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3.3 EXAMPLES OF ANALOGOUS PATTERNS OF STUDENT

3.3.3 Inconsistent and/or context-dependent reasoning

Olga es madre de familia, de unos cuarenta años. Tiene hecho los estudios superiores y ha ejercido una profesión liberal durante varios años.

Sus angustias han hecho sus primeras apariciones hacia la edad de quince años. De niña tenía temores a ser raptada. Lleva una vida ociosa y sin alegría. Padece de angustia, insomnio e indecisión.

Olga nunca ha sido psicoanalizada y pretende que nunca tiene sueños; no tiene recuerdos precisos de su primera infancia. Ella misma dice tener un temperamento ciclotímico.

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Olga que tiene un físico normal, se mantiene muy encorvada, los hombros encogidos y la cabeza bajada. Cuando la invito a tumbarse para la sesión, en vez de tenderse sobre la espalda, como todos los sujetos que he atendido antes que ella, se tiende <<acurrucada>> sobre un lado.

1ª sesión (12 de mayo de 19…)

Olga, a quien sugiero la imagen de un jarrón, se imagina uno de cristal que se encuentra en su salón. El jarrón, primeramente vacío, se llena con peonías rojas que no le evocan ningún recuerdo.

Es de noche; Olga, a petición mía, se desliza hacia el sol del amanecer y llega a un paisaje de montañas. Emprende la ascensión de la más alta y llega así a una cabaña, reminiscencia de una ascensión realmente hecha anteriormente. Vuelve a salir hacia la cumbre que es rocosa.

Olga, ella misma, se ve como un personaje wagneriano invencible, envuelta en velos, descalza y sin nada en la cabeza. Pero dice tener la impresión de que ella no es de verdad. Cuando le pregunto

(P. 203) porqué, Olga me dice que este personaje no tiene vértigo mientras que ella es

propensa.

Olga tiene la sensación de que la figura wagneriana que ella contempla tiene tendencia a esfumarse, a evanescerse en el éter; llega sin embargo a seguirla en su ascensión que ella prosigue, poco después, sola sobre una pista helicoidal.

Pronto la pista se convierte en una escalera mecánica y Olga vuelve de nuevo a las imágenes de la realidad.

Ruego a Olga rehacer la imagen wagneriana; ella está molesta por el carácter irreal de ésta. Como le propongo dar la mano a esta imagen, Olga tiene la visión del Dante con Beatriz. Le pregunto con cuál de los dos personajes ella se identifica; con Dante responde. El otro personaje (Beatriz) que acompaña a Dante, es decir, Olga, es asexuado.

Olga no tiene ganas de ser llevada a ninguna parte. La hago descansar rogándole imaginar una plataforma bajo sus pies. Ella me dice entonces que desearía tener entusiasmo por la vida. Le auguro que encontrará este entusiasmo y la invito a proseguir su ascensión representándose una escalera. Olga marcha otra vez en la noche y eso le sugiere <<la noche obscura>> de San Juan de la Cruz.

Ruego a Olga buscar una estrella y deslizarse sobre uno de sus rayos, pero ella no logra representarse esta imagen. Le propongo retomar una escalera y que intente desearla con confianza, valor y con el entusiasmo que le falta. Olga me confiesa tener a mal experimentar estos deseos que le sugiero. Preguntada, no puede decir por qué, pero me confía tener la impresión de haber desperdiciado su vida.

Como le propongo a Olga girarse hacia el futuro en la esperanza de poder reconstruir su vida, confiesa saberse vencida por adelantado, pero ella no rechaza la lucha.

Aquí, Olga me hace confidencias sobre los inicios de su matrimonio y la situación actual de su hogar.

Esta conversación ha roto la trama del sueño despierto; intento que Olga la retome a través de la sugerencia de ir ascendiendo deslizándose sobre un plano inclinado hasta que encuentre una escalera de cristal. Ella aquí no triunfa, pero divisa a sus hijos a quienes desearía poder hacer el bien.

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Propongo entonces a Olga imaginar que mi mujer desciende hacia ella para ayudarla. Mi mujer llega y le tiende la mano; ella tiene alas; pero Olga es un peso muerto, dice.

(P. 204) No logrando provocar la imagen para subir, decido hacer descender a Olga.

Después de haberse revestido [protectoramente] con una escafandra, se mete en una gruta y me dice tener miedo a la oscuridad. La ruego que me diga lo que podría haber allí de temor; Olga me responde: <<siempre tengo miedo de la novela policíaca>>. Para tranquilizarla la ruego que se imagine que estoy cerca de ella, armado con una espada mágica, y que voy precediéndola. Descendemos así una escalera que nos lleva a la gruta de

Betharam [(próxima al santuario de Lourdes)] que Olga ha visitado. No ocurre nada. Sugiero

entonces a Olga que encontremos una grieta, hasta entonces desconocida, y que por ella nos metamos. Teme no encontrar la salida. Sigue sin ocurrir nada y hago remontar a Olga sugiriéndole un paisaje soleado. Se representa bien una llanura, ¡pero llueve! Le sugiero verse en casa de ella con mi mujer y yo mismo velando por su sueño. Olga a continuación vuelve de nuevo al estado de vigilia normal.

Reanudo la conversación con Olga que me da detalles sobre su vida familiar de antes de su matrimonio. Resulta de esta conversación que Olga ha sido educada como un niño por su madre, que lamentaba que su único hijo fuera una niña, y por su padre al que ella estaba muy vinculada. Sus padres eran tímidos y vivían solos.

Las primeras impresiones de Olga son las de la soledad. Antes de los nueve años no tiene recuerdos claros, edad en la que fue internada.

Su madre le tiene dicho que era colérica; que Olga se ponía en cólera sobre todo contra ella. Ella confiesa no haber querido jamás a su madre quien ha sufrido mucho por eso. A partir de los nueve años, los recuerdos son muy numerosos. Ella ha conservado una especie de nostalgia hacia su internado donde, sin embargo, el régimen era muy duro y donde ella cree no haber estado a gusto.

Algunas veces iba a casa de una tía suya y cuando allí se acostaba, temía ser raptada y padecer malos tratos. Se sentía, por el contrario, en seguridad en el dormitorio de su internado. Olga añade que, en su primera infancia, sus padres la dejaban sola por la noche y que ella <<se moría de miedo>>; es el único recuerdo de su infancia.

Iniciación sexual, al parecer sin choque, hacia los doce años.

Los últimos sueños que ha tenido Olga son sueños de fallidos exámenes. Estos sueños de fracasos no están justificados por ningún fracaso real en sus estudios.

(P. 205) En resumen, esta primera sesión muestra que Olga está fuertemente deprimida.

Su identificación con Dante, su fijación al padre, su frigidez son los signos de una tendencia homosexual que parece no haber sido jamás consciente. Su rechazo, inconsciente, a la feminidad es manifiesto.

2ª sesión (8 de junio de 19…)

Ruego a Olga representarse uno de sus paisajes preferidos. Se imagina un lugar famoso y sube a la cima de la Abadía que allí se encuentra; pero unos recuerdos desagradables surgen y Olga se siente <<oprimido el corazón>>. La animo y comienza a subir por una escalera de nubes. Se ve a continuación, de espalda, trepando por una escala de cuerda; Olga se siente un poco angustiada pero con suficiente tranquilidad.

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sonriente, pero con un aire grave; está vestida de negro. Ruego a Olga que cambie su vestimenta y las de mi mujer por prendas de vestir blancas; ella llega así a la extremidad de la escala.

Ruego a Olga pensar que ella cuenta unas historias a mi mujer y le pido que éstas aborden recuerdos de su adolescencia cuando tenía dieciséis años. Entonces se ve por los campos mirando a un rebaño de vacas. Recuerdos de vacaciones tristes en el campo. Le es imposible a Olga acordarse de la casa que habitaba, ni la habitación en que se alojaba.

Rogada retrotraerse a sus quince años, los recuerdos son también escasos. Hemos retrocedido a los doce años y aquí le surge el recuerdo de una profesora hacia la cual, Olga, tuvo un verdadero amor sin pensar que pudo haber en éste una atracción sexual inconsciente.

Ruego a Olga que me hable del apartamento que habitaban sus padres. Conserva un recuerdo triste. El temor de perder a su padre enfermo, de ver a su abuela materna, viviendo con ellos, ocupando el sitio de su padre, y de no poder ella misma proseguir sus estudios, es lo que predomina fundamentalmente en su memoria. Olga era muy querida por su abuela, pero este amor la irritaba y le resultaba pesado; piensa que eso venía de la santurronería de esta vieja dama que desaprobaba la formación demasiado intelectual que le impartían a su nieta.

(P. 206) Retrotrayéndose a la edad de cinco años, Olga se acuerda de una fotografía,

tomada a ella, en la que está ataviada con un bonito vestido de pliegues. Ella conserva el recuerdo de las noches que pasó sola en la vivienda, cuando sus padres salían, y de sus terrores a ser raptada, de su miedo a la oscuridad. Desde esa época, ella se entendía mejor con su padre que con su madre cuyas reprimendas Olga las soportaba mal.

Los recuerdos no remontan más allá de los cinco años.

Olga no ha conocido, dice ella, la diferencia entre los sexos hasta la edad de los doce años en que la inicia un joven muchacho.

Intento hacer retomar a Olga las imágenes de ascensión del principio pero, estando fatigada por sus insomnios, tiene la impresión de que va a dormirse y no logra recuperar su sueño despierto.

Tras la sesión, Olga precisa que el matrimonio ha sido para ella una decepción, que con once años –cuando tuvo la regla- estaba llena de vergüenza, y que al principio de su matrimonio tuvo un enorme miedo al embarazo.

He considerado tener que buscar en los recuerdos de Olga, el origen de su angustia. La ausencia de recuerdos es la prueba de una fuerte resistencia inconsciente, es por ello que evitaré, en las sesiones siguientes, que estas investigaciones sean demasiado directas.

3ª sesión (16 de junio de 19…)

Antes de la sesión, Olga comenta que jamás experimenta angustia en mi casa.

Sugiero a Olga la imagen de una rosa; ve una casi abierta, muy bella sobre su tallo, pero carente éste de hojas. Olga la coloca en la luz y se imagina una escalera de madera en dicha luz. Una mano tiene la rosa sin que Olga sepa si esta mano es la suya. La rosa evoca la <<lluvia de rosas>> de Santa Teresa de Jesús, semejantemente a una <<lluvia de gracias>>. Pero, dice Olga, es una asociación de ideas puramente verbal; ella comenta que esta <<lluvia de gracias>> apenas se hace sentir.

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presentan: Olga se pregunta por qué mi apartamento le agrada tanto. De nuevo se esfuerza por seguir la imagen de la rosa. Para ayudarla, la ruego imaginar que mi mujer desciende a su encuentro. Mi mujer aparece con unas alas y sonriente.

(P. 207) La ascensión prosigue con mi mujer; Olga llega ante un altar sobre el cual se

expone el Santísimo Sacramento. Este altar está desprovisto de flores y la custodia, el ostensorio que aquí se encuentra está desafectado, tiene perdida su función, sin hostia dentro. La impresión que se desprende de todo esto es triste.

Sugiero a Olga imaginar que un sacerdote viene y coloca una hostia en la custodia. La impresión es <<más cálida, porque ya hay vida>>, me dice Olga.

Ruego a Olga abandonarse a esta sensación más cálida y de seguir al ostensorio que se elevará solo.

Olga tiene la visión de un cuadro medieval con unos personajes envueltos en sus capas; son tres obispos arrodillados los cuales están de espalda, sobre una nube, contemplando por encima de ellos como una especie de corte celestial.

Olga ve al mismo tiempo a una madona sin niño cuya mirada no llega a entenderla y que le da un aire arcaico. La ruego de buscar una réplica de esta imagen en un plano más elevado, pero la imagen desaparece.

Olga parece cansada por esta ascensión; la hago descansar. Ella se ve sobre el diván en el que está realmente tendida, haciendo un esfuerzo por continuar su ensueño. Dado que se rompió el sueño despierto, ruego a Olga concentrarse en sus recuerdos de muchacha cuando preparaba sus exámenes.

Ella se ve en la habitación que ocupaba en la vivienda de sus padres, pero no puede traer a la memoria los estados afectivos que entonces eran los suyos, salvo el de la esperanza de un amor compartido que dominaba sus pensamientos.

Cuando le pido especificar esta esperanza, Olga se queja, se compadece de un <<embotamiento de su intelecto>>. La ruego entonces dejar venir las imágenes espontáneas y describírmelas. Vienen así una serie de imágenes fragmentarias, sin vínculo aparente entre ellas, de preocupaciones actuales; todo eso dominado por un sentimiento de tristeza. Después, llega el sentimiento de tranquilidad del lugar en donde estamos y el deseo imperioso de permanecer acostada aquí. Siguen aún reminiscencias fragmentarias como la imagen de la blusa de una amiga y el sentimiento de estar muy dispuesta a dormirse.

Intento hacer que Olga recupere la imagen de la madona y de los tres obispos, pero sin éxito, y detengo aquí esta sesión.

(P. 208) 4ª sesión (30 de junio de 19…)

Olga, antes de la sesión, hace referencia a una disminución de sus angustias. Me habla detenidamente de sus relaciones familiares y me da detalles importantes sobre su vida sexual.

Comienzo la sesión proponiéndole cruzar un arroyo. Olga ve unos sátiros; experimenta una determinada aprensión, el temor a la violación, que le ha impedido, en la realidad, pasear sola por el campo. Llega a la cumbre de una montaña desde donde, ella, prosigue su ascensión haciendo uso de una escala que la lleva a una estrella; allí, experimenta un sentimiento de recogimiento y de amor. Prosiguiendo su ascensión, Olga llega a un coro de ángeles; no comprende bien lo que expresa la música. La ruego de interrogar a la figura central. No hay respuesta, pero Olga expresa el deseo de querer <<comprender mejor la

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divina alabanza>>. Preguntada sobre lo que hay que hacer para llegar a esta comprensión, Olga me dice: <<Es necesario que una misma haga el bien; mis obstáculos son un egoísmo innato y mi angustia>>. La ruego describir una de las formas bajo la cual se manifiesta su egoísmo, pero Olga dice no encontrarse muy bien.

Olga vuelve a caer y tiene algunas imágenes molestas; consigue, sin embargo, reencontrar, si no la representación del coro de ángeles, al menos, me dice ella, <<un impulso de amor que la hace subir>>. La aconsejo de recordar, antes de dormirse por la noche, el estado en el cual ella se encuentra en este momento. Olga me expresa el temor que ella tiene a una próxima reunión de familia. Le propongo que se vea envuelta en luz en este plano de su coro de ángeles y, de elaborar ella sola esta imagen un poco antes de la celebración de la temida reunión. Después retornar al estado normal.

Algunos días después, Olga me presenta a su marido, luego vuelve a verme ella sola. Ella constata un mejoramiento de su estado anímico y decide, en relación a mi consejo, reanudar el ejercicio de su profesión; ella acepta también realizar ejercicios de gimnasia.

5ª sesión (27 de julio de 19…)

Olga me declara que después de tres semanas, no experimenta ya ninguna angustia ni la opresión del corazón de la que ella padecía. Tiene todavía momentos de tristeza, pero sin angustia y me dice: <<Deseo el restablecimiento de un equilibrio

(P. 209) familiar, más que para mí misma, para mi entorno. Experimento la alegría de

ocuparme de otros y sin embargo me siento egoísta>>.

Olga ha tenido, cuatro veces en el mes, un sueño que es la expresión de su naturaleza captatoria-posesiva, y de la fase anal a la cual permanece fijada, como lo veremos por el simbolismo de algunas de sus imágenes. Este sueño es la pérdida de su anillo.

Olga comienza la sesión por la ascensión a una montaña en una atmósfera azulada, suave y tranquilizadora, que le provoca una sensación de irrealidad. Ella, alegre se abandona a esta emoción. Tiene la imagen de su marido la cual hago que, por el momento, la deje a un lado. Le sugiero encontrarse en un haz de luz y dejarse aspirar por esta luz hasta alcanzar la fuente. Olga experimenta dice, <<un sentimiento de extraordinaria potencia. Tengo una impresión de ligereza, de posibilidad de acción y de realización. Mi imagen tiene un carácter menos religioso que anteriormente>>.

Como le pregunto si se aproxima al origen de la luz en la cual ella se encuentra inmersa, Olga reconoce <<perder un poco de impulso>> y, cuando le propongo imaginar una plataforma bajo sus pies para poder descansar, añade haber tenido un poco de vértigo.

Preguntada sobre su representación visual, Olga dice verse como un punto sobre una línea que conduce a una estrella, en una atmósfera de color gris-blanco.

Propongo a Olga dar algunos pasos sobre su plataforma y buscar un símbolo. Le viene al pensamiento la frase de E. Lesueur (*): <<Toda alma que se eleva, eleva al mundo>>. Le pregunto si eso le da deseo de subir más. Olga me dice que ella siente necesidad de una elevación moral. Le aconsejo fijar toda su atención sobre este deseo. Sigue diciendo: <<Tengo la impresión de que una determinada savia sube; esto va mejor. Tengo también un sentimiento de agradecimiento y un empuje vital interno. Mi Dios, haced de mí, algo nuevo. He aquí mi plegaria actual. Tengo la sensación de que mi corazón no es puro>>. Como le pregunto por lo qué no es puro, me dice que prefiere no confiármelo, pero termina por confesar, de sí misma, que se trata de onanismo. Esta confidencia hace que vuelva a caer

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Olga.

Le aconsejo de recordar la sensación de dinamismo interno que ella tenía al principio de la sesión, después de recuperar

____ (*) [Al parecer es un pensador cristiano; el colegio católico Saint-François de Sales (San Francisco de Sales) de Francia, recoge esta frase como acorde a sus principios. En cuanto a libros de este autor el único dato que he obtenido es una obra compartida: L'homme et son ceuvre. Sa mort (El hombre y su obra. Su muerte), G. Normandy et E. Lesueur. Ferrer, Paris, 1909. Datos obtenidos de internet. –N. del que t.-.]

(P. 210) la imagen de su marido con el fin de reemprender la ascensión de una montaña en

su compañía. Olga se ve subiendo, pero su propia alegría es obligada dice ella, y se detiene diciéndome: <<Mi imagen se solidifica como una estatua>>. Intento ayudar a Olga