no se han abandonado y que no se encuentran en proceso de degradación son los siguientes:
- Desbroce de matorral y regenerado. Especialmente de aquellas plantas que facilitan la expansión generalizada de Phytophtora cinnamoni (tinta del castaño) como el género Erica spp., facilitando infecciones posteriores en los casta- ños (Fernandes, 1966).
Hay que tener siempre presente que sin trabajos cultura- les los castañares irremisiblemente se invaden por matorral heliófilo y por otros árboles, hasta el punto de desaparecer como formaciones, bien sea por competencia intraespecífi- ca o como consecuencia de incendios que avanzan rápida- mente con cargas de combustible altas. En caso de pies de gran tamaño, estos pueden ser los más afectados, debido a que suelen presentar oquedades por las que penetra el fue- go con facilidad (Figura 1, abajo)
-Poda de ramas secas (escamonda). Este tipo de práctica se refiere a la eliminación de ramas muertas por poda na- tural, no produciéndose alteración del equilibrio fisiológico del árbol al no reducirse de forma importante la superfi- cie foliar (Serrada, 2005). Las ramas secas proporcionan un camino natural de entrada a hongos e insectos en los pies vivos, una vez eliminadas los muñones se cubren rápi- damente, con lo que se acorta el tiempo durante el cual la rama está expuesta a ataques (Hawley y Smith, 1982).
La manera de proceder más adecuada es cortar las ramas cuando se ha iniciado la muerte apical y permanecen vivos los tejidos de su inserción en el fuste. Si, por el contrario, al realizar la escamonda se ha producido ya la muerte comple- ta de la rama se habrá de procurar no afectar a los rodetes de cicatrización que rodean al muñón, ni provocar cortes o desgarros sobre la corteza del fuste.
- Eliminación de brotes, tanto de los que salen de la base como de los brotes epicórmicos (Figura 2). Esta operación cultural suele incluirse con frecuencia dentro de la denomi- nación de escamonda. Estos brotes son, a veces, un fenóme- no espontáneo tras la puesta en luz de los pies, y otras veces son inducidos por la reducción de superficie foliar como consecuencia de ramas vivas o por daños mecánicos produ- cidos por nieve, viento o granizo (Serrada, 2005). Su eje- cución es por tanto similar a la descrita en el párrafo ante- rior, recomendándose repetir esta operación cada dos años Figura 1. Vista panorámica de un soto que se mantiene desbrozado
(arriba). Soto con castaños centenarios quemados por un incendio de- bido a la ausencia de desbroces (abajo)
para evitar especialmente la emisión de brotes chupones, algo muy habitual en castaño (Bourgeois et al., 2004).
- Manejo del suelo. El manejo superficial del suelo me- diante diferentes aperos (escarificador, grada de discos, etc.), tiene varias motivaciones (Figura 5). Por un lado, se trata de mantener el terreno limpio, reducir la competencia hí- drica de determinadas especies de matorral y herbáceas (especialmente en verano), incorporación de la hojarasca al suelo, incorporación de fertilizantes orgánicos y minera- les, preparación del terreno para la cosecha anual, ruptura de costras superficiales de partículas finas para favorecer Figura 3. Proceso de renovación de la copa en un soto para producción de fruto y madera (arriba), o solamente fruto (abajo)
Figura 2. Vista de un pie de castaño decrépito en el que ha salido un brote en la base (izquierda). Brote bajo desarrollado (derecha)
- Renovación de la copa. Las podas de renovación tienen como objetivo preferente reactivar la producción de fruto (envejecimiento de brotes y yemas), aumentando la producti- vidad de los sotos y mejorando el calibre de la castaña (Araki y Nakaoka, 1982; Araki et al., 1988; Pires et al., 2005), y en determinados cultivares madera (desarrollo de vigas ma- derables). En el caso de producción mixta (fruto y madera) esta práctica se realiza aproximadamente cada 25-35 años (Fernández López, 1984)
Se deberá de ejecutar de forma gradual y por encima del injerto, para que se siga conservando la variedad; sino, será necesario proceder de nuevo a realizar el injerto (Figura 3).
- Eliminación de la hojarasca. Este tratamiento cultural es especialmente importante en áreas con mucha inciden- cia de Mycosphaerella maculiformis, ya que, de esta ma- nera se destruyen las peritecios del hongo y se corta así el ciclo evolutivo del mismo (Mansilla et al., 2003). La hoja se puede acumular en pequeños montones que se van des- componiendo a lo largo del invierno o eliminarse mediante quema (Figura 4).
la aireación del suelo, etc. (Portela et al., 2007). Pero también, de acuerdo con estudios realizados por Porte- la et al.(1999), Marcelino et al. (2000), Raimundo et al.(2001) y Raimundo (2003), esta movilización del suelo puede presentar inconvenientes: compactación del suelo, formación de costras superficiales, pérdida de materia or- gánica, disminución de la biodiversidad, incremento de la erosión del suelo y riesgo de entrada de patógenos, como la tinta del castaño.
En general las podas frecuentes, efectuadas anualmente o en períodos cortos, pueden no dar origen a pérdidas en nutrientes, especialmente si se cortan diámetros pequeños (Portela y Pinto, 2004), aunque se debería dejar en el soto todo o parte del material podado. Obviamente en sotos infectados con chancro o con riesgo a ser infectados se re- comiendo la quema o la retirada de todo el material podado, y en caso de actuaciones severas se recomienda una fertili- zación posterior (Pires y Portela, 2007).
Figura 5. Soto en el que se ha hecho un manejo superficial del suelo (arriba). Castañar con sub-cultivo de centeno (abajo)
Figura 4. Acumulación de hojarasca (arriba). Eliminación de hojaras- ca mediante fuego (abajo)
En definitiva, se trata de mantener al castañar en un buen estado selvícola y sanitario, de manera que la productividad de los cultivares sea óptima en fruto y en madera (en el caso de cultivares con doble aptitud). En todos los casos se debe realizar una adecuada selección de los rebrotes altos, equili- brando la competencia en cada tronco.