4.1. INTRODUCCIÓN Y FUNDAMENTACIÓN TEÓRICA
Dentro de las variables de la personalidad positiva, una de las más conocidas es el constructo de personalidad resistente (hardness) desarrollado por Kobasa (1979), que ha sido ampliamente utilizada para comprender los procesos vinculados a la salud-enfermedad. En numerosas ocasiones tendemos a adoptar
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posturas conservadoras, anclándonos en experiencias pasadas en lugar de optar por la posibilidad, por el cambio. Solo la toma de decisión asociada al riesgo incrementa nuestro crecimiento personal (Maddi, 1988; Peñacoba y Moreno- Jiménez, 1998, citados por Rodriguez, Rodriguez y Rouik, 2009).
4.2. DEFINICIÓN
En 1982 Kobasa establece el concepto de personalidad resistente (Moreno- Giménez, Garrosa y González, 2000). Por esta razón, surgen y se desarrollan en el ámbito científico toda una serie de conceptos que resaltan la significación de las diferencias individuales y el papel activo del hombre en sus constantes transacciones con un entorno que es lo percibido como estresante para la persona. Entre estos conceptos resaltan los de expectativa de Autoeficacia (Bandura, 1978), Sentido de Coherencia (Antonovsky, 1990) y Personalidad Resistente (Kobaza, Maddi y Kahn, 1993).
El concepto de personalidad resistente aparece por primera vez en la literatura científica en 1972, en relación a la idea de protección frente a los estresores. Son Kobasa y Maddi los autores que desarrollan el concepto, a través del estudio de aquellas personas que ante hechos vitales negativos parecían tener unas características de personalidad que les protegían. Así, se ha establecido que las personas resistentes tienen un gran sentido del compromiso, una fuerte sensación de control sobre los acontecimientos y están más abiertos a los cambios en la vida, a la vez que tienden a interpretar las experiencias estresantes y dolorosas como una parte más de la existencia. En general, se considera que es un constructo multifactorial con tres componentes principales: compromiso, control y reto. El concepto de personalidad resistente está íntimamente ligado al existencialismo.
El concepto de personalidad resistente presupone una persona que posee una serie de características y rasgos de personalidad protectores y potenciadores del bienestar y además se auto-construye a través de sus distintas acciones a lo largo del ciclo vital, en el que son inevitables los procesos de cambio, que son percibidos como oportunidades para el crecimiento personal más que como peligros y amenazas al bienestar.
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4.3. FACTORES O DIMENSIONES DE LA PERSONALIDAD RESISTENTE
De acuerdo con la teoría de la personalidad resistente (hardness), la misma está integrada por tres factores: compromiso (commitment), control (control) y reto (challenge).
A. Compromiso (commitment),
Es la cualidad de creer en la verdad, importancia y valor de lo que uno mismo es y de aquello que hace (Maddi, 1967 – 1970; Peñacoba y Moreno-Jiménez, 1998, citados por Rodriguez y cols., 2009). Incluye la tendencia a implicarse en todas las actividades de la vida, incluido el trabajo, las relaciones interpersonales y las instituciones sociales. Esta cualidad ha sido propuesta como moderadora de los efectos del estrés. Este compromiso con uno mismo proporciona al individuo un conjunto general de propósitos que contribuyen a mitigar la amenaza percibida por cualquier estímulo estresante. El compromiso proporciona el reconocimiento personal de las propias metas y la apreciación de la habilidad personal de tomar decisiones y mantener nuestros valores (Peñacoba y Moreno-Jiménez, 1998, citados por Rodríguez y cols. 2009).
Las personas con compromiso poseen tanto las habilidades como el deseo de enfrentarse exitosamente a las situaciones de estrés, sienten que pueden ayudar a otras personas en situaciones estresantes y que los otros cuentan con su apoyo para hacer frente a esas situaciones estresantes. Esta actitud tiene que ver con la creencia de que los otros y las diferentes situaciones de la vida son las mejores oportunidades y que merece la pena invertir tiempo y esfuerzo en ella. Es la cualidad de creer en la verdad, la importancia y el valor de lo que uno mismo es y de lo que se hace (Maddi y Kobasa 1984 citados por Rodriguez y cols 2009; Garrosa, 2003).
B. Control (control)
El control se refiere a la convicción que tiene la persona de poder intervenir en el curso de los acontecimientos, es decir, la sensación que tienen los sujetos de que pueden influir en los acontecimientos, permite a los individuos percibir en muchos de los acontecimientos estresantes consecuencias
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predecibles debidos a su propia actividad y en consecuencia, manejar los estímulos en su propio beneficio (Peñacoba y Moreno-Jiménez, 1998 citados por Rodríguez y cols., 2009).
La cualidad de control es característica de personas autoeficaces, seguras de sí mismas, difícilmente influenciables lo que hace que optimicen su potencial humano aún en las más difíciles y adversas circunstancias, incluso al disponer de pocos recursos de afrontamiento, pero que son eficientemente utilizados. A diferencia de estos, las personas con limitadas cualidades de control, aunque sean muy capaces, fracasan ante los nimios obstáculos pues al tener la creencia de falta de control renuncian a sus intentos de afrontamiento y se dan por derrotados antes de tiempo, lo que los puede conducir a un miedo generalizado a la vida, en que todo lo ven como un peligro o una amenaza que desborda sus posibilidades de control. Ello está sumamente relacionado con la tercera cualidad que se le atribuye a las personalidades resistentes, a la cual nos referiremos a continuación.
C. Reto (challenge)
Reto es la característica que tienen las personas con personalidad resistente donde los cambios que se presenten no son vistos como una amenaza o un ente estresante, sino que son vistos como oportunidades de crecimiento. La característica reto hace referencia a la creencia de que el cambio frente a la estabilidad, es la característica habitual de la vida (Betlyne, 1964; Csikszentmihalyi, 1975). Desde esta concepción del cambio, la mayor parte de la insatisfacción asociada a la ocurrencia de un estímulo estresante puede ser evitada si se entiende como una oportunidad y un incentivo para el crecimiento personal, y no como una simple amenaza a la propia seguridad. Gracias a esta visión del cambio como fuente de nuevas e interesantes experiencias, los esfuerzos del individuo se centran ahora en cómo hacer frente a este cambio. En este sentido, esta cualidad proporciona una flexibilidad cognitiva y una tolerancia a la ambigüedad. Permite, en definitiva, percibir e integrar efectivamente la amenaza incluso ante los más inesperados acontecimientos estresantes (Peñacoba y Moreno-Jiménez, 1998 citados por Rodríguez, 2009 y cols.).
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El componente reto facilita estados saludables a través de dos vías: una directa (percepción positiva del cambio), y otra indirecta (dado que no se dedican esfuerzos cognitivos a la percepción de amenaza, los esfuerzos pueden volcarse en el afrontamiento efectivo, en la búsqueda de recursos). Por ello no debe extrañarse que la personalidad resistente se encuentre tan vinculada a estrategias de afrontamiento y no de autocontrol emocional.
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