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3.2.2 Sócrates no es tirano:

La tendencia hacia los excesos es el componente principal del tirano, se excede en el comer, el beber y en el deseo erótico, lo que lo hace ser infiel tanto consigo mismo como con los demás, pues tal actitud genera en él un comportamiento injusto aun cuando aparente lo contrario. Este carácter, que está en contravía con la definición de lo que significa ser justo en Platón, es rechazado por Sócrates, ya que ha demostrado ser fiel consigo mismo como con los dioses o superiores; además en vida se ha esmerado en efectuar un correcto uso del lenguaje a través del razonamiento, así ha logrado ser justo, hablando con verdad y siendo ecuánime en sus afirmaciones. Se destaca entonces en él esa habilidad para ser promotor de la vida equilibrada, a quién lejos de interesarle el dinero, ejerce su labor de pedagogo por convicción ideológica más que por el deseo de ganancia.

El tirano es su antítesis, está inclinado en ser amante del lucro, avaro y ambicioso, se deja gobernar por la parte del alma deseosa, con lo que vive sólo para colmar sus deseos más primarios. Este logro genera en él la máxima satisfacción, por eso la codicia y el deseo de ganancia se convierten en la causa principal de su

placer, mientras que para Sócrates, las cosas imperecederas, tales como el

conocimiento, son las que generan placeres más duraderos y conllevan a la virtud. La conducción de los deseos desde la parte racional y no desde la parte deseosa del alma, es lo que permite que se distancie del tirano, éste trata de gobernar y conducir a otros, aun cuando se encuentre lejos del propio dominio, característica que lo hace ser doblemente injusto, pues resulta injusto hacerse daño a sí mismo, pero es doblemente reprobable serlo con los otros. Mientras que el tirano se comporta de manera envanecida y tomando por verdad lo que no es más que desconocido, esto es el arte del dominio de sí para ser buen gobernador, conduce a los otros como sí estuviese convencido de poseer un gran saber; contrario a él, Sócrates es un hombre presto a la duda o a la propia equivocación, su reconocimiento de la ignorancia hace que prefiera el bajo perfil más que la posibilidad de ensalzar sus acciones o capacidades, de allí que se comprenda su radical diferencia con los intereses del tirano, él ni siquiera estaba interesado en transmitir el conocimiento a sus discípulos, tampoco en conducirlos hacia caminos supuestamente verdaderos, por ello la incertidumbre más no la certeza es la brújula principal que guía a toda investigación y diálogo entablado con los otros, Sócrates no enseñaba nada, solamente indagaba e invitaba al cuestionamiento permanente.

El tirano se impone, impide toda posibilidad de diálogo y de transformación del discurso, su arrogancia lo lleva a la autoafirmación y a la negación de su interlocutor, de allí que sea comprensible su incapacidad para consolidar amistades. El hombre con una vida de placer propia como la que lleva el tirano, jamás en toda su vida es amigo de nadie, siempre esclavizado o esclavizando a otros; nunca llega a fortalecer vínculos de amistad entre sus semejantes (Cf.576a República), rasgo que también se contrapone en Sócrates, considera que el encuentro furtivo con los otros se convierte en la oportunidad perfecta para intercambiar experiencias de vida, ideales, aprendizajes, que en últimas conducen al fortalecimiento de los vínculos de intimidad generados entre él y sus discípulos.

En el Banquete se identifica el agrado que experimentaron los invitados cuando vieron llegar a su maestro al lugar de reunión. De este modo se muestra no sólo la disposición que tiene para agradar a sus semejantes, sino para tejer amistad. Cuando su discípulo Alcibíades se dispone en el coloquio para rendirle honor, muestra que se trata de una expresión sincera de admiración, en dónde evidencia la alta estima que le tiene y lo importante que resulta ser el maestro no sólo en su propia vida sino en la de sus contemporáneos también (212c-215a Banquete). Sin embargo, no sólo en este pasaje se observa la presencia de los amigos de Sócrates, también en la Apología se observa que son ellos quienes intentan ayudarle a escapar del calabozo, si fuera de naturaleza tirana, no habría tenido amigos que reconocieran en él sus cualidades más excelsas, ni lo habrían acompañado hasta los últimos momentos de su vida.

Otra característica del tirano y en lo que se encuentra radical diferencia con Sócrates, es que el primero no es libre porque es sujeto de crítica, es vigilado y controlado por quienes si creen y aplican la justicia, estos siendo libres luchan por la libertad de todo aquel que esté dominado por el tirano. De allí que sea esclavo y viva con temor e inseguridad permanente. Contrario a éste, Sócrates no teme a la crítica, tanto es así, que evitó prevenirse para decir y hablar lo que a su juicio era conveniente y verdadero, aun cuando para los demás no lo fuera.

Tampoco tuvo reparo en juzgar públicamente la forma de proceder de sus colegas los sofistas. Luchó para que los jóvenes cayeran en la cuenta del engaño al que estaban sometidos cuando tomaban por verdadero lo falso y también se esmeró para que los jóvenes fueran libres y dejaran de ser esclavos de la parte del alma que los gobernaba, por ello los confrontaba y los invitaba a actuar conforme al recto razonamiento.

Sócrates luchó incluso con la idea de la muerte, defendió que no había por qué temer a ella, ya que el que tenía temor claramente se creía conocedor de que es el peor de los males y esto sólo lo podían saber los dioses, así que vivir con miedo es

una de las cadenas más esclavizantes que hace que la vida se lleve con mezquindad y esclavitud. Sócrates fue un defensor de la vida plena y tranquila, de la vida feliz.

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