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The learning activity/project and how design thinking was used

Lo que forma la base de la vida social y de su desarrollo es el educar, tarea que tiene por base iniciar al educando en las formas de pensar, de expresar y de obrar.

El estudio sistemático de los principios en que se funda la educación recibe el nombre de Pedagogía o Paidología, y también se llama así el conjunto de reglas a que se ajusta en la práctica un educador. La Pedagogía Social da más importancia a los deberes del individuo para con la sociedad, y la individual hace destacarse en primer término al individuo, procurando su mayor perfección.

Muy desconocida es en nuestra tierra la importancia de la Pedagogía, creyéndola del dominio exclusivo del maestro. Si la importancia de una ciencia crece en relación con sus fines y su utilidad, habrá ciencia comparable a la que tiene por objeto el formar al hombre, el factor decisivo en la vida de un pueblo?

La Pedagogía es a un tiempo ciencia de la educación y el arte de educar. Averiguar y conocer los medios mediante los cuales la evolución del individuo es conducida a sus más elevados fines, tal es la orientación de la Pedagogía como ciencia, la más importante de todas y la que tiene más relaciones con otras ciencias.

Como el objetivo primordial de la Pedagogía es el desarrollo del sér humano y estudia al hombre desde el doble punto de vista físico y mental, va unida íntimamente con la Fisiología y con la Psicología, que es la más importante de sus complementarios, sobre todo en la rama, la Psicogenética que es la que trata de la evolución del alma. La ciencia de las formas de pensar es la Lógica y ningún educador debe ignorar las leyes que gobiernan al raciocinio. Aunque las formas de expresión deben obedecer a la Lógica, la ciencia que más exclusivamente se refiere a esta función es la Estética. Siendo otro de los fines de la Pedagogía la adaptación del hombre a la sociedad en que forma parte, sostiene íntimas relaciones con la Sociología, sobre todo con la parte llamada Ética o Moral. También necesita el auxilio de la Higiene, especialmente la higiene escolar.

El fundamento de la formación pedagógica es pues, filosófico, y deslumbrado queda uno al dar un vistazo siquiera al acervo de ilustración que necesita el que se dedica a la sublime misión de educar.

Según los diarios de estos días, el señor Director de I.P. está dando los pasos necesarios para que en el año entrante sea una realidad la escuela de educación, proyecto aprobado por la Asamblea pasada.

Dios quiera que con esto no vaya a suceder lo que ha sucedido con muchos hermosos proyectos; que en la práctica han resultado desastrosos.

EDUCADORES

En la manera de enseñar y de educar ha de traslucirse la instrucción filosófica general del maestro, cuya formación científica es absolutamente necesaria, pero que no da al maestro lo más apreciable: su personalidad.

La influencia sobre sus discípulos será nula si no posee ciertas cualidades que integren su personalidad como educador. El principal factor de la enseñanza no es el método empleado, ni el mobiliario, ni la escuela, ni el material de enseñanza, sino el maestro que es la fuerza viva de la instrucción, el alma mater que ha de llenar de inspiraciones el corazón y el cerebro del educando. Aunque muchos lo crean humilde, el trabajo del maestro es un arte sagrado, ya que se refiere a los más altos fines de la humanidad, y a la más preciosa materia: el alma humana. El maestro debe ser un psicólogo de verdad, un verdadero educador para buscar en cada alumno la cuerda que vibra en el secreto de toda enseñanza. El profesor Morgan dice que el maestro debe ser un “hombre viril”, de ideas elevadas sobre la vida humana y sobre el deber; un filántropo, que ame al hombre por lo que tiene de hombre; un patriota que adore a su país; un hombre de estudio; un filósofo, un artista, un cristiano en el sentido más elevado de esta palabra. El arte de enseñar ha de ser severo, pues únicamente se llega a la superación a fuerza de vocación personal, de muchos esfuerzos, de mucho entusiasmo y de mucha perseverancia. Debe ser alegre, con la alegría que da el ideal, la fe optimista en el porvenir del mundo. Un arte libre en que un innato acierto salga triunfante sobre las sabias opiniones teóricas.

Pero precisamente, donde con libertad trabaje el maestro debe comprobar, llegado el caso, que su labor reposa siempre sobre base científica, pues las facultades intelectuales del maestro son juzgadas por los niños, determinando conforme a tal juicio la medida de su estimación.

El profesor debe ser como un músico de las almas, pues dar con la nota “psicológica” de cada uno que es distinta de los demás y hay maestros que quieren enseñar a todos de la misma manera!

El problema es éste: Antes que aprender para enseñar hay que aprender a enseñar.

La ruina o la prosperidad de un país depende del maestro y su personalidad debe reunir estos tres importantísimos factores: Instrucción, Método, Alma.

PSICOLOGÍA

Se llama voluntad, en su sentido más lato, toda actividad consciente, como hablar, meditar, etc., etc. En un sentido más psicológico y estricto, voluntad es, según la define Sergi, todo acto precedido por la conciencia anticipada del acto mismo. En ella entran muchos elementos afectivos, intelectuales y volitivos, que hacen que sea la más complicada de las funciones psíquicas, y, por lo mismo, la más elevada de todas.

En sus más sencillas formas, los actos volitivos son determinados por un motivo único. Se les llama comúnmente actos impulsivos. Tales, por ejemplo, el acto de beber cuando tenemos sed. Propiamente estos actos no son voluntarios.

Cuando el motivo o excitación que nos mueve a la actividad encierra varias representaciones o sentimientos y todos tienden a actos diferentes, el fenómeno volitivo se llama compuesto voluntario. La lucha que surge entre los motivos de un acto voluntario toma el nombre de proceso electivo, y su resultado, acto de la elección. Es natural suponer que el motivo más poderoso triunfe en esa lucha, o que el acto tome la vía más fácil, ya por hábitos adquiridos o por propia idiosincrasia.

Todos los procesos psíquicos que preceden a la acción van acompañados de actos efectivos, deseo, sentimiento de esfuerzo, etc., etc. Una vez hecha la elección, el sujeto pasa a la ejecución, que puede ser una inhibición o una ejecución propiamente dicha. En el primer caso, se detiene el curso exterior de la volición; y en el segundo, se realiza exteriormente. Contribuye a la ejecución un estado psíquico llamado conacción, o sea un principio de acción que acompaña a los estados mentales. Pienso en mover un brazo, e instintivamente comienzo a moverlo. Es un ejemplo de conacción.

Ni el infierno de que nos habla la teología, ni el Tártaro de los griegos, ni el magistralmente descrito por el Dante, son peores que el infierno que nosotros mismos nos creamos al dejar que nuestro carácter tome una mala forma. No hay nada más digno de compasión, que el que carece en absoluto de hábitos; todo él indecisión, que no acierta a ejecutar ninguna acción sin un mandato especial de la voluntad.

Como el ejercicio constante es el que desarrolla los poderes del hombre, el principio cardinal de la educación de la voluntad se basa en la formación de hábitos por medio del ejercicio continuado. Toda nuestra vida, en cuanto tiene una forma definida es solamente un cúmulo de costumbres prácticas, emocionales e intelectuales, organizadas sistemáticamente para nuestro provecho o nuestro daño.

Para convertir la actividad espontánea en actividad consciente y voluntaria, debe cultivarse la atención, el predominio de sí mismo y el amor a la independencia personal.

Se dice que la inteligencia atiende cuanto se dirige a sí misma, es decir, cuando se concentra en un objeto determinado y se inhibe de todas las demás influencias interiores y exteriores. El esfuerzo necesario para sostener la atención no ha de ser superior al poder mental, pues de lo contrario produce la fatiga, peligrosa para todo trabajo.

La mayor dificultad que ofrece la educación de la voluntad es la formación de ese poder de control de nuestros actos que nos permita inhibirnos de todo aquello moralmente malo o extraño al fin que perseguimos en un momento dado. Este poder de control, por difícil y penoso que sea, es el coronamiento, la esencia de la voluntad.

Al llegar a cierta edad, el niño escapará de la influencia de sus padres y maestros, independizándose por completo. La educación ha de preparar esa época, formando en el niño la capacidad de bastarse a sí mismo y de confiar en sus propias fuerzas, que es lo que da la independencia personal.

Precisamente, el olvido de esta última parte de nuestra educación es la causa de la mayor parte de nuestros desastres. El estado social del mundo moderno, con sus múltiples problemas, nos ha encontrado sin preparación, y nos hallamos desorientados todos, desde los dirigentes hasta el último de los colombianos, salvo contadísimas excepciones.

Desde el hogar principia la ineducación. Los padres absorben la personalidad de sus hijos, los someten a su modo de ser, quisieran tenerlos cosidos a su lado, allanando toda dificultad, rodeándolos siempre de comodidades. En su egoísmo, quisieran que fueran siempre niños, y como a táles les tratan no sólo en la

niñez sino también en la juventud. Este procedimiento se continúa en la escuela, en donde todavía es un dogma el magíster dixit. La dignidad del educando se considera como rebeldía; se le obliga a aceptar como suyas las opiniones de sus superiores. La labor de profesores y de padres no es formar hombres preparados para afrontar las dificultades de la vida, sino receptáculos de cosas indigestas e inútiles que les hagan ganar el curso y salir con el codiciado diploma. Las influencias de familia, dinero, partido, harán lo demás y llegarán a ser “personalidades de respeto” que Nietzche acribilló a burlas.

Cuán distinta sería la suerte de nuestra patria si tuviéramos mayoría de hombres de aquellos que definió Horacio:

“Frangi, non flectri”.