—Gracias, Laurel—Me cogió de la mano, apretándola suavemente—Has sido una amiga maravillosa. De mucha ayuda.
—Ey, es mi deber—Para mi sorpresa se apoyó sobre mí, colocándome el brazo alrededor del cuello y atrayéndome hacia sí para darme un abrazo torpe por el escaso espacio en el interior del coche.
—En serio. Gracias—La estudié sonriente, mirándola profundamente a los ojos. —De nada.
Después de una semana tras la exposición, la vida siguió como de costumbre, ocupada con las clases y con exámenes y más exámenes. Quería hablar con Caden, pero el momento adecuado parecía no llegar nunca. Finalmente, dos semanas después, ambas tuvimos libre un viernes por la noche. Habíamos decidido ir a ver una película y cenar, así que, mientras me vestía con unos tejanos y una camiseta pensé en qué decirle exactamente. ¿Cómo se lo plantearía? Había estado pensando en todo ello bajo mi punto de vista, y quizás incluso estaba cerca de la respuesta: me gustaban las chicas, pero ¿únicamente ellas? No lo sabía.
—He oído que esta película es muy buena—Dijo, desde puerta de mi habitación. Me giré a tiempo para verla apoyarse contra el marco, con los brazos cruzados sobre el pecho, sonriente —¿Aún no estás lista?
—Ya voy. Me he duchado y tú no, así que no te quejes.
—Claro, claro. Venga. Me siento genial por tener, al fin, una noche libre. Sólo quiero salir. Estoy cansada de estar encerrada aquí—Contempló la habitación,
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fijándose en las pinturas y las fotos que había colocado por todos lados; algunos era trabajos míos, otros de amigos.
Me acerqué a ella, al tiempo que me ataba a la cintura la camisa de franela y nos dirigimos hacia la salida. Tenía un nudo en el estómago por la anticipación de hablar con ella. Francamente, me sentía enferma.
Pensé en aquellos días mientras nos dirigíamos a la casa de los Lodge. Sonreía ante el recuerdo de aquellos confusos momentos, cuando no estaba segura de lo que era blanco o negro. Entonces mis pensamientos se dirigieron hacia Caden.
—¿Sabes?, nunca debí haber dejado la escuela—Me volví hacia ella, encontrándome con su nuca puesto que mantenía la cabeza girada hacia la ventanilla. No dije nada, sospechando que necesitaba hablar—Fue una mala decisión, y por supuesto un error. Millones de mujeres han terminado la universidad con un niño en camino, ¿por qué yo no?—se volvió finalmente hacia mí—¿Piensas que estaba equivocada, Laurel?
La miré, no muy segura de qué decir. Sabía lo que mi cabeza y corazón decían, pero no estaba segura si era consuelo lo que buscaba, o sólo quería sentirse mejor con todo lo ocurrido. Con una profunda respiración tomé una determinación.
—Todos tomamos decisiones en la vida, Caden. Algunas funcionan y otras no. Hiciste lo que considerabas que tenías que hacer, y ello conciliaba contigo por entonces. Quizás por la edad, eras muy joven, y dependías económicamente de tu familia. Incluso emocionalmente dependías de ella, y quizá por ello buscabas con más ahínco su aprobación que la tuya propia—Tomé una profunda respiración, estudiándola para ver si no había ido demasiado lejos. Ella se miraba las manos, pero no dijo nada. Decidí continuar—Después de pasarte
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diez años haciendo feliz a otros, Caden, todavía eres una mujer joven y puedes hacer lo que sea. Siempre he pensado eso de ti. Tienes la determinación, el espíritu y la inteligencia para hacer todo lo que te propongas. Hazlo, Caden. No por tus padres o por Troy, ni siquiera por Annie. Hazlo por Caden—Me miró finalmente, clavándome la mirada, haciéndome sentir ligeramente incómoda. Sostuve la mirada.
—Tienes razón—Susurró después de un momento—Tienes toda la razón. Quiero vivir para mí.
Friendly's estaba lleno, como lo estaba siempre un viernes por la noche. Encontramos una mesa en la parte de atrás y nos sentamos en los sillones de color rojo. Caden me sonrió.
—Se me hace la boca agua por esas fajitas de pollo. Tal y como me siento, ¡podría comerme un caballo!
—Por favor, no—murmuré detrás del menú. Trataba de retrasar la bomba. Una parte de mí pensaba que era mejor hablar con Caden en un lugar público, así no podría tirarme nada a la cabeza, pero por otra parte, creía que necesitábamos intimidad.
—¿Qué pasa?—Bajé el menú para ver a Caden apoyándose sobre la mesa, con los dedos entrelazados.
—¿Qué quieres decir?—Quizás podría jugar a hacerme la despistada.
—Bueno, has estado distante todo el día, como si algo te preocupara... O quizás sólo es que estás terriblemente distraída. ¿Estás bien? ¿Hay algo que pueda hacer por ti?
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—Bueno, de hecho, Caden... Hay algo de lo que necesito hablar contigo. Mmm... Algo de lo que no estoy realmente segura, o lo que sea.
—Está bien, te escucho— despidió a nuestra camarera, diciéndole que necesitábamos unos minutos. Luego se concentró en mí de nuevo—Venga, mujer. Escúpelo—Sonrió, palmeándome el brazo. Me arremoliné en el asiento, tomando una profunda bocanada de aire.
—De acuerdo. Bien, ¿recuerdas la exposición de hace un par de semanas, verdad?—asintió—Bueno, pues vino una mujer y compró tres piezas. ¿Sabes que es una distribuidora de arte en Nueva York? Me dio su tarjeta y compra arte de nuevos artistas.
—¿Laurel?
—Oh, lo siento. Como decía, ella y yo conectamos realmente bien y hablamos durante bastante rato. Como tú tenías que ir a casa a estudiar, y yo estaba sola, y necesitaba un amigo, así que, bueno, ella estaba allí—Caden me miraba con ojos confundidos, obviamente no captaba el mensaje—Me besó, Caden. Y la dejé hacerlo. Era guapísima y me sentía completamente atraída por ella—Me miró, echándose sobre la silla, con los ojos fijos en mí.
—Vale—su voz era callada, átona. Mi nerviosismo creció, no segura si debía continuar. La miré en busca de ayuda, o de alguna indicación de lo que debía hacer—Continúa—Con un profundo trago, lo hice.
—Caden, no lo sé. Simplemente no lo sé. He estado pensando en cosas extrañas durante mucho tiempo, no sé qué hacer con ellas, todos estos sentimientos, pensamientos, y curiosidades. No sé si simplemente es sólo eso, o si es algo que pasó y ya está, o...—suspiré.
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—Bueno, sí y no. Quiero decir, los pensamientos estaban ahí antes de Chantal, pero ella ayudó a consolidar algunas cosas por fin, ¿sabes?
—Entonces, ¿qué intentas decirme?
—No lo sé. Creo que quizás me gustan las chicas. Tal vez bisexual. Caden bajó la vista, dejando caer las manos sobre el regazo.
—¿Caden? ¿Estás bien?—me sonrió, con una pose evidentemente forzada.
—Sí, estoy bien. Escucha...—se levantó de la silla, cogiendo el bolso—Acabo de recordar algo que tengo que hacer para laboratorio. Mmm... Nos vemos en casa, ¿de acuerdo?—sin mirarme, salió rápidamente del restaurante, desapareciendo entre la oscuridad de la noche.
—Diablos.
Me quedé donde estaba, no segura de qué hacer. Yo había traído el coche, así que sabía que Caden se iría a pie. Deseé salir corriendo, coger el coche e ir en su busca, pero supuse que no querría que la molestara. No sabía cómo debía sentirme. No esperaba que reaccionara así. ¿Por qué? ¿Qué había detrás?
Sentí picarme los ojos cuando las lágrimas comenzaron a amontonarse detrás de los parpados. No, no aquí y no ahora.
Cerré la puerta del coche, me senté en el interior, mirando fijamente a través del parabrisas el restaurante y las luces rojas de neón que llenaban la noche. No tenía ni idea de lo que hacer, ni de lo que decir. Me sentía perdida.
Conduje por los alrededores de Lancaster durante al menos una hora, cualquier pensamiento sobre cenar había quedado relegado a mejores tiempos. El apetito se había desaparecido junto con Caden. Me pregunté a dónde había ido. Y aún más, ¿por qué había huido de Friendlys de aquella forma? No lo entendía. De
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verdad que había pensado que sería más comprensiva de lo que realmente resultó ser. Teníamos amigos que eran Gays y ella estaba bien con ellos. Así que ¿por qué yo no?
Conduje a través de la calle Chestnut hasta llegar a nuestro apartamento. Aparqué a un lado, bajo un árbol, como de costumbre. Mientras recogía la chaqueta del asiento del copiloto, miré por la ventana, descubriendo a Caden sentada en los escalones del edificio. Permanecía abrazada a sus rodillas, con la mirada al suelo. La levantó cuando oyó que me acercaba ella.
—Hola—dijo, casi en un murmullo. —Hola.
—¿Quieres sentarte un rato?—miré el lugar que me indicaba, después la miré, no segura de qué hacer o de si debía confiar en ella.
—De acuerdo—me senté. Se fijó en la calle por un momento, luego me miró.
—Siento mucho haberme comportado de esa forma. No era lo que necesitabas. Espero que puedas perdonarme de corazón—sus ojos me suplicaron, parecía estar a punto de llorar.
Suspiré.
—No me has matado—le ofrecí una sonrisa débil, la mejor que podía hacer. —Espero que no. Nunca podría perdonármelo si algo te pasara por mi culpa, Laurel. Lo siento.
—Está bien. Gracias. Lo necesitaba— asintió, mirando hacia la calle de nuevo. —Ey, ¿para qué están los amigos?
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—Gracias—su voz era pequeña, y supuse que también era así como se sentía. —Pero quiero saber por qué.
—Sí, supongo que te debo una explicación. Creo que simplemente estaba asustada, todo fue tan repentino. No me lo esperaba. En absoluto—me miró de nuevo. Tenía el presentimiento de que había algo más en todo aquello, como si quisiera añadir más cosas, pero había algo que la detenía. Y yo lo dejé estar— ¿Planeas ver de nuevo a esa mujer? Ya sabes, visitar la galería, asegurarte de que trata bien tu trabajo—me sonrió abiertamente y yo le devolví la sonrisa. —No—agité la cabeza—Fue algo pasajero. Ya sabes lo que dicen: todo pasa por una razón. Creo que estaba ahí solamente para...— extendí las manos, mi voz sonaba dramática—... mostrarme el camino—Caden sonrió.
—Quizás. ¿Qué vas a hacer ahora?—me encogí de hombros.
—Ésa, amiga mía, es la pregunta del millón de dólares. Me he preguntado lo mismo durante las dos semanas últimas. ¿Qué puedo hacer? O sea, no es un cambio de carrera donde comienzas mecanografiando tu currículum vitae, ¿sabes?
—Sí, supongo que no—suspiró profundamente, poniendo la mano sobre mi hombro—Todavía tengo hambre, por cierto—me miró tímidamente. Sonreí.
—Dios, eres adorable. Vamos.
El hotel de Emily era precioso, caro y difícil de encontrar. Dejé el coche en los aparcamientos y salimos, dirigiéndonos hacia directas a la habitación 306. Me alegraba de ver a Emily. Nos habíamos conocido años atrás en una exhibición de arte en Nueva Jersey y congeniamos al instante. Necesitaba mantener mayor contacto con los viejos amigos.
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Mientras caminábamos por el vestíbulo, con el espeso alfombrado bajo nuestros pies, Caden respiró profundamente varias veces.
—¿Estás bien?—nos detuvimos frente a la puerta de la habitación de Emily. —Sí. Sólo que no puedo creerme que ya haya llegado hasta aquí. Pensaba que Troy sería el primero—me miró.
—¿Sabes?, cuando estabas en el hospital Michael me dijo que estaba pensando en ello. Troy iba a hacerlo, Caden. Al menos ahora podrás salir de esto antes. —¿Iba a pedir los papeles?—su voz era baja, incrédula. Asentí—Bastardo— Levantó el puño y golpeó con firmeza. Unos momentos después la puerta se abrió y Emily Thomas nos sonrió.
—¡Laurel!—extendió la mano y me agarró, empujándome hacia ella—Ha pasado tanto tiempo—se apartó y me examinó.—Estás muy bien, aunque estás demasiado delgada—me miró acusadoramente. Todo lo que pude hacer fue encogerme de hombros—Ésta debe ser Caden.
—Hola, Emily. Gracias por recibirme con tan poco tiempo de antelación.
—No hay problema—se estrecharon las manos y nos invitó a pasar. Emily estaba guapa, con el cabello rubio algo más largo desde la última vez, pero con los mismos ojos verdes llenos de vida. Vestía simplemente una camiseta holgada y unos vaqueros e iba descalza.
—¿Cómo está Rebeca? ¿Sigue dando clases?—Pregunté mientras me ponía cómoda en una silla, cruzando las piernas por las rodillas. Emily asintió, dirigiéndose hacia el bar.
—Sí. Hace un mes que ha comenzado el nuevo curso. ¿Queréis tomar algo? Estamos totalmente abastecidas—yo no quise nada, así que Emily le sirvió agua a Caden antes de sentarse en la cama, señalando a un lado para que ella
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la acompañara.—Necesito que me lo cuentes todo, Caden. Quiero saber perfectamente a qué nos enfrentamos.
El día después de mis revelaciones a Caden, se comportó como si nada hubiera pasado. No estaba segura de cómo tomármelo o de qué hacer al respecto. Estaba demasiado contenta porque ella no estuviera enfadada o asustada. La noche anterior habíamos vuelto a Friendly's y cenamos entre charlas y risas hasta altas horas, ambas tuvimos que arrastrar el trasero para irnos a casa. —¿Qué hay de Michael? —preguntó, al tiempo que preparaba su tercera fajita de pollo.
—¿Qué pasa con él? —mordí la hamburguesa con queso, mirándola. —Bueno, como ya sabrás, está interesado en ti. ¿Qué vas a decirle?
—Caden, no le he le prometido nada a Goop. Él y yo nunca íbamos a tener nada. No le debo ninguna clase de explicación.
—Me miró, sorprendida. —Oh... Está bien.
—¿Por qué? —ahora comencé a sospechar. —Bueno, nada.
—Escúpelo, mujer —Dejé la hamburguesa en el plato, apoyándome hacia adelante para hacerle saber que tenía puesta toda mi atención en ella.
—Bueno, creo que estaba planeando invitarte a salir, ya sabes, como..., bueno, sonará gracioso, creo que para que fueras su novia. Como pareja.
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—¿Desde cuándo? —estaba confundida. Ya sospechaba que le gustaba a Michael, pero no tenía idea de que hubiera llegado a ese punto hasta ese momento.
—Bueno, de hecho creo que se enamoró de ti la primera noche que te conoció — sonrió —No es que le culpe. Quiero decir, ¿quién no se enamoraría de la preciosa rubita? —la golpeé en el brazo.
—Anda ya...
—No, pero en serio. Deberías decirle...
Necesitaba pensar en ello. Decírselo a Caden, mi mejor amiga y compañera de habitación de tres años, y decírselo a su hermano que era más como un conocido que otra cosa, era diferente. No estaba segura.
—Entonces, ¿no has trabajado durante tu matrimonio? —No. Nunca.
—De acuerdo. ¿Hay algo de sus propiedades a tu nombre?
Caden pensó por un momento con la mano en la frente, luego sacudió la cabeza.
—No. Los coches, la casa, todo está a nombre de Troy. —Bueno, entonces podemos tener algunos problemas.
Me volví hacia la ventana, mirando Boston mientras Caden y Emily continuaban hablando sobre el caso. Esperaba que Troy Shepherd se las tuviera que ver con todo lo que se le venía encima, sin poner a Annie o a Caden en el fuego cruzado.
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