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Se considera que el uso de drogas por parte de algún familiar, las actitudes positivas hacia el uso de sustancias, las prácticas inconsistentes de manejo familiar, conflictos en la familia, el poco apego a la familia, (Becoña, 2002), la desorganización, la falta de apoyo y el excesivo control familiar (Díaz-Negrete y García-Aurrecoechea, 2008) son los principales factores que pueden conducir a los adolescentes a consumir drogas.

Gonzáles (2012) asegura que los factores familiares influyen en el futuro adictivo del adolescente y llegan a señalarse como los principales: la ausencia de normas familiares sobre el uso de drogas, los conflictos entre los padres y el adolescente y el consumo de alcohol por parte del padre. Se ha señalado que el vivir en familias con niveles altos de conflictos tiene alto poder predictivo en el consumo de sustancias adictivas (Muñoz Rivas y Graña López, 2001).

Se han creado varios cuestionarios diseñados para medir variables familiares, entre estos destacan los orientados a la prevención del consumo de sustancias psicoactivas en adolescentes, en estos instrumentos se evalúan variables familiares de riesgo para el consumo, incluyendo las dimensiones de conflicto, comunicación y estilos parentales (Luengo-Martín, Villar-Torres, Gómez-Graguela, y Romero-Triñanes, 2003).

Baumrind (1966, 1967, 1978, 1983, 1991) es una pionera en el estudio de los estilos parentales; realizó investigaciones sobre la relación de los estilos parentales y el consumo de

sustancias psicoactivas en adolescentes, encontrando que existe una baja relación entre el estilo no autoritario pero directivo y el consumo de sustancias, debido a que existían poco conflicto, puesto que en este estilo los padres eran menos intrusivos. En cambio, en las familias con un estilo autoritario, había una tendencia a ser directivos y supervisores y a indicar la disciplina y orden que deben seguir. Los adolescentes que reportaron un alto consumo de sustancias se encontraban en un estilo parental democrático, cuya crianza es de apoyo, cuidado y responsable, pero con menos control convencional y además, los padres pueden ser usuarios de alcohol, tabaco y otras drogas, lo cual favorece a tener una actitud permisiva y tolerante hacia el uso de drogas. Sin embargo, los adolescentes que más drogas usaban se encontraban en el estilo parental no comprometido, estas familias no eran exigentes, estructuradas ni receptivas, además tenían una alta tasa de divorcios. También Lamborn, Mounts, Steinberg y Dornbusch (1991) encontraron que los hijos de padres indulgentes o permisivos presentaban una mayor tasa de abuso de sustancias y malas conductas escolares. Contrariamente, en otra investigación llevada a cabo por Resnick (1997) se observó como los jóvenes educados con principios éticos tenían menor riesgo de consumir sustancias, manifestar violencia en sus relaciones y menor número de pensamientos suicidas.

La violencia intrafamiliar también se ha considerado como uno de los conflictos que influyen en el consumo de sustancias psicoactivas, se ha encontrado que los adolescentes expuestos a la violencia familiar tienden a ser más agresivos y a exhibir conductas violentas, problemas en sus escuelas y comunidades, teniendo un temperamento violento, problemas emocionales, depresión, anorexia, bajos niveles de competencia social y un bajo desempeño académico (Fantuzzo, 1999).

Una investigación realizada por Ruiz, Herrera, Martínez, y Supervielle (2014) reveló que 34,88 % de los 43 adolescentes adictos encuestados tenía familiares drogodependientes. Este dato concuerda con los datos encontrados por Baumrind (1991) y Merikangas et al. (1998) quienes también señalan que existe una relación y mayor vulnerabilidad si hay presencia de uso

de drogas por parte de los padres. Así mismo, la tolerancia de la familia hacia el consumo de sustancias psicoactivas influye de una manera significativa en el consumo de sustancias del adolescente, la información revelada en la Encuesta Nacional de Consumo de Drogas, Alcohol y Tabaco 2016-2017 muestra que el 3% de los consumidores hombres y el 1.5% de las mujeres reportaron tolerancia por parte de los padres, a diferencia de los no consumidores, donde solamente el 0.6% de hombres y mujeres señalan tolerancia hacia el consumo de sustancias (Instituto Nacional de Psiquiatría Ramón de la Fuente Muñiz; Comisión Nacional Contra las Adicciones, Secretaría de Salud, 2017).

Trujillo-Guerrero, Vázquez-Cruz y Córdova-Soriano (2016) mencionan sobre la importancia de la percepción que tienen los adolescentes en cuanto a comprensión y apoyo por parte de sus padres, ya que si existe una percepción de incomprensión y disfuncionalidad en su ambiente familiar, los jóvenes son más vulnerables a experimentar malos hábitos para la salud, como es el consumo de alcohol.

Se ha señalado que los factores de protección o condiciones que pueden servir para reducir la posibilidad de iniciación de tabaco, así como de otras drogas, son el afecto de los padres, el apoyo emocional, el control parental y familiar y la supervisión (Brook, Whiteman, Gordon, Brook, 1983; Chilcoat, Dishion y Anthony, 1995). En un estudio transnacional realizado por Gosebruch y su equipo de colaboradores (2003) con el objetivo de probar si las acciones destinadas a aumentar la atención que los padres prestan a sus hijos, la comunicación y la supervisión, sirven para reducir la incidencia del consumo de tabaco, los autores concluyeron que es conveniente incluir la atención de los padres o familia en los programas de prevención del tabaquismo.

En el mismo sentido, en otros países se han implementado programas para adiestrar a los padres en una educación efectiva, la cual ha mostrado un éxito considerable para reducir los comportamientos antisociales como el abuso de drogas o actos delictivos (Patterson, 1992; Dishion, Kavanagh y Kiesner, 1992). En una investigación de Webster-Stratton (1996) se

incluyó el uso de videos para apoyar a los padres a mejorar sus destrezas e implicarse en las tareas de sus hijos, del mismo modo se incluyó a los profesores para tener un mejor manejo del aula y para facilitar mejores vínculos hogar-escuela, con resultados que favorecían diversos aspectos de las relaciones entre los maestros y los alumnos adolescentes.

Capítulo IV. Consumo de sustancias psicoactivas

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