Amantina Osorio Ramírez Doctora en antropología social
Presidenta CHI
Las epidemias y pandemias se han convertido en un objeto de interés para las ciencias sociales1. Estas se caracterizan normalmente como ob-
jeto de pánico o situación biopolítica. Tales perspectivas olvidan que ellas impactan directamente en nuestra cotidianidad.
En el transcurso de la historia muchas epidemias o verdaderas pande- mias implantaron el terror en el mundo conocido. En el momento actual estamos viviendo la pandemia del Coronavirus o Covid-19. Su primera 1 Se cataloga como epidemia cuando una enfermedad se propaga activamente debido a que el brote se descontrola y se mantiene en el tiempo. De esta forma, aumenta el número de casos en un área geográfica concreta. Para que se declare el estado de pandemia se tienen que cumplir dos criterios: que el brote epidémico afecte a más
de un continente y que los casos de cada país ya no sean importados sino provocados
por trasmisión comunitaria. Organización Mundial de la Salud (OMS), Sandra Pulido,
aparición fue en un mercado de mariscos en Wuhan, una ciudad de 11 millones de habitantes en China. Los estudios de secuenciación ge- nética han permitido establecer que los antepasados más cercanos del Covid-19 fueron los hallados en murciélagos y un tipo de serpientes, lo que hace pensar que se formó un híbrido en un proceso similar al que se experimentó con el virus del Sars hace dos décadas. Sin embargo, aún se investiga el origen exacto y cómo se dio el salto para que lograra adaptarse en humanos. Como el virus afecta las vías respiratorias, todas las secreciones que vengan de allí pueden trasmitirlo a otra persona. En las páginas siguientes se hace una reflexión sobre la manera cómo nos ha impactado dicha pandemia a través de una reflexión teórica des- de la biopolítica y se relacionan los microrrelatos de las personas que nos quisieron compartir sus experiencias frente a este hecho histórico que se está viviendo, a ellas y ellos mis agradecimientos.
Las pandemias como fenómenos mutidimensionales
Las pandemias son fenómenos multidimensionales en los que se mez- clan cuestiones científicas con valoraciones políticas, imágenes popu- lares con discursos especializados, tecnologías de todo tipo (de preven- ción, vigilancia, cura, etc.) con prácticas populares; por consiguiente, no constituyen un problema exclusivamente biológico y médico. La transformación que esto implica significa alterar nuestra vida, añadir nuevas prácticas, significados y sentidos. Junto a la dimensión sanitaria se encuentran los discursos que se elaboran en y sobre ellas; el papel que juega el saber experto frente al lego en su tratamiento, las decisio- nes políticas que se implementan o las tecnologías que se despliegan para vigilar y atender al fenómeno. Tal totalidad no resulta inocua o indiferente para el devenir de nuestra vida cotidiana. De hecho, la trans- forma profundamente.
Según Francisco Tirado y José Cañada (2011:135) en las referencias que hacen a la pandemia de la gripe A (H1N1), y que son válidas para
el coronavirus, señalan las principales características para estas situa- ciones: a) el papel fundamental que juega la medicina en la definición de lo que debe ser considerado como cotidiano y lo que debe ser en- tendido como extraño; b) la fuerza especial que adquiere la noción de naturaleza; c) la conceptualización de una “excepcionalidad biológica” como mecanismo de inteligibilidad básico para comprender el citado fenómeno de reconstrucción, y, finalmente, d) la actualización de un determinado régimen sobre lo corporal.
J. P. Dupuy (1999) plantea cómo las pandemias se han considerado fe- nómenos de pánico. El pánico presenta una oscilación de lo individual a lo colectivo, conduciéndonos a giros paradójicos, en donde lo micros- cópico se comunica de modo instantáneo con lo macroscópico. Cuando irrumpe la noticia de un posible contagio masivo, las masas se indivi- dualizan y el orden social se fragmenta. Aparece la irracionalidad, el miedo y el pánico, golpea la vida humana en tanto que vida colectiva o agregado de individuos, y la destruye. Por lo tanto, debemos temerla. El miedo a las mismas es intenso y se respira la sensación de que sufrimos un especial momento de apogeo de su riesgo. El pánico desmedido en vista del virus es una reacción inmunitaria social, e incluso global, al nuevo enemigo. La encuesta polimétrica realizada en abril preguntó por las emociones dominantes de los colombianos en la actualidad, siendo la incertidumbre (64 %) y el miedo (43 %) las primeras (eltiempo.com, 2 abril 2020).
“Fue alarmante cuando mi hija me propuso que fuéramos a proveernos de alimentos. Al llegar, la cantidad de personas que hacían fila y los controles de ingreso daban cuenta a lo que nos enfrentábamos; a primera voz, escasez de alimentos. Todos tomamos cantidades alarmantes de alimentos de primera necesidad pues el llamado era a que no podíamos salir de casa, nos pasaba la visión de que estaríamos en pandemia por mucho tiempo, entendiéndose como encerrados bajo las medidas gubernamentales de toque de queda y ley seca”. (Fanny, 68 años).
“Inicialmente me generó miedo, tristeza e incertidum- bre por el cambio, mientras ordenaba todas mis ideas”. (Alejandra, 31 años).
Las informaciones sobre el descubrimiento de nuevos parásitos, las no- ticias acerca de la actividad de vectores biológicos completamente des- conocidos hasta hace poco como pueden ser los priones (proteína que es capaz de causar alteraciones en el cuerpo de los animales), la cons- tatación de la mutación y resistencia inesperada de algunas bacterias y virus, etc., han creado un clima de especial alarma en la opinión públi- ca. Se ha incrementado desproporcionadamente el número de especies animales implicadas en los brotes que han sido cada vez más frecuentes y virulentos, ya sea como responsables del estallido del brote o como vectores de contagio. Así, mientras que durante todo el siglo anterior se identificaba a patos y cerdos como animales importantes en los men- cionados brotes, ahora se han incorporado a la lista otras especies como el pollo, la codorniz, el ganso y el murciélago. La vida del elemento patógeno emergente parece ocupar el lugar del mensajero que anuncia un enorme desastre, el fin del mundo o de la civilización conocida. El segundo significado social que suele asociarse a las epidemias es el de la urgencia (Tirado y Cañada:2011). La posible extensión del vector infeccioso, el miedo a la ausencia de cura o al fenómeno de su mutación descontrolada generan el sentimiento de que es necesaria una acción contra las pandemias cuanto más rápida mejor. La conceptualización del virus ha sido la de un vector dinámico, en permanente movimiento, que coloca en el mismo plano ontológico a seres humanos y animales, compartiendo vicisitudes y futuro. Resulta prácticamente imposible es- tablecer un límite claro para decidir qué se considera una situación de salud ligeramente alterada o qué se establece como una patológica que requiere intervención y aislamiento. La consecuencia más evidente que supone la borrosidad del límite entre lo sano y lo patológico es que, finalmente, toda la población es considerada, de facto, enferma.
“Había llegado un virus que empezó al otro lado del mundo, y que creíamos que aquí no iba llegar. En los noticieros el paneo era registrar todos los días
casos y casos que brotaban en países como Italia y España; y así el miedo se iba apoderando de nosotros. En esta ciudad (Medellín) entonces se preparaban el gobierno, nuestros mandatarios, los hospitales, médicos y enfermeras a co- nocer un pequeño amigo con el nombre de Coronavirus; y mientras tanto todos entendimos a la fuerza que el encierro era la mejor arma para no dejarlo pasar. Llegó la famosa cuarentena”. (Andrea, 35 años).
Las medidas de prevención, las investigaciones sobre vacunas, el aná- lisis de las relaciones entre humanos y animales que se consideran de riesgo o no, etc., constituyen un verdadero ethos político cuyo terreno de juego no es otro que el de la propia vida, de allí una evidente relación entre pandemia y biopolítica2. Las situaciones de contagio generaliza-
do son situaciones biopolíticas. Foucault fue uno de los primeros en examinar cómo la vida y lo viviente se convirtieron paulatinamente en una preocupación de Estado, en un asunto que concernía a los poderes públicos y que les exigía acciones de control y seguridad.
Precisamente, su examen atiende a las políticas de salud pública que se implantan en Europa con la progresiva ascensión del pensamiento liberal. También en el esquema de seguridad/biopolítica se encuentran procesos de distribución, regulación, cálculo y modulación que tienen que ver con grandes poblaciones, y esto se realizará a partir de que la población se convierte en un conglomerado de procesos que es menes- ter manejar en sus aspectos naturales (Garcés M. :2005). Así, su análisis muestra cómo la población pasa a depender del clima, del entorno, de la circulación de riquezas, de costumbres y tradiciones, y especialmente de elementos de subsistencia: nacimientos y defunciones, enfermeda- des y epidemias. Así, cuando una epidemia o pandemia aparece, los límites entre lo que es humano y animal se borran, las diferencias entre las escalas locales y globales se mezclan, la tensión entre lo político y lo 2 La biopolítica se puede definir como el ejercicio del poder político a partir de es- tablecer el dominio sobre lo viviente. Es el resultado del síndrome inmune real que durante un tiempo ha caracterizado el nuevo régimen biopolítico. “Lo que se teme, in- cluso más que el daño en sí mismo, es su circulación incontrolada en un cuerpo social expuesto a procesos de contaminación generalizados” –escribe Esposito.
natural se anula, y las fronteras entre lo sano y lo patológico se quiebran (Tirado y Cañada, 2011).
“Un encierro que aparentemente duraba poco ya va para 10 meses. Y es que precisamente el distanciamiento inteligente aún no acaba y lo más seguro que nos dure un año más huyéndole a los centros comerciales, lugares muy llenos de gente y hasta reuniones de más de 10 amigos. Estaría diciendo mentiras si digo que lo que ayer fue una paranoia total hoy es una realidad con la que aprendimos a vivir muchos. Ya no hay el miedo aquel de ver el virus en todos los rincones, de no salir al balcón porque si el vecino se asomaba también llegaba una infección, o de lavar hasta el envoltorio del queso con alcohol; porque allí seguramente ya crecía el Covid-19”. (Andrea, 35 años).
Foto tomada por Amantina Osorio
La pandemia cuando aparece, su contención, su manejo, las medidas de prevención obligan a distintos poderes a intervenir. Así, en prime-
ra línea tenemos al personal sanitario, pero también son relevantes los investigadores, los gestores de laboratorios y empresas farmacéuticas, políticos en todo tipo de administraciones, personal de seguridad, per- sonal de limpieza y la tecnología. Como el virus afecta las vías respi- ratorias, todas las secreciones que vengan de allí pueden trasmitirlo a otra persona. El estornudo, la tos, las flemas y las que se quedan en las manos y en las superficies húmedas pueden contenerlo y pasarlo a otra persona de manera directa. Se imponen prácticas positivas: limpieza de manos y cara, uso del tapabocas, no saludar de beso ni de mano y el distanciamiento social para evitar la expansión de la pandemia. Cierres de aeropuertos y fronteras nacionales y municipales, del comercio y el transporte, rigurosas cuarentenas3 que han paralizado la vida pública y
trastocado la economía mundial4. Así, las pandemias obligan a repensar
nuestra relación con otros seres vivos atendiendo a las recomendacio- nes de técnicos y especialistas, cambian el carácter de la relación y la frontera entre lo sano y lo patológico, etc. En esa alteración o transfor- mación se dirime nuestra percepción, manejo y concepción de que lo que entenderemos por “vivo”, “normal” o “saludable”. Es la medicina, con sus criterios biológicos, la que se constituye permanentemente en el 3 Todavía nadie se atreve a señalar que la cuarentena no sirve por sí misma. Si no hay políticas de prevención y tratamiento público eficientes, de nada sirve recluirse indefi- nidamente; para colmo provocando llegar al punto de insostenibilidad por las propias necesidades básicas. Taiwán, Singapur, Hong Kong, Seúl, por ejemplo, cuentan con pocos infectados –en relación con los países europeos– y en ninguno de estas ciudades se ha decretado la cuarentena ni el cierre de lugares públicos. Porque la cuarentena instaurada de modo generalizado no está pensada para prevenir el contagio sino para domesticar y adiestrar a la población al nuevo tipo de orden que se pretende perfilar como “panóptico global” (Bautista R. Resumen Latinoamericano Glefas Latam, 23 de marzo de 2020).
4 En ese sentido, aunque para algunos estas reacciones podrían parecer exageradas de- bido a la relativa letalidad del virus –su índice de mortandad según la OMS no supera el 2%–, los expertos saben que la capacidad de SARS-CoV-2 para propagarse fácil- mente, junto a la falta de inmunidad de la población y lo poco que se conoce sobre él, son razones más que suficientes para tomar acción. Las personas más afectadas suelen ser las que se encuentran en los extremos de la vida (niños muy pequeños o ancianos), quienes padecen enfermedades crónicas o sufren alteraciones que comprometen sus defensas.
terreno de intersección de esas categorías o ámbitos. El ciudadano cede derechos y los especialistas comienzan a dictar las prácticas adecuadas para regir la vida cotidiana de éste, es definida como un acontecimiento que se torna un desafío político5. Los interdictos judiciales y las medi-
das políticas se proyectan sobre el ámbito de la vida para gestionarla en sus aspectos más íntimos, y sobre nuestras más inmediatas prácticas cotidianas6.
“Fue muy preocupante y angustioso porque todo lo que sentía era el famoso Covid. Aparte de que soy hipertensa y baja en defensas, entonces candidata para tan famoso virus. Me encanta caminar y nadar y fue muy duro no poder hacerlo, me gustan las manualidades y ni eso me provoca hacer. El temor no se ha ido, pero uno va aprendiendo a cuidarse y a aceptar lo que nos tocó vivir”. (Olga, 65 años).
“Para mí fue un año muy difícil porque no podíamos salir, no podía jugar en el parque con mis amigos, no podía ir al colegio; me gusta trabajar más presencial e ir a clase porque me va bien. Lo otro es que a veces me distraigo con cosas en el computador”. (Samuel, 10 años).
5 El Gobierno Nacional emitió un nuevo decreto en el que amplía hasta el próximo 16 de enero 2021 el llamado aislamiento selectivo con distanciamiento individual,
esto implica que se fijan restricciones con el fin de evitar un pico de contagios de Covid-19. La emergencia sanitaria fue ampliada hasta el 28 de febrero de 2021 para garantizar un control efectivo de la pandemia en el país. El decreto ordena el cierre de las fronteras terrestres y fluviales con Panamá, Ecuador, Perú, Brasil y Venezuela, a partir de este martes primero de diciembre y hasta el próximo 16 de enero.
Así mismo, se reabrirán desde este martes primero de diciembre las fronteras maríti- mas para restablecer, de manera paulatina, la llegada de cruceros y reactivar el turismo (Canal 13, 1°. de diciembre 2020).
6 La secretaría de movilidad de Medellín prohibió cualquier tipo de festejo y desfile que conmemora el día de la Virgen del Carmen; la medida va dirigida también a las empresas de taxis y buses para que prohíban cualquier programación especial. El subsecretario técnico de la Secretaría de movilidad, Diego Zapata, agradeció a las em- presas de transporte público que lideran con disciplina los protocolos de bioseguridad para evitar la propagación del coronavirus (16 julio 2020, Alerta paisa).
El temor y la ansiedad con respecto a una nueva enfermedad y lo que podría suceder pueden resultar abrumadores y generar diferentes emo- ciones (temor y preocupación por su salud, cambios en los patrones de sueño o alimentación, entre otros). Además, las medidas de salud pública, como el distanciamiento social, pueden hacer que las personas se sientan aisladas y en soledad y es posible que aumente el estrés y la ansiedad. Según datos presentados a través de la investigación de los departamentos de psiquiatría y salud mental y de epidemiología clínica y bioestadística de la Facultad de Medicina de la Universidad Javeria- na, muestra el impacto en salud mental que ha traído esta emergencia. Tanto como el virus y su capacidad de afectar a personas de todas las condiciones, los trastornos emocionales se han exacerbado o han apare- cido en casi toda la población, sin importar rango de edad, estatus social o región, según comenta el psiquiatra Rodrigo Córdoba (El Tiempo, 13 de agosto 2020)7.
“Personalmente eso jugó un papel muy importante en mi salud mental, es comprensible que esta situación desencadena ansiedad, depresión y un sinfín de emociones negativas en todas las personas, ahora si pensamos cómo está afectando a las personas con trastornos de raíz, como el trastorno de ansiedad generalizado en mi caso, esto me tiene muy desestabilizada, incluso ha creado conflictos en mi vida personal puesto que no tolero hablar del tema ya que me genera pánico y mi actitud un tanto pesimista no colabora, además que el encierro, la soledad y la falta de claridad con las actividades académicas dejan mucho tiempo que permite divagar y sumirse en pensamientos que hace mu- cho no estaban presentes”, (Luna, 25 años).
7 Los humanos por naturaleza tienden a crear rutinas para manejar mejor las situacio- nes nuevas o desconocidas y en tal razón, mientras que en los primeros días de los confinamientos se producían desasosiegos o sensaciones de malestar, la mayoría de las personas terminaron por acostumbrarse a estar en la casa, sin embargo, en algunos se arraiga tanto este acto que, al enfrentarse a la calle, se sienten desubicados. “Ade- más, la pandemia de la Covid-19 ha promovido un contexto de inseguridad y de riesgo creciente en las afueras de la calle, lo que termina por aumentar el problema”, dice Córdoba, porque el hogar se ha convertido en una burbuja que proporciona tranqui- lidad en un marco de incertidumbre. (Unidad de salud El Tiempo, septiembre 2020).
Otra situación que ha traído la pandemia de la Covid-19 son los epi- sodios de violencia y señalamiento social hacia un sector de la pobla- ción: las y los trabajadores del sistema de salud. Esto ha conllevado como consecuencia la discriminación y las agresiones físicas, verbales y psicológicas al personal de la salud, indistintamente de la función que desempeñe el profesional, sea médico, enfermero, auxiliar, etc. Muchas personas asocian que el tener cualquier tipo de contacto con el personal de la salud aumenta sus probabilidades de contagio; “esta reacción por parte de algunas personas apunta a las creencias (que en algunos casos parten de un principio de realidad) y a la irracionalidad para enfren- tarlas, pues el personal médico, simbólicamente representa la propia enfermedad y la cura, entonces el terror que implica ese mal y estigma es incontrolable y genera las creencias más interesantes como un proce- so social”, lo explica María del Carmen Montenegro, de la facultad de psicología de la UNAM (El Tiempo, 13 de agosto 2020). Es en escena- rios críticos y de miedo cuando se vuelve apremiante, pero complicado, darle sentido a lo inconcebible, a lo disruptivo y extraño que resulta todo. No olvidemos que en pocos días el distanciamiento social –que se convirtió en confinamiento– nos cambió la vida. No es realista esperar que los individuos tomen decisiones más informadas (racionales, dirán algunos) en contextos en que las tecnologías de la inmediatez nos inun- dan con noticas falsas (Guerra, E., abril 2020).
“Médicos han informado de hostilidad por parte de vecinos que les piden a