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Impact of the background of key persons on the reforms

4.3 Hypothesis development

4.7.1 Impact of the background of key persons on the reforms

Vive rápido, muere joven y deja un bonito cadáver.

James Dean

Dentro del acervo popular latinoamericano y mundial, particularmente urbano, ocupa un lugar importante un personaje que brilla con luz propia en el mundo de la mitología política y en el contexto de las grandes leyendas del siglo XX: el Che Guevara. Muchas inquietantes preguntas surgen frente a una leyenda y un mito creado en torno a una figura que se convirtió en el signo emblemático de los movimientos de mayo del 68, y que desde hace 30 años hace parte de los grafitis, afiches, leyendas y consignas de la juventud vinculada a los movimientos estudiantiles, pero que también pertenece al submundo de la sociedad de consumo, siempre presta a utilizar estos signos míticos en su publicidad y promociones comerciales.

La historia del guerrillero argentino-cubano encaja con aquel fenómeno que Miguel de Unamuno denominaba el sino trágico de los grandes héroes y mitos, donde la regla histórica parece repetirse en todos los casos: para que viva en la imagen popular es preciso que el héroe muera prematuramente, de la manera más trágica y dolorosa posible, reivindicando aquello que a la postre es el signo distintivo del ideario judeocristiano que reedita el camino del martirio, dolor y el sufrimiento seguido por Jesús, que ha servido de modelo para la heroificación de personajes tan disímiles y controvertidos como el Che, Evita, Gardel y otras figuras que hacen parte de la cultura popular de los países latinoamericanos. Los posters que nos muestran el Ché joven, gallardo, con su boina negra y su barba hirsuta, nos hablan del “Cristo guerrillero”, rebelde e insurgente. Muy diferente a las fotos que exponen el macabro retrato del “Cristo fusilado”, que exhiben a

un personaje sacrificado y mártir, cuyo cadáver yace en las frías losas de Camiri. Ambas imágenes nos muestran dos dimensiones del mito: la del justo y la del justo ajusticiado, las cuales han servido para eternizar una leyenda que ha servido para alimentar las fantasías y el imaginario colectivo de nuestros pueblos. Este hecho no parece ser accidental, ya que no hay que olvidar que en reiteradas oportunidades se han fusionado los íconos de Jesús y el Ché, buscando integrarlos en una sola efigie. Por ejemplo, la Promoción de las Iglesias (CAN), una organización cristiana británica difundió un afiche de Jesús adulto coronado con espinas y con la leyenda “Meek Muld As If”. Los miembros de esta organización justifican el afiche en estos términos: “Jesús no fue crucificado por ser manso y humilde. Él desafió la autoridad. Se le dio una corona de espinas en una parodia cruel de sus afirmaciones sobre el anuncio del Reino de Dios”.

Otro afiche similar nos muestra la cara infantil de Jesús sustituyendo a la del símbolo rebelde, y con el familiar trasfondo del afiche del Che, porque a juicio de los responsables de estas campañas ambos fueron revolucionarios de verdad y ambos retaron y desafiaron el reino de los poderosos. Un vocero de CAN defendió su elección como inspiración a su campaña, recordando que Jesús “fue una imagen retadora, un héroe, un revolucionario de verdad”. “Fue Jesús el que retó al mundo, no el Che. Y no fue un Jesús gentil, tímido o suave” (Protestante Digital, 2011). La organización decidió romper en Navidad con la clásica figura del Niño Jesús y lo reemplazó con algo completamente diferente: el rostro de un niño que se asemejaba al Che Guevara. Chas Bayfield, cantante del grupo “Bite The Stars” que colaboró en esta campaña, explica la razón para abandonar la tradicional imagen del Niño Jesús en Belén, “Queríamos llevar a Jesús fuera de la obra de Navidad y retratarlo como un héroe de hoy en día. El cartel muestra el Cristo de la Navidad no sólo como un bebé, sino también como el revolucionario que se convirtió. Dice Chas Bayfield: “Sus actitudes y comportamientos eran revolucionarios. Él trató a las mujeres con respeto. Pasó tiempo con ladrones, estafadores, prostitutas y las clases bajas infectados con la enfermedad. Él se mostró desafiante, pero cariñoso. Él era un proscrito, visto como un agitador político, un hombre perseguido y odiado por las autoridades. Su revolución fue una de amor, respeto y esperanza. En todo lo que hacía, Cristo era un revolucionario. Hemos querido contrastar Jesús con los revolucionarios del siglo XX, para que la gente reconsidere lo que hace que un revolucionario persona” (Inspiration Room, 2006).

Para sus biógrafos, nada más lejano a la personalidad del Che que la imagen de un Jesús piadoso y no violento, que a la postre se convertiría en el apóstol de la violencia y de la lucha armada. En una carta que le dirige a su tía Beatriz el 10 de diciembre de 1953, le decía: “En el Paso tuve la oportunidad de pasar por los dominios de la United Fruit convenciéndome una vez más, de lo terrible que

son esos pulpos capitalistas. He jurado ante una estampa del viejo y llorado camarada Stalin, no descansar hasta ver aniquilados estos pulpos capitalistas”. En otra carta dirigida en 1956 a su madre le confiesa: “no soy Cristo ni un filántropo, soy todo lo contrario de un Cristo. Lucho por las cosas en las que creo con todas las armas de que dispongo y trato de dejar muerto al otro para que no me claven en ninguna cruz o en ninguna otra cosa”. Y su actitud no se limitó a la comunicación epistolar, ya que su crueldad la puso en evidencia en muchos pasajes de su agitada vida (Lowy, 1970).

El libro “Guerra de guerrillas”, escrito a finales de la década del 50 por el Che, se transformó en el manual de cabecera de quienes buscaban en Latinoamérica alcanzar el poder por la vía armada Durante muchos años se mitificó una obra que para los expertos militares es sólo un libro político con algunas referencias generales a nivel logístico ¿Pero qué grado de formación y de experiencia militar y guerrillera tenía el Che Guevara como para convertirse de la noche a la mañana en el gran estratega y teórico de la lucha guerrillera? Hay que recordar que en Argentina no hizo el servicio militar debido a su asma y sólo recién cuando el coronel Alberto Bayo Giroud entrenó al grupo de cubanos encabezados por Fidel Castro en México, se familiarizó con el uso de las armas, cuyas referencias eran puramente teóricas. El coronel español había luchado con la República en la Guerra Civil Española y era el instructor del pequeño grupo de cubanos que se aprestaba viajar a la isla en el barco Gramma. El Ché fue un guerrero empírico, en todo lo que se refiere a tácticas y estrategias militares, aunque leyó afiebradamente los textos de Sunt-Tzu, Ho Chi Minh o Nguyen Giap. El libro fue publicado originalmente en Cuba en 1960, poco tiempo después del triunfo de la Revolución. En éste se buscaba conjugar su teoría del foquismo y su breve experiencia guerrillera dentro del Movimiento 26 de julio, la cual básicamente se redujo al espacio de la Sierra Maestra y su lucha contra Batista en 1957 y 1958, un ejército escasamente motivado y muy desmoralizado, en tal grado que muchos soldados de la dictadura prefirieron desertar antes de presentar batalla. En México, su entrenamiento militar fue muy breve, porque el tiempo apremiaba y las autoridades mexicanas nunca miraron con buenos ojos el grupo de revolucionarios cubanos que desde México se aprestaba a invadir Cuba. La figura legendaria del Ché Guevara, con su boina negra que cubre su pelo y desgreñada barba, se convirtió en uno de los íconos más difundidos a nivel mundial, ya que hoy la mayoría de los grupos estudiantiles y juveniles lo han transformado en uno de los emblemas de la rebeldía, de la insurgencia y del ideario revolucionario. Muchas veces la mayoría de estos sectores ignora quién fue este personaje, qué ideas tenía, por qué luchó y murió, hecho que parece no tener siempre importancia, ya que los mitos tienen como designio vaciar de contenido a sus modelos originales. Simboliza el prototipo del rebelde,

desadaptado y rebelde sin causa. Su figura hace parte de la identidad personal de los jóvenes, al igual que una medalla, un anillo o una efigie religiosa, que como un fetiche posee un significado mágico, simbólico o quizás sibilino. La sociedad de consumo, al mismo ritmo que vende ropa, artículos e indumentarias que nos evocan algunos destacados grupos de rock, del deporte o de la farándula, también lo hace con la figura mítica y simbólica del Ché, porque la juventud demanda artículos que satisfagan sus razones de identidad, sus fetiches purificadores o quizás su adrenalina.

La obra “Comediantes y mártires” de Juan José Sebreli habla y ataca los tabúes, los prejuicios, las supersticiones. El ensayista parte en su libro de que “todo personaje es susceptible de ser transformado en mito”. Las cuatro figuras que analiza (Gardel, Evita, el Ché y Maradona) según él, “estaban decididos ya desde la infancia a ser gente distinta”. Pero no todos sabían cómo ni en qué se iban a destacar. “En el caso de Evita, su idea era ser actriz y acabó como líder político; Che Guevara no sabía qué ser, si escritor, médico, antropólogo”. El autor reivindica el azar como uno de los factores que influyen en la creación de un mito, en forma muy similar a las aventuradas teorías de Otto Rühle que nos hablaba de los azares orgánicos y fisiológicos generados por algunas enfermedades que determinaron la vida de algunos personajes históricos, entre ellos Carlos Marx. “¿Qué hubiera sido de Evita sin el encuentro con Perón? O el Che, que 15 días antes de su encuentro con Fidel Castro estaba proyectando conseguir una beca para irse a París”, escribe Sebreli.

Fiel a su teoría determinista del azar, el escritor centra su atención en el rostro del Che Guevara fotografiado por Korda que se convertiría en un símbolo emblemático a nivel mundial. Pero para Sebreli también ahí el azar estuvo presente. “Él ni siquiera participó en aquella ceremonia; se asomó sólo un instante, que le inmortalizó para la eternidad”. Lo mismo que le ocurrió después de su asesinato en Bolivia. “El verdadero Ché muerto era una figura desastrosa, con la barba crecida, una cosa desagradable. Así que la CIA y el gobierno boliviano pensaron que nadie se creería que fuese a ser él. Lo limpiaron, lo afeitaron y lo convirtieron en un bello muerto”, explica el autor. ¿Será el azar la fuerza determinante de la historia o detrás de ella hay algo más que el albur, el destino o la simple casualidad? Si fuera así, nuestro héroe hubiera sido un flamante voluntario de “médicos sin fronteras” o un romántico desadaptado que buscaba cambiar nuestros sistemas sociales, pero no un revolucionario malogrado que golpeó todas las puertas que muy pocos quisieron abrir.

Como la mayoría de los mitos, estos nacen cuando muere físicamente la persona, el acontecimiento o el objeto que los producen. Su fama internacional se produjo en el 60 cuando triunfó la revolución cubana y la prensa hablaba de un médico

argentino que comandaba una de los destacamentos que derrocó a al dictador Batista. Poco o nada se sabía de su vida y de sus andanzas por Cuba, África y finalmente, por Bolivia donde moriría ejecutado el 3 de noviembre de 1967 por las tropas del dictador, René Barrientos. Cuando se supo los detalles de su muerte y de su peregrinaje por los países buscando darle sentido a su vocación revolucionaria, comienza a construirse un mito que hoy día hace parte del imaginario social e histórico de nuestros pueblos. El Ché tuvo una vida revolucionaria y personal fulgurante y meteórica, ya que en sólo siete años desempeñó numerosos cargos en el gobierno cubano, viajó al Congo para asesorar a las guerrillas de Sumialoto y Mulele, visitó los países del Este de Europa, desafió al gigante norteamericano en la reunión de Punta de Este, se casó dos veces y decidió a abandonar la política para regresar a lo suyo: la lucha armada.

Los primeros signos de la prolongada mitificación que tuvo la efigie del Ché aparecieron en las manifestaciones del Mayo francés, apenas a un año de su muerte en Bolivia. En la mayoría de las habitaciones juveniles se veía un afiche con su figura y la consigna “Hasta la victoria siempre”, repetida a coro por los estudiantes en las convulsionadas calles del Mayo francés. Al igual que la mayoría de los mitos, su figura y su valor simbólico fue superior a su obra, que para muchos estuvo marcada por el sello del fracaso, que para un mito no siempre va tener alguna importancia o significado.

Su figura vivió en medio de una extrema polarización política que lo convirtió en ángel y villano, en expresión pura de la entrega y sacrificio por una causa noble, o según sus detractores, sólo en el producto de la propaganda antojadiza de los revolucionarios de turno. Es difícil sustraerse a un mito que algunos analistas afirman que se puede alimentar y crecer, pero nunca destruir, porque éste es un proceso circular que “crece al ser golpeado” y aumenta en la medida que responde a las angustias, los sueños y ansiedades del hombre social de carne y hueso. Como lo afirma Barthes, los mitos sobreviven, porque si bien responden a una necesidad deseada y soñada del ser humano, también en alguna medida se encuentran vinculados a la realidad.

Sobre su vida se han escrito centenares de libros y artículos, y se han filmado numerosos películas y documentales. De la misma manera que numerosos poetas y escritores han glorificado su persona y sus hazañas, sus detractores buscaron desmontar su mito personal o centrar sus críticas en la irracionalidad y el aventurerismo de los movimientos insurgentes. Su semblante adorna jarros de café, caperuzas, encendedores, llaveros, billeteras, camisetas deportivas, carteras finas, jeans de Denim, té de hierbas, remeras con la clásica fotografía del Ché del fotógrafo Korda, que se convertiría en el logotipo del revolucionario y del rebelde. Su comercialización no es accidental ni fortuita. Ella hace parte de una

bien programada estrategia de marketing promovida por grandes corporaciones y pequeñas empresas.

La Burlington Coat Factory en diversos programas publicitarios de la televisión, realizados en varios estados norteamericanos, promovió la venta de ropa de niños y jóvenes con su figura. En Nueva Jersey, frente a la furia y protestas de los exiliados cubanos, un propietario de una boutique respondió “Yo vendo lo que la gente desea comprar”. En San Francisco, la “City Lights Books”, el legendario hogar de la literatura beat, invita a los visitantes a una sección dedicada a América Latina en la cual la mitad de los estantes se encuentra ocupada por libros dedicados al Ché. El Presidente Menem aprobó la distribución de miles de sellos postales con su foto en el campo de refugiados de Dheished, en el margen del río Jordán, los afiches con su rostro adornan un muro donde se le rinde tributo a la Intifada. La empresa licorera Smirnoff utilizó su foto para promover una marca de Vodka. Existe un video-juego “Guerrilla War” creado por una empresa japonesa, que lo promueve con la siguiente leyenda: ¡El corrupto y opresivo régimen de Batista ha dominado a la clase obrera cubana por demasiado tiempo! Toma el rol de Ernesto “Che” Guevara y Fidel Castro y libera al pueblo cubano de la dominación burguesa… oh, y tienes granadas ilimitadas”.

La lista de productos y de usos consumistas del rostro inmortalizado por la cámara de Korda es interminable, y abarca toda una gama diferentes de usos. Por ejemplo, existe un perfume de hombres denominado “Ché Guevara”, fabricado por una empresa cosmética francesa. Tanto en el envase, como la caja del perfume, tienen su cara donde se destaca la estrella roja que adorna su boina. Muchas interrogantes surgen en torno a las verdaderas intenciones de este perfume, que al igual que otro similar que lleva la figura del actor español Antonio Banderas, es un gancho comercial de la fragancia para hombres cuya mayor virtud sería reflejar la virilidad del protagonista del perfume. ¿Quiénes compran perfumes “Che Guevara for men”? Un destacado periodista norteamericano, Jon Lee Anderson, afirma burlonamente que sus consumidores buscan el estilo “Che Chic”, quizás porque desean oler como el comandante, adquirir los ideales del Ché con esta fragancia o ser atractivo como éste. Lo más seguro es que nadie, a ciencia cierta sabe si el revolucionario cubano en medio del fragor de los combates en la selva usaba o no perfume.

Durante varias décadas, el Ché Guevara pasó de ser el novio platónico de las quinceañeras de la década de los 60, buenmozo y “churro”, para convertirse en un logotipo comercial más, dentro de la vorágine del mercado de consumo. De su imagen todos se benefician (izquierdistas, centristas y derechistas) y por la cual, nadie ha pagado royalties o derechos de propiedad. La fotografía que lo lanzó a la fama es obra del fotógrafo cubano Alberto Korda, tomada el 5 de marzo

de 1960 cuando asistía al entierro de las víctimas del barco “La Coubre”, que fue volado en el puerto cubano. La instantánea no tardó en recorrer el mundo a manera de postal entre todos sus seguidores. Pero gracias al artista irlandés Jim Fitzpatrick, que en 1968 decide convertir la fotografía de Korda en una obra plástica, es publicada por primera vez en la revista alemana Stern. Nace el famoso póster rojinegro del “Ché”, con su clásica boina de soldado y su estrella solitaria, que en un par de décadas se difundió por todo el mundo. La imagen comenzó a distribuirse entre estudiantes, cuyas camisetas y afiches transformaron la imagen en un potente símbolo de rebeldía.

La imagen del revolucionario se trocó en el leitmotiv de una estética pop de los sesenta, que aún conserva vigencia entre sus fieles seguidores. Curiosamente, después de 43 años de libre utilización de la imagen, recién Fitzpatrick en febrero del 2011 se propuso registrar la obra para que se le reconociera sus derechos de autor y evitar así de alguna forma los “burdos propósitos comerciales” sobre la misma. “Lo diseñé deliberadamente para que se reprodujera como conejos”, afirma, pero parece que no tomó conciencia de los efectos descomunales que iba a tener esta imagen. Le quitó el volumen a la fotografía y lo convirtió en un grafismo plano y fácilmente manipulable, en rojo y negro, colores que van a convertirse posteriormente en los símbolos de grupos de extrema izquierda El Instituto de Arte de Maryland (Estados Unidos) la denominó Korda’s photo, es decir, La Foto de Korda: “La más famosa fotografía e ícono gráfico del mundo en el siglo XX”. Trisha Ziff, directora de una exposición itinerante sobre la iconografía del Che, declaró a la BBC que el Che Guevara se transformaría en una marca tan famosa como la de Coca Cola, IBM o un automóvil Ford. Y el logo de la marca es la imagen, que representa el cambio, la rebeldía, el ícono del pensamiento alternativo a cualquier nivel o edad, ya sea antiguerra, proecologista o antiglobalización.

Pero la historia de la foto de Korda y el diseño de Fitzpatrick no acaba allí,