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2.7 Histomorphometry, and statistical analysis
En el marco del entorno social, la violencia se vincula —en el contexto caribeño— con las condiciones que originan la criminalidad, entre las cuales la pobreza y el desempleo son factores esenciales. Algunos estu- dios de casos indican que el desarrollo de una cultura de la violencia data al menos de unos 40 años atrás, y que actualmente se relaciona con la importación y el tráfico de armas pequeñas, y en menor medida en el narcotráfico, y se sugiere que existen diferencias en la violencia asociada con pandillas (vinculada a la criminalidad y delincuencia) y la violencia en el seno de la comunidad. 73
Las iniciativas de manejo de crisis no han funcionado mucho en el caso de Jamaica74, sin embargo se da algún margen de crédito
a la participación de la comunidad en iniciativas relacionadas con la vigilancia policial. En el 2002 el Ministro de Seguridad solicitó a la sociedad civil y a los políticos trabajar con la Policía y las Fuerzas de
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Seguridad para difuminar la violencia y enfrentar la problemática en sus especificidades. Entre los factores que inciden en ella están los efec- tos de la migración, los deportados con causas criminales, la pobreza, la carencia de actividades para la juventud (la población caribeña es mayoritariamente joven), entre otras.
En lo que se refiere a la comunidad, habría que decir que la vio- lencia que se genera en la misma se relaciona con la identidad75, y en
este sentido habría tal vez que desarrollar una dinámica de reafirmación identitaria. En lo que se refiere a la identidad cultural, es necesario recordar que el “apego a la civilización propia es condición indispensa- ble para el internacionalismo cultural”76 Es importante en este terreno,
rescatar la unidad de las comunidades frente a desafíos comunes y en este terreno sería relevante el desarrollo de las medidas de confianza mutua en el marco de la comunidad misma. Al mismo tiempo, los programas sociales y económicos son importantes para enfrentar este trabajo y en este marco hay temas que son especialmente medulares como es el del medio ambiente y la seguridad, en este terreno.
El desempleo, la pobreza, que afecta los sectores jóvenes de la población, desembocan en una agudización de las condiciones que generan un ámbito propicio para la violencia (gangas, bandas, crimen organizado, tráfico ilegal de diversos órdenes, delincuencia, etc.). A esto se agrega la migración de amplios segmentos de este sector, factor que en alguna medida, transnacionaliza los ámbitos de la violencia y la ilegalidad.
Haití
La agudización de la crisis en Haití —a comienzos de febrero de 2004— introducía un elemento complejo en el escenario caribeño y hemisférico. Haití, a pesar de haber sido el primer país que se in- dependizó en América Latina, no ha logrado consolidar un sistema político viable, en consonancia con las necesidades de su población. Cabe recordar que Haití es el país más pobre del hemisferio. Décadas de dictaduras brutales, represión y corrupción dejan una secuela que, en términos de cultura política, se traduce —eventualmente— en la reedición de estructuras y formas de hacer política en cuanto a mé- todos, formas y espacios de participación, que no son radicalmente
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diferentes a aquellas que se supone las reemplazan y superan. J.B. Aristide derrochó el espacio que le daba el acceso al poder político con un amplio margen de apoyo de la población haitiana. Sin embar- go, no contó con el apoyo de la burguesía, ni de la elite empresarial, que tradicionalmente fue aliada del poder político. Estos sectores no tienen noción de la necesidad de un nuevo contrato social y de imple- mentar la democracia —por la cual luchó el pueblo haitiano durante décadas de dictadura— que permita espacios y participación de todos los sectores de la sociedad, en la perspectiva de lograr la estabilidad e inserción del país en el nuevo contexto internacional.
La herencia socio-política de la dictadura duvalierista y neo-du- valierista —de terror y despolitización— resulta, en el marco de la persistencia de contradicciones socio-políticas profundas, en una la ausencia de una cultura política participativa y viable y en la reedición de estructuras y formas de hacer política en cuanto a métodos, formas y espacios de participación donde el referente histórico está presente. Se trata de un régimen económico distorsionado y estructuralmente en una crisis prolongada. La globalización y las iniciativas moderniza- doras contribuyen a incrementar las tensiones sociales y políticas. La corrupción y el desvío de recursos, la economía informal, el tráfico de armas y el narcotráfico contribuyen a este cuadro desolador. A esto se agrega los efectos del embargo aplicado por los Estados Unidos prácticamente durante todo el período de gobierno de Aristide.
En el marco de la problemática vinculada a la sucesión de Aris- tide por un gobierno interino y los espacios de poder, cabe considerar las aspiraciones de los ex-militares haitianos y las bandas armadas, la oposición, el gobierno de transición, y los factores externos, que siguen estando presente. La formación de un gobierno interino tecnocrático no resuelve el problema, sino que más bien abre inte- rrogantes en cuanto a la forma que dicho gobierno procederá frente a agrupaciones políticas pro —y anti— Aristide. El desarme de las bandas armadas, que debería no ser selectivo, es un elemento medular en este contexto.
La inclusión de todos los sectores sociales en aras de la legiti- midad, los tiempos y las secuencias en la reconstrucción de Haití
son factores esenciales. En el 2004, el mandato de ONU en Haití
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de permanencia mas allá de 6 meses. Dado los antecedentes, los resultados de la actual iniciativa se perfilan como inciertos. A esto se agrega una reacción lenta por parte de la comunidad internacional, a pesar de los planteamientos del Representante Especial de ONU en torno a la necesidad de que la comunidad internacional pese decisi- vamente en la reconstrucción de Haití y mantenga su compromiso durante varios años.77 En el plano interno, incentivar la participación
de la sociedad civil contribuiría al desarrollo de una cultura política renovada en el país.