CHAPTER 4 ARTICLE 2: A FUZZY-BASED FRAMEWORK TO SUPPORT
4.4 Fuzzy Decision Support and Aggregation
“Creo que el liderazgo del colegio debe ir más allá porque nosotros por ahora
estamos muy limitados, pues nos plantean como el día de la madre y todo eso, pero nosotros necesitamos ir más allá, que es los procesos educativos
que nos afectan a nosotros”(EAB4P10DJ5) Como se evidencia en las palabras de Diego Jaramillo la motivación para esta intervención radica en la inquietud que existía entre estudiantes y docentes del área de ciencias sociales, sobre la energía invertida durante el proceso de conformación del gobierno estudiantil (Anexo 5), pues no se compensaba con los resultados obtenidos por el equipo que al final se conformaba para representar a los estudiantes. Casi que el Consejo Estudiantil más que la Personería, desaparecía del escenario después de su elección; algo más que paradójico preocupante, para un área que además tiene la responsabilidad formativa de la ciudadanía: ese sentimiento de ser parte de un territorio ejerciendo derechos y asumiendo deberes.
Al momento de iniciar con la intervención existían en el sistema escolar al menos dos precondiciones que limitaban el protagonismo estudiantil, la estructura vertical de la escuela y la diferencia generacional entre maestros y estudiantes que rompían las posibilidades de comunicación horizontal. Se hizo evidente que existe en el ejercicio docente el paradigma de que la autoridad radica además de la edad, en la verticalidad del sistema, lo cual impone tanto en el salón de clase como en la escuela un conjunto de criterios que terminan desconociendo al ser humano en formación como interlocutor válido. Esta situación fue planteada de forma recurrente por los estudiantes en los diferentes encuentros, una queja frecuente fue la renuencia de los maestros para permitirle a los jóvenes asistir a su reunión semanal: “es que la mayoría de profesores piensan que nosotros no queremos estar en clase”… “ellos no miran que hacemos allá” (DC3BLM47). En este comentario está claro que el docente en su aula a pesar del permiso
firmado por el rector, que autorizaba la salida de los jóvenes en los horarios expuestos en el tablero de cada salón de clase, se niega permanentemente a dejarle salir para cumplir con el compromiso asumido de reunirse semanalmente para dar vida al gobierno estudiantil.
Es tan claro el asunto que varios estudiantes manifiestan que sus profesores “…los ponen a elegir entre la materia y el Consejo Estudiantil (DC3BLM67), condición que lleva durante la etapa de diagnóstico al desmantelamiento de este órgano colegiado lo cual se puede analizar claramente en el siguiente relato: “…los representantes fueron poco a poco difuminándose o quedando atrapados en las obligaciones escolares dejando de lado la motivación y el interés por el gobierno estudiantil. (DC6BLM57). Fue tan crítica la situación que el Consejo Estudiantil se quedó con solo dos representantes elegidos por voto popular y el resto fueron estudiantes interesados, que se vincularon con este grupo para apoyar las actividades que realizaron. Este hecho provocó el siguiente comentario de un directivo durante una reunión con ellos (…) no puede permitirse que sea un escampadero de los que no quieren trabajar en el salón”. (DC3BLM60); concepciones que ratifican lo que Zubiría (1998) define como el enfoque heteroestructurante de la educación predominante en el colegio, el cual privilegia un proceso de aprendizaje centrado en el docente, quien garantiza que el conocimiento se transmita de manera efectiva y desconoce otras posibilidades formativas diferentes a la clase en el aula.
“En consecuencia, privilegian el rol del maestro y lo consideran el eje central en todo proceso educativo. Sus posturas son decididamente magistrocentristas, su estrategia metodológica fundamental es la clase magistral y defienden la conveniencia de utilizar los métodos receptivos en la escuela”. (Zubiría, 1998, p. 2)
De esta manera el estudiante termina concebido como un elemento más del sistema escolar, pues su permanencia garantiza la llegada de los recursos económicos que permiten el funcionamiento básico de las instituciones educativas y legitima el ejercicio del docente en el aula; pero es desconocido en su condición de interlocutor por gran parte de los miembros de la comunidad educativa.
En este estado de cosas un estudiante que además se atreva a cuestionar la sagrada estructura escolar (subrayado nuestro) es casi que subversivo, en la peor acepción del término y en consecuencia el gobierno estudiantil se convierte en una amenaza constante para el statu quo, al reunir ese conjunto de jóvenes que muestran un tipo de liderazgo conocido como transformacional, que Bass (citado en Lupano y Castro, 2003) define así:
“Los líderes con características transformacionales provocan cambios en sus seguidores a partir de concientizarlos acerca de la importancia y el valor que revisten los resultados obtenidos tras realizar las tareas asignadas. Además el líder incita a que los seguidores trasciendan sus intereses personales en virtud de los objetivos de la organización”. (p. 112) En el relato de Diego Jaramillo estudiante de undécimo que abre este capítulo, se muestra claramente la intención que motiva a gran parte del conocido como equipo de apoyo durante el año lectivo 2016, cuál es la necesidad de transformar en el colegio aspectos estructurales como la manera de enseñar; él plantea como el Consejo Estudiantil y la Personería se han direccionado tradicionalmente a apoyar en el colegio la organización de las celebraciones, pero que el tema fundamental de la enseñanza no ha sido siquiera abordado.