4. Solution Method
4.3 Genetic Representation
9:8-9 - “Fueron una vez los árboles a elegir rey sobre sí,
y dijeron al olivo: Reina sobre nosotros. Mas el olivo respondió: ¿He de dejar mi aceite, con el cual en mí se honra a Dios y a los hombres, para ir a ser grande sobre los árboles?” La primera parábola de la Palabra de Dios es muy interesante. Los árboles, por supuesto, representan al hombre, mostrando, en lenguaje simbólico, que la gente
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quería un rey. Los jueces anteriores, como Otoniel, Débora y Gedeón en particular, rechazaron este honor pero el vil Abimelec lo aceptó.
Sin embargo, hay una más amplia y más apropiada interpretación, y es que las familias o personas más nobles que dan fruto para el Señor en el llamamiento y posición que Dios les ha dado, promueven la prosperidad y el bien de la gente. Las personas que, como el olivo, irradian paz y prosperidad en sabiduría, no quieren tomar sobre ellos una posición a la que el Señor no les ha llamado, perdiendo así su paz, la cual ha sido una fuente de bendición para mucha gente.
Yo he descubierto en la vida que es mucho más sencillo mantener un ministerio espiritual que una posición administrativa que demanda muchas horas de tediosos detalles y escuchar las quejas de los no santificados. Sin embargo, si el lugar de una persona es ser un administrador, que nunca olvide pasar tiempo en la Palabra, alimentando su propia alma por medio de la dulce comunión con el Señor. El olivo, un símbolo de paz, trae prosperidad. Donde hay paz, no hay fricción; por tanto, todas las actividades se pueden dedicar al propósito principal de hacer la voluntad de Dios y avanzar en el camino de la vida, libre de obstáculos que roban tiempo y energía y lo desvían a uno del objetivo del ministerio. Ese bendito ministerio es producir aceite de oliva, que evita la fricción entre los santos.
9:10 - “Y dijeron los árboles a la higuera: Anda tú,
dirigen a otro árbol, o persona, para que reine sobre ellos, después de la sabia renuncia del olivo.
9:11 - “Y respondió la higuera: ¿He de dejar mi dulzura
y mi buen fruto, para ir a ser grande sobre los árboles?” El ejemplo de la higuera ha sido una bendición para mi propia vida. Un día, siendo un pastor joven en el sur de Francia, caminaba por una calle en la que las ramas de una higuera sobresalían hasta la acera, con lo que los que pasaban por allí tenían fácil acceso a ella.
Recuerdo bien cómo me estiré para tomar un jugoso higo. Mientras me lo estaba comiendo, mi sed, producida por los rayos del ardiente sol mediterráneo, fue saciada. Sin embargo, el Señor me habló en relación a una lección que tenía que aprender de esta higuera. Sus ramas estaban siempre a la misma altura; esto permitía que el enfadado, el dócil, el envidioso, el encantador y todos por igual tuvieran acceso a comer de sus frutos. No levantando sus ramas más cuando pasara el desagradable y bajándolas para el amable. Nosotros deberíamos ser dulces y amables con todos, tratando a toda la humanidad tal como el Señor lo haría. 9:12-13 - “Dijeron luego los árboles a la vid: Pues ven tú, reina sobre nosotros. Y la vid les respondió: ¿He de dejar mi mosto, que alegra a Dios y a los hombres, para ir a ser grande sobre los árboles?” Después fueron a buscar a otro ministerio. El viñedo o el vino, su producto, es un símbolo del gozo. Qué bendición es estar rodeado de aquellos que emanan el gozo de Jesús continuamente, desde lo más profundo de su ser. Sin embargo, estas
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personas, cuando se involucran en cosas que no son las que Dios ha mandado, pierden su gozo y, por tanto, dejan de glorificar a Dios y de fortalecer a sus compañeros de camino durante el viaje de la vida. Estos árboles están diciendo: “No quiero perder mi paz; no quiero perder mi dulzura; no quiero perder mi gozo para ser rey sobre ustedes”.
9:14 - “Dijeron entonces todos los árboles a la zarza:
Anda tú, reina sobre nosotros”. Aquí viene ahora uno que no da fruto para perfección y que está lleno de los deseos y afanes de esta vida, buscando sólo su propia satisfacción.
9:15 - “Y la zarza respondió a los árboles: Si en verdad
me elegís por rey sobre vosotros, venid, abrigaos bajo de mi sombra; y si no, salga fuego de la zarza y devore a los cedros del Líbano…” Esta es la actitud del que ama tener una posición y tener a otros que dependan de él. Sin embargo, a los que rechazan a este hombre indigno, él puede incendiarse y consumir lo mejor del pueblo de Dios, al igual que la zarza arde rápidamente y puede destruir un bosque.
9:16 - “Ahora, pues, si con verdad y con integridad habéis
procedido en hacer rey a Abimelec, y si habéis actuado bien con Jerobaal y con su casa, y si le habéis pagado
Debemos ser dulces y amables con todos, tratando a toda la humanidad tal como el Señor lo haría
conforme a la obra de sus manos”; Esto es ironía poética, ya que los hombres de Siquem, a quienes iba dirigida esta parábola, sabían bien que ellos no habían hecho lo correcto en este asunto.
9:17 - “(Porque mi padre peleó por vosotros, y expuso su
vida al peligro para libraros de mano de Madián”, Jotam evoca el recuerdo de las obras de su padre porque, como suele ser el caso, el género humano tiene una memoria muy corta de los favores recibidos. Sin embargo, esta generación, muy probablemente, no había vivido durante el tiempo de la opresión madianita.
9:18 - “Y vosotros os habéis levantado hoy contra la casa
de mi padre, y habéis matado a sus hijos, setenta varones sobre una misma piedra; y habéis puesto por rey sobre los de Siquem a Abimelec hijo de su criada, por cuanto es vuestro hermano)”. Ahora su pecado es expuesto delante de ellos y, con toda certeza, ese pecado fue vil: asesinar por interés propio.
9:19 - “Si con verdad y con integridad habéis procedido
hoy con Jerobaal y con su casa, que gocéis de Abimelec, y él goce de vosotros”. Es imposible encontrar otra interpretación, aparte de asesinos malvados, que se les pueda atribuir. Por tanto, ellos ya conocían su destino.
9:20 - “Y si no, fuego salga de Abimelec, que consuma a
los de Siquem y a la casa de Milo, y fuego salga de los de Siquem y de la casa de Milo, que consuma a Abimelec”. La palabra profética de Jotam se cumpliría en su totalidad, como veremos más adelante. Este acontecimiento en la
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historia de los hijos de Israel, ilustra nuevamente que lo que sembramos, eso mismo recogeremos.
9:21 - “Y escapó Jotam y huyó, y se fue a Beer, y allí se
estuvo por miedo de Abimelec su hermano”. Así, Jotam se fue huyendo a Beer que era, probablemente, una fuente situada cerca de Bet-semes.
9:22 - “Después que Abimelec hubo dominado sobre
Israel tres años”. El tirano asesino no disfrutó durante mucho tiempo su posición mal adquirida como rey de las tribus, porque Dios había puesto término a sus días.
9:23 - “Envió Dios un mal espíritu entre Abimelec y los
hombres de Siquem, y los de Siquem se levantaron contra Abimelec”; El uso de espíritus malos por el Señor ocurre muchas veces en la Escritura. Podemos citar el caso de Job, cuando satanás personalmente fue usado para llevar a cabo los planes de Dios en la vida de ese patriarca. Otro ejemplo puede encontrarse en 1º Reyes 22:20-23, donde un espíritu malo entró en la boca de los profetas en los días de Acab.
Si vamos a participar de los sufrimientos de Cristo, entonces debemos ser traicionados, como Él lo fue. La razón para que seamos traicionados por un Judas, un Absalón o un Coré es para que podamos conocer el corazón del Padre. Piense en el corazón del Padre cuando Lucifer, Su más hermosa creación, se rebeló contra Él. Tenemos que conocer el quebranto del corazón del Padre para poder tener comunión con Él. Así, todos vamos a tener a alguien que se vuelva en contra de nosotros como
Absalón o Judas, pero que Dios nos conceda que ninguno de nosotros nos convirtamos nunca en un Absalón o en un Judas. En nuestra vida se nos dará oportunidad de ser un Absalón, para probarnos.
En al menos tres ocasiones mi esposa y yo tuvimos la oportunidad de tomar el liderazgo de obras que no nos habían sido dadas, pero no quisimos. Con el tiempo, Dios lo dejó muy claro, diciendo: “Si hubierais tomado eso, hubierais sido un Absalón”. A lo largo de nuestra vida tendremos la oportunidad de ser Absalón, y si calificamos por escoger no ser un Absalón, entonces tendremos un Absalón que se levantará en contra de nosotros. Ellos son veneno, ¡pero gloria a Dios! Pasa la prueba y Dios se encargará del Absalón. Dios se ocupó de Abimelec. Él comenzó a enviar un espíritu malo entre los hombres de Siquem y Abimelec. Debido a que Abimelec era un traidor, él recibió asimismo la traición sobre él. El Señor dijo que con el perverso, Él sería severo, Sal. 18:26.
9:24 - “Para que la violencia hecha a los setenta hijos de
Jerobaal, y la sangre de ellos, recayera sobre Abimelec su hermano que los mató, y sobre los hombres de Siquem que fortalecieron las manos de él para matar a sus hermanos”. Así pues, el escenario estaba armado para el cumplimiento de la profecía de Jotam.
9:25 - “Y los de Siquem pusieron en las cumbres de
los montes acechadores que robaban a todos los que pasaban junto a ellos por el camino; de lo cual fue dado aviso a Abimelec”. El gobierno de Abimelec
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obtuvo una mala reputación porque organizaron el robo sistemático a los hombres que pasaban por las cumbres de las montañas de Gerizim y Ebal, entre las que estaba situado Siquem. Dios se toma su tiempo para orquestar la caída de alguien como Abimelec o Absalón. Hemos de ser pacientes. Las ruedas de la justicia de Dios giran lentas pero seguras.
9:26 - “Y Gaal hijo de Ebed vino con sus hermanos y se
pasaron a Siquem, y los de Siquem pusieron en él su confianza”. No se nos dice quién era Gaal, pero la implicación es que era un mercenario a quien los gobernantes de la ciudad de Siquem confiaron que les ayudara para destronar a Abimelec.
9:27 - “Y saliendo al campo, vendimiaron sus viñedos, y
pisaron la uva e hicieron fiesta; y entrando en el templo de sus dioses, comieron y bebieron, y maldijeron a Abimelec”. Así, con su confianza puesta en Gaal, se emborracharon y entraron en la casa que habían construido para su dios pagano.
9:28 - “Y Gaal hijo de Ebed dijo: ¿Quién es Abimelec, y
qué es Siquem, para que nosotros le sirvamos? ¿No es hijo de Jerobaal, y no es Zebul ayudante suyo? Servid a los varones de Hamor padre de Siquem; pero ¿por qué le hemos de servir a él?” Gaal aviva las llamas de la revuelta contra Abimelec y contra Zebul, el gobernador de la ciudad nombrado por Abimelec. La revuelta, sin embargo, era en contra de Gedeón, quien había derribado los ídolos de Baal, a los que adoraban los de Siquem. Gaal sugiere que sus orígenes se remontan a Amor, el príncipe heveo que
construyó la ciudad. El hijo de Amor era Siquem, cuyo nombre fue dado a la ciudad, Gn. 33:19. Jacob compró de Siquem una parcela de terreno.
9:29 - “Ojalá estuviera este pueblo bajo mi mano, pues
yo arrojaría luego a Abimelec, y diría a Abimelec: Aumenta tus ejércitos, y sal”. Así el Señor levantó a alguien con una disposición como la de Abimelec, para que Él pudiera juzgar a Abimelec. Este principio se ve expresado en la regla de oro en Mateo 7:12: “Así que, todas las cosas que queráis que los hombres hagan con vosotros, así también haced vosotros con ellos; porque esto es la ley y los profetas”. Como Gaal no seguía al Señor, fue derrotado y asimismo fue engañado por cuanto él mismo era un engañador. Como Gaal traicionó a Abimelec, así también el gobernador de Siquem lo traicionó a él. La traición se auto propaga.
9:30 - “Cuando Zebul gobernador de la ciudad oyó las
palabras de Gaal hijo de Ebed, se encendió en ira”. Por tanto, Zebul, el gobernador, fue el instrumento del Señor para llevar a cabo la destrucción de los hombres de Siquem, por medio de Abimelec.
9:31 - “Y envió secretamente mensajeros a Abimelec,
diciendo: He aquí que Gaal hijo de Ebed y sus hermanos han venido a Siquem, y he aquí que están sublevando la ciudad contra ti”. Él continuó con esto, avisando a Abimelec del plan de batalla, porque sabía las intenciones de Gaal.
9:32 - “Levántate, pues, ahora de noche, tú y el pueblo
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intención era que Gaal saliera de mañana, sin saber que el ejército de Abimelec lo estaría esperando; él no estaría preparado para la batalla.
9:33 - “Y por la mañana al salir el sol madruga y cae
sobre la ciudad; y cuando él y el pueblo que está con él salgan contra ti, tú harás con él según se presente la ocasión”. Zebul estaba diciendo, en efecto, que Abimelec debía causar tanto daño como pudiera con este ataque sorpresa sobre las fuerzas de Gaal.
9:34 - “Levantándose, pues, de noche Abimelec y todo el
pueblo que con él estaba, pusieron emboscada contra Siquem con cuatro compañías”. Ahora Abimelec puso atención al consejo de Zebul y se preparó prudentemente para atacar al amanecer.
9:35 - “Y Gaal hijo de Ebed salió, y se puso a la entrada
de la puerta de la ciudad; y Abimelec y todo el pueblo que con él estaba, se levantaron de la emboscada”. En este relato se ve claramente que Gaal no estaba de ninguna manera anticipando la guerra.
9:36 - “Y viendo Gaal al pueblo, dijo a Zebul: He allí gente
que desciende de las cumbres de los montes. Y Zebul le respondió: Tú ves la sombra de los montes como si fueran hombres”. Aquí Gaal, que había actuado traicioneramente con Abimelec, ahora recibe la traición de otro.
9:37 - “Volvió Gaal a hablar, y dijo: He allí gente que
desciende de en medio de la tierra, y una tropa viene por el camino de la encina de los adivinos”. Ahora Gaal puede
ver con más claridad y describe compañías que vienen en varias direcciones. La encina de los adivinos (que practicaban su brujería y a quien los habitantes de Siquem consultaban) estaba situada en la llanura de Meonenim.
9:38 - “Y Zebul le respondió: ¿Dónde está ahora tu
boca con que decías: ¿Quién es Abimelec para que le sirvamos? ¿No es este el pueblo que tenías en poco? Sal pues, ahora, y pelea con él”. Zebul, sabiendo que Abimelec había llegado, estaba con Gaal, ganando tiempo para que Abimelec ganara ímpetu para el ataque contra Gaal. Por el contexto de los comentarios de Zebul, podemos ver que Gaal era un conocido fanfarrón, quien ahora se enfrenta a la realidad de batallar contra fuerzas superiores.
9:39-40 - “Y Gaal salió delante de los de Siquem, y peleó
contra Abimelec. Mas lo persiguió Abimelec, y Gaal huyó delante de él; y cayeron heridos muchos hasta la entrada de la puerta”. La movilización de las fuerzas de Siquem debió haber sido muy rápida y sin duda alguna, incompleta. Así, la batalla fue librada y los adversarios del malvado Abimelec fueron, sin duda, perjudicados en esta campaña. Dios usó a los malos para tratar con el malo, al igual que usó a Irak para castigar a Irán en los años noventa.
9:41 - “Y Abimelec se quedó en Aruma; y Zebul echó
fuera a Gaal y a sus hermanos, para que no morasen en Siquem”. Abimelec estaba contento como para, literalmente, sentarse con su ejército en una aldea cercana, mientras que Zebul echó a Gaal y sus tropas mercenarias.
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9:42 - “Aconteció el siguiente día, que el pueblo salió al
campo; y fue dado aviso a Abimelec”. Ahora, al día siguiente, la gente de Siquem salió, no a pelear, sino que se quedó a trabajar en el campo y fue dado aviso a Abimelec.
9:43 - “El cual, tomando gente, la repartió en tres
compañías, y puso emboscadas en el campo; y cuando miró, he aquí el pueblo que salía de la ciudad; y se levantó contra ellos y los atacó”. Y cuando la gente de Siquem estaba totalmente desprevenida, Abimelec los atacó.
9:44 - “Porque Abimelec y la compañía que estaba con
él acometieron con ímpetu, y se detuvieron a la entrada de la puerta de la ciudad, y las otras dos compañías acometieron a todos los que estaban en el campo, y los mataron”. Primero Abimelec tomó la puerta, impidiendo así que se refugiaran en la ciudad, para que los que estaban en el campo fueron muertos, no teniendo dónde refugiarse de las otras dos compañías.
En otras palabras, Zebul no estaba siendo fiel a Gaal. Cuando Dios une a grupos traicioneros, tarde o temprano, se ensañarán unos contra otros. Hay que dejarlos en manos de Dios, Quien dice: “Mía es la venganza; yo pagaré”. Todos eran traidores; ninguno era sincero con el otro. El resultado fue que Abimelec luchó contra la ciudad.
9:45 - “Y Abimelec peleó contra la ciudad todo aquel
día, y tomó la ciudad, y mató al pueblo que en ella estaba; y asoló la ciudad, y la sembró de sal”. Volviéndose contra los que estaban en la ciudad,
Abimelec luchó contra ellos y, finalmente, al término del día, finalizó con éxito tomando la ciudad. Sembrar de sal es un acto simbólico, que significa que la ciudad sería para siempre árida y estéril.
9:46 - “Cuando oyeron esto todos los que estaban en la
torre de Siquem, se metieron en la fortaleza del templo del dios Berit”. Los que quedaron huyeron, buscando refugio en la casa de su dios pagano, no dudaron de su protección bajo su techo; pero todo fue en vano.
9:47-48 - “Y fue dado aviso a Abimelec, de que estaban
reunidos todos los hombres de la torre de Siquem. Entonces subió Abimelec al monte de Salmón, él y toda la gente que con él estaba; y tomó Abimelec un hacha en su mano, y cortó una rama de los árboles, y levantándola se la puso sobre sus hombros, diciendo al pueblo que estaba con él: Lo que me habéis visto hacer, apresuraos a hacerlo como yo”. Había un área espesa de árboles llamada monte Salmón en las proximidades de Siquem, a la cual Abimelec y la gente fueron para cortar algunas ramas. Esto lo hicieron rápidamente para que los hombres de Siquem, que estaban en la torre, no trataran de escaparse.
9:49 - “Y todo el pueblo cortó también cada uno su rama,
y siguieron a Abimelec, y las pusieron junto a la fortaleza, y prendieron fuego con ellas a la fortaleza, de modo que todos los de la torre de Siquem murieron, como unos mil hombres y mujeres”. Así trajo Dios, por medio de Abimelec, el juicio sobre los que habían participado en la matanza de los hijos de Gedeón.
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9:50 - “Después Abimelec se fue a Tebes, y puso sitio a
Tebes, y la tomó”. Tebes era una pequeña ciudad a unos veinte kilómetros al norte de Siquem. Aparentemente, ellos se habían aliado con los hombres de Siquem y se