Chapter 5: Discussion
5.5 Implications
“Y si de pronto una polilla se para al borde de un lápiz y late como un fuego ceniciento, mírala, yo la estoy mirando, estoy palpando su corazón pequeñísimo, y la oigo”.
Julio Cortázar
Supongamos que poseemos la capacidad de percibir más allá de lo que consideramos normal. Imaginemos que nuestros sentidos se aceleran y oímos, vemos y sentimos en niveles mucho más elevados que lo que el resto de las personas. Lo que sucede, entonces es que nuestro ritmo cardíaco se acelera, nuestra piel se eriza, nuestras alertas sensoriales activan mecanismos de defensa y todo nuestro organismo se prepara para tomar medidas ante situaciones extremas. Reacciones así son la respuesta característica del miedo; en mayor o menor intensidad todos hemos tenido alguna experiencia de esas características. El gran maestro E.A. Poe es el que mejor ha relatado esta exaltación de los sentidos. El protagonista de su cuento “La caída de la casa Usher” mostraba una extrema sensibilidad ante cualquier experiencia sensorial y la casa parecía un ser viviente, orgánico, un reflejo de la decadencia y padecimiento de su amo, el señor de Usher. Otros relatos del gran escritor están íntimamente relacionados con la capacidad de sentir de una manera extrema y, como consecuencia, el terrible sufrimiento que recae sobre los protagonistas. Un ejemplo es “El pozo y el
péndulo”, un relato en el que el protagonista, que no puede ni ver ni moverse, sólo
oír el terrible vaivén de un péndulo que lo matará irremisiblemente, siente y anticipa el efecto mortal que el tacto del instrumento de tortura producirá sobre su cuerpo en un tiempo que se dilata para mayor angustia del torturado…y del lector.
Reproducimos aquí un fragmento:
Y entonces, mientras seguía dando cautelosos pasos hacia adelante, vinieron agolpándose en mi recuerdo mil vagos rumores de las atrocidades de Toledo. Cosas extra¬ñas se
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contaban sobre los calabozos — siempre había creído yo que eran fábulas —, pero aún así resultaban ex¬trañas y demasiado horrorosas para ser repetidas como no fuese en voz baja. ¿Me dejarían morir de hambre en este subterráneo mundo de tinieblas?, o, ¿qué destino, quizá aún más espantoso, me aguardaba? Demasiado bien conocía yo el carácter de mis jueces para dudar de que el resultado sería la muerte, y una muerte más amar¬ga que la habitual. Todo lo que me preocupaba y me en¬loquecía era el modo y la hora en que llegaría tal muerte.
Por fin mis manos extendidas tocaron algún obstáculo sólido. Era una pared, al parecer de piedra, muy lisa, vis¬cosa y fría. Empecé a seguirla, avanzando con toda la cuidadosa desconfianza que antiguos relatos me habían inspirado. Pero este proceder no me ofrecía los medios para averiguar las dimensiones de mi calabozo, puesto que podía dar toda la vuelta y regresar al punto de parti¬da sin advertirlo, tan perfectamente uniforme parecía la pared. Por eso busqué el cuchillo que llevaba en mi bolsi¬llo cuando me condujeron a la cámara inquisitorial, pero había desaparecido; mis ropas habían sido cambiadas por un sayo de burda estameña. Tenía pensado meter la hoja en alguna pequeña fisura de la mamipostería para identifi¬car mi punto de partida. La dificultad, sin embargo, era insignificante, aunque en el desorden de mi fantasía al principio me pareció insuperable, arranqué al fin un tro¬zo del borde del sayo y lo coloqué bien extendido y en ángulo recto con respecto a la pared.
Edgar Allan Poe. El pozo y el péndulo.
Muchos de los relatos de Poe transcurren en lugares cerrados, agobiantes, sin aparente salida para los protagonistas: el interior de un ataúd, la celda con un pozo en el medio y un péndulo amenazante, una casa amenazadora. Crear espacios y sus atmósferas es un elemento determinante en la narración.
Para crear espacios que enriquezcan la narración es necesario tener en cuenta tres elementos que constituyen la escena: el marco, la atmósfera y la acción. Si el relato carece de alguno de estos componentes es posible que, en algunos casos, la información que llega al lector pueda ser confusa.
El marco es el lugar físico en donde se tiene lugar la acción. Si es en una casa, el cuarto dónde se desarrolla; si es en el exterior, es necesario aclarar si es el mar, el campo o la montaña.
La atmósfera es el conjunto de detalles que varían según sea de día o de noche, si hace calor o hace frío; si hay humo, si hay estrellas en el cielo o si, de golpe, hay un cambio hacia la lluvia o hacia el sol.
La acción es el conjunto de acontecimientos que ocurren en el relato. Con frecuencia, los escritores noveles suelen poner demasiado énfasis en la necesidad de narrar los sucesos que se suceden en el relato y olvidan recrear la atmósfera o describir el marco con claridad para situar al lector.
Los tres elementos están íntimamente relacionados entre sí. A menudo la creación de una buena atmósfera es fundamental par explicar lo que sucede en el relato, por ejemplo, si hay misterio gracias a la graduación de la luz; si se quiere dar la sensación de miedo describiendo sonidos que produzcan este efecto. Una descripción adecuada del marco ayudará al lector a estar situado y no sentirse perdido en un momento determinado del relato.
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Leyendo atentamente el ejemplo del relato de Poe es evidente la importancia que tiene la construcción de la escena para crear la sensación de miedo y angustia que tiene el protagonista:” la pared viscosa y fría”, la total oscuridad en la que el protagonista se ve inmerso y la necesidad de guiarse a través del tacto para poder reconocer el lugar en el que lo han encerrado. Con él vamos haciendo terribles descubrimientos hasta que, a través del tacto, del sonido y del olor, llegamos a conocer la escena en su totalidad.
Por tanto, la propuesta de escritura consiste en la creación de una escena en la que el marco y la atmósfera estén perfectamente descritos.
Primero elegiremos el marco, el lugar en el que queremos desarrollar la escena. Pude ser un lugar exterior, abierto, el campo, la playa, la montaña, etc. Tenemos que tener en cuenta qué clase de relato queremos contar para elegir el marco adecuado, por ejemplo, supongamos que queremos contar un crimen que tiene lugar en un barco deportivo. No es un lugar demasiado grande, así que podremos crear una atmósfera angustiosa y misteriosa gracias a la utilización de la luz, de los sonidos y de otros detalles que provoquen distintas sensaciones en el lector. Si lo que queremos es tratar el sentido del tacto preferentemente, podemos hacer que el o la protagonista de la historia sea ciega o ciego, o que la acción se desarrolle en la oscuridad de una noche sin luna en la que en el barco no haya ninguna luz, las baterías se han agotado, no hay posibilidad de encender un fuego con petróleo o cualquier otro combustible y los personajes se tienen que mover por el barco guiándose con sus manos, en silencio para no ser descubierto por el otro.
La sensación que todavía no se ha experimentado pero que se predice y se teme debido, probablemente, a miedos atávicos, aprendidos a través de los siglos, que está en nuestro imaginario social como el miedo a determinados insectos, ha sido reflejada en multitud de cuentos e historias desde el principio de los tiempos; atribuir a algunos animales cualidades malignas o convertirlos en símbolos de la expresión del mal no es algo nuevo, El escritor mejicano Juan José Arreola en su cuento “La migala” nos introduce en una historia del horror personal, buscado conscientemente , simbolizado por la amenaza permanente de la presencia de la temible araña, horror cotidiano que se espera, se anticipa su tacto emponzoñado y no se rehúye. Es el “infierno personal que instalaría en mi casa para destruir, para anular al otro, el descomunal infierno de los hombres”
La migala
La migala discurre libremente por la casa, pero mi capacidad de horror no disminuye. El día en que Beatriz y yo entramos en aquella barraca inmunda de la feria callejera, me di cuenta de que la repulsiva alimaña era lo más atroz que podía depararme el destino. Peor que el desprecio y la conmiseración brillando de pronto en una clara mirada.
Unos días más tarde volví para comprar la migala, y el sorprendido saltimbanqui me dio algunos informes acerca de sus costumbres y su alimentación extraña. Entonces comprendí que tenía en las manos, de una vez por todas, la amenaza total, la máxima dosis de terror que mi espíritu podía soportar. Recuerdo mi paso tembloroso, vacilante, cuando de regreso a la casa sentía el peso leve y denso de la araña, ese peso del cual podía descontar, con seguridad, el de la caja de madera en que la llevaba, como si fueran dos pesos totalmente diferentes; el de la madera inocente y el del impuro y ponzoñoso animal que tiraba de mí como un lastre definitivo. Dentro de aquella caja iba el infierno personal que instalaría en mi casa para destruir, para anular al otro, al descomunal infierno de los hombres.
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La noche memorable en que solté a la migala en mi departamento y la vi correr como un cangrejo y ocultarse bajo un mueble, ha sido el principio de una vida indescriptible. Desde entonces, cada uno de los instantes de que dispongo ha sido recorrido por los pasos de la araña, que llena la casa con su presencia invisible.
Todas las noches tiemblo en espera de la picadura mortal. Muchas veces despierto con el cuerpo helado, tenso, inmóvil, porque el sueño ha creado para mí, con precisión, el paso cosquilleante de la araña sobre mi piel, su peso indefinible, su consistencia de entraña. Sin embargo, siempre amanece. Estoy vivo y mi alma inútilmente se apresta y se perfecciona.
Juan José Arreola. Confabulario personal.
El trabajo de escritura consistiría en tratar de describir la sensación que nos produciría el hecho de que un animal o un insecto se pasearan por nuestro cuerpo y nosotros no pudiéramos hacer nada para evitarlo. Podemos partir del texto de la migala; sabemos que ese terrible ser que nos produce miedo y asco está en nuestro entorno y que, en cualquier momento llegará hasta nosotros. Ese momento llega, el insecto se encarama a nuestro cuerpo y lo recorre sin que nadie pueda evitarlo.
El escritor inglés M.R. James aportó a los cuentos de fantasmas la creación de seres repugnantes, mitad humanos, mitad animales que cambiaron la iconografía de la idea que se tenía de los fantasmas: seres espectrales que eran perfectamente reconocibles porque habían tenido una vida terrenal y que, debido a circunstancias determinadas, aparecían después de la muerte. El miedo, lo fantasmagórico en sus cuentos lo provocan estos seres extraños, representantes del mal o del demonio que se aparecen en los cuadros, en los libros o en lugares sagrados. Resulta difícil deshacerse de ellos y sólo cuando se consigue, el protagonista logra liberar su alma del peligro que le acecha.
La propuesta de escritura consiste en la creación de este tipo de ser repugnante que nos asusta y nos repugna por su carácter maligno y por desconocido.
• Hacer un torbellino de ideas de los animales que más nos disgusten. Elegimos uno.
• En torbellino de ideas buscar un objeto que sea peligroso. Elegir uno.
• Elaborar una Analogía inusual buscando elementos comunes entre el animal y el objeto. (volver lo conocido en extraño).
• Describir detalladamente el nuevo animal • Hacer un dibujo del animal resultante.(A. I.)
• Escribir un relato en primera persona tratando de establecer una conexión entre nuestros propios miedos y el horror que nos produce el animal que hemos creado, para ello es importante seguir un plan detallado que responde a preguntas cómo éstas:
¿Qué es?, ¿Cómo se llama? ¿Por qué está ahí?, ¿Qué tiene que ver conmigo?, ¿Por qué me aterra? ¿Qué sensaciones táctiles me produce? ¿Qué pasó?
¿Cuándo y cómo comenzó? ¿Qué lo desencadenó?¿ Cuál fue mi reacción?, ¿Cuál es el estado actual? ¿Cómo es el final de esta historia?
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