entre su formación básica y un futuro aparentemente distante, en ese nivel debe iniciar el análisis de su decisión futura, ya sea la continuidad en sus estudios a nivel técnico o profesional, o su inserción al campo laboral, mientras está en la escuela el Orientador Educativo le brinda atención que necesita. Para Nieto y Rodríguez (2009) el trabajo de Orientador Educativo es considerado como el engranaje que cierra la función global de la educación, junto con los docentes hora-clase.
La Orientación Educativa ha tenido diferentes momentos a lo largo de la historia, así, a mediados del siglo XX la Orientación, se remite al aspecto vocacional y elección de carrera en algunos casos la atención fue personalizada, por ejemplo durante la Segunda Guerra Mundial, se apoyaban de test psicométricos, con el fin de reclutar a las personas que irían a la guerra. Después tuvo un enfoque clínico donde se analizaban los rasgos de personalidad del individuo, más tarde en Estados Unidos a nivel
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Latina en las últimas décadas del siglo pasado se creó la Federación de Asociaciones de Profesionales de la Orientación de América Latina (en adelante, FAPOAL), (Valdés, 2012).
En México, la Orientación Educativa tuvo sus inicios después de la Revolución Mexicana, en 1912 con la realización de una encuesta por parte del Ing. Alberto J. Pani. En 1923 se fundó el Instituto Nacional de Pedagogía que contó con el servicio de
orientación profesional, en 1933 la Universidad Nacional Autónoma de México (en adelante, UNAM) organizó un ciclo de conferencias informativas, para 1935 fundó el Instituto Médico Pedagógico, entre 1940 y 1942 establece la carrera de psicología y crea la especialidad de Técnicas de la Educación.
Para 1952 se practicó la orientación en escuelas secundarias, en 1956 se crea el Departamento de Orientación en la Escuela Nacional Preparatoria. En 1979 gracias a la participación de la UNAM, el Instituto Politécnico Nacional (en adelante IPN) y la SEP, se funda la Asociación Mexicana de Profesionales de la Orientación, A.C. (en adelante, AMPO) encabezado por Luis M. Ambriz Reza, con el objetivo del reconocimiento de la Orientación Educativa como una actividad profesional indispensable para el apoyo integral del estudiante dentro del aula y en su superación profesional (Aceves y Simenta, 2013).
En 1995 fue redactado el Documento Rector de Orientación Educativa (en
adelante, DOROE) de la Secretaria de Educación, Cultural y Bienestar Social Dirección General de Educación del Gobierno del Estado de México, para el Nivel Medio
Superior, realizado por expertos en la materia como el Dr. Bernardo Muñoz Riverohl catedrático de la UNAM, documento que le dio en su momento a la orientación
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educativa una concepción académica en 5 áreas: Área para el desarrollo de habilidades cognitivas. Área para el desarrollo del adolescente. Área de orientación escolar y profesional. Área para el diseño del plan de vida del bachiller. Área de investigación para la orientación educativa (Dirección General de Educación 1995 y Aké, 2007).
El documento mostraba las características que debía poseer un Orientador Educativo: Una actitud abierta hacia la comprensión de necesidades, motivaciones e inconformidades de los estudiantes, saber escucharlos, para crear en ellos la certeza de ser personas importantes, llamarlos por su nombre. Tener conocimiento en la aplicación de técnicas grupales, además de estrategias para reconocer fortalezas, habilidades y competencias del estudiante.
El reto mayor que proponía el DOROE para el trabajo del orientador era
desarrollar estudiantes que formaran parte de los recursos humanos necesarios en el país ya fueran; científicos, técnicos, artísticos o intelectuales que dieran solución a problemas sociales (Dirección General de Educación, 1995).
Antes de la puesta en marcha de la RIEMS en las EPOEM el servicio de Orientación Educativa formaba parte del plan curricular, es decir estaba considerada como materia cocurricular. El Orientador Educativo llevaba un plan de trabajo semestral que abarcaba las áreas antes descritas, debía estar frente a grupo una hora a la semana para el caso de primer y segundo grado y dos horas para tercer año tiempo que
correspondía al análisis y la búsqueda de elección de carrera o de trabajo, según las expectativas del estudiante.
Por otro lado aunque en el DOROE se explicitaban las funciones del Orientador Educativo, que no tenían que ver con funciones de prefectura, auxiliar de la secretaría
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escolar, en la captura de calificaciones después de cada parcial y al final del semestre, llenado del documento interno de calificaciones: Kardex, bajas temporales y definitivas, entrega de indicadores a subdirección, llenado de formatos para el IMSS, informar sobre becas, entrega de información de dirección a grupos durante clase, atención
individualizada a padres de familia, juntas después de cada parcial, etc. (Dirección General de Educación, 1995). El Orientador Educativo debía realizarlas porque los directivos las consideran inherentes a su trabajo.
Con la entrada de la RIEMS en 2008, el papel del Orientador Educativo en las EPOEM presentó cambios sustanciales, perdió la jerarquía de materia cocurricular y el trabajo frente a grupo. En el año 2011 fue implementado el Plan Maestro de Orientación Educativa (en adelante, PMOE) el cual contiene 9 programas que se consideraban necesarios para el desarrollo académico y personal del estudiante.
Dichos programas debían ser cubiertos en dos momentos; por un lado en ausencia de los profesores hora-clase en cada grupo, y en programas institucionales encaminados a que toda la población escolar participe; los programas son: Tutorías, Mediación, Valores, Acoso escolar, Equidad de género, Lectura, Escuela para padres, Activación física y Prevención de adicciones. En ese momento se propuso el trabajo bajo tres pilares: la investigación, la planeación y la operatividad (Plan Maestro 2011).
2.3.2. El papel del Orientador Educativo en el Nivel Medio Superior. El