alguien me acompaña, que no estoy sola y desamparada. Veo la sorpresa en su rostro, sé que no se lo esperaba y yo tampoco creí ser capaz de pedírselo. Pero me abraza al instante, es como si hubiera estado esperando la “autorización” para hacerlo en todo este tiempo. Me abraza y yo me cobijo en sus brazos, cierro los ojos con fuerza y de nuevo, me dejo llevar por esta relación que no sé muy bien donde nos llevará...)
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Los primeros días tras mi marcha fueron bastante raros. Tenía que obligarme a no pensar en ella, tenía que obligarme a no buscarla, a no intentar sentirla, tenía que
mantenerme realmente ocupada para evitar que mis pensamientos fueran a su encuentro No ha sido nada fácil, pero he logrado mantenerme alejada de ella, he conseguido no “sucumbir a la tentación” y por momentos, concentrada en mi trabajo, he conseguido incluso, olvidarme de ella por unos segundos
Pero la realidad es que, pese a estos pequeños logros, tengo demasiado tiempo. Mi vida es eso, tener todo el tiempo del mundo y la mayor parte de él lo paso en soledad, lo que hace que mis “sentimientos” hacia ella crezcan aún sin verla, ni oírla, tengo que
aprender a vivir con estos sentimientos y sobre todo, aprender a vivir como lo estoy haciendo ahora, echándola terriblemente de menos
Se supone que un Ángel, como ya os conté, nunca pierde la calma, que precisamente es su calma y su paz lo que nos da todo cuanto necesitamos, se supone que un Ángel no conoce lo que es estar nerviosa o tensa. Y sí, digo “se supone” porque en este tiempo he aprendido que todo lo que yo suponía, todo lo que yo sabía, no era del todo cierto, o al menos, no como se suponía que tenía que ser. Porque un ángel, se supone, no se
enamora como lo hacen los mortales y yo lo he hecho. Así que llegados a este punto, ya no me sorprende encontrarme nerviosa, incluso hasta podría decir que algo tensa, pues, como he dicho, he aprendido que los ángeles podemos sentir más allá de calma y paz ¿Qué por qué estoy nerviosa? Simple, porque hoy, después de no sé exactamente cuánto tiempo, puede que vuelva a verla. Hay una anciana, María, por la que he estado velando desde hace ya varios años. Casi fue mi primera “protegida” desde que me convertí en ángel, una señora a la que le tengo cierto cariño y que hoy, va a necesitar que la guíe. Hoy es su día, el día en el que va a dejar este mundo, y yo, tengo que estar allí con ella Como estoy convencida de que ya os lo supondréis, os lo confirmaré: Sí, María está en el hospital Central, hace un par de días ingresó y hoy es el día en el que tengo que ir para acompañarla y guiarla. Así que de ahí mis nervios. Maca tiene turno, o eso supongo, así que el no-verla va a ser más complicado estando las dos en el mismo edificio, por muy grande que sea este. La tentación será demasiado grande, pero debo intentar no cruzarme con ella, debo seguir alejada y si vuelvo a verla, se me hará mucho más difícil volver a desaparecer
Frente a las puertas del hospital veo su moto y por tanto, como suponía, ella está aquí. Inspiro profundamente, es un acto reflejo de cuando aún era mortal, uno de los pocos que aún me quedan, no me hace falta respirar pero es como si con ello obtuviera la “fortaleza” que “necesito” para entrar y no buscarla
Aparezco directamente en la habitación 403, en la cuarta planta, donde María, en la cama se despide de su familia. Es una gran mujer, es una buena mujer, ha dado todo en su vida por sus hijos, no ha tenido una existencia fácil. Su marido les abandonó cuando el pequeño apenas tenía cuatro años y desde entonces se puso el mundo por montera y logró sacarlos ella sola adelante a todos
No será un Ángel, no se convertirá en alguien como yo, pero sí sé que le espera algo bueno, algo que le recompensará por todo el bien que ha hecho en su vida. Su hija mayor llora a su lado, todos saben que le queda poco, el médico que la atiende ha sido muy claro en eso y ellos lo agradecen, al menos van a tener la oportunidad de
despedirse y eso, no todo el mundo lo tiene
Decido dejarles un poco de intimidad. Estos momentos son demasiado íntimos para los mortales y yo me siento una intrusa en ellos, así que decido salir de la habitación. Mis nervios vuelven a aparecer en el instante en que salgo al pasillo. Sé que está aquí, la noto cerca, debo darme prisa... debo...
Mi cuerpo se tambalea, unas manos rodean mi cintura y otro cuerpo chocar con el mío. Es apenas un instante, es un choque fortuito, como cuando alguien va por la calle y
choca contra otro alguien. Es... es... es increíble. Abro los ojos absolutamente
sorprendida ¿qué está pasando? ¿Cómo es posible? Aún no he podido reaccionar ante lo que ha ocurrido cuando su voz, su maravillosa voz inunda mis oídos