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4.4 Legal Framework for Kenya National Archives & Documentation Service:

4.4.3 The Implication of the shortcomings in the Public Archives

En los años setenta la realidad de las regiones rurales de Colombia era caracterizada por un eje latifundio – minifundio, enmarcada por la pobreza. La escuela de esa época era un edificio que reflejaba la realidad de su entorno, tenía un mobiliario en pésimo estado, en algunas ocasiones no contaba con los servicios de agua y luz, las comodidades eran pocas, por no decir que no habían, la decoración era de imágenes religiosas y paisajes que eran recortados de almanaques. ¨Los maestros carecían de material didáctico adecuado, solo tenían una tiza, un tablero y algunas pocas cartillas, los maestros carecían de una preparación pedagógica adecuada, por lo tanto la enseñanza se

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enfocaba en la metodología que obligaba a los alumnos a memorizar y repetir lo enseñado por el docente¨ (Salazar, 2008).

Afortunadamente en la actualidad la realidad de las escuelas rurales ha cambiado significativamente, hoy se cuenta con escuelas que tienen una buena planta física, servicios sanitarios en óptimas condiciones, el Gobierno Nacional ha dotado con material didáctico adecuado y también el programa Computadores Para Educar está dotando de computadores a las escuelas y en donde es posible se instala el servicio de internet.

Salazar (2008) plantea, que aunque la realidad hoy es muy diferente a la de décadas pasadas, todavía falta que el maestro se convierta en un agente de cambio en las poblaciones rurales colombianas, a pesar de la influencia intelectual que podría tener dentro de las comunidades campesinas, en el sentido de lograr inducir y fortalecer procesos de cambios económicos y sociales que favorezcan a las mayorías, todavía hay analfabetismo en algunas regiones del país, el docente debe transcender más allá de las aulas de clase, debe propiciar cambios a nivel familiar que por ejemplo permitan que los padres se interesen más por la educación de sus hijos y se conviertan en un apoyo para el docente.

También menciona que se han logrado avances significativos para tener maestros calificados en el sector rural, todavía en algunos lugares de la geografía colombiana se encuentran maestros con falencias pedagógicas para enseñar en el ámbito rural, no es lo mismo enseñar en la ciudad donde los niños cuentan con material didáctico adecuado y también acceso a la tecnología, a enseñar a un grupo de niños que en muchas ocasiones

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tienen que caminar hasta una hora para llegar a la escuela, donde existen limitaciones con relación con los medios tecnológicos y poco compromiso de los padres por la educación de sus hijos.

Cárdenas (2000) menciona que el ingreso y la asistencia a la escuela del grupo etéreo comprendido entre los 7 y los 12 años, al que se supone que está dirigida en Colombia la Educación Primaria Formal, no se cumple en las zonas rurales. En realidad el ciclo atiende una franja de población entre 4 y 13 años con fluctuaciones significativas. Antes, en estos lugares los padres de familia consideraban que antes de los 10 años los niños no tenían la madurez para iniciar un aprendizaje formal.

Lo mencionado por Cárdenas (2000) es una realidad en las zonas rurales, por lo general las familias campesinas no le dan importancia al proceso de formación que sus hijos reciben en la escuela, es común ver en las aulas niños y niñas de 12 y hasta 14 años cursando la Básica Primaria, estos en su mayoría no continúan con sus estudios de Básica Secundaria porque prefieren una vida productiva en las labores del campo.

Otro aspecto que plantea Cárdenas (2000) , es que los retiros temporales por uno o más años también son frecuentes, principalmente en las zonas donde las fluctuaciones en la producción y los precios de mercado afectan a un grupo de familias o a toda una comunidad. A medida que los niños van creciendo se convierten en obra de mano en sus hogares, por ejemplo en épocas de cosechas los padres solicitan permiso al docente para para que sus hijos puedan colaborar en la recolección de los productos agrícolas, si bien los niños y niñas deberían permanecer en el aula, el maestro debe ser un poco flexible en este aspecto, ya que la economía familiar depende de la cosecha que se ha esperado

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por meses y si no se logra recolectar a tiempo, se pierde, lo que genera un desequilibrio en las finanzas familiares.

Salazar (2008) señala que la enseñanza que se imparte en zonas rurales, presenta falencias porque algunos docentes ignoran las necesidades rurales. Por lo tanto la escuela tiende a crear un mundo desprovisto de realidad, porque se enseñan a los estudiantes algunas incongruencias tales como la de que deben evitar el trabajo, pero buscar el empleo. Reforzando tal vez sin notarlo el secular desprecio por el trabajo manual y su inferioridad frente al trabajo intelectual, de escritorio, que constituye uno de los prejuicios culturales más arraigados entre los colombianos de todos los niveles, edades y tiempos.

Otra realidad es que el maestro y su labor han sido descuidados por parte el Estado, las mismas dificultades con las que se enfrenta diariamente en su escuela lo hunden aún más en la rutina, que es ya una constante del Magisterio rural tal como lo expresan funcionarios y maestros del sector rural, vinculados a la educación desde hace ya varios años. La geografía colombiana es muy agreste y hay maestros que tienen que caminar una hora o más para llegar a su lugar de trabajo, algunos viajan cada ocho días a sus hogares e incluso duran un mes para regresar a la ciudad más cercana. En algunas regiones no hay acceso a internet y la comunicación de telefonía móvil en ocasiones no es la mejor, este el ambiente en que viven los docentes del sector rural Salazar (2008).

Reichel-Dolmatoff(1955), presenta la necesidad que tienen los maestros del sector rural, quienes beberían tener una preparación especial, la cual los capacitara de manera adecuada de cómo es el ambiente en que deben desarrollar su labor, la clase de comunidad con la que deben interactuar y las características particulares de sus estudiantes, es muy

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importante que los maestros puedan contextualizar de la mejor manera su labor, para que así se obtengan mejores resultados.

Los mismos educadores señalan la prioridad de diversificar los contenidos de la enseñanza en el sector rural, la necesidad de cambiar su enfoque teórico que lo hace poco útil, y que convierte a la escuela en factor coadyuvante del proceso de deserción de alto porcentaje en áreas rurales. En resumen, en la escuela rural no se hace ningún esfuerzo por inculcar una comprensión de las realidades económicas y sociales en que vive la población campesina. Aunque la adaptación de la enseñanza al medio en las áreas rurales conlleva el peligro de consagrar una segregación de hecho, de las

poblaciones rurales frente a las urbanas, es urgente buscar modos de lograr una escuela con un enfoque ecológico, que utilice y aproveche al máximo los múltiples elementos del medio físico, geográfico, económico y social que la rodean y que insista muchísimo más en actividades de orden práctico (Reichel-Dolmatoff,1955).

Salazar (2008), indica que los alumnos de la escuela rural por lo general son hijos de campesinos pobres, minifundistas y jornaleros que no han dado el paso hacia la ciudad por su apego a su tierra. Son niños pobres, cuya pobreza muchas veces raya en la miseria, en algunos casos desnutridos, cuyo nivel de salubridad es bajísimo, con carencia de objetos elementales en lo referente a su vestimenta, alimentación y vivienda. Estos deben recorrer distancias muy grandes a pie para llegar a la escuela, lo cual los debilita aún más. Su pasividad en la escuela puede ser signo de cansancio y agotamiento prematuros. Por ejemplo la visita al mercado, quizá útil en la ciudad, es parte de las tareas obligatorias de los niños en el campo. En algunas escuelas rurales, por ejemplo, los niños dejan de asistir a la escuela todos los viernes para ayudar a sus padres a llevar

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productos al mercado. En materia de procesos de enseñanza aprendizaje, es

indispensable implementar métodos nuevos, diseñar contenidos distintos, orientando los programas hacía el entorno rural y las labores agrícolas en general. Es necesario

proporcionarle al maestro la independencia en el manejo curricular para innovar con métodos y contenidos que reflejen la realidad en la que viven sus estudiantes.

Salazar (2008), plantea la necesidad de que cada escuela normal debería tener una granja en la cual los futuros maestros rurales pudieran aprender las técnicas más modernas de la agricultura y la ganadería, nociones básicas de ciencia aplicada, procesos de construcción de viviendas sencillas y modos de utilización de materiales propios de cada región; y debería hacer parte importante del currículum el estudio de métodos de participación y acción comunitarias. Dentro de este currículum, el maestro rural podría tener una granja o huerta escolar productiva en su escuela, una buena v2wivienda, etcétera, lo cual contribuiría a su función de liderazgo en el campo, y a su aprecio por la vida rural. Los alumnos, en consecuencia, tendrían también mayor aprecio por las actividades agrícolas y pecuarias, actitudes positivas hacia lo rural, y se impulsaría su creatividad para la transformación de su medio. Por lo mismo tendrían menos estímulos para irse a las ciudades a engrosar el índice de desempleados y subempleados.