Una consecuencia directa de la migración laboral, es la presencia de diferentes grupos de edad y género viviendo condiciones y posiciones subordinadas. Dentro de estos grupos, los infantes suelen hallarse ante condiciones que limitan y restringen sus posibilidades de desarrollo; pues se integran al mercado laboral con la finalidad de contribuir al mantenimiento del grupo doméstico del cual provienen (Cruz y Rojas, s/f).
El fenómeno migratorio sitúa a la niñez en una posición de alto riesgo (Cruz y Rojas, s/f). Esta característica es visible en el medio urbano; en donde realizan labores en el servicio doméstico, como vendedores de dulces, cargadores, acomodadores, lustradores de calzado, canasteros, mandaderos, mozos, cuidadores, recolectores, cortadores y ayudantes en talleres, tiendas y otros negocios. Siendo víctimas entre otras cosas de explotación laboral y de la violación a sus derechos humanos, siempre que se considera el trabajo infantil en sí mismo, una violación expresa a los derechos de la infancia (Cruz y Rojas, s/f).
En el medio rural, este fenómeno se presenta en las temporadas de mayor afluencia de trabajadores agrícolas en los cultivos de exportación. En donde se sitúan como desertores o con altos grados de inasistencia a las escuelas debido a su integración laboral y a los mecanismos usuales de contratación, de trabajo y de pago que producen la migración de tipo familiar. En este participan conjuntamente en actividades laborales dentro y fuera de sus hogares con la intención de incrementar el magro salario que recibe un solo miembro del grupo doméstico (Cruz y Rojas, s/f).
La migración infantil puede tener diferentes consecuencias de acuerdo con las características específicas de quienes migran; por ejemplo, niños, niñas y adolescentes que migran junto con sus familias, los que esperan en los lugares de origen y que cuentan con padres y/o madres migrantes y los niños y niñas migrantes no acompañados (Liwski, 2012).
Para los niños, niñas y adolescentes que viajan con sus familias la incertidumbre por llegar a un lugar desconocido y hostil es una de las primeras dificultades a las que se enfrentan. Aunque cuenten con la compañía de sus padres, el desconocimiento de las condiciones de traslado e inserción en el Estado receptor, genera una situación de estrés que incide de manera directa en su adaptación e integración al nuevo medio. Se exponen a condiciones de discriminación y vulneración de su integridad personal (Liwski, 2012).
En el caso de los niños, niñas y adolescentes que se quedan en sus lugares de origen, en espera de uno de los padres o de ambos migrantes, se crea un debilitamiento en el ejercicio de la responsabilidad materna o paterna. Esto genera severas consecuencias en el desarrollo integral de los infantes debido a los niveles de sufrimiento ocasionados por el desprendimiento y la desintegración familiar, la obligación de adquirir nuevos roles y responsabilidades sociales que contribuyan al mantenimiento y desarrollo de sus grupos domésticos, lo cual sobrepasa sus capacidades físicas y psicológicas (Liwski, 2012).
Finalmente en el caso de quienes asumen el riesgo de migrar sin acompañamiento se encuentran ante situaciones de extrema vulnerabilidad y desamparo pues se exponen a la explotación y abusos sexuales, al trabajo infantil, a la privación de la libertad, discriminación, hambrunas, situaciones de calle, negación y falta de acceso a servicios de salud y educación, violencia de género, pandillerismo, narcotráfico, falta de información y de orientación jurídica, entre otras (Liwski, 2012).
En la migración infantil los niños y niñas pueden dar su opinión respecto a la decisión de migrar o no; sin embargo, generalmente esta opinión no es considerada ni reflexionada, en conjunto, por la familia. La migración de niños y niñas en los casos mencionados reproduce su visualización como objetos y no como sujetos de derechos (Pávez, 2012).
3.1 Efectos de la migración infantil
Los efectos y consecuencias de las migraciones sobre la infancia suelen ser determinadas por la condición de vulnerabilidad y la probabilidad de confrontar sin ayuda los retos planteados durante el tránsito, el establecimiento y el retorno de la experiencia migratoria (Portes, 2007). En seguida se puntualizan dos consecuencias fundamentales de este fenómeno:
a) La migración y los aspectos afectivos y psicológicos de la infancia
La migración para los niños, niñas y adolescentes significa la pérdida de referentes afectivos, - padres, madres, abuelos y otros-, ausencias que suponen la desintegración familiar y que conllevan un efecto psicosocial significativo que puede traducirse en sentimientos de abandono y vulnerabilidad. Se aumentan las probabilidades de no recibir los mismos cuidados de salud y alimentación, ni la protección adecuada contra todas las formas de violencia (Liwski, 2012).
El desprendimiento de sus vínculos familiares representa una dificultad para su adecuada inserción social en un nuevo medio, lo cual determina la disminución de sus capacidades naturales. Estos sujetos crecen con altos niveles de vulnerabilidad y fragilidad emocional que los obliga a una maduración precoz, la deserción escolar y embarazos tempranos (Liwski, 2012). Algunos autores refieren que es mucho mayor la frecuencia de estos casos cuando es sólo la madre quien migra, ya que ella es el principal referente afectivo y es la figura más importante en el desarrollo emocional de la niñez (Caniguan, 2012)3.
Estos niños, niñas y adolescentes crecen con un vínculo roto, en términos psicológicos, los procesos inestables de desarrollo de la infancia y sus vínculos afectivos, producen en la estructura mental de los niños inseguridades generales, miedo, odio, rabia e ira que se pueden manifestar en la inhibición de su conducta, retraimiento, reacciones explosivas, adicciones u otros mecanismos compensatorios (Caniguan, 2012).
Algunos autores refieren que el proceso migratorio implica para las y los migrantes un duelo; que puede ser entendido como la reorganización de la personalidad que se tiene cuando se pierde algo significativo para el sujeto. Los duelos migratorios pueden ser parciales debido a que lo que se pierde puede ser sustituido con otros beneficios o ganancias. Recurrente, porque aparece cada vez que se migra y múltiple, pues puede contener diferentes formas de duelo (Dimensión Pastoral de la Movilidad Humana, 2010).
3 El apego de niños y niñas hacia la madre sienta las bases para el desarrollo psicosocial que éste o ésta pueda tener. Estas primeras impresiones y sensaciones modelan su forma de ser y comportarse en el mundo. La figura materna socialmente se ha desarrollado, por excelencia, como la primera imagen a la que todo ser humano se apega y en quien se fija su protección y seguridad. Cuando dicha imagen se ausenta o se debilita se producen consecuencias de
Los duelos que identifica la Dimensión Pastoral de la Movilidad Humana en poblaciones migrantes son:
a) El duelo por la familia y los amigos: es reconocido como el primer duelo que sufren las personas migrantes. Significa el rompimiento afectivo de lazos con personas cercanas o con pares de edad. En el caso de los infantes la ausencia o alejamiento de los abuelos, hermanos, primos o amigos es significativo.
b) El duelo por la pérdida del grupo étnico y los lazos comunitarios: refiere la pérdida de rasgos culturales, tradiciones, comidas, música, costumbres, hábitos y referentes de identidad.
c) El duelo por la pérdida de la lengua o el idioma: implica la incapacidad de ser escuchados y entendidos, así como de escuchar y entender.
d) El duelo por la separación de la cultura: en este tipo de duelo se vive la integración a una nueva forma de ver la vida, hay un impacto trascendental en los referentes de pertenencia e identidad nacional.
e) El duelo por la pérdida de los paisajes y la tierra: el cambio que existe en los ambientes a los que se llega se vuelve fundamental en el proceso de adaptación y se convierte en determinante para el desarrollo de las y los individuos.
f) El duelo por la pérdida de estatus: este tipo de duelos lo sufren las personas que gozan de cierto reconocimiento social y/o de cierto nivel académico en sus lugares de origen y que pierden este privilegio en los lugares de destino.
g) El duelo por los riesgos físicos: sobreviene cuando existen cambios en las estructuras físicas de las y los migrantes que los llevan a no reconocerse a sí mismos (as) después de la experiencia migratoria, ya sea por la pérdida excesiva de peso, por cambios en su tonalidad de piel o porque presentan un acelerado envejecimiento.
Estos duelos se enmarcan en las experiencias que las personas mayores pueden llegar a sentir; sin embargo, para un niño o niña el desprenderse de las personas que le han acompañado, llegar a un espacio en donde la forma de vestir, hablar, comer y vivir cambian su referentes de identidad, significa la vivencia continua de duelos que aunados al permanente tránsito entre las zonas de expulsión y atracción, originan procesos de construcción y reconstrucción de su
identidad. La migración no sólo se conforma como fundamental de sus necesidades económicas; sino como una parte primordial de sus experiencias de vida (Rojas, 2006).
b) La migración y la reasignación de roles laborales dentro del grupo doméstico
La migración laboral enmarcada por la pobreza y la marginación es una variable que conduce e incide inevitablemente a la adquisición de nuevos roles sociales, económicos y laborales para todos y cada uno los integrantes del grupo doméstico, tanto al interior como al exterior de éste (Ballara, 2006, Chávez et al. 2011, Liwski, 2012, Zapata y Suárez 2012).
Los roles sociales, económicos y laborales de los individuos que la dinámica migratoria promueve, se caracterizan por imponer responsabilidades, actividades y obligaciones mayores a las que correspondían a cada individuo antes de migrar. Estos roles se deben adaptar a las nuevas circunstancias de vida, horarios de trabajo, ingresos económicos, de quienes migran pues representan la única posibilidad de subsistencia y desarrollo del grupo doméstico. Puede significar el abandono escolar, la inserción al trabajo remunerado y el remplazo de la mamá y el papá en trabajo productivos y reproductivos reconocidos o no reconocidos (Ballara, 2006; Liwski, 2012; Zapata y Suárez, 2012).
Esta situación provoca que las poblaciones infantiles se inserten en prácticas laborales en donde sus ganancias se constituyen en una parte fundamental del gasto familiar o en actividades que dentro y fuera del hogar son indispensables para el desarrollo del grupo doméstico pero demeritadas porque no representan ganancias económicas; tareas de cuidado, gestión y bienestar (UNICEF TACRO y UNLa, 2009).
Estas prácticas laborales deben ser reconocidas como trabajo infantil tanto productivo como reproductivo. El trabajo infantil realizado bajo estas circunstancias se constituye en una importante causa y consecuencia de la violación a los derechos de la infancia migrante.