Chapter VIII. Conclusion
8.3 Implications of the findings and suggestions for future research
En sus Tesis sobre Feuerbach, uno de los primeros esbozos de su nueva concepción del mundo, expresa Marx el rasgo diferencial decisivo del materialismo dialéctico e histórico: “Los filósofos se han limitado a interpretar el mundo de diverso modo, pero de lo que se trata es de transformarlo.”
Esta tesis señala una de las diferencias radicales que distin- guen a la filosofía marxista de cuantas la han precedido. Claro está que las palabras de Marx no deben tomarse en el sentido de que todos los filósofos anteriores a él adoptasen una actitud pasiva, contemplativa, ante el mundo, de que entre ellos no hubiese también luchadores revo- lucionarios deseosos de hacer cambiar el orden social. Antes hemos hablado de aquella brillante pléyade de los materialistas franceses que en el siglo XVIII lucharon incansablemente contra el sojuzgamiento feu- dal del hombre. Pero ello no quita fuerza a la tesis de Marx, en la que se expresa con toda exactitud la esencia de la filosofía anterior al marxis- mo. Pues incluso aquellos filósofos del pasado que, como los materialis- tas franceses, aspiraban a la implantación de transformaciones sociales, partían del supuesto de que la fuente de los males de la sociedad —de la carencia de derechos del hombre bajo el feudalismo, de las guerras, la miseria, el embotamiento religioso, etc.— nacía de una falsa concepción del mundo, de la naturaleza humana, etc. Según su modo de ver, basta- ría con sobreponerse a aquellas falsas concepciones e interpretar acer- tadamente el mundo, con formarse una idea acertada acerca de la natu- raleza del hombre, que ellos consideraban eterna, para que cambiase la situación de la sociedad. Y es que aquellos filósofos no alcanzaban a comprender que, no sólo el orden social, sino también las falsas ideas por ellos criticadas, tenían sus profundas raíces en las condiciones histó- ricas objetivas de la vida material de la sociedad, razón por la cual el único camino viable que conducía al progreso social era el hacer cam- biar aquellas condiciones.
Por ejemplo, los materialistas franceses criticaban enérgicamente la religión y luchaban por liberar al hombre de las ideas religiosas, en las que veían, y con razón, uno de los modos de su sojuzgamiento. Ahora bien, creían que para acabar con la religión y rescatar al hombre de sus ataduras bastaba con explicar certeramente lo que era el mundo sin necesidad de hacer cambiar las condiciones materiales de la sociedad, que son el suelo de que se nutre la religión.
De ahí que los anteriores sistemas filosóficos no giraran en torno a la práctica, a la actividad revolucionaria práctica de los hombres, único modo de hacer cambiar el mundo, sino, principalmente, en torno a la actividad espiritual, a la contemplación, a la interpretación del mundo. En ello reside, según el marxismo, el fundamental defecto de todo el mate-
131
rialismo anterior a él. La realidad, el objeto —dicen las citadas Tesis sobre Feuerbach—, sólo se enfoca en forma contemplativa, y no en co- nexión con la actividad práctica.
Por oposición a esta filosofía, la concepción marxista del mundo concede decisiva importancia a la actividad prácticamente transformado- ra de los hombres. Lo que no quiere decir que el marxismo desdeñe o menosprecie el factor espiritual. Fue precisamente Marx, el fundador de la ideología del proletariado, quien formuló una importante tesis que pone de manifiesto la enorme significación de las ideas en el desarrollo de la vida social. En aquel trabajo suyo que antes hemos citado “En torno a la crítica de la filosofía del derecho de Hegel”, en el que exponía sus nuevas concepciones, dice Marx que “también la teoría se convierte en un poder material, tan pronto como se apodera de las masas”.118
Ahora bien, para que la teoría se convierta en un poder material necesita vincularse a la práctica, someterse a ella y apoyarse en ella como en su fundamento.
Marx y Engels, al criticar en sus primeros trabajos la filosofía he- geliana, que sólo reconocía la actividad espiritual, intelectual del hombre, descubrieron las raíces de clase de esta limitación. La filosofía idealista, cuando sostiene que la actividad espiritual es el factor fundamental en el desarrollo de la sociedad, desvía las miradas de las masas trabajadoras de los fundamentos materiales sobre que descansa su esclavitud. El idealismo incluso se permite el lujo de criticar la esclavitud social, la opresión. Pero, como dicen Marx y Engels, se trata de un “criticismo ficticio”: el idealismo convierte la cosa real pensada y la crítica como si se tratara de un fenómeno espiritual. De ahí que tampoco la negación de la opresión, así concebida, se salga de los límites del pensamiento puro.
Por ejemplo, Hegel afirmaba que “lo que en general sirve de fun- damento a la esclavitud es la ausencia en el hombre de la conciencia de su libertad...” No cabe duda de que es un paso hacia la libertad la con- ciencia del hombre de hallarse esclavizado. Pero la conciencia por si sola no basta para destruir las cadenas reales de la opresión. Los parti- darios de Hegel, los jóvenes hegelianos, hablaban mucho de “libertad” y de “emancipación” del hombre, pero no concebían otro medio de liberar- lo que la crítica filosófica de la religión y el perfeccionamiento moral por obra del hombre mismo. Criticándolos, Marx señalaba que habían aprendido de Hegel “el arte de convertir las cadenas reales y objetivas, existentes fuera de mí, en cadenas dotadas de una existencia puramen- te ideal, puramente subjetiva, que se da solamente en mí y, por tanto, todas las luchas externas, sensibles, en puras luchas especulativas”.'119
En la realidad, las cadenas reales y tangibles de la esclavitud sólo pueden destruirse por medios también reales y tangibles, es decir, me-
118
C. Marx y F. Engels, La Sagrada Familia y otros escritos, ed. cit., págs. 9 y s.
119
C. Marx y F. Engels, La Sagrada Familia y otros escritos, ed. cit., pág. 148. 11 Ibídem, pág. 118.
132
diante la actividad práctica, mediante la lucha. La fuerza material de la opresión sólo puede contrarrestarse y destruirse por medio de la fuerza material. Y el proletariado se ve obligado por las propias condiciones de su existencia a distinguir entre la vida real y la imaginaria, entre concien- cia y realidad. “Los obreros de masas, comunistas, que trabajan, por ejemplo, en los talleres de Manchester y Lyon —escribe Marx—, no creen que puedan eliminar mediante el pensamiento pura a sus amos industriales y su propia humillación práctica. Se dan cuenta muy doloro- samente de la diferencia que existe entre el ser y el pensar, entre la con- ciencia y la vida. Saben que la propiedad, el capital, él dinero, el trabajo asalariado, etc., no son precisamente quimeras ideales de sus cerebros, sino creaciones muy prácticas y muy materiares de su autoenajenación, que sólo podrán ser superadas, asimismo, de un modo práctico y mate- rial, para que el hombre se convierta en el hombre no sólo en el pensa- miento, en la conciencia, sino en el ser real, en la vida.”120
El marxismo es la filosofía que, colocando en el centro mismo de todos los problemas la práctica, ha mostrado el verdadero camino, el camino real para hacer cambiar el mundo, liberando al hombre del yugo social. Lo que distingue, pues, y caracteriza al marxismo es su eficiencia, el hincapié que hace sobre la transformación revolucionaria práctica de la naturaleza y la sociedad. También él interpreta el mundo, pero sin limitarse a esto: su interpretación del mundo va toda ella dirigida a hacer comprender a los hombres que no basta con interpretarlo, que es nece- sario, además, transformarlo. Y el medio fundamental para transformar revolucionariamente la sociedad es, según el marxismo, la implanta- ción de la dictadura del proletariado.
El marxismo y la filosofía marxista pertrechan a los millones de hombres de la clase obrera, a todos los trabajadores y a su abanderado, el partido comunista, con el conocimiento de las leyes que presiden la transformación revolucionaria del mundo. Antes, la filosofía era acervo privativo de un puñado de gentes. La filosofía marxista se ha con- vertido y es cada vez más patrimonio de masas más y más extensas, que lu- chan por el socialismo. En nuestros días, la historia universal marcha hacia el comunismo, y el materialismo dialéctico e histórico es el funda- mento filosófico, teórico, de este movimiento.
La significación histórico-universal de la aparición de la filosofía marxista reside, además, en haber llevado a la victoria decisiva a la con- cepción materialista del mundo, la única concepción filosófica científica, y en haber creado la forma más alta del materialismo, el materialismo dialéctico.
El materialismo de la época premarxista desempeñó importantísi- mo papel en la lucha contra el idealismo filosófico y la religión. Sin em- bargo, la limitación histórica del materialismo anterior a Marx le impidió ganar la batalla decisiva contra el idealismo filosófico y afianzar definiti- vamente los principios del materialismo. Desde las posiciones del méto-
120
133
do metafísico, que consideraba la naturaleza como un conjunto de cosas inertes e inmutables, era imposible explicar satisfactoriamente la unidad del universo, los nexos y tránsitos sujetos a leyes de la naturaleza inor- gánica a la orgánica, la aparición de la conciencia y muchos otros pro- blemas que encierran primordial importancia para la concepción científi- ca del mundo. Y de ello se aprovechaban los idealistas para afirmar la fe en Dios, en la fuerza sobrenatural que, según ellos, gobierna a la natura- leza y al hombre.
Entre tanto, el desarrollo de las ciencias naturales caía cada vez más en contradicción con la concepción metafísica del mundo. La signa- tura del nuevo período de investigación de la naturaleza, a partir de fines del siglo XVIII y comienzos de, fue la penetración en la ciencia de la idea del desarrollo, de los nexos y la acción mutua entre los fenómenos natu- rales, de la idea de la unidad del universo. Mientras que antes —dice Engels— la investigación de la naturaleza era la ciencia de las cosas acabadas, en el siglo XIX se convierte en la ciencia “que estudia los procesos, el origen y desarrollo de aquellas cosas y los nexos que unen estos procesos de la naturaleza en un gran todo único”.121
Tres grandes descubrimientos llevados a cabo en las ciencias na- turales contribuyeron en importante medida a hacer triunfar la idea del desarrollo en la ciencia de la naturaleza: el de la célula animal y vegetal, el de la ley de conservación y transformación de la energía y la teoría darwinista del origen y desarrollo de las especies vegetales y animales. Los tres vinieron a poner de manifiesto el carácter dialéctico del desarro- llo en la naturaleza. Tomando pie de los avances logrados en las cien- cias naturales, el marxismo superó la limitación metafísica del viejo ma- terialismo e infundió a éste carácter dialéctico.
Fue ésta una grandiosa victoria en la historia del pensamiento humano: surgió, gracias a ella, una doctrina filosófica nueva que consi- deraba la naturaleza toda, desde sus fenómenos más simples hasta los más complicados, como un todo único y explicaba científicamente todos los procesos y fenómenos como el desarrollo de la materia con sujeción a leyes, sus propios tránsitos de un estado a otro, de las formas inferio- res a las superiores. Ello significaba la derrota total del idealismo filosófi- co, que se aferraba parasitariamente a los problemas todavía no resuel- tos por la ciencia y a las fallas del materialismo metafísico.
En la creación de la forma superior, dialéctica, del materialismo, desempeñó importantísimo papel la asimilación de los aspectos valiosos del método dialéctico de Hegel.
Marx y Engels reelaboraron la dialéctica hegeliana sobre bases materialistas y crearon así un nuevo método dialéctico, llamado a ser el instrumento de conocimiento científico y transformación revolucionaria de la realidad. Del mismo modo que la aplicación de la dialéctica al ma-
121
F. Engels, Ludwig Feuerbach y el fin de la filosofía clásica ale- mana, C. Marx y F. Engels, Obras escogidas, ed. cit., pág.362.
134
terialismo permitió transformar éste y darle la forma científica actual, la reelaboración materialista de la dialéctica hizo posible crear la forma superior, la única forma científica de la dialéctica, la dialéctica materialis- ta, marxista.
“Mi método dialéctico —señala Marx— no sólo es fundamental- mente distinto del de Hegel, sino que es, en todo y por todo, lo contrario. Para Hegel, el proceso del pensamiento, al que él convierte, incluso, bajo el nombre de idea, en sujeto con vida propia, es el demiurgo122 de lo real, y esto, la simple forma externa en que toma cuerpo. Para mí, lo ideal no es, por el contrario, más que lo material traducido y traspuesto a la cabeza del hombre.”123
El idealista Hegel negaba el desarrollo en la naturaleza, por en- tender que no puede desarrollarse la materia, que él consideraba inerte, sino solamente el espíritu, la idea absoluta. La filosofía marxista ha de- mostrado irrefutablemente el carácter dialéctico de la naturaleza. La dialéctica materialista —escribe Engels— “se convierte en una necesi- dad absoluta para las ciencias naturales, una vez que éstas abandonan el terreno en que podrían arreglárselas con las categorías fijas...”124
El número cada vez mayor de representantes de las ciencias naturales que en nuestros días hacen suyas las posiciones de la dialéctica marxista confirma palmariamente este pensamiento de Engels.
La dialéctica marxista, a diferencia de la hegeliana, no pone nin- guna clase de barreras al desarrollo de la sociedad ni al de la naturaleza. No mira solamente al pasado, sino al presente y al futuro, y abre posibi- lidades ilimitadas a la trayectoria de la humanidad. Esta característica de la dialéctica materialista, sustraída a la limitación de horizontes de la dialéctica idealista hegeliana, es expresión del punto de vista de la clase más revolucionaria, del proletariado.
Aplicando la dialéctica materialista al campo del pensamiento hu- mano, el marxismo ha creado una profunda y consecuente teoría cientí- fica del conocimiento, la teoría del conocimiento del materialismo dialéc- tico. El materialismo premarxista tuvo el mérito de haber reconocido que el pensamiento, el conocimiento, es el reflejo del mundo exterior, dotado de existencia objetiva. Pero no llegó a comprender la esencia dialéctica del conocimiento, no abordó éste como un proceso de desarrollo, no vio la complicada reelaboración a que el pensamiento somete los datos de la realidad; manejaba conceptos y categorías inmóviles, no colocaba en el centro de la gnoseología el criterio de la práctica.
La filosofía marxista, la lógica materialista-dialéctica ha descubier- to por vez primera en la historia de la ciencia filosófica, sobre bases ma- terialistas, toda la riqueza del proceso y de las formas del conocer y ha destacado la práctica como único criterio auténtico de la veracidad del conocimiento. La teoría del conocimiento del materialismo dialéctico
122
123
13 C. Marx, El Capital, ed. esp. cit,. tomo 1, pág. 17.
124
135
constituye una de las más importantes conquistas del pensamiento hu- mano.
El marxismo dio un triunfo decisivo al materialismo filosófico, no sólo al convertirlo en la forma más alta del materialismo dialéctico, sino al hacerlo extensivo a la explicación de la vida social. Hasta Marx y En- gels, la teoría social era una fortaleza inexpugnable del idealismo. Todos los filósofos estaban convencidos de que en la vida de la sociedad te- nían un valor determinante las ideas, las opiniones y las luchas ideológi- cas de los hombres. Cierto es que ya se encuentran elementos sueltos del modo materialista de abordar la sociedad en las concepciones de algunos precursores del marxismo: en los materialistas franceses y en los historiadores que escriben en Francia a comienzos del siglo XIX, Thierry, Guizot, Mignet, lo mismo que en los economistas ingleses más avanzados, en Feuerbach y en Hegel y en los socialistas utópicos. Pero eran solamente vislumbres que no alteraban la situación general: el im- perio pleno y total del idealismo en el campo histórico.
Marx y Engels derrotaron al idealismo también en este terreno aplicando el materialismo a la vida social y creando la concepción mate- rialista de la historia. La fundamental significación de esta teoría reside en haber erigido la doctrina de la sociedad y de sus leyes en una ciencia, capaz como cualquier otra de suministrar conocimientos exactos y previ- siones fundadas.
En la creación de la teoría del materialismo histórico desempeñó importante papel la investigación de la sociedad capitalista. Ninguna otra formación económico-social revela tan claramente como el capitalismo la lucha de clases entre proletariado y burguesía y la contraposición de intereses materiales sobre que descansa el carácter antagónico de toda sociedad de clase. La época burguesa, escriben Marx y Engels en el Manifiesto comunista, “ha simplificado las contradicciones de clase”; “ha sustituido la explotación velada bajo ilusiones religiosas y políticas, por una explotación abierta y descarada, directa, brutal”. El profundo análisis objetivo del régimen capitalista echó por tierra la concepción idealista de la historia y condujo a la irrevocable conclusión de que la fundamental fuerza motriz del desarrollo de la sociedad no son la razón ni las ideas, sino las necesidades materiales, las relaciones económicas.
La investigación de las fuerzas motrices de la sociedad capitalista vino a iluminar también todo el pasado de la historia. La anatomía de la sociedad burguesa dio en gran medida la clave para comprender tam- bién la estructura de todo el desarrollo social precedente.
Marx y Engels demostraron que en el desarrollo de la sociedad, como en el de la naturaleza, rigen leyes objetivas, independientes de la conciencia y la voluntad de los hombres. Y descubrieron las leyes gene- rales de todo proceso social, leyes que forman el contenido del materia- lismo histórico.
Al crear el materialismo dialéctico, el marxismo hizo cambiar el ca- rácter, el objeto de la filosofía. Acabó para siempre con las pretensiones de la filosofía de ser “la ciencia de las ciencias”, es decir, de encerrar en
136
sí todas las ciencias, todas las ramas del conocimiento, considerando los campos especiales como parcelas de los dominios filosóficos. El mate- rialismo dialéctico descubre la esencia material del mundo, ofrece la teoría de las leyes más generales de desarrollo de la naturaleza, la so- ciedad y el pensamiento, la teoría certera del conocimiento y el método que permite abordar y explicar acertadamente la realidad y transformarla por medio de la práctica revolucionaria.
Tales son, concisamente expuestos, los rasgos fundamentales de la revolución llevada a cabo por Marx y Engels en el campo de la filoso- fía y que condujo a la creación del materialismo dialéctico e histórico, única concepción científica del mundo de nuestro tiempo.