
También se seguirían los consejos de Giovanni Margliani y Bartolomeo Brutti en relación al método de efectuar el viaje a Estambul y los despachos y recaudos necesarios para la negociación con la Sublime Puerta.
Así, Margliani planteó en un principio, por sugerencia de Brutti, la posibilidad de seguir la ruta terrestre europea a través de Viena, Buda, Belgrado y Adriánopolis, la actual Edirne135. No obstante, por lo novedoso de tal vía, y a pesar de que precisamente por ello pudiera resultar más secreta y segura, el embajador admitió que quizá fuera preferible seguir la ruta que partiera de Ragusa para atravesar los Balcanes, siempre que se les proporcionase la carta de Mehmed Sokollu Paşa que trajo Acuña como salvoconducto. Esta carta, de hecho, se le indicó que se le proporcionaría a Margliani en las instrucciones secretas que se le dan para firmar la paz136.
En estas mismas instrucciones, Felipe II siguió el criterio del milanés acerca de llevar unos 12000 escudos para recompensar a Mehmed Sokollu, Aurelio di Santa Croce y Hurrem Bey por la firma de la suspensión de armas. Además, el monarca admitió su insinuación acerca de la conveniencia de portar él mismo un regalo personal al Gran Visir:
Resta da vedere se sarà bene ch’io da me porti alcuna curiosità al detto Mahemet, come saria un paio de vasi de cristallo de montagna ben taliati et ricamente guarniti, per bever
135 AGS, Estado, Castilla, legajo 159, f. 38. Giovanni Margliani a Antonio Pérez, Madrid, 25 de junio de 1577.
136 AGS, Estado, Castilla, legajo 158, ff. 26-27. “Copia del advertimiento secreto que se dio a Juan de Margliano”, El Escorial, 24 de junio de 1577.
acqua, et alcun’altra cosa a Orambei, dil quale si ha da fare principalissimo capitale137.
No obstante, en los advertimientos entregados a Margliani para su viaje a Estambul restarían en suspenso los interrogantes del milanés acerca de cómo actuar ante determinadas personalidades que estarían íntimamente conectadas con la negociación y a las que, en principio, habría debido ocultar la tramitación de aquélla. Una de las dudas de Giovanni Margliani era, precisamente, qué debería hacer si el vicebaylo Giovanni Correr, al que pronto sustituiría Niccolò Barbarigo, o el embajador imperial David von Ungnad averiguase que estaba tratando la paz con Mehmed Sokollu. En principio, la negociación, destinada a un acuerdo provisional y secreto, habría debido mantenerse oculta a todos los ojos europeos para, según el argumento recurrente, evitar la pérdida de autoridad del Rey Católico pero, teniendo en cuenta la tradición diplomática y los contactos de los embajadores veneciano y cesáreo en Estambul, no resultaría extraño que fueran informados por alguno de los mediadores que interviniesen en el trato de Margliani, si no por el mismo Gran Visir. Ante esta futurible circunstancia, Margliani pidió instrucciones sobre cómo gobernarse:
Mettei in consideracione a Vostra Signoria come mi haverò a governare col Bailo de Veneciani, et con Davith Unguenot, embasator cesareo, havendo essi tante intelligenze che penetrarano subito il secreto del negocio. E, havendo havuto sopra ciò alcuna ressolutione, torno a suplicarla, perché non habbia a transgredire un puntino la voluntà de Sua Maestà138.
Si a ojos de Margliani resultaba extraño y dificultoso ocultar la negociación a dos de los principales embajadores europeos en Estambul, el veneciano y el imperial, máxime teniendo en cuenta la patente buena relación que los unía a la Monarquía Hispánica, aún lo era más el disimular con el virrey Mondéjar. El milanés sugirió informar al Virrey de Nápoles de la continuidad del negocio de Acuña por su medio no sólo por su cargo de rector de la atalaya hispana del Mediterráneo, sino porque era él quien habría de proporcionarle la financiación de la tregua. Giovanni Margliani dudaba de si conseguiría mantener la tregua en secreto llevando consigo tanto dinero a Constantinopla, lo que podría delatarle ante cualquiera. Esta circunstancia haría sospechar aún más al virrey, ya que sería él el encargado de proveerle de los fondos. Además, Mondéjar aceleraría la recaudación y entrega del dinero necesario si supiese el
137 AGS, Estado, Castilla, legajo 159, f. 38. Giovanni Margliani a Antonio Pérez, Madrid, 25 de junio de 1577.
138 AGS, Estado, Castilla, legajo 159, f. 38. Giovanni Margliani a Antonio Pérez, Madrid, 25 de junio de 1577.
verdadero destino del mismo y la prioridad que se le daba en este momento a la negociación con los otomanos:
Gli danari che se mi hano a dar in Napoli, per esser soma de importanza, mi mettano in pensiere, perché non vorrei che quelli scoprissero il negocio o, per meglio dire, dasero occasione di raggionare o penetrativi. Però anderò sopra ciò pensando et, se mi