Chapter 6 Discussions and Conclusions
6.4 Future Work
55 Esta cita es del autor en su libro Elisha the Profet, a Type of Christ (cap. 19 «An unseen Host», p. 225).
66 Jeremías 38:6; Isaías 24:22.
77 Levítico 27:5.
88 Éxodo 21:32.
Allí, como si se tratara del curso normal de las cosas, «Potifar, oficial de Faraón, capitán de la guardia, varón egipcio, lo compró de los ismaelitas». El nombre Potifar aparece a menudo en los monumentos de Egipto (escrito tanto Pet-Pa-Ra, como Pet-P-Ra), y significa: «Dedicado a Ra», o el sol. Según algunos escritores, «cuando José fue vendido a Egipto, el país no estaba unido bajo el mando de una sola línea nativa, sino que era gobernado por varias dinastías, de las que la más notoria era la decimoquinta dinastía de reyes pastores, a la cual las restantes eran tributarias».10 En todo caso, seguramente fue llevado a la parte de Egipto que siempre
tuvo mayor relación con Palestina. El oficio de Potifar en la corte de Faraón era el de «jefe de ejecutores», o mejor capitán de la guardia personal del rey. En casa de Potifar a José le sucedió como en la suya propia. Porque las circunstancias, tanto adversas como favorables, no pueden alterar nuestros caracteres. El que es fiel en lo poco también será fiel en lo mucho; y el que no sabe cómo utilizar lo que le ha sido confiado, incluso lo que tiene le será arrebatado. José era fiel, honrado, justo y concienzudo, porque sirviendo a su señor terrenal, servía al celestial, cuya presencia siempre sentía. De acuerdo con esto, «Jehová estaba con él», y «Jehová hacía prosperar en su mano, todo lo que él hacía». Su señor no tardó en darse cuenta de ello. De ser un esclavo doméstico común fue ascendido a «mayordomo de su casa, y entregó en su poder todo lo que tenía». La confianza ejercida no se equivocó. En adelante la bendición de Jehová estaba sobre todo lo que Potifar tenía, y él «dejó todo lo que tenía en mano de José; y no se preocupaba de cosa alguna, sino del pan que comía». Las esculturas y pinturas de las antiguas tumbas Egipcias nos muestran con viveza la vida y las tareas diarias de José. «Se muestra cómo la propiedad de grandes hombres era controlada por escribas, que realizaban una supervisión sumamente metódica y precisa sobre todas las operaciones de agricultura, jardinería, cuidado de los rebaños, y de la pesca. Cada producto era registrado cuidadosamente para comprobar la honradez de los trabajadores, la cual en Egipto siempre fue famosa por su ausencia. Probablemente no existía otro país donde se llevara a cabo una labor granjera tan sistemática. El conocimiento previo de José sobre el cuidado de los rebaños, y tal vez como labrador de la tierra, y su carácter íntegro, le hacía perfectamente apto para el puesto como mayordomo. No se nos dice cuánto tiempo lo tuvo.»11 Es un error bastante común suponer que la religión
seria y la justicia deben ser alcanzadas por el éxito, incluso en este mundo. Sin lugar a dudas, Dios no negará ninguna cosa buena a las personas de las cuales él es sol y escudo; pero el éxito no será siempre una cosa buena para ellos. Además, Dios siempre pone a prueba la fe y la paciencia de su pueblo, y éste es el significado de muchas pruebas. No obstante se necesitan más a menudo como disciplina y para formación, o para que aprendamos a glorificar a Dios en el sufrimiento. En el caso de José, fue preparado, por medio de una tentación y una prueba, exterior e interior, para la posición que tenía que ocupar. La belleza que había heredado de su madre le exponía a las malvadas sugerencias de parte de la esposa de su señor, que sorprenderá poco a los que conocen la situación de la sociedad egipcia antigua. José estaba solo en una nación y una casa paganas. Todo lo que le rodeaba no podía hacer más que erosionar su sentido moral, y convertir la tentación en algo más poderoso. También, en comparación con nosotros, tenía un conocimiento muy imperfecto de la ley de Dios en su altura y su profundidad. Además, lo que había visto en sus hermanos no podía haber elevado su punto de vista. A pesar de todo ello, se resistió firmemente al mal, tanto por su sentido de integridad ante su señor, como, y muy especialmente, por el temor de «este gran mal y pecado contra Dios». Pero parecía que sus principios solamente sirvieron para acarrearle lo peor. Como suele suceder, la pasión violenta de la mujer se convirtió en odio igualmente violento, y con toda malicia le tramó una falsa acusación.12
1010 R. S. Poole, ver nota 3. Hemos expuesto el punto de vista aceptado comúnmente. Pero Canon Cook ha presentado, según nos parece, razones fuertes y convincentes para poder suponer que la venta de José tuvo lugar al final de la dominación duodécima dinastía, o bajolos Faraones originales, antes de que empezara la de los reyes pastores extranjeros. El tema será discutido plenamente en el próximo volumen. Entre tanto el lector curioso debe consultar el ensayo sobre historia egipcia al final del primer volumen de The Speaker’s Commentary.
1111 R. S. Poole, nota 3.
1212 Existe una historia egipcia muy parecida, titulada Los Dos Hermanos, que ha sido traducida recientemente. Se parece tanto al relato bíblico que estamos dispuestos a considerarlo por lo menos fundado en la prueba de José. En desacuerdo