presentan la versión más desarrollada y completa, elaborada hasta ahora, de la concepción estructural. En cuanto al análisis diacrónico de la cien cia, desarrollan el concepto de «evolución teórica'), al cual consideran como el punto de partida de cualquier análisis que se ocupe de los fac tores históricamente responsables de los cambios que sufren las teorías (de la misma manera que en un estudio mecánico de la naturaleza, el análisis dinámico debe estar precedido por una descripción cinemática precisa). También se refieren estos autores a otros tipos de fenómenos diacrónicos que caen fuera de la evolución de una teoría: el surgimiento de una primera estructura conceptual (paradigma) en un campo de in-
MODELOS DE CAMBIO CIENTIFICO
vestigación; el surgimiento gradual de un paradigma donde el anterior ya ha desaparecido tiempo atrás y transcurre un periodo de desorganización en la disciplina; el surgimiento repentino de un nuevo paradigma que trae consigo el rechazo del anterior; y el cambio de un paradigma por otro que tiene mejores perspectivas de éxito, cuando esto no implica un re chazo completo del paradigma anterior sino, más bien, el intento de re cuperarlo como una buena aproximación del nuevo. De todos estos casos de cambio científico, que no se pretende que sean exhaustivos, los autores reconstruyen formalmente el último y muestran cómo funciona en algunos ejemplos. Con respecto a los otros casos de «cambio profun
en la historia de la ciencia, consideran que su comprensión requiere que antes se elucide con precisión la estructura de los «cambios peque ños» -como son la evolución teórica o la aproximación entre teorías-, tarea que llevan a cabo en esta obra.
VI. CONCLUSIONES
En relación con las unidades de análisis, si bien hay un acuerdo bastante generalizado en que la comprensión del cambio científico requiere tomar en cuenta el marco de supuestos básicos dentro del cual se desarrolla la actividad científica, no hay acuerdo sobre la estructura y el funciona miento de estos marcos: existe una relativa independencia entre sus com ponentes que permite que los cambios de marco sean sólo parciales, o constituyen estructuras monolíticas que son desplazadas totalmente. En particular, hay discrepancia sobre si un cambio en los supuestos básicos produce siempre un cambio en los criterios de evaluación y aceptación de las teorías sustantivas. Tampoco hay acuerdo sobre si los marcos tienen una estructura jerárquica, donde cierto tipo de supuestos se mantiene in mutable mientras el marco exista, o si tienen una estructura reticular que permite, por ejemplo, que las teorías sustantivas modifiquen, al desa rrollarse, los supuestos de su propio marco. La tendencia actual es a fa vorecer el carácter no monolítico de los marcos conceptuales (tendencia que se observa en el propio Kuhn), y a favorecer una estructura de tipo reticular (representada en el modelo de Shapere y en la propuesta de Lau dan,
1984).
En cuanto al problema de la evaluación, los modelos examinados presentan acuerdos significativos alrededor de los siguientes aspectos: los marcos generales no se eliminan tan sólo porque sus teorías asociadas se enfrenten con anomalías (las teorías se enfrentan con dificultades em píricas todo el tiempo); la evaluación de las teorías involucra más factores que su mera relación con lo que cuente como evidencia empírica; los cri terios de evaluación han cambiado a lo largo del desarrollo científico y, la evaluación es una cuestión básicamente comparativa, tanto en el nivel de las teorías como en el nivel de los marcos. Sin embargo, hay muy poco acuerdo en la forma en que los distintos modelos reconstruyen la relación
ANA ROSA PEREZ RANSANZ
entre teorías rivales. Esta falta de acuerdo obedece, sobre todo, a las di ferencias acerca del tipo de continuidad que se puede establecer entre marcos sucesivos o rivales, y por tanto, en cuanto a la naturaleza (global o parcial) del cambio científico. Aquí encontramos una variada gama de posiciones que va desde la tesis de la inconmensurabilidad radical de Fe yerabend (que implica la intersección vacía entre teorías rivales y su im posibilidad de comparación), hasta la tesis de Stegmüller del desplaza miento progresivo de teorías rivales (que implica la «inmersión o reducción aproximada» de una teoría en otra y la posibilidad de com parar estructuras conceptuales completamente heterogéneas). Como se puede ver, unos autores piensan que la comparación de teorías requiere de una base semántica común, al menos parcial, mientras que otros sos tienen que la comparación se puede establecer mediante criterios que bá sicamente no son semánticos, como por ejemplo, las «cadenas de razo namientos» de Shapere, las «buenas razones» de Kuhn, la «eficacia en la solución de problemas» de Laudan, o la «relación de reducción» entre es tructuras conceptuales de distinto tipo, que propone Stegmüller. (Habría que analizar hasta qué punto cada una de estas propuestas permite su perar o eludir el problema de la inconmensurabilidad.)
Con respecto al problema de la racionalidad del cambio, el acuerdo mayoritario es que la racionalidad científica no se puede caracterizar a priori. Sin embargo, este acuerdo viene acompañado por una gran va riedad de criterios sobre cuándo un cambio de supuestos y de teorías es racional. Esta variedad corresponde a las distintas maneras en que se analiza la comparación y elección de teorías alternativas. Qué tipo de fac tores influyen en la aceptación de teorías; cuáles pueden intervenir de ma nera legítima; hay o no una distinción viable entre factores internos y ex ternos, subjetivos y objetivos, científicos y no científicos, y en casos dados, es fija esta distinción o varía históricamente, etc. (son cuestiones que reciben distintas respuestas en los distintos modelos de cambio cien tífico ).
Por otra parte, la mayoría de estos modelos ha centrado su atención en los cambios profundos y a largo plazo que ocurren en el nivel de los supuestos básicos, y ha descuidado el análisis de los cambios cotidianos, es decir, de los cambios que ocurren en el desarrollo de las teorías sus tantivas
(d.
Laudan et al,1986).
A este respecto, la concepción estruc tural constituye una excepción, pues se ha ocupado de precisar un con cepto de teoría que permite reconstruir los distintos cambios que puede experimentar una misma teoría en su evolución; también permite re construir el cambio de una teoría por otra cuando media entre ellas una relación de aproximación, el cual puede considerarse como un cambio a pequeña escala.Por último, el examen de los diversos modelos revela que la mayoría de los teóricos del cambio científico confía en la posibilidad de encontrar un patrón único, que sea aplicable a los diversos campos y períodos his tóricos de la ciencia. De nuevo, los autores de la concepción estructural
MODElOS DE CAMBIO CIENTIFICO
se separan de esta tendencia general, al acotar distintos tipos de fenó menos diacrónicos (Balzer, Moulines y Sneed, 1987, c. V); otra pro puesta en esta línea es la de Anna Estany (Estany, 1990). Algunos de los teóricos que suponen la existencia de un patrón único ciertamente reco nocen que sus modelos tienen una adecuación limitada -que el ajuste en ciertos casos históricos es bueno, pero precario o malo en otros-, pero no obstante consideran que como ocurre con muchas teorías científicas, tomará tiempo y un esfuerzo sostenido articular una teoría del cambio que sea comprehensiva. Sin embargo, es posible que estén equivocados y que haya que abandonar la esperanza de encontrar un modelo global, un patrón único al cual se ajusten todos los casos de cambio científico. El éxito parcial de estos modelos nos permite suponer que han atrapado al gunos aspectos significativos de este fenómeno, pero es muy probable que ninguno de ellos nos cuente «toda la verdad» acerca del cambio científico.
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FUNDAMENTOS DE LA MEDICION Adolfo Carcía de la Sienra
l. INTRODUCCION
Las teorías de la medición fundamental pretenden dar cuenta, de una ma nera más bien técnica y formal, de las condiciones que garantizan la exis tencia de mediciones de magnitudes físicas, biológicas, económicas, psi cológicas y en general científicas. Estas condiciones se formulan en un lenguaje no cuantitativo, aunque sí de manera axiomática, y constituyen el puente de transición entre el lenguaje cualitativo de la disciplina en cuestión y el lenguaje de las matemáticas.
Las teorías de la medición se pueden clasificar en tres grandes grupos, correspondientes a las tres grandes posiciones filosóficas que se han ocu pado del problema de la relación entre las matemáticas y las ciencias. El pri mer grupo, el más desarrollado de todos, es el de las teorías operacionalis taso Los autores de este grupo sólo se ocupan de representar operaciones que pueden ser en principio llevadas a efecto en el laboratorio. Natural mente, estos autores tienden a ubicarse en la filosofía empirista, aunque ello no es necesario y hay excepciones. El segundo grupo es el de las teorías pla tónicas, cuyos autores reconocen que ciertas magnitudes naturales --como las distancias astronómicas- no son objeto de manipulación experimental, y por tanto, se proponen ver dichas magnitudes como formas platónicas con ciertas propiedades que las hacen susceptibles de medición. Al igual que los platonistas, los teóricos del tercer grupo, los teóricos aristotélicos, re conocen la insuficiencia del enfoque operacionalista, pero rechazan que existan magnitudes naturales, sociales o psicológicas «en sí», independien temente de las sustancias en las que infieren. Acordemente, intentan siempre encontrar condiciones sobre las magnitudes a medir que no supongan que ellas existen independientemente de dichas sustancias.
Las diferencias metafísicas apuntadas tienen consecuencias impor tantes en cuanto a los recursos lógicos y matemáticos utilizables. Tam-
ADOLFO GARCIA DE LA SIENRA