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Section 7: Summary and Conclusions

7.3 Implications

La juventud se caracteriza por una apertura social que se inicia en los escenarios del colegio y la universidad y que consiste en la interacción con y para un otro diferente al núcleo familiar. Las interacciones con personas externas al hogar permiten un intercambio de visiones de mundo que aportan a la configuración del sí mismo.

La apertura social juvenil se constituye en torno a tres narrativas que son: El establecimiento de noviazgos, la inclusión en grupos en torno a prácticas comunes y, la emancipación del hogar.

Las relaciones de pareja aparecen como el primer momento de interacción e intercambio subjetivo con un otro diferente a la familia. Ellas responden a la necesidad de afirmación y reconocimiento del Yo, es decir, que el joven, a medida que va comprendiendo lo que él es, espera poder proyectarlo en el otro, que en este caso, es una pareja con quien existe una relación afectiva profunda. Los noviazgos permiten que en el individuo se operen cambios puesto que él se enfrenta a los universos narrativos del otro, lo cual le implica, una relectura del sí mismo y un aprendizaje constante. Una relación de pareja es, entonces, una negociación de sentidos de mundo para lograr armonía en un proyecto emprendido al lado de alguien que ha llegado a marcar una diferencia en la historia propia.

Es importante mencionar que, en adición a los intercambios subjetivos, la dinámica de los noviazgos cuenta con dos factores determinantes y diferenciadores de las amistades, que son la apariencia física y las relaciones sexuales. Estos dos factores implican una relectura

del sí mismo a la luz de una persona que cobra un interés fuera de lo común, hasta ahora inusitado y por el cual, el joven, necesita sentirse reconocido y atraído. Las experiencias sexuales conllevan un descubrimiento del sí mismo, una identificación de sensaciones antes desconocidas y la posibilidad de compartir esas sensaciones con un otro. La sexualidad es, según los entrevistados, una proyección sin reservas con, para y ante el otro.

La amistad también responde a las necesidades de interacción, intercambio, afirmación y reconocimiento del sí mismo en un escenario alterno a su familia, con la salvedad que: 1. se da en grupos que se definen en torno a prácticas, y 2. se diferencia de las relaciones de pareja en tanto dinámicas exclusivas de solo dos personas.

En la juventud es determinante la pertenencia a un grupo en el que se pueden identificar puntos comunes y haya una cohesión entre sus miembros. Los jóvenes procuran en las amistades espacios para compartir con personas que se encuentran en el mismo proceso de búsqueda narrativa, emancipación y alejamiento de la familia y que se enfrenten a los mismos problemas y miedos. Las prácticas alrededor de las cuales pueden reunirse los jóvenes son muy variadas pero principalmente ellos señalan aquellas relacionadas con el arte y la violencia. Además, la diversión es asumida como una práctica de cohesión juvenil, en tanto que significa un espacio de desahogo y de descanso en un contexto informal –no académico- que generalmente es identificado con la rumba y con salir a tomar con los amigos.

A través de las interacciones con los amigos y con la pareja los jóvenes buscan intercambiar horizontes de comprensión que les permitan emanciparse de las visiones de mundo impuestas en su núcleo familiar y que los cohesionen alrededor de puntos comunes. La amistad y los noviazgos son escenarios de búsqueda de reconocimiento y de creación de visiones de mundo que confirmen la singularidad del sí mismo. Podemos identificar, de esta manera, que hay una transición en el joven que se aleja de su familia para dar cuenta de sí mismo al relacionarse con otros con quienes está en relación de iguales; y, esta transición cuenta con tres etapas que identificaremos como: 1. niñez o narración del Yo desde la perspectiva paterna, 2. juventud o búsqueda de la propia narrativa, y 3. pre-adultez

o retorno a casa como un Yo configurado.

En los relatos proporcionados por los jóvenes fue posible identificar que como niños no se sintieron creadores auténticos de sus narrativas, puesto que siempre creyeron lo que era dicho acerca de ellos, sin haberlo comprobado realmente por sí mismos. La juventud es para los entrevistados el punto en que ellos comienzan a comprenderse a través de sus propios ojos, no a través de los de sus padres y por esto toman distancia del núcleo familiar. El joven entonces, se da a la tarea de corroborar lo que él cree ser, al tiempo, que descubre muchas otras posibilidades de su ser y va reafirmándose en sus interacciones con los demás.

El joven necesita, durante la búsqueda de la propia narrativa ser reconocido como único y diferente al interior de un grupo social de coetáneos y, tras esta búsqueda-hallazgo, el joven pasa a auto imponerse sus normas, sus deberes y sus límites. Una vez el sujeto logra dar cuenta de sí mismo, tiene lugar el retorno a casa como Yo configurado que ya da cuenta de sí mismo y que puede poner en balance sus escenarios de socialización y su familia. El retorno al seno del hogar tiene lugar tras haberse liberado de las imposiciones, lo cual deriva en la capacidad de declaración el Yo y de la auto narración.