Chapter 5 Conclusions and Future Work
5.4 Generalizations of the Mathematical Model
5.4.3 Generalizations to Applications
La Estética de la Recepción es una corriente de la Estética, encargada de estudiar principalmente los efectos que provoca en el receptor la obra misma. El arte, concebido como actividad práctica específica, desemboca en un resultado cuyo destino final es ser consumido. A ese proceso se le llama también recepción. Existen pues dos momentos en la producción artística: producción y recepción.
En las épocas anteriores a la Modernidad, al receptor se le adjudicaba un papel pasivo. Solamente se concebía al autor como importante, y no se tenía en cuenta cuánto hubiera podido aportar, o completar, el receptor de la misma. Por otro lado, la función específica (útil) del arte era la única, ya que no estaba hecho para contemplar. Así nos lo demuestran las pinturas rupestres, el arte paleocristiano, etc. Sin embargo, posteriormente, una vez
puesto más cerca de la contemplación, tampoco cumplía su función “verdadera”. Solo con el tiempo, con la salida del mismo de las cortes a los museos, es que este va cambiando su función, y se va abriendo a nuevas posibilidades. Lo que se quiere decir es que nunca la polifuncionalidad del arte estuvo ausente del mismo, sino que no eran concebidas de esa manera. Cuando estas se hacen necesarias, es que se pueden apreciar más claramente. Lo que antes era utilitario, no era, necesariamente, antiestético, ni antiartístico, ni antirreligioso ni antimoral; era, todo estaba presente (casi siempre) aunque no se percibía, ya que no era (como diría A.S.V.) el momento histórico específico para comprenderlo. Solamente cuando estas “nuevas funciones” se dan, es que la Estética de la Recepción tiene su lugar, al analizar la influencia de la misma en el receptor. Incluso, hasta se pudiera hablar de la recepción en los momentos en que se desconocían dichas funciones.
Uno de los teóricos más importantes respecto de esta ciencia, es Hans Robert Jauss. Con su teoría de los horizontes de expectativas, que proviene de Gadamer, le otorga un papel importante al receptor, al decir que los textos son el resultado de la relación de estos horizontes de expectativas. La base de esta propuesta se apoya en la interpretación de los significados de la obra a través de los procesos que ha sufrido dicha información para llegar a constituirse conocimiento. Esta propuesta admite, pues, el análisis diacrónico y sincrónico: sincrónico, porque posibilita el descubrimiento del placer estético de la obra; y diacrónico, porque repasa la historia de estos mismos efectos.
Otro pensador de suma importancia, proveniente de la misma escuela de Constanza, es Wolfgang Iser. Este está más cercano a la semiótica, sobre todo porque para él, el acto de lectura de una obra se convierte en eslabón en la historia de la recepción por parte del
público. Iser considera que los espacios vacíos de la obra los completa el lector a través de la recepción de la obra.
Analizando el desarrollo que ha tenido dicha estética, A.S.V. reconoce algunos de sus principales logros. Señala como primer acierto el hecho de poner en primer plano el problema de la recepción, antes no tratado u omitido; sin embargo, no deja de meditar en este punto, considera que Wolfgang Iser y Hans Robert Jauss otorgan una activa participación del receptor, al punto que “palidece un tanto el papel de la obra y de su autor”111, lo que reconoce como una limitación de estos pensadores.
No obstante, examina las ideas principales de la Estética de la Recepción, y se da cuenta de que no existe una respuesta muy clara en cuanto a cuál sería la recepción “verdadera” entre toda la pluralidad de opciones, e igualmente importante, ¿todas tendrían el mismo valor? A lo que responde: “La recepción adecuada sería la activa creadora; es decir, la que actualiza el potencial creador de texto.”112
Esto plantea dificultades pues dicha actualización no se conoce de antemano, sino que se descubre justo cuando ya está actualizada, por lo que el conocimiento no se tenía antemano y se conoce al final. Pero cabría preguntarse también, ¿cuándo es que llegamos a la conclusión de que ya está actualizada dicha obra? ¿En qué parámetros nos basamos para arribar a dicha conclusión?
111
. _____: Ob. cit.,p.80 112
Por otro lado, aun con la reivindicación del carácter activo del receptor nos damos cuenta que los dos tipos de recepción han existido continuamente, ya que “se trata de experiencias que se dan histórica, realmente, pues en verdad la recepción activa, creadora ha existido siempre, junto a la recepción pasiva del receptor.”113
Hay pues que distinguirlas no solo en lo teórico propiamente, sino también en el de su valoración, entre “recepción adecuada o auténtica y recepción inadecuada o deformada.”114 Entonces las distingue de la siguiente manera: ambas se ponen de manifiesto en la sociedad actual; una activa, exigida por el arte de un sector mínimo de la sociedad, arte elitista; y la pasiva, practicado por las grandes masas promovidas por los medios masivos de comunicación. “Ciertamente, estos dos tipos de recepción se hallan condicionados por la estructura económica-social y la ideología dominante.”115
Después de examinar todo lo anterior, A.S.V. arriba a las siguientes conclusiones, destacando lo que a su juicio, constituyen aciertos y desaciertos de la Estética de la Recepción.
Dentro de los principales méritos que encuentra, están los siguientes:
• Haber destacado el problema –ignorado o subestimado- de la recepción frente a las doctrinas estéticas tradicionales: románticas, subjetivistas o inmanentistas, psicologistas o sociologistas; 113 . Ob. cit., p.81 114 . Ídem 115 . Ob. cit., p.82
• Reivindicado la recepción activa, creadora, que actualiza o concreta posibilidades inscritas en el texto;
• Abordado el problema de las relaciones entre literatura y sociedad, o el de la función social de la literatura;
Sin embargo, apunta aspectos en los que no está de acuerdo, y lo deja ver claramente:
• Señalamiento tan marcado de la recepción, que el receptor se vuelve determinante, cuando dicho papel corresponde a la producción.
La Estética de la Recepción fija su atención exclusivamente en el aspecto de esa unidad que es la obra de arte: el aspecto significativo. La obra en realidad tiene un aspecto formal y otro sensible, material. Los tres se dan indisolublemente unidos. O sea, aunque la obra se abra al receptor en su aspecto significativo o interpretativo, se cierra o permanece intocada en sus otros dos aspectos: el formal y el material, sensible.
No toma en cuenta completamente (aunque sí el condicionamiento social en la disposición del receptor) la influencia que tiene la división social de clases en la recepción correspondiente. No ve la hostilidad de nuestra sociedad a la creatividad; y que esta sociedad, a través de la ideología dominante, no solo favorece la recepción pasiva del gran arte sino del pseudo arte de masas, donde el valor estético está supeditado al valor de cambio.
Entre los señalamientos que el propio A.S.V. hace al respecto de la Estética de la Recepción, veamos dos que resultan interesantes. El hecho de que esta estética no logre traspasar el límite de la modificación de los aspectos material y formal, quedándose solamente en la modificación del significativo, es ya el anticipo de su idea de la estética de la participación, no al nivel sin embargo, de la Estética de la Recepción, pero sí como una nueva tendencia de dicha ciencia. En la estética de la participación, como se verá a continuación, sí es posible, en algunos casos, “alterar” los aspectos formal y material de la obra. No ocurre así, por supuesto, en las que el accionar está limitado por el entorno en que se desarrolla. Lo otro significativo que hay que señalar es la intención marcada de A.S.V. en cuanto a la influencia que tiene el condicionamiento sociohistórico para la recepción de la obra. De ahí que tales condiciones, si bien no determinan la recepción misma, adquieren un peso importantísimo. Un ejemplo muy elocuente lo podemos encontrar en el cuento de Jorge Luis Borges Pierre Menard, autor del Quijote. Con el mismo podemos apreciar lo que Sánchez Vázquez nos ha propuesto:
“El texto de Cervantes y el de Menard son verbalmente idénticos, pero el segundo es casi infinitamente más rico. (Más ambiguo, dirán sus detractores; pero la ambigüedad es una riqueza.)
Es una revelación cotejar el Don Quijote de Menard con el de Cervantes. Éste, por ejemplo, escribió (Don Quijote, primera parte, noveno capítulo):
... la verdad, cuya madre es la historia, émula del tiempo, depósito de las acciones, testigo de lo pasado, ejemplo y aviso de lo presente, advertencia de lo por venir.
Redactada en el siglo diecisiete, redactada por el “ingenio lego” Cervantes, esa enumeración es un mero elogio retórico de la historia. Menard, en cambio, escribe:
... la verdad, cuya madre es la historia, émula del tiempo, depósito de las acciones, testigo de lo pasado, ejemplo y aviso de lo presente, advertencia de lo por venir.
La historia, madre de la verdad; la idea es asombrosa. Menard, contemporáneo de William James, no define la historia como una indagación de la realidad sino como su origen. La verdad histórica, para él, no es lo que sucedió; es lo que juzgamos que sucedió. Las cláusulas finales —ejemplo y aviso de lo presente, advertencia de lo por venir— son descaradamente pragmáticas.
También es vívido el contraste de los estilos. El estilo arcaizante de Menard —extranjero al fin— adolece de alguna afectación. No así el del precursor, que maneja con desenfado el español corriente de su época.”116