En 1986, a iniciativa de algunos arqueólogos, el Ministerio de Educación y Cultura asumirá la responsabilidad de hacer frente al acelerado pro- ceso de destrucción de los cerritos por el cultivo de arroz y las obras hidráulicas (Reta, 1986). Esto permitía al Estado uruguayo, la novedosa tarea de responder frente a las situaciones de impacto. Con recursos humanos formados en el país, los proyectos irán desde la clásica situación de res- cate (Bracco y López, 1990a y 1990b), a los pro- yectos diseñados en torno a regiones (San Miguel,
Laguna Negra, Los Ajos, India Muerta, costa Atlánti- ca) o problemáticas particulares (complejidad, monumentalidad, cambio cultural). Los marcos teóricos y las estrategias metodológicas y técni- cas, seguirán más de cerca la evolución de la pro- pia disciplina en América, y en particular en Ar- gentina. En el marco de una hegemonía nortea- mericana en América Latina en la época, las orientaciones privilegiarán las ópticas procesua- listas, ecológicas-evolutivas y adaptacionistas (Curbelo et al., 1990; López, 1992; Bracco, 1992; López y Bracco, 1992, 1994). Pueden apreciarse también contribuciones de la teoría del forrajeo óptimo (Bracco, 1995), el análisis distribucional (Curbelo et al., 1990; López, 1995), y más recien- temente una preocupación por el estudio de los paisajes arqueológicos (López, 1995, 1998, 1999; 1997; López y Gianotti, 1997; López y Pintos, 2000; Pintos, 1998).
Desde julio de 1986, comienza una intensa actividad de campo, de estudios de laboratorio y debate de interpretaciones. El número de sitios
excavados y la diversidad de éstos, aumentó ver- tiginosamente (Tabla 1), junto con el de fechados de Carbono 14 (Tabla 2). Esto permitió una ma- yor resolución sobre la construcción de unidades espacio-temporales y consiguientemente, el con- trol de algunas hipótesis de tipo espacial (rela- ción costa/laguna/Sierra) (López e Iriarte, 2000 y 1997). Se multiplicaron igualmente los análisis sedimentarios contribuyendo a mejorar la calidad de los estudios estratigráficos (Durán, 1989; Cas- tiñeira y Piñeiro, 2000), permitiendo reconocer detalles de la evolución paleoambiental regional (González, 1989; Bracco, 1995), así como proble- mas ligados al estudio de los procesos de forma- ción de los sitios (López, 1992, 1995a y 1995b).
Publicaciones sobre Arqueología y sobre la cuenca de la Laguna Merín (CLM). Congresos uruguayos
de Arqueología
1977 1982 1987 1995 1997
Total de artículos 20 20 47 67 170
Artículos sobre CLM 1 2 10 9 15
Tabla 1. Publicaciones sobre Arqueología y sobre la cuenca de la Laguna Merín (CLM).
Año a año, los relevamientos intensivos en di- ferentes zonas permiten conocer las modalidades locales de distribución, mejorando las condicio- nes de estudio de los patrones de asentamiento. Por otro lado la tipología de sitios, permite tam- bién construir un modelo regional de la red de asentamientos. El VIII Congreso Nacional de Ar-
queología ocurrido en Maldonado en 1995, es el primero de la era de la Arqueología Profesional; es también el primero que se realiza luego de 15 años, y marcará un gran aumento en el número de trabajos de diferentes equipos de investigación y en la participación de estudiantes de Arqueolo- gía.
Fechados de C 14 en la cuenca de la Laguna Merín (datos acumulados).
Año 1976 1992 1994 1995 1999
Nº fechados 4 19 27 33 56
Tabla 2. Fechados de Carbono 14 en la cuenca de la Laguna Merín (datos acumulados).
El aumento de los sitios excavados no signifi- có un aumento proporcional de estudios de los materiales recuperados. No obstante, el aumento constante de restos humanos permitió la aplica- ción de diversas técnicas (NMI, ADN, Análisis isotópicos) (Sans, 1991; Bracco, 1993), a los fines de atacar temas como el de las paleodietas y las paleoeconomías. Estudios de distancias entre po- blaciones, mostraron la proximidad entre estas poblaciones prehistóricas y las del Sur de Brasil (Bertoni et al, 2000).
Entre los análisis de materiales sobresalen los zooarqueológicos (Pintos y Gianotti 1995), que
junto con los tecnológicos sobre materiales líticos y cerámica, han permitido inspirar algunos mo- delos de tipo económico. El tipo y la variabilidad de los materiales, han permitido también discutir temas vinculados a la estructura de sitio y al re- conocimiento de zonas domésticas, funerarias y rituales (Curbelo et al, 1990; López, 1992; López y Gianotti, 2000). La evidencia botánica comienza a producir las primeras pruebas de agricultura (Bracco et al., 2000).
La variabilidad de estructuras en tierra man- tiene el debate sobre origen y función de esta ar- quitectura monumental típica de la región (Figu- ra 3). El tema de la existencia de zonas domésti- cas, precisa por parte de los diferentes equipos que trabajan en el área, compatibilizar los crite- rios empleados para identificarlas (Cabrera, 1999; López, 1999). Las hipótesis precisan mayor defi- nición en lo que hace a las conductas humanas identificadas, y al tipo y pertinencia de la prueba arqueológica en relación a cada problema en par- ticular al que vincula desarrollo temporal y fun- ción social.
Particular significación ha recibido el hecho de que desde el primer momento, estas socieda- des prehistóricas no parecieron responder al este- reotipo del cazador-recolector propuesto clásica- mente. La monumentalidad y otras evidencias a nivel del registro arqueológico instalaron poco a poco el debate sobre las condiciones de emergen- cia de complejidad social entre estas poblaciones, siendo tal debate de plena actualidad (López y Bracco, 1994; López 1998, 1999; López y Gianotti, 1997; Pintos, 1998; Andrade y López, 1999).
Figura 3. Cerritos en la zona del río San Luis, De- partamento de Rocha.
Una mención aparte merece el tema de la in- vestigación etnohistórica, ya que ella ha sido lla- mada a vincular lo arqueológico con lo histórico, apoyando analógicamente la interpretación de los hallazgos, y contribuyendo a esclarecer los proce- sos de cambio cultural acaecidos en el área al momento de la llegada de los europeos (Cabrera, 1992). En este tema, particular relevancia adquie- re la discusión sobre la identidad y protagonis- mo, en ese proceso de aculturación de las entida- des etnohistóricas denominadas ‘tapuios’, ‘aracha-
1991; Bracco D., 1998). Investigaciones recientes revelan con claridad un control guenoa (minuan) durante los siglos XVIII y XIX, asociado al desa- rrollo de una intensa actividad pastoril al interior de un territorio más o menos circunscripto (Basi- le, 1991; Bracco D., 1998). No obstante, la relación entre cerritos e indios guenoas (minuanes) no pa- rece aún demostrada.