1. NAME OF THE MEDICINAL PRODUCT
4.5 Interaction with other medicinal products and other forms of interaction
Como se observa en las películas seleccionadas, la acción educativa se puede desarrollar en ámbitos bien distintos a los asignados socialmente para ella.
La familia, un internado para niños, un instituto psiquiátrico, un sindicato, una fábrica, una cárcel, son todos ámbitos donde de diferentes maneras se llevan adelante actividades que procuran sostener su funcionamiento, impulsar nue- vas experiencias en sus integrantes para asegurar su desarrollo personal, pro- curar dar soluciones colectivas a los problemas que se presentan o transmitir a las generaciones más jóvenes los parámetros sobre los cuales se organiza la vida social para su reproducción.
A este tipo de actividad que se observa en ámbitos diferenciados de los escolares se los suele denominar ‘de carácter no formal o informal’, dando cuenta de una característica respecto a la formalidad y que alude a su meto- dicidad y sistematicidad. Es decir, la denominación alude a tipos de activida- des que se refieren a lo escolar como la forma más acabada de la educación formalizada, sistemática, con un método claramente definido que, además, se desarrolla en una institución socialmente diferenciada, la escuela, y que a partir de ese modelo se derivan otras actividades educativas que no alcanzan ese grado de institucionalidad y formalización.
Estas diferenciaciones no constituyen una descripción neutral sino que con- llevan un juicio de valor sobre la propia actividad, que pone en el lugar mejor estimado a la educación escolarizada y relega a los otros ámbitos como pres- tadores de experiencias de menor valor, salvo en el caso de la educación fami- liar, que al no tener un referente formalizado en la primera infancia, suele ser rescatada por la retórica pedagógica y es pasible de múltiples intervenciones de otras agencias sociales que tratan de imprimir sentido a estas actividades. La clásica división de educación formal, no formal e informal suele tener la ventaja de ser la más difundida y aceptada por las administraciones educati- vas. Pero más allá de las múltiples actividades que se encuadran dentro de esta clasificación, nos parece que debe atenderse –para la reflexión pedagógi- ca– la existencia de una serie de contenidos, prácticas o experiencias educa- tivas que no se encuadran dentro de los parámetros de la formalidad escolar; algunas de ellas son captadas por las instituciones educativas en la periferia de sus acciones, pero por su potencial educador son reconocidas y reciben recursos para ser prestadas.
Parece verificarse que no todos los saberes y conocimientos pueden ser integrados a la práctica escolarizada formal, por ejemplo, los contenidos refe- ridos de la educación artística, la formación deportiva, o la formación en pro- fesiones, pero siempre quedan campos abiertos de saberes valiosos para la sociedad y que no admiten incluirse en los formatos escolares.
Esto parece indicar la posibilidad de plantear que existe una pedagogía pro- pia del ámbito escolar y múltiples pedagogías referidas a otros ámbitos de la experiencia humana y social, cuyo objeto son las formas educativas, los sen- tidos sociales, la configuración de organizaciones y la conformación de subje- tividades que se vinculan con estas prácticas y experiencias.
Pero hay algo que distingue y permite analizar las prácticas educativas de manera total, sin discurrir en los caminos de la disección técnica y de la valo- ración parcial. Nos referimos a los sentidos sociales de la actividad educativa que puede tomar caminos antitéticos.
Los múltiples sentidos que pueden discurrir entre la conservación, la repro- ducción, la transformación, la distribución del conocimiento, la inclusión social –solamente para nombrar algunos–, parecen poner a la actividad educativa en una configuración de tensiones antitéticas que se resuelve en el campo de la relaciones de fuerza entre los grupos dominantes y los subordinados, en
procura de ampliar las condiciones para la subalternización de diferentes sec- tores y la conservación del lugar privilegiado de los grupos dominantes. Esta operación social puede ocurrir por la acción educativa o por la exclusión de los procedimientos educativos socialmente aceptados.
Pero el problema es que al tratar lo educativo siempre resulta inabordable un resto que acontece a nivel intrasubjetivo (la ligazón con las experiencias individuales) o intersubjetivo (lo particular de las relaciones entre los indivi- duos), con lo cual los efectos de las acciones educativas y los aprendizajes que producen, son impredecibles en un alto grado. En muchas ocasiones, solo se puede asegurar los efectos negativos de no saber o no conocer, pero suele ser muy difícil predecir los resultados de la acción educativa aplicando una lógica causal.
Sin embargo, lo educativo tiene ese efecto: ligar y desligar, reunir y ana- lizar, es decir, todo tipo de operaciones que propicien poner en conjunción experiencias, evocadas y actualizadas en el acto educativo con la finalidad de procurar nuevas aperturas y por lo tanto mejoras en el desempeño social. Para que esto se produzca debe ocurrir un suspenso, un apartamiento del cotidia- no transcurrir y generar un espacio para que la reflexión se acople a la evoca- ción, de tal manera que se produzca un momento singular para interiorizar las nuevas experiencias. Quizás en esto consiste el sentido transformador de lo educativo, que cuando acontece, nada vuelve a ser igual desde la percepción subjetiva y en el sentido social de la acción humana.
Para trabajar sobre lo dicho anteriormente, vamos a tomar como ejemplo el caso de la animación sociocultural.
LECTURA OBLIGATORIA