5. CHAPTER 5: CONCLUSION, RECOMMENDATIONS AND IMPLICATIONS
5.4. IMPLICATIONS FOR POLICY-MAKERS
ROSCH (1977) considera que, a diferencia de lo que sucedía con los concep- tos artificiales analizados en las páginas anteriores, el mundo percibido no contie- ne atributos o rasgos independientes entre sí, sino que está estructurado según
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tres principios. En primer lugar, en el mundo real los atributos no ocurren por se- parado, independientemente unos de otros. De modo parecido a GIBSON (1966), ROSCH cree que el mundo posee en sí mismo una estructura correlaciona! que es la base de las categorías naturales. No necesitamos imponer nuestras categorías sobre la realidad, nos basta con limitarnos a detectar los «racimos de rasgos» que hay en ella. Esta estructuración no sólo alcanza a las relaciones entre rasgos, sino también, en segundo lugar, a la existencia de niveles de abstracción o de in- clusión jerárquica igualmente estructurados. En concreto ROSCH (1977, 1978) cree en la existencia de un nivel básico de abstracción, en el que la economía cognitiva en la categorización sería óptima. En ese nivel, que tendría un nivel je- rárquico intermedio y estaría compuesto por los objetos del mundo perceptivo, habría un aprovechamiento máximo de esa estructura correlacional y el mayor ni- vel de «similaridad objetiva», o parecido familiar, entre los ejemplares del con- cepto. Por último, ROSCH (1977) piensa que, aunque la estructura correlacional del mundo no es perfecta, siendo de hecho un continuo estimular, la estructura de las categorías se ve completada mediante su representación en forma de pro- totipos, que además de preservar esa estructura correlacional, permiten fragmen- tar el continuo estimular en unidades discretas.
Según estos tres principios los conceptos poseen una doble estructura. En primer lugar, tienen una estructura vertical, según la cual todo concepto está in- cluido en una jerarquía de niveles de abstracción, que comprende tres niveles: su- praordinado (por ej., mueble), básico (silla) y subordinado (silla plegable). Pero, además, los conceptos tienen una estructura horizontal, por la que, dentro de un mismo nivel jerárquico habría ejemplos más o menos prototípicos. La existencia de una estructura horizontal rompe con el criterio de homogeneidad dentro de una clase de la concepción clásica. También, la idea de que los sujetos utilizan preferentemente el nivel de inclusión básico se aleja de los supuestos de la con- cepción clásica.
Pero ROSCH no se limitó a proponer un enfoque alternativo sino que, ante to- do, proporcionó un conjunto de datos empíricos que apoyaban fuertemente la existencia de ambos tipos de estructuración en contra de la concepción clásica. Analizaremos brevemente algunos de sus estudios más relevantes, al tiempo que profundizamos en los conceptos, tanto en dirección horizontal como vertical (véa- se MERVIS y ROSCH, 1981; ROSCH, 1978, para una revisión más detallada; también
DE VEGA, 1984).
En cuanto a la dimensión horizontal ROSCH (1977, 1978) postula la existencia de efectos de tipicidad, por los que, como sucedía con los hermanos Smith, no todos los ejemplos de la categoría serían igualmente representativos de ella. Así, las categorías no son homogéneas, sino que tienen un centro, ocupado por los ejemplos típicos o prototipos, y una periferia en la que estarían los ejemplos me- nos representativos. Por ejemplo, normalmente la gente creerá que una silla es mejor ejemplo del concepto «mueble» que un cuadro o una alfombra. Asimismo, si alguien nos pide que pensemos en un profesional liberal, es probable que lo ha- gamos en un médico o un abogado, pero no en un dibujante de «comics». Los prototipos, según ROSCH, serían como las medidas de tendencia central de la ca-
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tegoría, en ellos se reflejaría al máximo la estructura correlacional de la categoría. Serían los ejemplos que comparten un mayor número de atributos con otros miembros de la categoría, los que tienen un mayor «parecido familiar» con el resto de ejemplos del concepto. En cuanto a su formación, según ROSCH (1978, pág. 37), «una hipótesis razonable es que los prototipos se desarrollan a través de los mismos principios que gobiernan la formación de las propias categorías: la maximización de la validez de claves y del parecido categoría!». Más adelante, al analizar las teorías del aprendizaje propuestas desde este enfoque, nos referire- mos nuevamente a estos principios. Por ahora, señalemos que la validez de cla- ves es un concepto probabilístico propuesto por ROSCH (1978) a partir de BEACH
(1964) y REED (1972) para explicar la adquisición de conceptos, según el cual «la
validez de una clave dada x como predictora de una categoría y (la probabilidad condicionada x/y) se incrementa a medida que aumenta la frecuencia con la que la clave x se asocia a la clase y y disminuye a medida que aumenta la fre- cuencia con la que la clave x se asocia a otras categorías distintas de y»
(ROSCH, 1978, pág. 30). La validez de claves de toda la categoría vendrá dada por
la suma de la validez de todos sus atributos. Por su parte, el concepto de pareci- do categorial se debe a TVERSKY (1977), quien a partir de su heurístico de repre- sentatividad (TVERSKY y KAHNEMAN, 1974) desarrolla la idea de que una categoría se forma a partir-de la suma ponderada de las medidas de todos los atributos co- munes de la categoría menos el producto de la suma de todos los atributos no comunes. Como vemos, ambos conceptos se basan en un cómputo de las fre- cuencias de atributos. El prototipo, según la formulación de ROSCH (1978), sería, por tanto, el ejemplar, real o ideal, con los atributos más frecuentes.
ROSCH y su grupo realizaron diversas investigaciones que muestran la exis- tencia de efectos de tipicidad en los conceptos, tal como sostiene su teoría. Esos experimentos, como la mayor parte de los realizados por ROSCH, recurren a la ca- tegorización de los colores o a conceptos relativos a objetos cotidianos, como muebles o vehículos, y a categorías biológicas, como plantas o animales. En uno de sus estudios ROSCH (1973a) pedía simplemente a sus sujetos que puntuasen de 1 a 7 el grado en el que consideraban que determinados objetos o actividades eran un buen o un mal ejemplo de una categoría. La Tabla 5.1. recoge algunos de sus resultados. Puede observarse que no todos los miembros de la categoría eran puntuados por igual. Así, la manzana es un excelente ejemplo de fruto, mientras que la aceituna es una pésimo ejemplo. El fútbol es el prototipo del deporte, mien- tras que la halterofilia se halla en la periferia del concepto. Además, las puntuacio- nes de tipicidad eran muy similares de unos sujetos a otros, ya que mantenían una correlación próxima a 0,9.
Resultados convergentes fueron obtenidos en otras investigaciones en las que se pedía a los sujetos que recordaran ejemplos de categorías. Los buenos ejemplos se recordaban antes y con más probabilidad que les malos (ROSCH y cois., 1976).
Otra de las investigaciones realizadas por ROSCH (1973b) en relación con el
efecto de tipicidad era medir el tiempo de reacción de los sujetos para responder a preguntas como «¿es una alfombra un mueble?». Comprobó que los sujetos
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tardaban más en responder a los malos ejemplos, como el anterior, que a los pro- totipos. La mayor rapidez de respuesta era más acusada en los niños que en los adultos, lo que mostraría que los niños utilizan los prototipos para desarrollar los conceptos, un dato corroborado en otros estudios a los que aludiremos de inme- diato. En otra investigación realizada con el mismo procedimiento experimental de tiempo de respuesta, ROSCH (1975) comprobó que se tarda menos tiempo en decidir si dos instancias son miembros de una misma categoría cuando las dos son buenos ejemplos (por ej., para el concepto «pájaro», «gorrión-jilguero») que cuando son malos («avestruz-pingüino») o regulares («águila-buho»).
TABLA 5.1. Puntuaciones medias de una serie de estímulos como buenos o malos ejemplos de cate-
gorías cotidianas según Rosch (1973a). La escala de puntuación iba de 1 (excelente ejemplo de la categoría) a 7 (pésimo ejemplo).
FRUTAS Manzana Fresa Ciruela Pina Higo Aceituna DEPORTES Fútbol Hockey Gimnasia Lucha libre Tiro con arco Halterofilia 1.3 2.3 2.3 2.3 4.7 6.2 1.2 1.8 2.6 3.0 3.9 4.7 VEGETALES Zanahoria Espárrago Apio Cebolla Perejil Pepinillos VEHÍCULOS Coche Patinete Barco Triciclo Esquíes Caballo 1.1 1.3 1.7 2.7 3.8 4.4 1.0 2.5 2.7 3.5 5.7 5.9
Las diferencias evolutivas que acabamos de encontrar con respecto a la tipi- cidad fueron confirmadas y precisadas en otras investigaciones. ROSCH y cois. (1976) comprobaron que los buenos ejemplos de una categoría - e n este caso ar- tificial - se aprenden en menor número de ensayos que los malos ejemplos. En la misma línea, ANGLIN (1976) observó que los niños pequeños aprenden antes los buenos ejemplos de las categorías que los malos.
Otro estudio de interés viene a apoyar los modelos de frecuencia de rasgos postulados por ROSCH para el aprendizaje de los prototipos. ROSCH y MERVIS
(1975) pidieron a unos sujetos que hicieran una lista con todos los atributos que pudieran recordar para una serie de ejemplos pertenecientes a seis categorías. Al- gunos de esos ejemplos eran prototípicos y otros no. Como puede verse en la Ta- bla 5.2., los sujetos describían mayor número de atributos en los buenos ejemplos que en los malos. Además, cuando ROSCH y MERVIS (1975) calcularon el parecido
familiar de cada ejemplo mediante el cómputo de la validez de claves, comproba- ron que era mayor en el caso de los ejemplos prototípicos.
Existen otras muchas investigaciones en apoyo del efecto de tipicidad realiza-
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das tanto por el grupo de ROSCH como por otros autores. En general, todos estos trabajos empíricos vienen a mostrar la insuficiencia de la concepción clásica y la necesidad de considerar la estructura horizontal de los conceptos como una par- te de su proceso de aprendizaje. Estas conclusiones se ven reforzadas por otro grupo de estudios empíricos de ROSCH, cuyo objetivo es mostrar la preeminencia del nivel básico sobre los otros niveles que componen la estructura vertical de los conceptos.
TABLA 5.2. Número medio de atributos que tienen en común los cinco miembros más típicos y los
cinco menos típicos de algunas categorías comunes, según los sujetos de Rosch y Mervis (1975).
Categorías Miembros más típicos Miembros menos típicos
Mueble 13 2 Vehículo 36 2 Fruta 16 0 Arma 9 0 Vegetal 3 0 Prenda de vestir 21 0
ROSCH (1978) considera que los conceptos no sólo están organizados inter-
namente sino también entre sí. Los conceptos constituyen categorías organizadas por jerarquías en forma de taxonomías, de tal manera que las categorías situadas en los niveles inferiores se hallan incluidas en las categorías de nivel superior.
ROSCH distingue tres niveles jerárquicos: el nivel supradordinado en el que habría conceptos muy abstractos e inclusivos (por ej., «mamífero»). Los conceptos del nivel básico (por ej., «gato») tendrían un grado de abstracción intermedio. Por último, en el nivel subordinado se hallarían los conceptos más específicos (por ej., «gato siamés»). Según ROSCH (1978) la economía cognitiva que rige el siste- ma de procesamiento humano determina que sean los conceptos de nivel básico los que tengan mayor utilidad al categorizar el mundo. En efecto, según ROSCH
los conceptos de nivel básico se corresponden con objetos del mundo real, por lo que en ellos la validez de claves y el parecido familiar alcanzan su máxima intensi- dad. En otras palabras, los conceptos básicos poseen un nivel óptimo de genera- lidad y de discriminación, por lo que tienen un contenido informativo máximo. Las categorías supraordinadas, como «mamífero», tienen pocos atributos, por lo que discriminan muy poco. Su validez de claves puede ser incluso negativa, ya que sus miembros tienen muy pocos atributos comunes y muchos diferenciales. En cambio, las categorías subordinadas, como «gato siamés», tienen muchos atri- butos, pero la mayor parte de ellos están compartidos por otras categorías subor- dinadas, como «gato tonquinés», por lo que no son muy discriminativos. Por ello también su validez de claves será menor que la de las categorías básicas, ya que tienen muchos rasgos compartidos con otras categorías.
La mayor relevancia psicológica del nivel conceptual básico ha sido corrobo- rada por ROSCH en una serie de investigaciones. En una de esas investigaciones,
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ROSCH y cois. (1976) pidieron a sus sujetos que citaran todos los atributos que re- cordasen de una lista de conceptos, que incluía ejemplos de los tres niveles jerár- quicos. Según sus predicciones, los autores comprobaron que en el nivel su- praordinado (por ej., «mueble», «vehículo») los sujetos listaban muy pocos atri- butos. El número de atributos en las dos categorías inferiores era muy similar, por lo que el nivel básico resultaba más informativo. Sin embargo, no todos los datos se ajustaban a las predicciones de ROSCH y cois. (1976). En las categorías biológi- cas el nivel esperado como supraordinado (por ej., «árbol») resultó ser básico. Esta discrepancia se explica según ROSCH (1977) por la «ignorancia» de los suje- tos urbanos con respecto a la botánica y la zoología, por lo que desconocían la estructura correlacional existente en esos dominios.
Otro dato que apoya la preeminencia del nivel básico es que sus miembros no sólo comparten comparativamente un mayor número de atributos sino que también es mayor el número de acciones y movimientos que se ejecutan con ellos. ROSCH y cois. (1976) pidieron a sus sujetos que describiesen secuencias de acciones o movimientos que acostumbraran a realizar en su interacción con ejemplos de los tres tipos de categorías. Nuevamente los conceptos supraordina- dos tienen muy pocos programas motores comunes en comparación con los dos niveles inferiores, entre los que tampoco en este caso hay diferencias. Hay pocos programas motores comunes a todos los muebles y no hay significativamente más acciones que puedan ejecutarse con una silla de cocina que con una silla.
Otro supuesto con respecto al nivel básico que ROSCH y cois. (1976) lograron confirmar es la mayor «similitud objetiva intracategorial» en el nivel básico. Pa- ra ello tomaron dibujos bidimensionales de objetos situados en los tres niveles je- rárquicos y comprobaron el grado de solapamiento o « similitud objetiva» de sus formas. Una vez más los miembros de las categorías supraord¡nadas (por ej., «ropa») guardan escasa semejanza y en los otros dos niveles la semejanza es mucho mayor, pero sin que haya diferencias apreciables entre el nivel básico («pantalón») y el nivel subordinado («pantalón vaquero»). Estos datos con res- pecto a la similitud intracategorial se vieron corroborados por un último estudio en el que se comprobó que las formas promedio de ejemplos del nivel básico eran más fáciles de identificar que las formas promedio del nivel supraordinado. Por ejemplo, es más fácil de reconocer la silueta promedio de dos coches que la de dos vehículos (un coche y un avión). Una vez más, no había diferencias apre- ciables entre el nivel básico y el subordinado.
Al igual que sucedía con los efectos de tipicidad horizontal, la mayor revelan- cia del nivel básico se refleja también en la facilidad de su aprendizaje. Se ha comprobado que los conceptos de nivel básico surgen antes en la ontogénesis que los de los otros niveles jerárquicos (ROSCH y cois., 1976). Según ROSCH
(1977, pág. 220) la formación de conceptos se inicia en las categorías básicas: «Los objetos de nivel básico serían los primeros en aprenderse por medio de la percepción visual y la interacción sensoriamotriz con el objeto y de esta forma serían las primeras divisiones del mundo». SI unimos esta afirmación a la ante- riormente realizada con respecto a la prioridad evolutiva de los prototipos y su mayor facilidad de aprendizaje, nos encontramos con que la teoría de ROSCH SU-
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pone que el aprendizaje de conceptos se inicia por la adquisición de prototipos de nivel básico. La preeminencia de los prototipos y del nivel básico se justifica en un mismo principio: en ambos casos se refleja al máximo la estructura correlacio- nal del mundo, se concentra al máximo la validez de claves y el parecido familiar. En palabras de ROSCH (1978), los prototipos de nivel básico serían los que «mejor reflejan la estructura redundante» de las categorías.
Esta idea, que como hemos comprobado se apoya en una fuerte base empíri- ca, no está sin embargo exenta de problemas. Uno de estos problemas es la pro- pia ambigüedad del concepto de «prototipo» en la teoría de ROSCH (SMITH y ME-
DIN, 1981). Haciendo honor a su propia concepción de las categorías, el concepto de «prototipo» está muy mal definido en la teoría de ROSCH. ASÍ, en algunos mo- mentos (por ej., ROSCH, 1977) parece que por prototipo se entiende una represen- tación promedio de la categoría. En otros, sin embargo, parece hacerse referen- cia a la existencia de un ejemplar de la categoría especialmente relevante (ROSCH, 1978). La propia ROSCH (1978, pág. 36) reconoce esta ambigüedad al tiempo que define lo que es un prototipo: «Por prototipos de categorías entendemos en ge- neral los casos más claros de pertenencia a la categoría definidos operacional- mente por los juicios de la gente con respecto a la bondad de pertenencia a la categoría. Mucha de la confusión producida en la discusión de los prototipos procede de dos fuentes. En primer lugar, la noción de prototipo ha tendido a rei- ficarse como si hiciera referencia a un miembro específico de la categoría o a una estructura mental... En segundo lugar, se han confundido los hallazgos em- píricos con teorías del procesamiento». ROSCH niega ambos supuestos y estima que el concepto de prototipo debe entenderse como una «ficción gramatical» que no supone ninguna teoría de la representación, procesamiento y aprendizaje de conceptos. Tal afirmación es poco congruente con las ideas teóricas que aca- bamos de exponer. Si bien es cierto que, por su escasa definición, tal como los formula ROSCH, los prototipos no implican modelos precisos ni de procesamiento ni de aprendizaje, no es menos cierto que la teoría de ROSCH incorpora algunos supuestos, como la validez de claves o la idea de que la realidad tiene una estruc- tura correlacional, que, de ser ciertos, tienen implicaciones necesarias para cual- quier teoría del aprendizaje. Por ello, si bien ROSCH (1978, 1983) no desea des- arrollar con mayor precisión el concepto de prototipo, es necesario plantearse, si- quiera brevemente, las alternativas existentes con respecto a su representación en la memoria antes de indagar en la teoría del aprendizaje subyacente.