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Knowledge, Learning and Risk awareness

6. Communication and Learning

6.1 Knowledge, Learning and Risk awareness

Un buen referente de lo acaecido en las representaciones visuales en el campo del arte en Ecuador es el Salón Mariano Aguilera.57 Antonio Jaramillo ubica cómo en el auge de los salones de arte el canon artístico se constituyó a partir de una operación constante de alteridad (Jaramillo, 2012). Dicha alteridad, en lo que a representaciones corporales se refiere, se despliega de manera contundente en el indigenismo y en la neofiguración, dos corrientes estéticas preponderantes en Ecuador. El Salón Mariano Aguilera, hoy Premio Mariano Aguilera, reporta una cantidad significativa de premiaciones a obras adscritas a estas dos corrientes estéticas, que se convierten en canónicas en el tratamiento del cuerpo y en la enunciación del lugar de la identidad cultural. Significativo también es el hecho de que los galardonados provienen en casi su totalidad de sectores medios, son mestizos, han estado involucrados en la formación académica del arte y sostienen vínculos cosmopolitas con Latinoamérica y Europa. Además, del total de premiaciones en 91 años del Salón, 66 son a hombres y 14 a mujeres (Oña, 2010: 100-106). La disparidad de género en la premiación no solo evidencia la jerarquía masculina en el

57 El Salón Mariano Aguilera es el salón de arte más antiguo de Ecuador. Su lugar de

convocatoria es Quito. Empezó en 1917, teniendo como telón de fondo el triunfo de la Revolución bolchevique en Rusia, y de la Revolución liberal en Ecuador. Se instauró gracias a la donación del edil quiteño Mariano Aguilera (el premio lleva su nombre) de un inmueble para que, con el capital fruto de su arrendamiento, se premiara a lo más destacado de la producción artística del país. A lo largo de sus 91 años, el Salón ha desarrollado 58 convocatorias puesto que no ha estado abierto todo ese tiempo. Distintas coyuturas, tanto extra-artísticas como referidas al propio desarrollo del campo, derivaron en el cierre temporal del Salón. El Salón ha premiado a pintores sobresalientes de la plástica ecuatoriana como Camilo Egas, Oswaldo Guayasamín, Eduardo Kingman o Araceli Gilbert. Su cobertura siempre fue nacional, a pesar de no haber salido nunca de Quito. Fue testigo del surgimiento de otros salones como el de Guayaquil y el de Julio, también en Guayaquil, o el de El Ejido, en Quito; y de bienales, como la de Cuenca. Su trayectoria, no obstante, le posiciona como el principal referente en cuanto a salones de arte en Ecuador. Tal significación tiene, que en 2012, cuando el Salón pasa a ser Premio Nacional Mariano Aguilera para dar mayor cabida a la ya constituida escena contemporánea del arte en el país, la convocatoria de ese año reunió a un inmenso grupo de atistas, sobre todo jóvenes, a nivel nacional.

campo del arte en Ecuador, sino una suerte de división sexual del trabajo estético. Efectivamente, mientras el indigenismo es casi en su totalidad manufactura de hombres, las premiadas apenas aparecen en la neofiguración; siendo su presencia más sentida, aunque mínima sin duda, en la abstracción, la escultura figurativa, no figurativa y organicista, y en el arte contemporáneo.

Esta generización del campo artístico se vuelve más sintomática si la comparamos con lo que sucede en regiones como Europa y Estados Unidos en los mismos períodos de tiempo. Si bien el indigenismo y la neofiguración significan momentos de reafirmación de lo local, la presencia en las redes internacionales en las que se movían los artistas, mayoritariamente hombres, no significó un acentuado diálogo conceptual o formal con las corrientes más transgresoras del arte en la escena internacional, sobre todo a partir de los años sesenta. En la escena europea y estadounidense en el primer tercio del siglo XX, las mujeres ya ocupaban un lugar destacado, aunque mínimo sin duda, tanto en la producción artística como en la gestión del arte (Chadwick, 1999). A partir de los años sesenta, esa presencia va ser innegable y altísimamente productiva para el arte. Tendencias como el Body Art serán desarrolladas básicamente por mujeres; éstas estarán en todas la corrientes y estilos propiciando la expansión del campo a nuevos formatos, soportes y protocolos en el arte; pero sobre todo a nuevos discursos que, tanto desde dentro como por fuera del campo artístico, lo abrirán y lo complejizarán (Grosenick, 2002).

El Salón Mariano Aguilera es una muestra que nos permite reconocer que el problema de la identidad, así como el de la generación de alteridad que la acompaña, es protagónico mayormente en artistas hombres, mestizos y de clase media. Este lugar de enunciación, que nutre el discurso de la modernidad, seguirá estando presente incluso en el arte contemporáneo más actual (Kronfle, 2009). Lo que nos lleva a afirmar, con todas las reservas del caso, que la modernidad ha propiciado una deriva en el arte ecuatoriano que, al enfatizar en la búsqueda de la identidad nacional, ha reafirmado a un sujeto masculino y mestizo, en detrimento de lo indígena y de las mujeres, sobre los cuales el mismo arte no ha dejado de propiciar alteridad tanto en las

representaciones visuales mismas, como en la articulación del arte con otros discursos convergentes en el desarrollo del proyecto nacional, como el médico (Kingman, 2008), el jurídico (Falconí, 2013) o el educativo (Goetschel, 2008). Así, se reafirma en nuestro medio el proyecto moderno en el arte, como parte de un régimen ocularcéntrico que “define, nombra, ordena, clasifica, cataloga, categoriza”, desde una autoridad que “segrega, acumula, selecciona, clausura” (Wallis, 2001: xiii).