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In document Three Essays in Financial Economics (Page 128-132)

3.3 Model and Hypothesis Development

3.4.1 Intellectual Property Licensing Data

Sus relaciones y amigos comienzan a estar exclusivamente relacionadascon el mundo taurino, toreros, ganaderos, apoderados, periodistas taurinos. Su profesión le va separando de los circuitos editoriales en los que publican los escritores tanto españoles exiliados como mexicanos. Aun así, todavía conserva amistades entre los artistas que como él habían llegado a México huyendo de la barbarie. Es muy posiblemente a través de uno de ellos que contactara con la revista El hijopródigo.

Tanto Letras de México como El hijo pródigo fueron revistas trascendentales para la literatura española del exilio, ambas tuvieron como editor a Octavio G. Barreda. La idea de fundar una revista que diera cabida a todos partió de Samuel Ramos, Xavier Villaurrutia y Octavio Paz, y en 1943 empezó su andadura que se prolongaría hasta 1946327. En El hijo pródigo“la nómina creció considerablemente. Sánchez Barbudo fue

miembro de la redacción, y sus páginas recogieron artículos o poemas de Bergamín, Altolaguirre, Giner de los Ríos, García Bacca, Moreno Villa, Masip, Guillen, Prados, Zambrano, Gallegos Rocafull, Rejano, Aub, Iglesias…”328. Con estas entusiastas palabras manifiesta Alameda su visión sobre la revista:“El hijo pródigo ha sido en las letras mexicanas, un insuperable ejemplo. Animada y dirigida por Octavio Barreda y Xavier Villaurrutia, cuando aquél era subsecretario de Educación Pública con Torres Bodet, se logró mantenerla a la altura de las mejores revistas literarias que en el mundo hayan sido”329.

Carlos encuentra la forma de enlazar su actividad literaria con su actividad taurina a través del ensayo “Disposición a la muerte”, publicado en noviembre de 1944 en El hijo

326Ibidem, pág. 88.

327 F. Caudet, Romance (1940-41) una revista del exilio, Madrid, Porrúa, 1975, pág. 207. 328 S. Reyes Nevares, “México en 1939”, en El exilio español en México, 1939-1982, pág. 64. 329 J. Alameda, op. cit., pág. 79.

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pródigo330y firmado con su verdadero nombre Carlos Fernández Valdemoro, el “López”

ya había caído hace tiempo. Surge como respuesta a la reedición de El Arte de

Birlibirloque de Bergamín. Y a él está dedicado “con admiración y disconformidad”331.

La relación de Carlos con Bergamín se remontaba a su adolescencia en Madrid. Su padre, don Luis Fernández Clérigo, gran amigo de don Francisco Bergamín, lo llevaba a los tribunales para que viera cómo eran los juicios que celebraba don Francisco. Además, compartían amigos y aficiones. Seguramente desde el estallido de la guerra civil, es muy posible que coincidieran en Valencia332 y/o en París cuando Bergamín fue nombrado agregado cultural en la embajada de España en París. Aunque amigos no lo fueron nunca, ya que las posturas radicales de Bergamín no eran del agrado de Carlos, pues él era mesurado, y no le gustaban los extremos en ningún aspecto de la vida, aunque sí era apasionado y defendía con vehemencia lo que creía, aptitud que manifiesta a lo largo de su obra.Carlos rememora así, años después, el motivo que le llevó a escribir este ensayo:

En España, allá por los años treinta, publicó su libro El Arte de

Birlibirloque, fino, poético y además valiente, porque llevaba la contraria

a la ‘ideología’ belmontista que estaba en su apogeo. Exaltaba Bergamín la figura de ‘Gallito’, con agudeza singular.

Lo reeditó en México el año 44 y se me ocurrió darle una réplica, que fue la que me publicó Villaurrutia. No lo hice por disconformidad, como mañosamente proclamo en la dedicatoria, sino por puro juego literario, por divertirme desenrollando, en sentido opuesto, la gran tira de lentejuelas, aforismos y esas cosas, en que consiste el libro de Bergamín. No era yo ‘belmontista’, al revés, he sido siempre ‘joselista’, pero asumí el papel contrario para facilitar la esgrima333.

Tal y como lo relata parece ser que lo único que quiere es entablar una rivalidad amistosa con Bergamín, parecida a la que estaba acostumbrado en su niñez en el colegio sevillano de los Jesuitas, cuando dividían a la clase emulando las Guerras Púnicas y él siempre elegía Cartago, para ver si era posible cambiar la historia. Sin embargo, si leemos El Arte de Birlibirloque de Bergamín y la réplica de Carlos en su ensayo “Disposición a la muerte” comprobamos que dista mucho de tener una simple intención lúdica. Nos encontramos con un verdadero análisis pormenorizado, una crítica literaria,

330 En el mismonúmero 20 se encuentran artículos de Alfonso Reyes, Luis Cernuda, Adolfo Salazar, entre

otros.

331 J. Alameda, op. cit., pág. 79.

332 Bergamín presidió en 1937 el segundo Congreso Internacional de Escritores en Defensa de la cultura. 333 J. Alameda, op. cit., pág. 80.

103 en la que Joselito y Belmonte son el pretexto para adentrarse en temas demayor profundidad.

La dimensión que alcanzó esta publicación recorrió no solo el mundo de los aficionados a los toros sino que caló profundamente entre los intelectuales del momento. No hay que olvidar que Bergamín era ya un escritor consagrado que gozaba de prestigio y que Carlos no dejaba de ser un locutor de radio. Aparte de los títulos que había publicado en España, también había sido el creador y director en 1933 de la revista Cruz y Raya.En 1939, poco antes de la victoria de las tropas franquistas, fue nombrado por la República presidente de la Junta de Cultura Española, organismo que trasladan a México al finalizar la guerra. Este organismo impulsó la revistaEspaña

Peregrina,editada por intelectuales españoles refugiados en México y dirigida por

Bergamín, yfunda y dirige la editorial Seneca.Lo cierto es que la crítica vertida en su ensayo significó un alejamiento de los escritores españoles en México. Hecho que, por otra parte, no suponía un agravio, un problema en Carlos, es hasta posible que lo provocara él. Su carácter siempre lo llevó a actuar de una forma un tanto individualista.

104 El toreo no es graciosa huida,

sino apasionada entrega334.

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