2. LITERATURE REVIEW
2.2. Research Questions
2.2.4. Impact of the Learner's Experiences with the Context and Interface on Instructional
El diagnóstico clínico de la PVC es equívoco, una vez que existen otros agentes patogénicos que causan gastroenteritis en perros. Así, el diagnóstico presuntivo basado en la reseña, anamnesis y examen físico debe ser siempre confirmado por exámenes complementarios. El diagnóstico definitivo de PVC requiere demostrar la excreción activa del virus en las heces o del análisis serológico de IgM específica como prueba de infección reciente (Sellon, 2005).
La detección del virus en las heces puede realizarse por diferentes métodos: ELISA (Enzyme- linked immunosorbent assay), Inmunocromatografia (IC) o Hemoaglutinación (HA), que tienen
una sensibilidad relativamente baja (Esfandiari y Klingeborn, 2000). Según este autor, la IC es la prueba rápida de campo más usada porque es un procedimiento simple, que proporciona el resultado rápidamente, lo que facilita iniciar el tratamiento cuando los síntomas son vagos.
grandes cantidades de antígeno vírico; sin embargo, el período de eliminación fecal del virus es breve, entre el tercero y el séptimo día después de la infección, que equivale al quinto y séptimo de la manifestación clínica de la enfermedad (Tennant, 2001). Este período es bastante corto para la detección del virus, lo que puede afectar el resultado; conjuntamente con la subjetividad del operador, en particular cuando la cantidad vírica excretada es baja (Desario et al., 2005).
La detección del virus en heces confirma la infección, aunque pueden obtenerse falsos positivos por la administración de vacunas atenuadas vivas de PVC-2 que originan eliminación fecal del virus de 5 a 12 días después de la vacunación; del mismo modo se detectan falsos negativos por la reacción del antígeno de la prueba con los Ac neutralizantes presentes en la diarrea, por lo que una prueba de ELISA negativo no excluye la posibilidad de infección por PVC-2 (McCaw y Hoskins, 2006).
La Inhibición de la Hemoaglutinación (IH) puede demostrar la existencia de Ac en el suero. En la actualidad se emplean pruebas de ELISA especializadas (ELISA indirecto, ELISA de competición y ELISA doble sandwich) para la detección en el suero de Ac específicos contra el PVC, que poseen mayor sensibilidad que la IH (Macintire y Smith-Carr, 1997; Santos, 2011).
Con la aparición de la nueva variante de PVC-2c surgieron dudas acerca de la capacidad de su detección por IC, las que fueron esclarecidas por Decaro et al. (2010), quienes demostraron que
estas pruebas poseían alta eficacia en la detección de la variante PVC-2c; aunque recomiendan para el diagnóstico de parvovirus recurrir inicialmente a dichas pruebas y en casos sospechosos realizar pruebas de PCR (Polymerase Chain Reaction), por la elevada sensibilidad de este
método.
La hemoaglutinación (HA) y el aislamiento viral (AV) solo pueden ser ejecutados en laboratorios especializados, y en el caso de la HA es poco sensible porque requiere elevadas cantidades del virus para generar HA inducida por PVC-2 (Desario et al., 2005; Decaro et al., 2005). El AV es
más sensible que la HA, pero demasiado laborioso y demorado (5 a 10 días) para ser utilizado como prueba de diagnóstico rutinaria. Este método requiere cultivos celulares que solo pueden ser propagados en laboratorios especializados; además, la titulación vírica en estos cultivos es
trabajosa y no aplicable como examen de rutina (Santos, 2011).
La mayor desventaja de los métodos de HA y AV es la baja sensibilidad, posiblemente debida a la presencia de Ac en el lumen intestinal de los animales infectados que se pueden ligar a los viriones e impedir la HA. Decaro et al. (2005), demostraron que en infecciones naturales y
experimentales, el PVC-2 es detectado por HA o AV apenas durante algunos días después de la infección, lo que hace que esas técnicas puedan originar falsos negativos, mientras existe gran cantidad de ADN vírico detectado por PCR (Desario et al., 2005).
También se puede recurrir a métodos inmunoquímicos para la detección de virus en cultivos de tejidos o la pesquisa por microscopia electrónica en heces o tejidos, a pesar de que éstos no se encuentren disponibles comercialmente. El uso de microscopía electrónica para demostrar la excreción fecal de parvovirus no es funcional en la práctica clínica (Tennant, 2001; Sellon, 2005).
Los métodos basados en la detección de ADN por RT-PCR son altamente sensibles, por lo cual pueden reducir el número de resultados falsos negativos que ocurren con las pruebas de ELISA en heces. Este método también es útil en la diferenciación entre variantes de PVC-2 virulentas y vacunales (Pereira et al., 2000; Buonavoglia et al., 2001), y mostró tener igual sensibilidad para
todas las variantes de PVC-2 (Desario et al., 2005).
La RT-PCR demostró ser específico, reproducible y más rápido y sensible que el PCR convencional en gel para detectar y cuantificar el ADN de PVC-2 en heces (Desario et al., 2005).
La RT-PCR posibilita la identificación de animales cuyas heces posean cargas víricas bajas, lo que facilita la adopción de medidas preventivas (Decaro et al., 2005). Además, esta técnica puede
ser útil para un mejor conocimiento de la patogénesis de la infección por PVC-2, especialmente en cuanto a la duración del período de eliminación y a la cantidad de viriones excretados por perros infectados y por animales vacunados (Santos, 2011).
Precisar la duración del período de eliminación vírica y la cantidad de ADN vírico excretada sería de gran importancia en la evaluación de la eficacia de las vacunas y extremadamente útil para comprender si las diferencias antigénicas entre la variante PVC-2 original y las variantes 2a, 2b,
2c pueden justificar el fallo parcial de las vacunas basadas en PVC-2 más antiguas en la protección de perros contra las variantes antigénicas en condiciones naturales o experimentales (Decaro et al., 2005).