4.4 The simulator
4.4.2 Implementation details
Shelomo Hamelej escribió en Mishlé 19: "Bait Vahon Najalat Abot UmeHashem Isha Maskalet". "Casa y riqueza pueden ser heredadas de los padres, pero tener una mujer inteligente depende de Di-s".
El Midrash cuenta sobre aquella mujer que preguntó a Ribí Iosé Bar Jalafta: "¿En cuántos días hizo Di-s el mundo?". La respuesta fue: "En seis días, como está escrito en Shemot 31: "En seis días hizo Hashem el cielo y la tierra", contestó el Rab. La mujer consultó: "Y desde aquel momento hasta ahora, ¿qué hace?". El Rab le respondió: "Forma parejas, la hija de Fulano para Fulano". La mujer dijo: "Yo también lo puedo hacer con mis sirvientes y sirvientas". El Rab le contestó: "Si para ti es fácil, para Di-s es tan difícil como cortar el Mar Rojo", luego de lo cual el Rab se retiró.
La mujer trajo mil sirvientes y mil sirvientas, los colocó en dos filas y determinó quién se casaba con quién. Al otro día los sirvientes se presentaron delante de ella, algunos con la cabeza herida, otros con los ojos hinchados o con las piernas golpeadas. "¿Qué les pasó?", preguntó ella. Le contestaron que no se soportaban mutuamente. Fue a buscar rápidamente a Ribí Iose Bar Jalafta y le dijo: "Ribí, vuestra Torá es verdadera y hermosa, todo lo que usted dijo tenía razón".
Aprendemos de este Midrash que la formación de una pareja es realmente un regalo de Di-s. En muchos casos, se trata de una pareja con distintas ideas y educaciones diferentes. A pesar de todo, se unen con amor, cariño y compañerismo, formando generaciones que son orgullo para el pueblo de Israel. Se trata de un milagro que sólo Hashem puede hacer. Por eso, aquellos que argumentan "falta de coincidencias" como motivo de un divorcio o separación, no dan un argumento valedero. Ninguna pareja es coincidente a primera vista, sino que es formada por la Mano Divina de manera milagrosa como vimos en el Midrash anterior. Si se llegó al matrimonio, es porque están dadas las condiciones para el buen funcionamiento de la pareja. Se debe trabajar sobre uno mismo, puliendo las cualidades y perdonando los errores del otro para encontrar los puntos de coincidencia que realmente existen.
En una oportunidad el Sultán de Estambul le dijo al Rabino de la ciudad: "Ustedes argumentan que Hashem forma las parejas y que ningún ser humano puede hacerlo. Sin embargo, yo creo que tengo la facultad y la capacidad para tener éxito en este tema tan complejo". El Rab le respondió: "Si usted así lo piensa puede intentarlo, pero le aseguro que los resultados no serán positivos". Al poco tiempo, el Sultán encontró a una joven y le encomendó que le entregara una carta para uno de sus ministros que se encontraba en otra ciudad. Como pago por su acción, el ministro le daría a ella cien monedas. Precisamente, el Sultán le ordenaba al ministro en esa carta que se casara con la mujer que le entregaba la carta y que le diera cien monedas.
Cuando la joven se dirigía a la casa del ministro, se encontró con una anciana menesterosa que le pidió una ayuda material para poder comprar algo de comida. La joven se apiadó de la anciana y le encomendó que llevara la carta a la casa del ministro y que éste le daría cien monedas al recibirla. La anciana se alegró por la noticia, pero mayor fue su sorpresa cuando el ministro luego de leer la carta y de entregarle las cien monedas, le ofreció casarse con ella como así le ordenaba el Sultán. Luego de un tiempo, hubo una reunión muy importante en la casa del Sultán a la que fueron invitados todos sus ministros. En la mesa principal, había toda clase de comidas y dulces. El Sultán observó sorprendido cómo ese ministro envolvía algunos dulces y los guardaba en su bolsillo. "¿Para qué llevas esos dulces?", le preguntó el Sultán al ministro, quien le respondió: "Mi señora es muy anciana y no tiene dientes, por eso llevo estos dulces muy suaves para ella". La sorpresa del Sultán fue enorme cuando el ministro le explicó que había cumplido al pie de la letra lo que le había ordenado en la carta. En ese momento, el Sultán comprendió lo que el Rab le había dicho y reconoció: "Moshé es verdadero, su Torá es verdadera y sólo Hashem es el que forma las parejas".
¿Por qué nuestros Sabios comparan a la formación de una pareja con el milagro del corte de las aguas del Mar Rojo? ¿Cuál es la relación entre ambos sucesos? Una de las explicaciones es la siguiente: en cualquier elemento que se fracciona en dos, ambas partes siguen manteniéndose independientemente una de la otra. En cambio, con las aguas o con cualquier otro líquido que se intente separar, será inútil hacerlo ya que al instante se unirán nuevamente. En el momento del milagro del Mar Rojo, Hashem anuló la naturaleza de las aguas y cada parte permaneció en su lugar luego del corte. El versículo lo atestigua diciendo: "se amontonaron las aguas y se detuvieron como un muro las corrientes" (Shemot 15).
Es lo que sucede en la formación de una pareja. Cada integrante debe romper su propia naturaleza para tener éxito en la misión de construir un hogar de Israel. Sólo se logrará actuando con tolerancia y dejando pasar los errores normales que cada uno comete.
Los Sabios preguntan cómo es posible comparar el corte de las aguas en el Mar Rojo con el matrimonio en donde, por el contrario, debe existir unión en lugar de separación. La respuesta a este interrogante está relacionada con la vida que marido y mujer desarrollaron antes de llegar a la Jupá. Cada uno de ellos compartió todas sus experiencias con sus padres quienes los conocen perfectamente con sus virtudes y defectos. La madre conoce exactamente cuáles son los gustos de su hijo y trata de prepararle la comida de acuerdo con sus preferencias. El padre trata de satisfacer todas las necesidades de su hijo por el cariño implícito que tiene hacia él. Pero llega el momento de la separación del hijo de sus padres y a eso alude el corte del Mar Rojo. Se trata de un momento difícil de ser superado por los padres y por los hijos. Sólo cuando los padres ven a sus hijos felices en el hogar que construyeron, se sienten realizados y superan el primer momento de la separación. Cuando los hijos se ven acompañados en cualquier circunstancia por la pareja que para toda la vida estará a su lado,
adquieren la fuerza necesaria como para ir construyendo un nuevo hogar valorando el esfuerzo que sus progenitores volcaron hacia ellos.
Hay situaciones especiales entre la pareja en donde las diferencias se hicieron tan grandes que no se ve una solución posible a simple vista. Se debe recurrir en ese caso a Rabanim especializados en este tipo de temas para que enseñen el camino adecuado. Pero en forma general, Hashem dio a la misma pareja los instrumentos necesarios y las cualidades indispensables para llegar a la felicidad y tranquilidad para construir casas que sean ejemplo y orgullo de nuestro pueblo. Para ello, cada uno debe trabajar y sobreponerse a sí mismo, corrigiendo sus propios defectos sin mirar los errores del otro.
El Talmud, en Guitin 52, cuenta el siguiente Maasé: "Sucedió con dos personas a las que el Satán las provocaba y conseguía que se pelearan todos los viernes. Se presentó en una oportunidad Ribí Meir al lado de ellos e impidió durante tres semanas que pelearan hasta que finalmente consiguió el Shalom definitivo. Escuchó Ribí Meir la voz del Satán que decía: "Ay, ay, Ribí Meir me expulsó de esta casa". Se trata de un ejemplo claro que nos enseña que a quien se preocupa siempre por sobreponerse a los conflictos que puedan existir, Hashem lo ayudará para que se pueda mantener en las próximas pruebas que se presentarán. Ribí Meir sólo se limitó a expulsar al Satán de esa casa en esas tres oportunidades. Luego, el Satán se retiró definitivamente y el ángel del Shalom posó en el hogar.
¡Cuántas vallas y prevenciones debe crear la persona para no caer en la pelea y la discusión! Cada uno -conociéndose a sí mismo- sabe cuáles son los medios para no caer en la trampa del Satán. Nuestros Jajamim nos comentan sobre un Sabio que tenía una ropa especial para los momentos en que enfurecía. Ésa era su valla: no se enfurecía hasta vestirse la ropa. Para él era imposible no enfurecerse, pero por lo menos podía controlarse hasta colocarse esa vestimenta. Mientras tanto, la furia pasaba.
Quién se domina de esta forma, tiene el mérito de ver su hogar en paz. Quien así se comporta es un verdadero rey en su casa, la corona del reinado está sobre su cabeza, sus palabras son escuchadas y no teme que nada malo suceda.
Un hogar que así se construye con las bases de la paz y la verdad, es digno de formar en su seno reyes que enaltezcan a Israel.